Tener hijos: la VERDADERA razón detrás del desplome de la tasa de natalidad
- EE. UU. pasó de un baby‑boom de más de 3 hijos por mujer a apenas 1,62 en 2023 —nivel similar al de Canadá o los Países Bajos— y Japón ya roza 1,20 .
- Todos los países OCDE registran TFR por debajo del reemplazo (2,1) y muchos caen debajo de 1,5 .
- La caída no es solo "timing": los autores documentan más mujeres sin hijos a cualquier edad y menor fertilidad completada .
- En EE. UU. los nacimientos adolescentes se hundieron 70 % desde los '90 .
La caída no es solo cuestión de "esperar un poco más", como ocurría hace dos décadas: cada vez hay más mujeres que nunca tienen hijos y, entre quienes sí lo hacen, el número final de bebés también se encoge.
Por qué (casi) nadie quiere tener hijos
En el working paper "Why Is Fertility So Low in High Income Countries?", los economistas Melissa Schettini Kearney (University of Notre Dame, NBER) y Phillip B. Levine (Wellesley College, NBER), descartan las crisis económicas o el costo puntual de los pañales como motores centrales. Los "cheques bebé", las licencias extensas o las guarderías gratuitas ayudan, pero apenas adelantan partos o suman fracciones marginales de hijos. El problema es más profundo y cultural.
La verdadera revolución: prioridades adultas reordenadas
Los autores plantean la hipótesis de los "shifting priorities": el proyecto de formar una familia perdió centralidad frente a nuevas metas —carreras profesionales largas, ocio de calidad, viajes, vida en pareja sin hijos— que compiten por el tiempo, el dinero y la energía de los adultos jóvenes.
"De Irlanda a Corea del Sur, la evidencia sugiere que, una vez que las personas son lo bastante ricas y libres para elegir, optan por el individualismo. Muchos lo hacen con una punzada de culpa, claro. De verdad quieren tener más hijos, pero no tanto como desean vivir en la ciudad de su preferencia o esperar una relación que sea divertida y no solo estable", escribe Janah Ganesh en el FT.
Preguntar a las personas si quieren tener más hijos es casi inútil, dice Ganesh. La verdadera cuestión es si los desean por encima de otras cosas. Las aspiraciones declaradas no son información útil a menos que se jerarquicen. "Yo quiero tener más éxito, pero no tanto como quiero dormir hasta las 10 de la mañana. La gente quiere tener familias más grandes, pero no tanto como desea tiempo libre y dinero de sobra", dice el autor.
La crianza intensiva, un Everest moderno
Ser "buen padre" ya no se mide solo en proveer; implica invertir horas de presencia, estimulación temprana, actividades extracurriculares y un presupuesto sustancial. Bajo ese estándar, muchos potenciales padres concluyen que la entrada a la paternidad requiere un compromiso demasiado alto.
Como dice Santiago Bilinkis, "hoy, ser un buen padre es un laburo descomunal".
Trabajo, salario y maternidad: el costo invisible
La participación laboral femenina supera hoy el 80 % en la mayoría de la OCDE, pero los empleos siguen penalizando a las madres con techos de cristal y brechas salariales persistentes. Cada bebé puede traducirse en un bache permanente de ingresos y de proyección profesional, lo que refuerza la decisión de postergar —o renunciar a— la crianza.
Vivienda y otros sueños aplazados
Tras la Gran Recesión, el acceso a la vivienda propia se volvió más difícil para los jóvenes. Cuando el techo propio parece inalcanzable, la cuna también se vuelve un lujo. El precio de los alquileres y las hipotecas erosiona la capacidad de ahorro y agudiza la sensación de que "todavía no es el momento".
El "gap" entre el ideal y la realidad
Curiosamente, las encuestas muestran que la mayoría de los adultos aún sueña con tener alrededor de 2 hijos. Sin embargo, la realidad queda sistemáticamente por debajo de ese ideal, generando una brecha que, según los autores, no se cerrará con incentivos marginales.
¿Qué significan "intervenciones del tamaño de la vivienda"?
Kearney y Levine concluyen que se necesitan políticas tan ambiciosas y estructurales como las que se aplican para resolver el acceso a la vivienda. Es decir, medidas que cambien el costo de oportunidad de la crianza de manera drástica y sostenida:
- Programas de cuidados infantiles universales y gratuitos.
- Licencias parentales pagas de varios meses para ambos progenitores, sin penalizaciones de carrera.
- Horarios de trabajo flexibles por ley y cultura corporativa que recompense la corresponsabilidad familiar.
- Subsidios directos o desgravaciones fiscales significativas para familias con hijos menores.
- Vivienda asequible y planificación urbana que acerque hogares, empleos y servicios.
En otras palabras, no se trata de un "plus" ocasional, sino de rediseñar el entorno económico y social para que criar hijos deje de sentirse como un proyecto prácticamente imposible de compatibilizar con la vida moderna.
La crisis de nacimientos no es hija de la coyuntura: refleja un nuevo contrato social donde el yo pesa más que el nosotros y donde la paternidad compite con ofertas de vida menos demandantes. Revertirla exigirá algo más que cheques o guarderías. Habrá que reconciliar nuestros sueños personales con la épica —y el esfuerzo— de traer nuevas vidas al mundo, y eso demanda intervenciones a la escala de los grandes desafíos de nuestro tiempo.
La visión de Jennifer D. Sciubba
Jennifer D. Sciubba, autora de "8 Billion and Counting: How Sex, Death, and Migration Shape Our World", sostiene que la natalidad se desploma porque las sociedades prosperan, los proyectos vitales se diversifican y tener muchos hijos dejó de ser la mejor estrategia económica o social. El reto, concluye, no es "convencer" a las personas de procrear, sino construir sistemas de cuidados que hagan compatibles los deseos de familia con una buena calidad de vida. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar