El nuevo (y provisorio) orden de Milei
El reciente reordenamiento en el círculo de poder del Gobierno de Javier Milei modificó de manera sustancial la dinámica interna, desplazando antiguos equilibrios y consolidando nuevas figuras. La influencia de Karina Milei se ha fortalecido de forma notoria, mientras que otros actores, como Santiago Caputo, han visto restringido su margen de maniobra.
En este contexto, los integrantes del sector identificado como karinista, en particular la facción que lideran los Menem, celebran el nuevo escenario político. Desde ese entorno, se ironiza sobre las expectativas frustradas de Caputo de obtener un cargo formal. Incluso han llegado a afirmar que "el triángulo de hierro está muerto".
La posibilidad de que Caputo asumiera un rol central, ya fuera mediante un Ministerio del Interior con atribuciones ampliadas o una Jefatura de Gabinete paralela dedicada a la negociación política, se desvaneció tras las designaciones de Manuel Adorni y Diego Santilli. El consultor llevó las operaciones mediáticas al extremo: primero se vendió como jefe de Gabinete y luego como un ministro con amplísimas atribuciones.
El mismo (Javier) Milei afirmó en varias declaraciones públicas que le iba a dar un cargo formal, pero Karina había quedado en una clara ventaja producto de la victoria electoral, tomando la decisión de desembarcar con un poder de auditoría casi total en las decisiones de todos los ministerios. "No nos iba a servir tener un cargo fuerte y que termine friccionando contra el jefe de Gabinete", justifican en el caputismo.
En esas negociaciones surgió el nombre de Santilli como posible responsable del ministerio político, una sugerencia que ambos sectores se atribuyen: allegados a Karina Milei sostienen que fue una estrategia de la secretaria general para dejar a Caputo sin espacio, mientras que desde el entorno de Caputo afirman que la propuesta buscaba incomodar a Mauricio Macri. Santilli, por su parte, mantiene un diálogo fluido con los distintos espacios internos.
El nuevo esquema abre la puerta a la conformación de una mesa política renovada. La etapa que se avecina, marcada por una aritmética legislativa más favorable para La Libertad Avanza en el Congreso, perfila un mapa de poder en el que destacan tres protagonistas. En primer lugar, Diego Santilli se posiciona como interlocutor de los gobernadores. Su designación ya recibió el respaldo público de amplísimos gobernadores.
En segundo término, Patricia Bullrich se convertirá en la principal referente del oficialismo en la Cámara Alta, aunque parece cada vez menos probable que le quieran dar la Presidencia Provisional del Senado para evitar incrementar ampliamente su poder. En tercer lugar, Martín Menem, ratificado como presidente de la Cámara de Diputados, se prepara para liderar un recinto más favorable, con un bloque propio de casi 90 libertarios puros y la alineación de los diputados bullrichistas.
Una característica común a estos tres dirigentes es la proyección de sus ambiciones electorales para 2027. Karina ostenta la lapicera del partido en todo el país, por lo que un factor de poder clave al interior del Gobierno será determinado por este hecho de poder.
La integración de Santiago Caputo en la nueva mesa política permanece incierta. De sumarse, su influencia quedaría considerablemente reducida. En cambio, la participación de Manuel Adorni parece asegurada. Como coordinador ministerial, Adorni actúa como "los ojos de Karina en la gestión". Por ahora no prevé avanzar sobre las áreas estratégicas que hoy en día comanda el caputismo, pero eso no está asegurado.
Los Menem están ampliamente interesados en ser ellos quienes negocien con el peronismo-kirchnerista en el Senado las ternas para jueces de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, las vacantes en los juzgados federales y el Procurador General, que al calor del nuevo Sistema Acusatorio tiene un poder inusitado que lo pone en el podio de las sillas más deseadas por todo el arco político.
Todo parece indicar que de continuar el estado de las cosas, el karinismo tiene intenciones de seguir fagocitando el poder de sus principales contrincantes. Asimismo, la carrera al 2027 genera un disciplinamiento en las primeras líneas que favorece este avance de la hermana presidencial en un Gabinete y una mesa chica en constante dinamismo, pero que siempre muestra una sola ganadora. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar