Eliminación de las PASO en la Ciudad: ¿Jorge Macri tiene los 40 votos?
La Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires se prepara para una sesión clave el jueves: el tratamiento de la suspensión de las Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), impulsada por Jorge Macri.
Es una reforma electoral que, conforme a la Constitución, requiere 40 votos para su aprobación.
La medida, presentada con el argumento de un ahorro de más de $20.000 millones, busca adelantar la elección general de julio al domingo 11 de mayo, alejándola de la elección nacional de octubre. De este modo, el oficialismo intenta provincializar la contienda porteña y evitar ser arrastrado por la ola mileísta.
En paralelo, la justificación del ahorro resulta cuestionable: no hay pruebas de que la ciudadanía esté cansada de votar. De hecho, ese domingo electoral es el momento en que los políticos se sienten desnudos, cuando el poder real lo tienen los ciudadanos; la política deja de estar bajo el control de los dirigentes y se abre a lo inesperado, obligando a quienes hasta entonces manejaban los hilos a enfrentarse a lo imprevisto, a lo que escapa a su voluntad y planificación. La incertidumbre se convierte en la regla y desbarata cualquier estrategia previa.
¿A qué le tiene miedo Jorge Macri?
Si el PRO pierde la Ciudad, podría significar el fin del partido. Una derrota ante La Libertad Avanza sellaría su destino, precipitando una fuga masiva de dirigentes hacia el espacio libertario, como la que se dio hoy cuando Néstor Grindetti renunció a ser parte del Gobierno de la Ciudad. En cambio, si el PRO logra imponerse, podría contener la hemorragia y evitar su disolución definitiva.
El PRO todavía no cuenta con los 40 votos necesarios para aprobar la iniciativa. Enfrenta resistencias dentro de la oposición: La Libertad Avanza, con 11 legisladores, incluyendo los que se sumaron desde el sector de Patricia Bullrich, no quiere acompañar la suspensión. No solo se oponen a la medida en sí, sino que también buscan evitar la exposición en un momento de crisis política para el oficialismo.
Desde el Gobierno nacional, según fuentes consultadas, hay intención de que los libertarios no asistan a la sesión para minimizar el impacto del escándalo cripto que los golpea. La cúpula de la comunicación del Gobierno no confía en la capacidad oratoria de los legisladores porteños de La Libertad Avanza para defender la postura oficial. El mago del Kremlin prefiere evitar que tomen la palabra y generen un daño mayor en un contexto ya complicado. La ausencia de los libertarios en la sesión funcionaría, en la práctica, como un voto en contra de la eliminación de las PASO, ya que su intención es nacionalizar la elección en la Ciudad y no facilitarle el camino al PRO.
Aun así, el legislador Eugenio Casielles, cercano a Ramiro Marra, estaría más cerca de votar a favor de las PASO, alineándose con Macri. Según una voz allegada a Casielles, su posición aún no está definida, pero su inclinación hacia el voto positivo podría ser una señal de que Marra también ayude a Jorge Macri en esta instancia.
Asimismo, dentro del peronismo hay divisiones. El sector alineado con Leandro Santoro y Juan M. Olmos ve con buenos ojos la eliminación de las PASO, mientras que La Cámpora, encabezada por Mariano Recalde, se resiste a dar su apoyo. En las últimas horas, desde el bloque peronista intentan unificar postura, pero todavía no hay una definición clara.
Sin embargo, la posición actual parece estar marcada por el escándalo de las cripto: no quieren votar nada con La Libertad Avanza y tampoco facilitarle al PRO la desnacionalización de la Ciudad. En este escenario, todo indica que la postura de La Cámpora va a terminar por imponerse.
Con el peronismo dividido, La Libertad Avanza que prefiere esquivar el debate y el oficialismo PRO que aún no logra asegurarse la mayoría, el jueves será un test clave para Macri y la gobernabilidad de su administración. Si la sesión fracasa, el escenario se reconfiguraría, con el inicio del calendario electoral tal como estaba previsto: las PASO serán el 27 de abril y la elección general el 6 de julio. Estas fechas, demasiado cercanas a las generales nacionales del 26 de octubre, son lo que favorecen tanto a La Cámpora como al mileísmo y lo que intentan evitar tanto Macri como Santoro.