Balotaje en Chile: Altman advierte que la incógnita es "por cuánto gana Kast" y sostiene que, frente a Milei, "son faunas distintas"
El politólogo David Altman, profesor e investigador de la Pontificia Universidad Católica de Chile, sostuvo que la verdadera incógnita del balotaje del domingo no es quién triunfa, sino "por cuánto gana Kast". En diálogo con El Economista, planteó que la política chilena ya no puede leerse con los lentes tradicionales, sino que debe pensarse a partir del ciclo del estallido social y los procesos constituyentes entre 2019 y 2023. Según Altman, "el centro no se enfachizó" en esta elección, sino que escapó de la experiencia de Gabriel Boric.
También señaló que Javier Milei y José Antonio Kast "son faunas distintas". Y subrayó que para el chileno -quien sería el primer presidente que reconoce haber votado a favor de Augusto Pinochet en el plebiscito de 1988- el Estado es fundamental.
A continuación, la entrevista completa.
—Desde la primera vuelta se da por sentado que el próximo presidente va a ser José Antonio Kast. ¿Cree que puede haber alguna sorpresa en el balotaje del domingo?
—Aparentemente está instalado. La gran duda es por cuánto gana Kast; el margen de diferencia que va a haber entre los dos candidatos (Kast y Jeannette Jara).
Chile Kast saca ventaja de cara al balotaje
Es una elección extremadamente polarizante, entonces posiblemente hay mucha gente en la zona del medio que no se sienta cómoda con ninguna de las dos candidaturas y, consecuentemente, vote nulo o blanco.
—¿Por qué considera que se llegó a este escenario en el que se da por hecho el triunfo de Kast y en el que Jara, aparentemente, no logra crecer demasiado respecto de las generales?
—Es parte de la propia dinámica de lo que fue el proceso electoral. En la primera vuelta, Kast fue el candidato de la derecha más votado. Creo que muchos de los votos que recibió también fueron personas que se asustaron frente a una potencial presencia de (Johannes) Kaiser. En las últimas semanas antes de la primera vuelta, el candidato Kaiser aparentaba que venía creciendo muy rápido, y tengo la impresión de que mucha gente que hubiese votado por Evelyn Matthei -la centroderecha, más liberal-, terminó votando por Kast con tal de salirle al cruce a Kaiser.
—¿A qué atribuye la oferta tan amplia de la derecha? ¿Responde a la historia chilena o está estrictamente ligado al gobierno de Gabriel Boric?
—Esto no hay que leerlo con los lentes tradicionales con los que veíamos la política chilena, sino que hay que leerlo bajo el prisma de lo que fue el ciclo del estallido social, de las convenciones constituyentes, el ciclo 2019-2023, que en su momento llamé "restauración-refundación".
Durante el estallido hubo un lema muy icónico: "No son 30 pesos, son 30 años". Ese lema representa una división que se dio en la sociedad, donde mucha gente aborrecía los 30 años, pero mucha gente los extrañaba. Dentro de esta nueva configuración, la derecha quedó del lado restaurador y la izquierda quedó del lado refundacional. Creo que ese prisma hoy en día nos ayuda a leer la realidad chilena mucho más de lo que en las primeras dos décadas postransición definía (el clivaje) dictadura militar-democracia.
Estamos reordenando el voto chileno. No digo que haya desaparecido el clivaje dictadura-antidictadura, pero su poder explicativo es mucho menor del que tenía en los años 90 y 2000.
El gran tema que se convirtió casi en un leitmotiv de la campaña es seguridad ampliamente entendida -narcotráfico, crimen organizado, inmigración ilegal-. Es, por lejos, el gran tema que preocupa a la ciudadanía.
—Si ganara Kast, sería un nuevo mandato que consolida la alternancia en términos ideológicos (Sebastián Piñera en 2010, Michelle Bachelet en 2014, Sebastián Piñera en 2018 y Boric en 2022). ¿Qué aspectos positivos y negativos tiene esta dinámica de alternancia?
—Desde el año 2009 hasta el día de hoy hemos venido teniendo alternancia constante de color político una y otra elección. Mi argumento es que esto lo trasciende porque no es solamente alternancia. Si fuera un péndulo lo que explicaría el fenómeno, los mapas electorales cambiarían. Y no cambian. Si fuera un péndulo donde cambiamos presidencias, lo que explicaría el voto ahora sería el voto de 2021 y no el plebiscito de salida de 2022. Esta elección se explica mucho mejor mirando los mapas electorales de cómo votaron los chilenos a través del plebiscito de salida de 2022 que la elección presidencial de 2021.
Puede ser que haya algo subyacente de la alternancia, pero me da la impresión, por cómo está estructurado el voto, que esto trasciende este movimiento pendular que venimos viviendo desde los años 90.
—¿Por qué se dio una elección con tanta polarización? ¿Puede considerarse a Kast parte de la derecha radical?
—Kast es ultraconservador, pero no se puede hablar de una derecha radical o emparentarlo con la experiencia de (Javier) Milei.
Kast y Milei son faunas distintas. Incluso el Kast de 2021 y el de 2025 son bichos distintos. Lo que pasó en Chile es que el centro pivoteó, porque en 2021 estaba espantado con un Kast que venía con posturas antiabortistas, anti matrimonio gay. Frente a esa disyuntiva Boric-Kast, ese centro votó por Boric porque Kast los espantó.
En esta campaña, esos temas virtualmente no entraron. Entonces, ese centro que huye despavorido de la izquierda después de esta experiencia, ahora vota a la derecha frente a esta polarización. No es que no hay centristas en Chile. Los chilenos siguen siendo muy parecidos a lo que era 2021 o antes. Chile no se "enfachizó", no es más facho ahora. Lo que pasa es que la lógica política lleva a que haya movimientos en el medio que a la larga son los que determinan quién gana. Quien seduce al votante mediano es la persona que gana el balotaje. Y esa persona está esencialmente muy preocupada por temas económicos y de seguridad.
—¿Qué similitudes y diferencias encuentra entre Kast y Milei?
—Milei es libertario y Kast es conservador. Para Kast, el Estado es fundamental: es el que va a tener que hacer muchas de estas políticas, el que va a ordenar y coordinar esta agenda de política pública. Milei es un antiestatista, no le gusta el Estado.
—Luego de la primera vuelta en Chile, Milei retuiteó mensajes de X que vinculaban el éxito de Kast a su presidencia. ¿Cuánto de eso es correcto?
—No creo que tenga mucho que ver. Creo que el éxito, en caso de que gane la oposición hoy en día, se explica por factores chilenos y coyunturas que han pasado acá en los últimos tiempos. Me parece que si Milei dice eso, está cometiendo un acto de arrogancia que le excede. Aparte fijate Uruguay, Brasil...no veo por dónde.
Además Kast no fue el que más se pegó a Milei. Si tuviésemos que buscar algún candidato más cercano a Milei, sería Kaiser. Pero ni siquiera Kaiser está ideológicamente en la misma sintonía que Milei, es mucho más corporativista, mucho más Estado.
—¿Cree que un triunfo de Kast podría motivar un bloque regional ideológico junto a Milei, Santiago Peña (Paraguay) y Rodrigo Paz Pereira (Bolivia)?
—No creo. Son tantos los problemas internos que hay en Chile que no creo que el tema internacional sea tan crucial. Es más, si la derecha empieza con esta lógica más aislacionista a la (Donald) Trump, entonces no va a haber coordinación porque cada uno se va a encerrar en sus cosas.
—¿Hay conflictos territoriales pendientes entre Chile y Argentina que se pueden activar eventualmente?
—No creo. Puede ser que quede alguna cosita en disputa, pero debe ser marginal. Los problemas de frontera que hay en Chile están relacionados con la inmigración ilegal y al tráfico de drogas, y en su enorme mayoría son en la frontera norte con Bolivia y con Perú. Con Argentina, no hay pendiente nada significativo.
—En cuanto al estado de la democracia chilena, ¿cómo se encuentra hoy en día el clivaje dictadura-democracia y la reivindicación de algunos sectores a Augusto Pinochet?
—Ese clivaje es absolutamente marginal. En el debate presidencial del martes, casi todos los temas fueron mucho más relacionados con el estallido de hace unos años que con el clivaje dictadura-no dictadura.
Ciertamente hay asuntos pendientes, como qué hacer con los presos convictos por violaciones a derechos humanos. Ahí hay una fricción entre Kast, que dice que está dispuesto a considerar una legislación que se está discutiendo en el Senado sobre que personas de muy avanzada edad o pacientes terminales que están en cárcel puedan irse a morir a la casa, versus Jara que dice que no. Ayer hubo un par de zancadillas en relación a esto, pero no es un tema estructurante de forma profunda, lo que no significa que no sea importante.
Hay un factor que es fundamental tener en cuenta: el 60% del electorado chileno no había nacido, era menor de edad o no vivía en Chile en 1988. Es natural que ese quiebre explique menos hoy en día y las cosas traumatizantes que pasaron hace poco, como el estallido social, estructuren mejor el voto.
—¿Qué hay de cierto en la reivindicación de Kast a Pinochet?
—En caso de que Kast sea el próximo presidente, va a ser la primera vez desde la transición que tenemos un presidente que dice que votó el "Sí" para que se quede Pinochet en el plebiscito de 1988.
—Para cerrar, cuénteme de su visita a Buenos Aires y de la invitación de la carrera de Ciencia Política de la UBA.
—Soy amigo de Miguel De Luca (director de la carrera) y Gerardo Munck de toda la vida, entonces fue un gustazo. En la actividad de "Un café con Munck y Altman" éramos como 50 personas. Fue una conversación informal sobre la disciplina, lo que está pasando en Chile, la democracia y cómo llegamos a la ciencia política. Fue una oportunidad preciosa para charlar y compartir con estudiantes y graduados. Cualquier excusa para ir a Buenos Aires, no la dudo ni 30 segundos. Amo esa ciudad.
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