El contraste de Jorge Macri: defensa de la Ciudad, reclamos a Kicillof y un estilo a contramano de Milei
El discurso de apertura de sesiones legislativas de Jorge Macri evidenció una estrategia calculada. La decisión de hablar ante los 60 legisladores de la Ciudad el 2 de marzo a las 10:00, un día después del mensaje del presidente Javier Milei, exhibió inteligencia política.
Algunos críticos sugirieron pereza dominical; aunque la postergación le permitió al jefe de Gobierno Jorge Macri calibrar sus palabras tras asimilar el contenido presidencial. En el recinto porteño se observó un estilo político distinto, en contraste total con el líder libertario: hubo ausencia de agravios, estigmatizaciones y exabruptos, y tampoco se registraron gritos por parte de la oposición.
El titular del Ejecutivo exhibió un tono conciliador, al agradecer el rol de la casa legislativa y afirmar: "Respeto la diversidad política de esta Legislatura, que es la que eligieron los porteños". Incluso, aludió al parlamento como el espacio natural de los acuerdos y valoró el aporte opositor, al reconocer que todas las ideas resultan bienvenidas.
La transmisión oficial evidenció una dirección de cámara sumamente controlada, con escaso margen para enfocar a los adversarios políticos. Dicho cerrojo audiovisual resulta nocivo para un recinto obligado a representar la diversidad del conjunto de la sociedad, aunque el control a nivel nacional fue peor.
La diferencia de tono no pasó inadvertida para la oposición. "Comparado con los sucesos de la noche previa, el recinto se asemejaba al Palacio de Westminster", aseguró el legislador por "Es Ahora Buenos Aires" Leandro Santoro en una breve conferencia de prensa después del discurso de Jorge Macri. Y continúa Santoro: "Más allá de las diferencias ideológicas y políticas, en términos de calidad humana se notó una distancia importante. No hubo insultos, ni agravios".
En la misma línea, la defensora del Pueblo de la Ciudad María Rosa Muiños calificó la alocución en diálogo con El Economista como "muy buena si se la compara con el discurso del presidente de la Nación". La funcionaria percibió una actitud "conciliadora, dispuesta a escuchar".
El legislador de "Es Ahora Buenos Aires" Alejandro "Pitu" Salvatierra admitió a El Economista que "la moderación resulta rescatable en estos tiempos", a la vez que destacó a un funcionario que se expresa "sin ofensa, sin agredir".
Desde el inicio, Macri se posicionó como defensor de la identidad metropolitana. Así lo expresó al asegurar: "La Ciudad del caos, del desorden y del vale todo se terminó". Su retórica apuntó a la defensa del espacio público: "Voy a luchar sin descanso contra los enemigos de un estilo de vida". La delimitación con la provincia de Buenos Aires resultó clara al manifestar: "No queremos vivir como en lo peor del conurbano".
A su vez, advirtió: "Acá ya no hay espacio para minorías violentas que rompen las reglas de convivencia". Esta postura de firmeza convivió con una sutil diferenciación respecto del enfoque gubernamental nacional sobre las poblaciones vulnerables. Macri buscó ese matiz al sostener que en la capital "nadie es descartable".
Sobre este punto, la diputada porteña por el PRO Silvia Lospennato subrayó la claridad del mensaje. "Quedaron muy claras las prioridades de gestión. En primer lugar, obviamente, el orden", dijo la referente oficialista al repasar los avances sobre "la situación en la calle, los manteros, los trapitos".
Para reforzar esta agenda, la legisladora Laura Alonso sumó un pedido al recinto: "Se busca que a los trapitos se los castigue con la figura de delito penal". Y advirtió sobre la necesidad de agravar las penas: "No resulta suficiente con una mera contravención". A su vez, hizo foco en el cuidado del espacio urbano: "En esta ciudad no se tolerará la destrucción de los bienes públicos".
La puja por la autonomía local ocupó un lugar central en la agenda institucional. Jorge Macri destacó "el acuerdo con el Gobierno Nacional para la transferencia de competencias laborales y la puesta en funcionamiento de nuestro propio fuero laboral" como "un paso más para consolidar nuestra autonomía".
En paralelo, ponderó el rol de las empresas al considerar que solo con mayor inversión privada la Ciudad logrará sostener su crecimiento. Señaló que en el distrito se asienta el 21 % del PBI nacional. Para el jefe de gobierno, esto plantea un "escenario enorme de oportunidades si entendemos algo simple: cuando al privado le va bien, a la Ciudad le va bien. ¡Sí! En esta Ciudad se celebra que al sector privado le vaya bien".
En materia económica, el discurso resaltó el orden fiscal: "Tenemos una administración con orden fiscal y el menor nivel de deuda de los últimos 12 años". Jorge Macri mencionó al ministro de Hacienda, Gustavo Arengo, para subrayar una "reputación financiera consolidada".
Asimismo, nombró al jefe de Gabinete, Gabriel Sánchez Zinny, al detallar reformas burocráticas. Como medida de alivio sectorial, remarcó: "Bajamos a cero el Impuesto Inmobiliario y el ABL para más de 89 mil jubilados y personas con discapacidad", lo cual "significará un alivio anual de más de $25 mil millones".
Sin embargo, la legisladora por Confianza Pública Graciela Ocaña cuestionó el alcance de la medida impositiva: "No se habló del 25% de los residentes de la Ciudad de Buenos Aires, que son los jubilados y los pensionados". Y amplió su crítica en charla con El Economista: "Solo hubo referencias tangenciales a una política pública con dos mil personas, de escaso impacto real".
Por su parte, Salvatierra apuntó contra las prioridades de inversión en la zona sur, al rechazar la idea de "un autódromo, como si el sur necesitara la Fórmula 1". El referente social remarcó una realidad disímil: "El 90% de las villas porteñas se ubican justo en el sur de la Ciudad de Buenos Aires".
Macri reiteró el reclamo por los fondos coparticipables. Aunque remarcó que "esta gestión apoyó al Gobierno Nacional en su objetivo de ordenar la macroeconomía y las cuentas públicas", advirtió que "ese acompañamiento nunca nos hizo retroceder en nuestro planteo por los fondos que pertenecen a los porteños". Para avanzar, el jefe de gobierno subrayó la presentación continua de propuestas con la expectativa de una resolución pronta, y pidió el apoyo del cuerpo legislativo para sostener este reclamo.
Con dureza, ilustró el impacto de la retención presupuestaria al asegurar que con el pasivo heredado de la gestión de Alberto Fernández resultarían viables proyectos de gran escala. Macri afirmó que se lograrían "hacer 3 líneas de subte, 4 más de trambus, la refacción integral de 800 escuelas", además de comprar patrulleros y formaciones de subte, e incluso avanzar con mayores reducciones impositivas.
El planteo financiero cosecha respaldos, aunque con matices. Santoro sostiene su posición histórica: "La coincidencia con este reclamo existió incluso durante el gobierno de Alberto Fernández, momento en el cual se advirtió que no correspondía esa quita". Ocaña también se muestra a favor de recuperar los fondos, aunque exige mayor claridad: "Tampoco se planteó a los legisladores un camino a seguir para el reclamo hacia el Gobierno Nacional". Desde el oficialismo, Alonso redobla la apuesta tributaria y asegura: "Si se abona la deuda de la coparticipación, existirán condiciones para continuar con la reducción impositiva".
En el ámbito educativo, se contrastó el modelo actual con gestiones anteriores. Relató la imposibilidad previa de sancionar a un alumno si escribía "hormiga" sin la letra "h" para no estigmatizarlo. Frente a eso, Macri sentenció: "Nosotros creemos que corregir es educar", a la vez que destacó la labor de la ministra de Educación, Mercedes Miguel. También hubo espacio para la cultura, con menciones a la ministra Gabriela Ricardes.
El tramo más sensible de la alocución abordó la crudeza de la vida a la intemperie. Lejos de idealizar la pobreza, el mandatario porteño relató una tragedia reciente al advertir que no desea otra víctima como Manuel Scharzkopf. "Manuel estaba en situación de calle y hace poco más de un mes se tiró dentro de un contenedor y murió, al clavarse un vidrio". Frente a esta problemática, y al detallar que muchas personas con problemas de adicciones y de salud mental no aceptan asistencia, reclamó herramientas legales para intervenir de manera obligatoria. El jefe de gobierno aclaró: "No se trata de perseguirlos como si fueran criminales ni de llevarlos detenidos", y agregó: "Lo que queremos es rescatarlos". Para lograrlo, exigió apoyo nacional: "Necesitamos cambiar la Ley Nacional de Salud Mental".
En la misma línea, solicitó la reforma o eliminación de la Comisión Nacional Interministerial en Políticas de Salud Mental y Adicciones, a la cual calificó como "una comisión totalmente ideologizada, que invade las competencias y no nos deja resolver las cosas mejor".
A la par, Macri elevó el tono de confrontación interjurisdiccional y exigió responsabilidad a la gestión bonaerense sobre el sostenimiento de los paradores nocturnos. Recordó la existencia de "una ley que obliga a la provincia a tener paradores", y consideró que "sería muy bueno que cumplieran su parte, en vez de tener que nosotros hacernos cargo". Macri apuntó directamente: "El dato es bien claro: 7 de cada 10 personas que están en la calle vienen del conurbano". A continuación, sentenció: "Por eso le pedimos al gobernador Axel Kicillof que se haga cargo".
Esta problemática requiere, según Lospennato, una "interpelación fuerte de la legislatura para resolver las preocupaciones vecinales". La diputada enfatizó la urgencia de atender a "las personas en situación de calle que se niegan a recibir la ayuda", para lo cual resultan necesarias "nuevas herramientas". Desde la vereda opuesta, Santoro percibió "una falta de visión de lo social" frente a un escenario de "endeudamiento familiar, crisis habitacional y problemas de empleo".
Además de esta disputa, la premisa oficial es no obviar la indigencia ni la falta de limpieza urbana. Junto al ministro de Espacio Público, Ignacio Baistrocchi, se prometieron soluciones tecnológicas, como cámaras con inteligencia artificial para los camiones recolectores. El excandidato a jefe de gobierno, Leandro Santoro, criticó el estado del espacio público al recordar que el oficialismo gobierna hace dos décadas: "Si la ciudad se encuentra sucia, resulta ser un tema que ya debería contar con una solución".
Muiños concordó en la necesidad de mejorar la higiene urbana y alertó sobre el déficit de infraestructura, al advertir "un incumplimiento sobre la ley de baños públicos que resultaría vital para la higiene de la ciudad".
Finalmente, la narrativa oficial cerró con la consolidación de la marca metropolitana. El mensaje culminó con el anhelo de mantener a Buenos Aires como "la ciudad más linda del mundo".