Francisco, un papa bien latinoamericano
El papado Francisco, nombre que eligió Jorge Bergoglio para ser recordado como el primer papa jesuita, llegó a su fin formalmente el pasado 21 de abril, apenas un par de semanas después de que se cumplieran sus 12 años como sumo pontífice.
Y si bien no formará parte de los más largos en la historia de la Iglesia católica, tampoco será de los más cortos.
Sin embargo, lo que sí hay que destacar es que, pese a sus importantes problemas de salud, se mantuvo en el cargo hasta el último de sus días, evitando repetir el accionar de su predecesor.
Cabe recordar que, en febrero de 2013, el papa Benedicto XVI presentó su renuncia, convirtiéndose en el primer sumo pontífice en renunciar en 598 años, desde Gregorio XII en 1415.
Pero Francisco, tal como le anticipó a El Economista en 2023 José María del Corral, presidente de Scholas Occurrentes, una organización internacional de Derecho Pontificio, "solo renunciará por knockout".
Respecto al legado de Francisco, sin dudas, este es más amplio que la gran cantidad de viajes a países no católicos, así como la creación de la ya mencionada Scholas Occurrentes.
Francisco también hizo un pedido público de disculpas a los indígenas en Canadá por el mal que les causaron los cristianos. Y, a nivel interno, trató de que la Iglesia católica fuera más inclusiva, como cuando declaró que la "homosexualidad no es un delito" o decidió darles voz a las mujeres en el nombramiento de obispos.
Pero, si hay algo que no podemos dejar de mencionar, es que Francisco fue un papa latinoamericano en todos los sentidos.
Hablando con precisión, Francisco fue el primer sumo pontífice nacido en América Latina, lo que ya es todo un precedente. Y, más allá de la formalidad, él mismo se encargó de nunca renunciar a sus raíces. Prueba de ello son las innumerables fotografías tomando mate o su pedido explícito a la Guardia Suiza de que lo mantuviera informado sobre los resultados de San Lorenzo (aunque lo primero es más una tradición rioplatense, definitivamente, lo segundo es una pasión regional).
Pero Francisco no sólo mantuvo sus tradiciones a flor de piel y de manera pública, sino que siempre se ocupó de resaltar sus orígenes y la importancia de la región.
Es cierto que nunca pudo visitar Argentina, pero, teniendo en cuenta los niveles de polarización y el fanatismo político que nos caracteriza, hoy en día eso parece haber sido una decisión acertada.
No obstante, durante su papado, visitó Brasil, Ecuador, Bolivia, Paraguay, Cuba, México, Colombia, Chile, Perú y Panamá.
En sus 12 años como papa, Francisco visitó en total 66 países, lo que significa que el 15% eran latinoamericanos, una cifra mucho más elevada que la de Benedicto XXI, quien apenas viajó a 3 países en sus 8 años de papado.
El viaje más recordado a la región fue el primero, en julio de 2013, y apenas un par de meses después de haber asumido, cuando se hizo presente en la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud, celebrada en Río de Janeiro.
Francisco reunió a más de tres millones de personas en la playa de Copacabana y, refiriéndose a la obligación moral que tenían los más jóvenes de ayudar a los pobres y acercarse a las favelas (algo que él mismo hizo durante su visita), les pidió a los presentes que "hagan lío".
"Quiero que la Iglesia salga a las calles. Si no salen, se convierten en una ONG. Y la Iglesia no puede ser una ONG", expresó.
Otro de sus viajes más recordados ocurrió dos años más tarde, en julio de 2015, cuando visitó Ecuador, Bolivia y Paraguay.
Francisco, que durante todo su pontificado implementó una mirada periférica, en referencia a observar los acontecimientos desde el punto de vista de los países más débiles, se disculpó en esa ocasión "no solo por las ofensas de la propia Iglesia, sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América".
Luego, apenas dos años después, llegó a Colombia tras la firma del acuerdo entre el Gobierno y la guerrilla de las FARC para poner fin al conflicto armado.
Intentando fomentar la reconciliación, el Papa consideró que "la paz es posible cuando se reconoce al otro como verdadero hermano".
También tuvo un rol clave en la normalización de las relaciones entre EE.UU. y Cuba en 2014, que incluyó negociaciones secretas en la Ciudad del Vaticano. Además, realizó gestiones para establecer un diálogo entre el gobierno de Nicolás Maduro y sus opositores, aunque esa intervención nunca prosperó.
Como queda en evidencia, Francisco jamás le dio la espalda a la región (un viaje a Venezuela, bajo la dictadura de Maduro, jamás hubiese sido viable; mientras que los hermanos uruguayos parece que tuvieron que pagar los platos rotos por las, a veces infantiles, disputas ideológicas argentinas).
De todas formas, eso no evitó que recibiera a todos y a cada uno de los líderes regionales que pidieron reunirse con él, incluso al propio Maduro o a nuestro actual presidente, Javier Milei, quien, antes de ser electo, se había mostrado muy crítico respecto del Sumo Pontífice.
Francisco, intentando ser fiel a su rol de representante de Dios en la Tierra, demostró que lo más importante siempre es perdonar. Aunque a Maduro le dejó un recordatorio especial: "Las dictaduras no sirven y terminan mal, antes o después". Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar