"Filtraciones: Periodismo, política y servicios"

El último libro de Santiago O'Donnell: cuando el periodismo pone en jaque al poder

Reseña del último libro del periodista Santiago O'Donnell "Filtraciones: Periodismo, política y servicios", editado por Sudamericana. Poder, archivos e historias sobre las grandes filtraciones periodísticas.
"Las filtraciones sobreviven como el último refugio del periodismo", escribe Santiago O'Donnell en Filtraciones.
Ramiro Gamboa 07-11-2025
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En esta época de fake news, entretenimiento random e incertidumbre, acaba de publicarse el último libro del periodista Santiago O'Donnell Filtraciones. Periodismo, política y servicios. Qué hay detrás de los audios, archivos y videos que jaquean al poder, publicado recientemente por Sudamericana; allí escribe: "Las filtraciones sobreviven como el último refugio del periodismo"

En sus 192 páginas, el libro cuenta la historia reciente de ese refugio, reflexiona sobre sus matices, sus zonas grises y reconstruye, caso por caso, cómo un documento, un video —o un simple audio de WhatsApp— puede alterar la política doméstica y también la mundial.

Santiago O'Donnell es uno de los nombres fundamentales del periodismo de investigación basado en filtraciones en la Argentina de las últimas décadas. Dirige Filtraleaks.com y cumple tareas como editor jefe de la sección Mundo de Página/12. También enseña periodismo en la sede local de la New York University y dirigió la Maestría de Periodismo de la UBA. Antes pasó por el Buenos Aires HeraldLos Angeles Times, el Washington PostLa Nación y el semanario TXT. Es autor, entre otros, de ArgenLeaksPolitiLeaksHermano

El trabajo de O'Donnell es gravitante para comprender la importancia de la información filtrada en el ámbito público. Con un gran trabajo de archivo, audacia intelectual y sin aminorar el estilo de la pluma, construye en Filtraciones un dispositivo para pensar. En él, es clave la dimensión ética; aquella que vuelve sobre las bases del periodismo en democracia, la búsqueda de la verdad. Aunque no se trata, bajo ningún punto de vista, de ventilar intimidades o de exponer banalmente a otros. Más bien todo lo contrario, se trata del propósito de contar aquello que hace jaquear al poder de turno: la información que puede ayudar a vivir en un mundo mejor

El libro se organiza en una introducción y siete capítulos, con agradecimientos finales. Los dos primeros plantean la gramática del periodismo de filtraciones; los cinco restantes recorren casos paradigmáticos: un perfil detallado de Julian Assange, otro de Edward Snowden, la historia de los Panama Papers, el universo reunido bajo el título Papas, goles y pájaros exóticos y, por último, las filtraciones argentinas más recientes. Cada capítulo funciona como una estación autónoma, aunque la lectura del conjunto arma un mapa de poder, tecnología y justicia en la era de los datos.

La introducción comienza en un canal de streaming argentino, ante lo que O'Donnell describe como una "audiencia de apenas 600 personas". El autor reconstruye cómo, en ese escenario modesto, un audio de WhatsApp sobre presuntas coimas en la Agencia Nacional de Discapacidad detona un caso de corrupción que compromete a la hermana del presidente Javier Milei y a su círculo más íntimo. Los audios, escribe O'Donnell, hablan de recortes y comisiones ilegales en programas destinados a personas con discapacidad.

Cuando el gobierno responde sólo con un despido anunciado sin preguntas, O'Donnell se detiene en el contraste: la herramienta que expone la maniobra no es un gran diario ni una cadena internacional, sino un archivo de audio filtrado y amplificado por redes y medios digitales

De allí extrae una primera lección, que formula sin vueltas: "El coimasgate muestra la eficacia del periodismo de filtraciones para combatir la corrupción". 

Como capítulo inaugural, "El último refugio" condensa su corazón conceptual. O'Donnell describe un ecosistema mediático saturado de voceros, influencers, brands y community managers y observa que, en ese paisaje, "los verdaderos periodistas podrán operar sobre una noticia, esto es analizarla o criticarla, pero salvo excepciones ya no son los encargados de darla". La primicia se desplazó: la tiene quien sube un video desde el teléfono, quien filtra un contrato, quien comparte un Excel prohibido.

En esa pérdida de centralidad informativa, el autor redefine el lugar del periodista y le da otra función, más modesta y más decisiva: "Sigue siendo el principal encargado de revelar información de interés público que algún poder quiere ocultar". De allí su definición: "Donde casi todo es publicidad, propaganda o arte/ficción, las filtraciones sobreviven como el último refugio del periodismo".

Bajo el título "Guerras de información", el segundo capítulo desplaza la discusión al terreno geopolítico. O'Donnell abre con una frase que condensa el espíritu del capítulo: "Las megafiltraciones son las bombas atómicas del siglo XXI". No vuelan ciudades, aunque pueden desestabilizar gobiernos, bancos, agencias de inteligencia.

El autor describe cómo distintas filtraciones reconfiguraron el tablero global. Cablegate y los documentos de Snowden debilitaron a Estados Unidos y reforzaron, al menos en la imagen pública, a Rusia y China. Los Panama Papers, en cambio, golpearon el entorno de Vladimir Putin y del liderazgo chino, sin rozar a figuras centrales de Washington. Desde allí, O'Donnell muestra el doble estándar de los Estados que celebran ciertas filtraciones en nombre de la libertad de expresión y persiguen otras en nombre de la seguridad nacional.

En otro plano, O'Donnell reflexiona sobre la cultura argentina: una región atravesada por "el misterio católico, la omertá mafiosa, el fanatismo por la camiseta". Nuestra tradición, resume, "nos invita a tener 'códigos', a no ser buchón. Pero ese folklore atenta contra la idea de mostrar y conocer lo que el poder oculta".

El tercer capítulo, "Assange, el antisistema", se dedica al retrato más detallado de un personaje y se vuelve, quizá, el más personal. O'Donnell se ha cruzado con Assange desde el inicio de WikiLeaks; lo entrevistó en distintas oportunidades, trabajó con sus cables y lo visitó en la embajada de Ecuador en Londres. A diferencia de buena parte de la prensa, no lo trata como un personaje excéntrico sino como el fundador de un experimento periodístico nuevo.

El capítulo repasa su adolescencia hacker bajo el seudónimo Mendax, la condena temprana por intrusión informática y la mezcla de activismo, matemática y cultura científica que desemboca en la creación de WikiLeaks: "El primer sitio de filtraciones del mundo". 

Hay frases que condensan su mirada. Sobre el impacto global de las filtraciones de 2010, escribe que "parece mentira que un grupito de jóvenes armados apenas con laptops pudiera revelar los secretos más vergonzantes y comprometedores de la primera potencia mundial". Sobre Cablegate, recuerda cómo los cables diplomáticos ayudaron a encender la chispa de la Primavera Árabe y aportaron detalles incómodos sobre América Latina, desde la relación entre el fiscal Alberto Nisman y la embajada estadounidense hasta ejecuciones extrajudiciales en Colombia.

El relato no es hagiográfico. O'Donnell menciona errores de cálculo de Assange, rasgos de carácter que lo aislaron, tensiones con aliados. Aunque el énfasis está en la desproporción de la respuesta estatal: por violar la libertad condicional, Assange recibe cincuenta semanas de cárcel y, casi en paralelo, un pedido de extradición que lo expone a 175 años de condena bajo la Ley de Espionaje. En un giro que resume la paradoja de la época, el capítulo cierra con el acuerdo alcanzado en 2024: "Libertad a cambio de declararse culpable de periodismo".

El tercer capítulo, "Assange, el antisistema", se dedica al retrato más detallado de un personaje y se vuelve, quizá, el más personal. 

Dedicado a Edward Snowden, el cuarto capítulo introduce el contrapunto. O'Donnell abre así: "Snowden se cree un patriota. Lo que Assange hizo para doblegar el sistema, Snowden lo hizo con la intención de fortalecerlo". Ese patriota es Snowden: hijo de familia militar, reclutado tras el 11-S, informático de la NSA y la CIA, filtrador a regañadientes.

El eje ya no es WikiLeaks sino el aparato de vigilancia de Estados Unidos. El libro explica cómo las filtraciones de Snowden revelaron programas de espionaje masivo sobre ciudadanos estadounidenses y aliados y pusieron en evidencia la facilidad con la que una agencia podía recolectar metadatos, intervenir dispositivos y compartir información con otros servicios. "Gracias a Snowden millones de estadounidenses se enteraron de que estaban siendo espiados por su propio gobierno", resume O'Donnell.

El capítulo sigue los días de Snowden en Hong Kong, el papel del Guardian, la odisea que lo deja varado en el aeropuerto de Moscú y el asilo concedido por Vladimir Putin. O'Donnell se detiene en la vida posterior del filtrador, la decisión de aceptar la ciudadanía rusa y el silencio que sigue a la invasión de Ucrania. A diferencia del capítulo dedicado a Assange, donde el respaldo del autor se percibe con claridad, con Snowden la mirada es más distante.

O'Donnell explica que, bajo el liderazgo de Assange, WikiLeaks publicó filtraciones que incomodaron de forma directa al Kremlin —desde los "Syria Files" hasta los "Spy Files Russia"— incluso cuando Rusia aparecía como posible aliado o refugio: un gesto bastante menos indulgente con Moscú que el de Snowden.

A diferencia del capítulo dedicado a Assange, donde el respaldo del autor se percibe con claridad, con Snowden la mirada es más distante.

Aunque anota una frase que vale como regla general del libro: "La historia suele ser muy bondadosa con los filtradores". Lo mostró Ellsberg y, sugiere el autor, probablemente ocurra con Snowden.

"Los Panama Papers" llega en el quinto capítulo y lleva a O'Donnell a un terreno que conoce de primera mano: fue uno de los periodistas argentinos que trabajaron esos 11,5 millones de archivos sobre Mossack Fonseca, un estudio jurídico y contable panameño dedicado a armar estructuras offshore, experiencia de la que se publicaría después ArgenPapers, libro que coescribió. 

El capítulo reconstruye la filtración de "los Panama Papers" desde el origen: la fuente anónima "John Doe", los primeros documentos enviados al diario alemán Süddeutsche Zeitung, la entrada en escena del ICIJ y la decisión de sumar a La Nación y a otros medios.

El foco argentino muestra cómo el "ángulo inicial" no era Mauricio Macri sino la hipótesis de los fondos buitre sobre sociedades ligadas a Lázaro Báez. El libro cuenta el desplazamiento de esa mirada hacia las offshore vinculadas al nuevo presidente y a un abanico de empresarios y figuras de todos los colores políticos.

O'Donnell se permite un balance incómodo del sistema mediático local, incluidos los medios para los que él mismo trabaja. Señala que la cobertura de La Nación usó la filtración con entusiasmo desbordado para golpear al kirchnerismo, mientras recurría a una "exagerada discreción" ante revelaciones graves sobre Macri, su gabinete, el establishment y el propio diario, amparadas en frases como "abrir una empresa en un paraíso fiscal no constituye delito en sí mismo".

Recuerda también cómo los medios más cercanos a los Kirchner invirtieron el sesgo: amplificaron todo lo referido a Macri y a los grandes empresarios e ignoraron lo que incomodaba a su propio campo: "Es el problema que encontré en mi diario, Página/12, y la razón por la que decidí escribir, junto al gran periodista y economista Tomás Lukin, mi libroArgenpapers: los secretos de la Argentina offshore en los Panama Papers".

En el plano global, O'Donnell destaca el carácter masivo de la filtración: "Los 11,5 millones de archivos equivalentes a 2,6 terabytes de datos, batió todos los récords de documentación. Al ser tan masiva la filtración se convirtió en una mancha estigmatizante. 'El medio es el mensaje', dijo famosamente Marshall McLuhan: el medio es la filtración"

El recorrido llega al sexto capítulo con "Papas, goles y pájaros exóticos", donde la atención se corre desde el corazón geopolítico hacia el mundo de las iglesias, el deporte y las filtraciones menos obvias, aunque igual de elocuentes. Allí aparecen los archivos vaticanos que documentan encubrimientos de abusos, las filtraciones olímpicas, Football LeaksLuanda Leaks, los Drone Papers, los hacks de Guacamaya y los NarcoFiles. Entre esas historias, O'Donnell rescata la de Lionel Messi, salpicado por las revelaciones de Football Leaks, y muestra cómo, en la patria del fútbol, hasta las filtraciones parecen perder fuerza.

O'Donnell rescata la historia de Lionel Messi, salpicado por las revelaciones de Football Leaks, y muestra cómo, en la patria del fútbol, hasta las filtraciones parecen perder fuerza.

El hilo que los une es la idea de que el secreto no es patrimonio exclusivo de Estados y servicios de inteligencia: las federaciones deportivas, las grandes ligas, las empresas extractivas y las organizaciones religiosas también operan como "corporaciones opacas" que sólo responden cuando un documento las obliga. O'Donnell muestra cómo esas filtraciones alteran contratos millonarios, carreras deportivas y relatos morales cuidadosamente construidos. El libro vuelve así a su punto de partida: la filtración como herramienta imperfecta, aunque insustituible, frente a estructuras que sólo reaccionan bajo presión.

El último capítulo trae la historia de vuelta a casa. Bajo el título "Filtraciones argentinas", O'Donnell recorre una serie de casos que van de Lago Escondido al propio coimasgate con el que había abierto la introducción. El lector encuentra, en espejo, los mismos dilemas que atraviesan los capítulos internacionales: la tensión entre transparencia y privacidad, la manipulación judicial y el uso partidario de las filtraciones.

El autor insiste en que, frente a una economía argentina crónicamente escasa de dólares y una política colonizada por lobbies opacos, el abuso de guaridas fiscales y la escasez de filtraciones cívicas representan "el principal escollo para el desarrollo económico", además de un obstáculo democrático. La cultura del silencio corporativo, concluye, protege a corruptos de todos los signos. La salida no pasa por criminalizar a quien filtra sino por discutir reglas claras de interés público, protección a fuentes y protocolos periodísticos.

Más allá del inventario de casos, Filtraciones es también una intervención sobre la propia identidad del periodismo. O'Donnell vuelve sobre los años setenta y lo formula de este modo: "La publicación de los Papeles del Pentágono marcó el comienzo de la Edad de Oro del periodismo, cuyo hito más alto fue la investigación del caso Watergate, publicada por el Washington Post en 1973, que derivó en la renuncia de Nixon y consolidó la reputación del periodismo como un contrapoder independiente capaz de voltear presidentes y cambiar el rumbo político de un país. Esa Edad de Oro no sobrevivió al cambio de siglo", escribe. 

Publicado en plena era Milei, con la política argentina atravesada por filtraciones, operaciones de inteligencia y un Estado que reduce estructuras mientras terceriza información, el libro habla de nosotros más de lo que a primera vista parece. También dialoga, desde luego, con una coyuntura mundial. En definitiva, se trata de la posibilidad real de conocer qué hacen quienes mandan.

En un tiempo de hartazgo y descreimiento, Filtraciones propone algo no tan glamuroso y profundamente político: tomar en serio los documentos, escuchar con atención los audios, seguir el rastro de los archivos, sin fobia a la palabra "buchón" ni fascinación con el secreto por el secreto mismo. Si la Edad de Oro del periodismo fue la de los papeles que hicieron caer presidentes, O'Donnell sugiere que la próxima, si llega, tendrá forma de pendrive, enlace cifrado o archivo de nube. El libro no sólo reconstruye lo que queda de la ética periodística: invita a defenderla.

Si la Edad de Oro del periodismo fue la de los papeles que hicieron caer presidentes, O'Donnell sugiere que la próxima, si llega, tendrá forma de pendrive, enlace cifrado o archivo de nube. Foto: Perfil
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