Una petrolera israelí avanza sobre el petróleo de Malvinas: el negocio de US$ 2.100 millones que incomoda a Milei
Durante más de dos décadas, el petróleo en las Islas Malvinas fue una promesa que nunca terminaba de arrancar. Hubo exploraciones, perforaciones, anuncios rimbombantes y proyectos que quedaron archivados cuando llegó el momento de poner la plata.
Esta vez es diferente.
Sea Lion, el mayor descubrimiento petrolero realizado hasta ahora en la Cuenca Norte de Malvinas, atravesó la barrera más difícil de cualquier megaproyecto energético: alcanzó la decisión final de inversión, consiguió financiamiento, cerró contratos y entró formalmente en su etapa de desarrollo.
La compañía que encabeza el proyecto es Navitas Petroleum, de origen israelí, que controla el 65%. El 35% restante pertenece a la británica Rockhopper Exploration.
El dato abre un frente especialmente incómodo para Javier Milei. Israel es uno de los socios estratégicos elegidos por el Presidente, pero una empresa de ese país quedó al frente del mayor proyecto petrolero impulsado en un territorio cuya soberanía reclama la Argentina.
El exministro de Desarrollo Productivo Matías Kulfas encendió la alarma a través de dos informes publicados en su Substack. Su diagnóstico es contundente: "Sea Lion ya no es una expectativa sino una inversión en ejecución".
Y los últimos movimientos de las empresas le dan sustento a esa advertencia.
Sea Lion: un proyecto de US$ 2.100 millones que apunta a 2028
Navitas y Rockhopper tomaron la decisión final de inversión el 10 de diciembre de 2025. El proyecto requiere unos US$ 1.800 millones hasta alcanzar el primer barril de petróleo y aproximadamente US$ 2.100 millones hasta completar su primera fase.
No es solamente una resolución administrativa o una expresión de deseos. En la jerga petrolera, la decisión final de inversión es el momento en que empiezan a firmarse los contratos y a correr los dólares.
Según la última actualización de Rockhopper, ya comenzaron las obras para preparar el muelle y la base logística en las islas. También está en marcha la fabricación de equipamiento y se prepara la remodelación del buque Aoka Mizu, que funcionará como unidad flotante de producción, almacenamiento y descarga.
Las primeras perforaciones están previstas para comienzos de 2027 y el objetivo es empezar a producir durante el primer trimestre de 2028.
La primera fase contempla once pozos submarinos y apunta a recuperar unos 170 millones de barriles. La producción máxima rondaría los 50.000 barriles diarios, mientras que el buque elegido tendrá capacidad para procesar hasta 55.000 barriles por día.
Para tener una dimensión: ese volumen equivale a cerca del 7% de la producción petrolera actual de toda la Argentina.
Pero podría ser apenas el comienzo.
La segunda fase busca recuperar otros 149 millones de barriles. Además, Navitas firmó un memorando para evaluar la incorporación de un segundo buque con capacidad para sumar otros 125.000 barriles diarios. El acuerdo todavía no es vinculante, pero muestra que las empresas ya están pensando mucho más allá del desarrollo inicial.
El último informe técnico citado por Rockhopper calcula que el campo completo contiene recursos contingentes por alrededor de 917 millones de barriles. No significa que todo ese petróleo vaya a ser extraído, pero sí revela la escala potencial del negocio.
Por qué el petróleo puede cambiar para siempre la economía de Malvinas
El punto central de la advertencia de Kulfas no pasa solamente por el valor del crudo extraído. Lo verdaderamente delicado es el impacto que Sea Lion puede tener sobre la estructura económica y fiscal de las islas.
Hasta fines de la década de 1980, la economía isleña era pequeña, dependía de la actividad ovina y necesitaba transferencias británicas. La expansión de la pesca cambió por completo ese escenario.
Las licencias pesqueras aportaron divisas, ingresos fiscales y recursos para financiar infraestructura y servicios públicos. En 2023, la pesca llegó a representar aproximadamente el 59% del PBI de las islas, según documentos elaborados por la propia administración británica.
Sea Lion podría generar un segundo salto, incluso más importante.
El petróleo puede financiar nuevas obras portuarias, viviendas, infraestructura energética, servicios logísticos y proveedores especializados. También puede ampliar considerablemente la recaudación y reducir todavía más la dependencia económica de Londres, aunque la presencia militar británica continúa siendo financiada por el Reino Unido.
En otras palabras, Sea Lion no es solamente un pozo en medio del Atlántico Sur. Puede convertirse en una plataforma económica capaz de fortalecer materialmente el statu quo impuesto por la ocupación británica.
Las licencias aprobadas para el proyecto ingresarán en una fase de explotación de 35 años, con posibilidad de extensión. Es decir, las decisiones que se están tomando ahora podrían condicionar el escenario económico y geopolítico de Malvinas durante varias décadas.
Navitas: comprar barato lo que otros abandonaron
¿Cómo llegó una empresa israelí relativamente desconocida para el público argentino a controlar semejante proyecto?
Kulfas reconstruyó la historia de Navitas y encontró un modelo de negocios bastante claro: la compañía no se especializa en descubrir petróleo desde cero, sino en comprar participaciones en yacimientos prometedores que fueron abandonados o demorados por sus anteriores propietarios.
