La tierra es rectangular
Hay inquietudes humanas ancestrales, desde la primitiva supervivencia, con el miedo al peligro como compañero, hasta las más internas, las más abstractas y espirituales.
Ubicarse en el mundo, comprender lo que nos rodea, buscar refugio, agua, reconocer plantas, frutos y animales, encontrarse con el otro, han ido formando parte de nuestro inconsciente colectivo.
Saber dónde estamos es importante para la construcción antedicha.
Ese "dónde", ese lugar, es tanto un territorio, una geografía, como un espacio de inquietudes culturales, sociales, religiosas y las propias de cada ser, las ontológicas, la comprensión de la realidad y ¿por qué no? de nuestra existencia.
Pero, vamos de a poco, en esas búsquedas iniciales de la humanidad se va prestando creciente atención a las señales de la naturaleza: el día, la noche, las lluvias, las heladas, los vientos, las montañas, ríos y mares, la fauna, la flora, el otro.
Pretender ubicarse fue dando origen a marcas, huellas, senderos, dibujos, y, con afinada ambición, a mapas, estudios de mareas, astros y más.
Los primeros mapas, en tablas de arcilla, datan del 600 a.C. por los babilonios, representando al Nilo.
Los griegos con Anaximandro, 600 a.C. (intuía una tierra cilíndrica), Eratóstenes, 194 a.C (tierra circunferencia), Ptolomeo, 100 d.C (la tierra como centro del universo) y luego Copérnico, polaco, 1500, (el sol es el centro y no la tierra) y Galileo, italiano,1600, que dan por concluidas las discusiones de la redondez planetaria.
De unos pocos años a esta parte se ha retomado y extendido la cultura terraplanista. A partir del eclipse solar de 2017 prolifera, con cierta fuerza, en algunos ámbitos, esta teoría pseudocientífica de que la tierra es plana, recobrando energía lo expuesto por Samuel Birley Rowbotham en 1865 que expresa que la tierra no es un globo.
Corresponde ir para atrás y detenerse en Cosmas Indicopleustes (el viajero de las Indias), marino grecoegipcio, en el siglo VI, quien hacia el 550 escribió el libro "La Topographia Christiana", en donde, a pesar de Ptolomeo, manifiesta que la tierra no era esférica, sino una caja rectangular, con la forma del Tabernáculo Judío.
Borges, en su cuento "Los teólogos" cita a este autor, algo extravagante, lo que lo hace, a la vez, más verosímil e inverosímil.
La idea de una tierra cuadrángula, como la de Cosmas, podría propagarse, con un poco de inventiva digital, muy rápido por estos días.
Así como los satélites artificiales, las sondas espaciales y/o marinas, nos acercan precisiones científicas insospechadas, la ignorancia o, quizás, la negación de la evidencia, nos llevan a crear nuevos mapas, nuevos territorios.
La desconfianza hacia el poder, la repetición algorítmica que nos va sesgando, aportan renovadas incertidumbres. No hay nada más incierto que el pensamiento único, apretado y cuadrangular.
Con eso, la certeza se aleja de la verdad y se transforma en una creencia pobre, recortada.
La forma de los países ha ido cambiando a lo largo de la historia. Esto no es un capricho de los mapas, ni de la naturaleza.
Una camada de dirigentes, con términos altisonantes, replicados en las redes, hacen tanto ruido, que el susurro del mensaje, la voz baja de la verdad se pierde entre los datos más estruendosos que ciertos, entre los gritos del poder autoritario, haciendo imposible adquirir información e ideas útiles.
No hay nada más ruidoso que la guerra, ni datos más falaces que aquellos que las sustentan. Pero, también los insultos, las agresiones, los bramidos del poder, tapan y confunden nuestras ideas y nuestra identidad.
Entre tantos sitios arrasados, entre tantas personas postergadas y abandonadas, resuena, tal vez inaudible, la palabra del Papa Francisco "tener un lugar donde ir se llama hogar, tener personas a quien amar se llama familia y tener ambas se llama bendición".
¡Cuidado! No sea que entre tanto pensamiento plano, sesgado, limitado, encapsulado, un día, contradiciendo nuestros propios valores y verdades, nos levantemos y digamos, como Cosmas, que la tierra es un cuadrángulo, para disimular que los que nos hemos convertido en cuadrados somos nosotros. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar