Escenario

El método

Javier Milei impulsa una transformación sin diálogo político ni social. La estrategia: imponer leyes clave al filo del quórum y con concesiones polémicas.
Milei va por todo: la revolución que ejecuta sin consenso y con leyes al filo
Carlos Leyba 19-12-2025
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Vamos por todo II. Milei está tratando de ejecutar una revolución, encabezada por sus libertarios, pero construida con votos de parlamentarios republicanos y peronistas. 

Dicho esto, la media sanción del Presupuesto fue una sorpresa para L. Caputo al que difícilmente "le entren balas" mientras le entren dólares. Supuso que sería posible que ningún legislador, ninguno, tuviera la mínima dignidad de volver a votar a favor de aquello que ya antes había votado dos veces. Para lograrlo bastaba con encerrar en un capítulo "Carroza di Tutti" la derogación de las leyes de discapacidad y universidades, junto a beneficios para variopintos mercados electorales. 

En esa misma sesión, el diputado libertario Lisandro Almirón, elogió la "sensibilidad del Gobierno Nacional" por las obras de infraestructura para su Provincia que él creía previstas en el Presupuesto. Pero elogió el proyecto de la oposición, no el del oficialismo que no las incluía. 

Convicciones perturbadas. Seguramente L. Caputo piensa que todos, como Almirón, votan en contra de lo que creen necesario. El engaño fracaso. 

El Presupuesto de Milei, con media sanción, legisla un déficit 2026 importante. Y eso sin tener en cuenta la baja de tributos que, en la ley de reforma laboral, vía - por ejemplo - quitas a los autos de lujo, aviones y embarcaciones particulares y mejoras tributarias para las personas o sociedades de mayores ingresos. 

La razón del fiasco es el método: la negación de la política de verdad, no el abuso del "toma y daca". La revolución sin armas letales. Negar los métodos de "la política" intentar el método revolucionario, imponerse sin tener en cuenta "el Bien Común" concreto y lo que puede sobrevenir. En el extremo, se trata de aniquilar al adversario, no de escucharlo. 

Es que, a esta Democracia, que hasta ahora afortunadamente, ha garantizado la alternancia por las urnas, le falta la materia prima de la Democracia que es la "conversación". Hacer política es conversar con los adversarios acerca de las ideas que, aplicadas desde el Estado, construyan Nación. Cimientos sólidos, lentos, que fragüen, para poder levantar sobre ellos el edificio común: Nación hogar. No hay nada duradero que se construya sin tiempo. Nada que se construya para durar se puede ejecutar sin Plan, lo que incluye evaluar las consecuencias y rever las decisiones, si esas resultan más gravosas que la enfermedad que se pretende curar. Escuchar la opinión contraria. 

Para tener esa mirada de largo plazo y multidimensional, se requiere mucho más que un pequeño elenco de dirigentes, aunque estos sean sabios, comprometidos y honestos. Hace falta una "mesa de arena": un ámbito de pensamiento estratégico sistémico que requiere del concurso de muchos especialistas para formular políticas eficientes y que permitan, a todos los actores, observar horizontes largos para, por ejemplo, invitar a invertir que es, después de todo, una apuesta de confianza. Imposible un Estado eficiente sin esta tarea previa y continua. Un pequeño ejemplo: el diplomático Felipe de la Balze, en una conferencia sobre distintas dimensiones de la cuestión minera, realizó una invitación a pensar. Un enfoque que debería replicarse para todos y cada uno de los sectores promisorios de nuestra Argentina y para cada uno de los sectores problemáticos. Una invitación a pensar cuyo primer paso es escuchar. 

Estamos lejos la actitud reflexiva en el discurso ramplón e irrelevante del oficialismo y la oposición y de quienes han irrumpido en el periodismo en los últimos años. No ayuda a la conversación. 

Milei volvió a pronosticar y comprometer que, en 2026, la inflación mensual comenzará con cero. Esa sería la medida de su éxito "electoral". "Inflación cero" agosto 2026. Lo importante no son esos pronósticos de marketing, sino la revolución que está intentando y en curso. 

Primero, con las herramientas utilizadas para bajar la inflación (atraso cambiario, apertura importadora salvaje, eliminación de la inversión en infraestructura económica y social - rutas, educación, salud, ciencia -) y segundo, con la eventual sanción de las leyes de Reforma Laboral y Presupuesto que contienen herramientas estructurales (impuestos y de gastos) para modificar de manera regresiva la distribución del ingreso.  

La "inflación cero", promesa distractiva. Pero estas leyes si son finalmente sancionadas, tal como fueron propuestas, lo serán ora por convicción u ora por un "toma y daca" que puede ir de la dádiva de los ATN o por ejemplo, incluir la sanción de una nueva ley de glaciares que podría habilitar emprendimientos mineros sin "permiso científico". Nadie en su sano juicio puede estar en contra de la explotación de nuestras riquezas mineras. Nadie, en su sano juicio, puede autorizar aquellas que no cuenten con un permiso científico independiente de los intereses económicos que pugnan por menores costos. 

El método de la "revolución" consiste en llevar a cabo "las consignas", sin consenso de otras miradas políticas y sin concertación con los intereses sociales. 

Las "revoluciones", el método, acumulan, en la historia, más fracasos que éxitos. La que Milei conduce, en tanto revolución, habrá de fracasar: por el método y por la baja calidad de las normas, chapuceras, que no revelan profundidad en el análisis para su elaboración y que, en su aplicación, si replican esa vocación por el abismo de la política cambiaria, requerirán rescates extraordinarios, ausencia de continuidad. 

No hay posibilidad de construir horizonte sin abandonar la filosofía revolucionaria del "te impongo todo" "vamos por todo", sin construir en la conversación, que es la base del consenso acerca del futuro y la concertación económica y social para lograrlo.   

Un excelente análisis de esta cuestión fue el que Ignacio Zuleta publicó en Clarín este lunes, "Los gobiernos débiles creen que sacar leyes en Diputados por poco más de los 129 votos del quórum o los 37 del número del Senado les sirve para algo. Las leyes estructurales -y la de trabajo lo es- deberían sancionarse con una amplia cantidad de apoyos como para que duren algo más que un mandato presidencial. 

Aprobar algo sobre el filo del quórum es pan para hoy y hambre para mañana...las leyes sancionadas sobre el filo del quórum no resisten el tiempo. Caen con el primer cambio de gobierno".

Las políticas de transformación estructural no pueden sancionarse y ejecutarse, con visos de perdurabilidad, si no son producto, necesariamente, del consenso político y de la concertación económica y social. Como dice Zuleta, porque "caen con el primer cambio de gobierno". 

El fiasco de la ley de Presupuesto, la postergación del tratamiento de la Reforma Laboral, la que según del laboralista Julián de Diego, asesor para la redacción de la ley, no aportará a la generación de trabajo registrado; la movilización convocada por la CGT son avisos sobre "la brevedad de los cambios" que se construyen sin consenso y con urgencia. 

Mientras tanto como dice L. Caputo "toda marcha de acuerdo al Plan". No hay sorpresas. Lo que pasa es que el Plan es flexible: "así como te digo una cosa, te digo la otra" ¿De ese modo se construye confianza? ¿O ganancia rápida, que no es lo mismo? 

L. Caputo pasó sin sonrojarse de declarar, en la UIA, "las bandas están bien calibradas" a cambiar - en menos de un abrir y cerrar de ojos -no sólo la calibración, sino el eje conceptual de las bandas. 

Ahora la inflación de dos meses pasados será la guía de las bandas; antes las bandas pretendían ser la guía de la inflación. 

Si bien se afirma la idea de "dominio de la situación", en realidad la situación domina las decisiones. Pero  hay que reconocer a los "traders" una habilidad sobresaliente para doblar antes de estrellarse. Y una torpeza sobresaliente, en seguir un camino que, si o si, nos lleva a estrellarnos y del que nos hemos escapado, o podremos escapar, con salvavidas estructuralmente caros por sus consecuencias no deseadas. 

Esta política de corto plazo, la cambiaria, la monetaria, la de ingresos, la de ésta manera de lograr la eliminación de la emisión monetaria para financiar el desequilibrio fiscal, llevan - en sí mismas - una bomba racimo para el futuro. Para negar la alta probabilidad de un mal futuro hay que mantener los ojos puestos exclusivamente en los números que dispara la legión de  los que militan mileísmo. Hay números que ocultan realidades. Hay pantallas del corto plazo y silencios del largo plazo. Cierre de empresas, capacidad ociosa, inversión en repliegue. La realidad es que el corto plazo desaparece y el largo, inevitablemente, se hace presente. Basta mirar hacia atrás para observar las consecuencias de largo plazo de todos los "milagros de corto" que cada gobierno tuvo desde hace 50 años. Milagro: legiones de clase media viajando a Miami a practicar "deme dos". Con las nuevas tecnologías llega de Pekín hasta nuestra puerta, incluidos galpones y hasta caños para Vaca Muerta. Caballos de Troya de los que desciende una fuerza destructiva formidable apalancada por la muralla que Trump que construye excedentes chinos. Fronteras débiles: contrabando y apertura. 

Las verdaderas consecuencias de estos engendros "corto placistas", aplicados durante 50 años por gobiernos de todos los colores, son lo que ha desaparecido y que es difícil reponer en una generación: una enorme clase media, un Coeficiente de Gini de nivel de país desarrollado, 4% de pobreza, la mayor industria de la región y pleno empleo. 

La enorme "sustitución" que le cambió la cara a la Argentina, es que, en 50 años, la población se duplicó y el número de pobres se multiplicó por 20. Todo lo demás es irrelevante. 

Es una mochila pesadísima que viene de largo. Todos hemos sido responsables. Pero por esa misma razón la conversación debe incluir a todos con el previo compromiso de pensar a largo plazo en términos de consenso: un sentido común. Y de concertación: hacer cierto un programa para todos. La cuestión es el método. No el de Milei. Tampoco los previos. El cambio empieza por el método.

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