Su fundador y presidente, Gideon Tadmor, fue uno de los protagonistas del desarrollo de los gigantescos yacimientos de gas Tamar y Leviathan, que transformaron a Israel en un exportador regional de energía.
El caso más emblemático del método Navitas fue Shenandoah, en el Golfo de México. Otros operadores habían invertido más de US$ 1.800 millones antes de retirarse por las dificultades técnicas y financieras. Navitas ingresó después, tomó una participación del 49% y ayudó a reconvertirlo en uno de sus principales activos productivos.
Sea Lion encajaba perfecto en esa estrategia.
El petróleo había sido descubierto por Rockhopper en 2010, pero el proyecto era remoto, costoso y muy difícil de financiar. A eso se sumaba un riesgo todavía mayor: estaba ubicado en un territorio sometido a una disputa de soberanía reconocida por las Naciones Unidas.
Navitas vio una oportunidad donde otros habían visto demasiados problemas. En 2022 adquirió el 65% del proyecto, se convirtió en operador y terminó consiguiendo el financiamiento que durante años había resultado esquivo.
Es importante aclararlo: no existe evidencia pública de que el Estado de Israel participe formalmente en Sea Lion ni de que haya promovido la inversión. Se trata de una compañía privada.
La nacionalidad de la empresa, sin embargo, adquiere relevancia política por la relación excepcional que Milei construyó con el gobierno israelí.
La incómoda contradicción que enfrenta Milei
Desde que llegó a la Casa Rosada, Milei colocó a Estados Unidos e Israel en el centro de su política exterior. El propio Gobierno definió a ambos países como "socios estratégicos" y el Presidente profundizó especialmente su vínculo con el primer ministro Benjamin Netanyahu.
Por eso, la participación de Navitas coloca a la Argentina frente a una contradicción difícil de esquivar.
Por un lado, el Gobierno considera ilegítima cualquier explotación de recursos naturales en las áreas sometidas a la disputa de soberanía. Por otro, el principal operador de Sea Lion proviene de uno de los países con los que Milei construyó su alianza internacional más estrecha.
Kulfas cuestiona que esa relación privilegiada no se haya traducido, al menos públicamente, en una gestión de alto nivel ante las autoridades israelíes.
"¿La cuestión Malvinas fue planteada? ¿Hubo gestiones reservadas? ¿Se pidió alguna explicación respecto de la participación de Navitas?", preguntó el exministro.
Hasta ahora no se conocen respuestas públicas a esos interrogantes.
Eso no significa que el Gobierno haya permanecido completamente en silencio.
En septiembre de 2025, la Cancillería rechazó formalmente las actividades de Navitas, calificó su operación como ilegítima y advirtió a empresas e inversores que podrían quedar expuestos a acciones legales, administrativas y judiciales.
En junio de 2026, el Palacio San Martín volvió a cuestionar específicamente la decisión final de inversión de Sea Lion y aseguró que la Argentina actuaría "con decisión" frente al avance sobre los recursos naturales.
Además, Navitas había sido declarada "clandestina" por la Argentina en abril de 2022 y quedó inhabilitada durante 20 años para desarrollar actividades en el país.
La discusión que propone Kulfas es otra: si esos comunicados son suficientes frente a un proyecto que ya consiguió financiamiento, comenzó obras y tiene fecha prevista para iniciar la producción.
Qué dicen las Naciones Unidas sobre Malvinas y los recursos naturales
La Resolución 2065 de la Asamblea General de las Naciones Unidas reconoce la existencia de una disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido e insta a ambos gobiernos a encontrar una solución negociada.
La Resolución 31/49, por su parte, pide a las partes abstenerse de introducir modificaciones unilaterales mientras el conflicto siga pendiente de resolución.
La posición argentina sostiene que la explotación unilateral de recursos naturales en las islas contradice esas resoluciones y consolida una situación que todavía debe ser negociada.
Las empresas, en cambio, avanzan con permisos otorgados por la administración británica de las islas, cuya jurisdicción sobre el territorio no es reconocida por la Argentina.
Esa colisión ya no ocurre solamente en el terreno diplomático. Tiene contratos firmados, financiamiento bancario, infraestructura en construcción y un cronograma operativo.
El reloj ya empezó a correr para la Argentina
Durante años, el petróleo en Malvinas parecía una amenaza lejana. Siempre faltaba financiamiento, un socio se retiraba o el proyecto volvía a quedar postergado.
Ahora hay una diferencia decisiva: Sea Lion está en marcha.
Las obras comenzaron, el buque de producción será remodelado, las perforaciones arrancarían en 2027 y el primer petróleo podría salir en 2028.
El interrogante que deja Kulfas es difícil de esquivar: ¿la Argentina tiene una estrategia diplomática para enfrentar este nuevo escenario o se limitará a emitir comunicados mientras el proyecto sigue avanzando?
Para Milei, el desafío es especialmente sensible. Tendrá que demostrar si la cercanía extraordinaria que construyó con Israel puede convertirse en una herramienta para defender la soberanía argentina o si, cuando llegue el momento de discutir intereses concretos, esa alianza tiene límites mucho más estrechos de lo que proclama el Gobierno. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar