¿Triunfará Milei? Todo pasa por esta cuestión
En el primer trimestre de 2025, el Producto Interno Bruto (PIB) argentino creció 5,8% interanual y 0,8% respecto al trimestre anterior, confirmando tres períodos consecutivos de avance y una salida técnica de la recesión iniciada en 2023. A simple vista, el dato es impactante: ningún otro país de la región —ni Brasil (2,9%) ni Colombia (2,7%)— se acerca a ese ritmo.
Según un informe reciente de la consultora Delphos Investment, esta expansión parte de un piso muy bajo y se modera cuando se ajusta por estacionalidad: el rebote de 3,9% y 2% en los últimos dos trimestres de 2024 se desaceleró a un más modesto 0,8% t/t.
La inversión privada empuja el ciclo: vuelve el "animal spirit"
La locomotora del rebote es la formación bruta de capital fijo (FBCF), que trepó 32% interanual y 9,8% trimestral. Importación de maquinaria, obra privada y proyectos mineros explican gran parte del fenómeno. La inversión ya representa el 21% del PIB, un nivel históricamente inusual para Argentina, y por ahora no desplaza el consumo, sino que lo complementa.
Según Delphos, este boom inversor refleja una combinación de incentivos macroeconómicos: tasas reales positivas, crédito productivo, estabilidad cambiaria y un renovado apetito por ampliar capacidad instalada en sectores transables.
El consumo mejora, pero sigue atado con alambre
El consumo de los hogares creció 11,6% interanual y 2,9% desestacionalizado. Fue clave la desaceleración de la inflación, la reapertura del crédito de corto plazo y una apreciación del tipo de cambio real que mejoró el poder adquisitivo efectivo.
Pero el futuro es incierto: las tasas siguen altas y el Banco Central no muestra señales de relajar su sesgo contractivo. Como advierte Delphos, la reactivación del gasto de los hogares podría frenarse si la política monetaria no acompaña la fase de consolidación.
El talón de Aquiles: el CuCo del déficit externo y vencimientos de deuda
La fragilidad aparece al mirar la cuenta corriente (CuCo): el superávit comercial de mayo fue mínimo (US$ 761 millones) y no alcanzó para cubrir pagos de servicios, fletes, turismo e intereses. Resultado: un déficit de cuenta corriente de US$ 5.191 millones en el trimestre.
Entre julio y diciembre vencen otros US$ 8.874 millones en intereses y amortizaciones soberanas. Con un superávit comercial acumulado de apenas US$ 1.882 millones en los primeros cinco meses, la tensión externa está al acecho.
El informe de Delphos advierte que el crecimiento de la inversión —aunque positivo— también amplía la brecha entre importaciones y exportaciones, y estrecha el margen externo justo cuando se intensifica el cronograma de pagos de deuda.
¿Hasta cuándo puede durar el rebote?
La expansión actual es real, pero también vulnerable. Si bien el Gobierno logró superávit primario, contuvo la emisión monetaria y achicó la brecha cambiaria a un dígito, el mayor riesgo ya no es fiscal, sino externo.
Mientras la inversión sostiene el nivel de actividad, la debilidad exportadora y el déficit de cuenta corriente obligan a mirar más allá de los datos de corto plazo. ¿Habrá financiamiento externo suficiente? ¿Resistirá el modelo sin tensionar el tipo de cambio ni frenar el crédito?
En definitiva, como dice Delphos, "la capacidad de acceso a mercados será el instrumento decisivo para evitar que la restricción externa frene la expansión".
Milei gana tiempo, pero el reloj externo corre
La economía de Javier Milei muestra señales de vitalidad, con inversión récord, crédito en expansión y consumo en recuperación. Pero el verdadero test no está en el número del PIB, sino en si logra mantener vivo el flujo de dólares sin sacrificar la desinflación.
La consultora Delphos concluye que, de consolidarse el acceso a los mercados y la normalización financiera, Argentina podría sostener la expansión. Si no, la presión externa podría forzar un nuevo ajuste de la demanda interna.
El 2025 será, entonces, un año de equilibrio inestable. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar