Debate

La desafiliación como restricción al desarrollo

Cuando los lazos que sostienen la vida en común se debilitan, se encarece la posibilidad misma de organizar acciones colectivas.
Gala Díaz Langou en su charla TED EE
Gala Díaz Langou 01-04-2026
Compartir

En la Argentina, el debate económico suele concentrarse en variables conocidas: inflación, tipo de cambio, equilibrio fiscal, inversión. Sin embargo, hay un factor menos visible que condiciona cualquier estrategia de desarrollo y que rara vez ocupa un lugar central en la discusión: la calidad de los vínculos sociales.

El deterioro de la confianza y del sentido de pertenencia (la desafiliación) no es solo un fenómeno social. Es un problema que he desarrollado en una charla TED, que tiene efectos económicos concretos. Cuando los lazos que sostienen la vida en común se debilitan, se encarece la posibilidad misma de organizar acciones colectivas.

Esto se traduce en mecanismos concretos. Sin confianza, el cumplimiento de reglas básicas (como respetar contratos) se vuelve más frágil. Aumenta la informalidad, se multiplican los costos de control y disminuyen los incentivos a cooperar. La inversión, por su parte, requiere previsibilidad, pero también cierta expectativa de comportamiento de los otros. Cuando esa expectativa es baja, el riesgo percibido aumenta y las decisiones se postergan.

A esto se suma un factor adicional: los altos niveles de desigualdad económica tienen efectos sobre la cohesión social. Sociedades más desiguales registran menores niveles de confianza interpersonal e institucional, lo que profundiza las dificultades para coordinar y sostener reglas en el tiempo.

Algo similar ocurre con la productividad. Las economías modernas descansan en formas de cooperación complejas, que requieren coordinación entre actores diversos. Sin niveles mínimos de confianza, esa coordinación se vuelve más costosa e ineficiente.

La experiencia argentina ilustra bien estos mecanismos. La baja confianza en las instituciones no es un dato coyuntural, sino un rasgo persistente. Distintos relevamientos muestran que apenas uno de cada cinco argentinos confía en el sistema judicial. Sostener reglas en el tiempo, hacer cumplir contratos o construir acuerdos duraderos se vuelve difícil. Y ni hablemos de atraer inversiones.

Esto tiene implicancias directas para cualquier programa económico. Las políticas públicas requieren niveles mínimos de legitimidad y cooperación para ser efectivas. Sin ellos, su implementación se debilita, su sostenibilidad se reduce y su impacto se diluye.

En este sentido, la desafiliación funciona como una restricción estructural al desarrollo. No reemplaza a los problemas macroeconómicos, pero los condiciona. Sin un piso básico de confianza compartida, incluso las mejores políticas encuentran límites en su implementación.

Esto obliga a ampliar el foco. La cohesión social no es un subproducto automático del crecimiento ni de la estabilidad macroeconómica. Es, en buena medida, una condición para sostenerlos. Fortalecerla implica mejorar la calidad de las instituciones, pero también reconstruir espacios de interacción donde la cooperación y la reciprocidad puedan desarrollarse.

En un contexto global marcado por la incertidumbre y la complejidad, esta dimensión adquiere aún más relevancia. Los desafíos actuales requieren niveles crecientes de coordinación, tanto a nivel local como internacional. Sin vínculos suficientemente sólidos, esa coordinación se vuelve cada vez más difícil.

Por eso, incorporar la cuestión de la confianza y la pertenencia en el centro del análisis no es un desvío de la agenda económica. Es una forma de hacerla más realista. Porque, en última instancia, sin un "nosotros" mínimo que sostenga reglas, expectativas y acuerdos, no hay proceso de desarrollo que pueda consolidarse en el tiempo.

Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar

En esta nota