Ideas

Conversar

La pobreza, la crisis educativa y el narcotráfico exponen un problema más profundo: la política argentina dejó de conversar sobre el futuro.
Argentina EE
24-05-2026
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Lo más preocupante en el presente de nuestra vida política y social es que no conversamos. "Consenso", "concertación", "acuerdo", "pacto" no son parte de nuestra democracia. Marcar el disenso es eje dominante. Los partidos -instituciones de la Constitución de 1994- están en crisis de identidad de la que se derivan la de representación y la deserción de la participación ciudadana en la vida colectiva. 

Lo relevante de nuestra actualidad es que la ausencia, es más, el rechazo militante a la conversación entre aquellos que aspiran a cumplir o cumplen un papel decisivo en las decisiones públicas, domina al presente con una intensidad única y sorprendente. 

Aclaro, porque los simulacros confunden, que los gobernadores, diputados y senadores peronistas, en principio opositores, que son aliados por sus votos junto al oficialismo y que le dan una holgada mayoría parlamentaria, en realidad, no conversan. 

Conversar es el diálogo de ideas. Ellos, los miembros de las oposiciones parlamentarias, en particular las de origen peronista, simplemente acatan poniendo en evidencia que son la parte débil de una relación de tipo extorsivo. No hay un bien superior en esa transacción. Se trata simplemente de la devoción a la propia supervivencia.

Insisto conversar es hablar de ideas, no es el "toma y daca" ramplón de estos "barones". 

Por cierto, no es esta la primera vez que vivimos simulacros de acuerdo. 

Por ejemplo, el llamado "Pacto de Olivos" fue un acto de ese tipo. 

R. Alfonsín -un líder íntegro- debió aceptar lo inevitable, para evitar un quiebre institucional y salvar la unidad de la UCR, la que el tiempo demostró sería muy difícil. La "reelección" de Menem -que juramentó una Constitución que no la permitía- fue "legalizada" por una cláusula transitoria que borraba ese compromiso: la idea de República se debilitaba. 

Alfonsín en "Memoria Política. Transición a la democracia y derechos humanos" (FCE 2004) señala que lo hizo para evitar un quiebre institucional y porque R. Baglini le dijo que "no podía contener al bloque radical ...porque muchos responden a intereses provinciales", y no de la Nación. Síntesis: aquel pacto lejos estuvo de ser un "acuerdo". No implicó profundidad de sentimientos comunes y no fue la consecuencia de una conversación. La escena en la que se "firmó" habla de "urgencias".     

Vale la pena, a esta altura, recordar qué significa "conversar", para dimensionar la distancia que genera su ausencia. 

Conversar es "dar vuelta juntos" acerca de una idea, es "hablar junto a otros", con otros, poner palabras en un tiempo y un espacio y compartirlo, un "aquí y ahora" en común. Es cuando la palabra alcanza su valor mayor: cuando es voz propia y a la vez es escucha. 

La dimensión de la conversación, en la vida social, es tal que sin ella no hay futuro para una Nación. Sin conversación no hay posibilidad de ideas compartidas y la Nación se queda sin proyección, sin rumbo.

Hacer política es tener ideas acerca de lo que hay que hacer desde el Estado para construir una Nación. Y para "construir" se requiere un proyecto hijo del ejercicio de las alternativas. 

Bertrand de Jouvenel, pensador de la prospectiva, señalaba respecto de los proyectos, los que son borradores del futuro, que para el inicio de su elaboración el primer lugar corresponde al diseño del "futurable", es decir, el diseño del futuro deseable: "Una Nación es un proyecto sugestivo de vida en común" y sin ese proyecto no es posible una Nación. 

La densidad de esa proyección depende de la densidad de "lo común" de ese proyecto. El trabajo, las posibilidades, los límites definen el "futurible", el futuro posible. Uno de los límites de la posibilidad de realización es la densidad y la profundidad del acuerdo que deriva de la "conversación". 

Llevamos décadas de una vida pública en la que la conversación está denegada: la escucha está bloqueada. No conversamos sobre los temas cruciales que definen el presente y condicionan el futuro. Los temas cruciales, cada uno de ellos, hablan de bifurcación en el camino, en nuestro futuro y en el basamento que sostiene la vida social. 

Podemos eludir su tratamiento y seguir el día a día, pero no podemos evitar sus consecuencias: los temas cruciales son de los que depende todo lo demás. 

No estamos haciendo el ejercicio de identificación de esos temas cruciales. No tenemos un ejercicio colectivo dedicado a identificar nuestros temas cruciales. Por eso no conversamos acerca de ellos ni sobre sus causas ni en sus consecuencias. Por ausencia de conversación, en la práctica, los negamos. 

No conversar niega la reflexión, el tratamiento y la solución. Pero no evita ni las causas ni las consecuencias. Esa es la trampa de los temas cruciales.

No conversamos sobre la pobreza y sin embargo en ella se ha formado un porcentaje importantísimo de nuestra actual población adulta. 

Han sido muchos años de aumento constante de personas viviendo debajo del nivel de pobreza: en 1974, la EPH del Indec de aquel momento estimó la población en condiciones de pobreza por Nivel de Ingreso en 4% de la población: aproximadamente un millón de argentinos. 

En ese tiempo, se estima que 213.000 vivían en Villas de Emergencia (CABA). Hoy en 6457 barrios de emergencia, en todo el país, se estima que los habitan más de 5 millones de personas. El número de personas en la pobreza en 50 años se multiplicó por 20 y la población total sólo se duplicó: cinco décadas de una fábrica de pobres. 

Tampoco conversamos sobre las consecuencias que la pobreza actual tendrá sobre nuestra población adulta en el futuro y tampoco sobre lo que implica que 41,3% de los niños argentinos, entre 0 y 14 años, vivan hoy en la pobreza (Indec, segundo semestre de 2025). 

No conversamos quiere decir que, de una u otra manera, excluimos el tema de la vida cotidiana y que no estamos preparados intelectualmente para buscar una remoción de las causas y una cura de sus consecuencias. 

Las pruebas PISA 2022 (la de 2025 estará disponible en septiembre de 2026) fueron un diagnóstico dramático de las consecuencias atribuibles al sistema educativo, de educandos que no están asistidos para estar en óptimas condiciones para ser educados y de educadores que - por múltiples razones - no logran contrarrestar plenamente la negatividad del sistema: los resultados comparados son elocuentes. En Matemáticas entre 81 países ocupamos el lugar 66; el 73% de los estudiantes de 15 años no alcanzó el nivel mínimo de competencia; en Lectura el 50% no logró comprender textos de dificultad moderada y en Ciencias el 54% estuvo por debajo del nivel básico. Los chicos de hogares vulnerables estuvieron notablemente por debajo del resto. Cruzar estos resultados con las estadísticas de pobreza presente y proyectada, es un diagnóstico del futuro sobre el que deberíamos conversar. 

Pobreza y educación no pueden pensarse disociados. Hay condiciones de vida, oportunidades de trabajo, sobre las que conversar para diseñar el futuro deseable y el posible, en tiempo y espacio. Planificar la lucha contra la pobreza es una prioridad de la sociedad argentina porque la pobreza es la síntesis del fracaso colectivo: es el símbolo de la decadencia. 

Decadencia es lo contrario de progreso. La idea de decadencia es un concepto que requiere, para su existencia, de un previo período de progreso. No hay decadencia sin progreso previo. 

¿Pero qué es el progreso? El progreso es el aumento, la dinámica, de la capacidad de la sociedad para satisfacer las necesidades sociales. La medida de la incapacidad, de la decadencia, en nuestra historia reciente es el crecimiento de largo plazo del número de personas viviendo en la pobreza: ellas representan la humanidad de las necesidades sociales insatisfechas. 

Un futuro deseable es "el progreso así entendido" y la medida más clara, a mi entender, es la pobreza de los niños. 

Jorge Macri conmovió las villas de la ciudad con el operativo "Tormenta Negra". Fueron 1500 policías y detuvieron 27 personas por tráfico de drogas, 5 bunker cerrados, clausuraron 25 comercios, mayoría venta de celulares presuntamente robados, salitas médicas ilegales; secuestraron 113 motos y 64 autos por infracciones de tránsito y 35 autos abandonados y 7 contraventores por "uso de arma impropia" (cuchillos, facas, entre otras). Estaban ahí. Y está muy bien la acción. Pero gobernar es mucho más que "reprimir", "perseguir". Gobernar es prevenir. 

El grupo político que gobierna la Ciudad más rica de la Argentina, una de las más ricas de América Latina, lo hace desde hace casi 20 años. Es lícito pensar que hay "consecuencias" de la gestión. Como dijo monseñor Jorge García Cuerva: "Tormenta negra se llama cuando el Estado se retira", que no se compensa con "una sobreactuación exagerada". Agregó: "Tormenta negra se llama el narcotráfico, la falta de trabajo, tormenta negra se llama cuando el los pibes no tienen posibilidades. "tormenta negra y hace décadas que la sufren nuestros barrios". 

Cuando Mauricio Macri iba a asumir la presidencia de la Nación, estableció tres ejes: "pobreza cero", igualdad de oportunidades y generación de empleo; "derrotar al narcotráfico",  recuperar el control territorial e institucional frente al tráfico de drogas y "unir a los argentinos", mediante el diálogo, y el trabajo en equipo.

No podemos decir "no quiso". Pero no lo hizo. Tal vez no supo o no pudo. 

Las tres propuestas siguen siendo válidas. Y hay una manera de empezar: es el diálogo y el trabajo en equipo, es decir, conversar. 

La pobreza es el "futurable" para terminar con la decadencia. Lo demás son instrumentos para ese objetivo del que se derivan otros de similar atracción y energía social. Por ejemplo ocupar el territorio, la concentración demográfica, el tren. Volver a empezar con las banderas con las que se formó el Estado Argentino. Conversar con aquél pasado para entender que hay un futuro posible que es imposible sin consenso, sin dialogo. Por ejemplo ¿Cómo erradicamos la pobreza? Empezar es conversar.  Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar

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