El grito
El martes, familias, prestadores y personas con discapacidad, manifestaron contra el veto a la Ley de emergencia en discapacidad. P. Bullrich, "la montonera que puso bombas en un jardín de infantes" (J. Milei), desplegó a la Gendarmería para enfrentar un ejército de sillas de ruedas y padres desesperados. La retirada, consagró la bajeza.
El hecho convoca a la imagen de "El Grito" de Munch, figura humana sobre un puente, yendo hacia un mundo que infunde terror o huyendo de uno amenazante.
La idea de la destrucción del Bien Común, la degradación moral del Estado, que nosotros ya vivimos aquí, ronda en el planeta. Hambrunas provocadas. Guerras de demolición, civiles enterrados por escombros.
Quisimos creer que, a esa decadencia moral aquí vivida, con la democracia la habíamos derrotado. En su inauguración, Raúl Alfonsín, acompañado por todos, señaló "con la democracia no sólo se vota, sino también se come, se cura y se educa". Tres objetivos. Razón moral de la política. Se discutían caminos, velocidad, costos. No objetivos.
Los vetos presidenciales ratifican que, para el nuevo liderazgo político de la mayoría, la idea moral del Estado ha sido derogada y aquellos objetivos han naufragado: el Estado es una carga de la que debemos desembarazarnos.
No solo los legisladores de la LLA están dispuestos a legislar para llevarlo a cabo. Lo comparten la mayoría de los radicales y casi todo el PRO. Muchos crecieron como herederos de Alfonsín y hoy acompañan lo que comprometió Milei llevar a cabo: conducir al Estado para "destruirlo desde adentro".
No es "el loco de la bandera". Es "un abanderado" que consagrará una sólida y fanática presencia legislativa.
No todo es sombra. La retirada de la Gendarmería fue una señal que "el ridículo" - del que difícilmente se vuelve - despierta miedo y también despierta conciencias.
Tal vez es lo que amaneció en Luciana Vázquez, integrante del programa oficialista más extenso de la televisión. Este miércoles, Luciana tuvo una epifanía de conciencia moral cuando señaló -con otras palabras- que no era razonable que el Estado renunciara a proteger -lo dictan Convenciones Internacionales que son manda Constitucional desde 1994 - a los discapacitados.
Rodeada por militantes que, implícitamente al menos, suscriben la doctrina espartana del Monte Taigeto en aras del equilibrio fiscal, casi se disculpó por su molesta disidencia y aclaró que no se trataba de una cuestión moral (¡Vade retro satanas!) sino de la conveniencia política, para el gobierno, de aceptar una "demanda social": "no le conviene a Milei" electoralmente "cargarse a los más vulnerables", "podría quitarle votos". No es que me parezca mal, es que no conviene.
Para el oficialismo, la disminución de la tasa de inflación garantiza el apoyo popular multiclasista. Lo dicen las encuestas. Y eso garantiza la inexpugnabilidad de vetos presidenciales y el gobierno por DNU y sin Presupuesto.
Análisis ¿Dónde quedan las banderas?
Lo que ha producido la disminución de la tasa de inflación, para el oficialismo, ha sido el "equilibrio o superávit fiscal". En general y con algunas excepciones, los colegas que acuden a los medios repiten: "el cambio cultural Milei es el equilibrio fiscal y haberlo logrado de manera súbita".
No todos los economistas hacen las mismas cuentas. Dos años sin Presupuesto: reina la discrecionalidad.
Carlos Rodríguez (18/6/25, Clarín) y W. Graziano, afirmaron "Milei estaba en lo correcto... el BCRA tenía un déficit de 10% del PBI... lo transfirió al Tesoro, y ese mismo déficit es ahora de 11,25% del PBI".
Entonces, no hay tal equilibrio fiscal y el déficit - medido por Rodríguez con el método Milei candidato - aumentó.
El 27/7 (Clarín), los mismos autores: "El último bastión de la mejor lógica económica - el superávit de caja del Tesoro - sobrevive...Ocurrió también en el pasado...Difícilmente con eso alcance - al igual que en el pasado - porque el superávit de caja del Tesoro es apenas la décima parte del déficit financiero. Muy similar a lo que solía ocurrir en el pasado".
Dudas y discrepancias terminarían si, cumpliendo con las instituciones, el PEN elevara su proyecto de Presupuesto y se dieran los debates acerca de lo que lo compone: lleva adentro decisiones del pasado, de gasto y de ingresos. La revisión de unos y otros, es fundamental. El gasto es una bolsa obscura y debe ser revisado para poder priorizar lo imprescindible; y lo mismo del lado de los ingresos. El sistema tributario es un aquelarre, las reformas improvisadas de este gobierno, los premios a los de mayores ingresos, aumentaron el desorden. Y el gasto sufre de despilfarro y de la inocultable ineficiencia o corrupción en la recaudación que convive con una evasión escandalosa, que da por tierra con toda política fiscal seria.
Una "reforma" con horizonte de tiempo implica, para ser posible, consensos de largo plazo. Y sin horizonte de tiempo ninguna reforma tiene sentido. No hay manera de atropellar, ni motosierra, ni activismo adolescente.
Sobre todo, porque este Estado, que quieren destruirlo, tiene que atender a una Nación enferma. La única del planeta que, en territorio generoso y sin guerras, multiplicó por 20 el número de pobres en 50 años mientras la población sólo se duplicó.
Si progreso es "el aumento de la satisfacción de las necesidades sociales", decadencia es el aumento de la insatisfacción de esas necesidades. Llevamos medio siglo de aumento de la insatisfacción acumulada de necesidades sociales: una barrera que impide el desarrollo. ¿Por qué nos negamos a verlo como una traba paralizante? ¿Por qué "de eso no se habla"?
Es cierto, la inflación y los niveles crecientes posteriores a la mega crisis de principios de siglo, destruye - entre otras cosas - al sistema tributario, la capacidad de ahorro, multiplica la exclusión.
Pero hay otras cuestiones estructurales. El Banco Mundial - excluyendo a los pocos extremos como la Argentina -da un promedio para 98 países de inflación anual inferior al 4%. En 193 países, con baja tasa de inflación anual, en promedio, tienen un déficit fiscal de aproximadamente 2,4 % sobre el PIB.
No hay asociación mecánica entre desequilibrio fiscal e inflación a nivel mundial.
La estabilidad de precios, de la mayoría de los países, convive con déficit fiscal promedio de 2,4% sobre PIB.
Entonces, ¿qué otra cosa nos diferencia del resto del mundo? La tasa de Formación Bruta de Capital Fijo (FBCF) sobre el PIB (la tasa de inversión), promedio del mundo, relevada por el BM, en 2023 fue 26%. Para Argentina, en 2024, el BM consigna 16%. Países de "ingreso mediano bajo" 29% (2024); "de ingreso mediano" 33% (2023); "pobres muy endeudados" 23% (2023) y en los de la OCDE 22% (2024).
En FBCF si somos espantosamente diferentes.
Hace largo no tenemos el ritmo de inversión del promedio del Planeta y tampoco el de los "pobres muy endeudados". Sin estar en guerra, nos consumimos el capital.
Con Milei está de moda y avalado consumirnos las rutas, la salud (lo conduce el socio de Luis Barrionuevo y de Enrique Nosiglia, "gente de bien") y la educación.
Hace décadas sufrimos deterioro de la productividad sistémica y esta desaprensión por lo relevante para desarrollarnos, por parte de los financistas, expertos de mesas de dinero que gobiernan la economía, nos aleja de las reflexiones del futuro.
Ellos miran las cotizaciones del día. La consecuencia es que gobiernan sin futuro y perdemos competitividad, inclusive en sectores para los que estamos dotados por la naturaleza. Un sector crece en competitividad cuando su participación en el mercado global aumenta, sin que disminuyan el empleo o los salarios reales: o cuando, la productividad comparada, crece sin deterioro social.
Se logra con el esfuerzo colectivo de la participación de la FBCF respecto del PIB. La estadística comparada es reveladora.
Hay muchas teorías interesantes sobre las condiciones para generar "el crecimiento económico". Pero ninguna ignora que, sin la materialización de un proceso, intenso, difundido a lo largo de toda la Matriz de Insumo Producto y continuado en el tiempo, de la FBCF en relación con el PIB, ningún concepto asimilable a productividad, competitividad, crecimiento, desarrollo, progreso, es posible.
Esta comparación estadística tiene la virtud de la elocuencia. Señala no sólo cuestiones del pasado, sino también de este presente. De las consecuencias de la política vigente. Veamos.
La modesta disparada del dólar, bajo la égida de la "canchereada" de un ministro de espantosa vulgaridad -"ordinario como un par de botas" dirían las tías viejas- como "compra campeón", provocó una nueva "formación de activos externos de residentes argentinos". Nada que lo asombre a "Toto" Caputo: tiene "casi dos tercios de ese patrimonio...fuera del país" "patrimonio que se incrementó un 137% durante el primer año de gobierno" (LPO,5/8 datos Oficina Anticorrupción).
Antes de "compra campeón", había promovido la "monetización con los dólares del colchón".
La taba se dio vuelta y otra vez, los pesos ahorrados, se convirtieron en dolarización o fuga...hasta que las tasas de interés exóticas - que hacen insostenible la deuda empresaria - convocan a una nueva etapa de carry trade en la que acabamos de entrar. Que siga el baile.
Entre la "la fuga" y el carry se verifica la consecuencia del retiro del Estado como promotor de las políticas de desarrollo económico, vale decir, de impulsor de la FBCF como eje central de la política económica y su deriva inmediata, el pleno empleo formal y la consolidación del crecimiento del salario real, basado en el crecimiento de la productividad derivada del incremento de la FBCF.
La estabilidad de la mayor parte de los países del planeta es hija de la FBCF, de las estrategias de crecimiento, y eso sin ninguna duda se aleja inevitablemente con la destrucción del Estado.
No sólo por la contribución implícita a la destrucción del Bien Común presente, sino la del Bien Común Futuro, que depende de las políticas de inversión: ese es "el grito" ausente de la política argentina.
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