Entre récords y nuevas inversiones

Guerra, precios y oportunidades: el mundo tiembla y Vaca Muerta crece

La crisis global empuja a redefinir el mapa energético. Argentina se posiciona con producción récord, obras estratégicas y un ambicioso plan de exportación de GNL.
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La industria energética a nivel mundial vivió un primer semestre de alta volatilidad en los precios, con fluctuaciones del Brent en el orden del 20%. Las bajas se justifican por el hecho de que, en línea generales la oferta superó la demanda, mientras que las alzas se debieron a vaivenes en conflictos bélicos como la guerra entre Rusia y Ucrania y las disputas entre Israel e Irán, donde hubo períodos en que parecía que se lograban acuerdos que luego no se concretaron. 

La errática política arancelaria de Estados Unidos, sin duda, ha tenido también su efecto. 

Vaca Muerta ofreció una especie de paraguas para protegerse de ese complicado frente externo. Las operadoras del área incrementaron el número de etapas de fractura más del 30% respecto de 2024. 

En julio la producción de gas natural y petróleo alcanzó valores récord dentro de los últimos 25 años. Con sus 508.800 barriles de petróleo por día, hizo crecer el total nacional hasta los 807.127 barriles, mientras que en gas natural la cuenca produjo 91 millones de metros cúbicos diarios, que a nivel país se tradujeron en 159 millones. 

Para el segundo semestre, las cámaras del sector proyectan que el ritmo de trabajos se desacelerará, aunque de todas formas se espera que 2025 termine como el año con mayor actividad en la historia. 

La explotación convencional, por el contrario, no ofrece signo de recuperación. Su natural declinación y la menor rentabilidad hace que las empresas grandes migren al shale. Sólo el ímpetu de operadoras, salvo excepciones, de menor porte, sostiene la actividad. 

No cabe duda que, el futuro de esta industria se concibe con un fuerte foco hacia el mercado externo, más allá de los temores que provoca la coyuntura internacional. Los pasos necesarios se están dando y las posibilidades aparecen. 

Las exportaciones de petróleo crecen y las ampliaciones de oleoductos (proyectos Duplicar, Duplicar X y Duplicar Norte de Oldelval) más las mejoras en la infraestructura portuaria (proyecto Rosa Negra de Otamérica) generan expectativas favorables para este hidrocarburo. 

Chile, a pesar de los avances que está haciendo en la migración de su matriz energética a fuentes renovables, recupera la confianza que supimos perder y las exportaciones del fluido han tomado un derrotero ascendente. 

Cada vez más, Brasil se proyecta como un demandante creciente para la producción argentina de gas natural y lo demuestra el interés de Paraguay y Uruguay por ser la alternativa de Bolivia para su transporte. En la exportación a Brasil y Chile se basa la perspectiva de paliar en un corto plazo el problemático swing de la demanda local de gas (baja en verano y muy alta en invierno). 

Este panorama se abre enormemente si proyectamos más allá de 2026. 

El mundo pasa a ser el mercado para nuestro gas natural, monetizando el potencial de Vaca Muerta. Southern Energy confirmó la decisión de invertir en la producción y exportación de gas licuado (GNL), para lo cual contará con dos barcos licuefactores y un gasoducto dedicado. 

A dicho proyecto se suma YPF, no sólo como socio, sino con su propio proyecto en el que cuenta con Shell y ENI como offtakers. ¿Podemos soñar? Sí, y despertarnos con un futuro mejor hecho realidad. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar