Industria vitivinícola

Sin motivos para brindar

A la sostenida caída del consumo de vino en el mercado interno se sumó en 2025 un descenso de las exportaciones más pronunciado que en años anteriores.
"Una porción importante dentro del sector está en una situación crítica", dijo Fabián Ruggeri
Gustavo Stok 22-01-2026
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La copa está vacía. A la sostenida caída del consumo de vino en el mercado interno se sumó en 2025 un descenso de las exportaciones más pronunciado que en años anteriores. Los efectos de ese doble impacto se ven reflejados, con mayor o menor intensidad, en todos los eslabones de la cadena vitivinícola, desde productores de uva que se ven forzados a abandonar sus viñedos hasta grandes bodegas que deben recurrir a concursos preventivos de quiebra para intentar sostener sus operaciones. 

"Es un combo perfecto: en el mundo ha habido un cambio de hábito de consumo al asociar al vino con el alcohol y a eso se suma en Argentina que la gente también disminuye el consumo por la caída de su poder adquisitivo", dijo a El Economista Fabián Ruggeri, productor y titular de la Asociación de Cooperativas Vitivinícolas de Argentina (ACOVI). "Una porción importante dentro del sector está en una situación crítica, analizando toda la estructura para ver cómo poder salir de esta crisis y seguir adelante con la actividad", agregó. 

Tras la parcial recuperación desde el piso que había registrado en 2024, el consumo de vino en Argentina volvió a caer el año pasado. Según datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), en el período enero-noviembre de 2025 las ventas medidas en litros fueron 3,7% menores a las de igual lapso del año anterior. Para peor, la caída se fue profundizando a medida que pasaron los meses: en noviembre, el descenso interanual ya fue del 12,5%. 

"Cuando caen los ingresos de la población, habitualmente lo que ocurre es que desciende el consumo de los vinos varietales, pero aumenta el de los genéricos, el segmento en el que predomina el 'tetra'", dijo a El Economista Jorge Day, economista sénior del Instituto de Estudios Económicos sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL) Cuyo. "Sin embargo, en 2025 eso no sucedió". 

Los largos brazos de la caída del consumo alcanzan a todos los segmentos. Las ventas de vino varietales, desde Malbec al Cabernet Sauvignon, pasando por el Torrontés, se derrumbaron en noviembre 14,4% con respecto al mismo mes de 2024, mientras que los vinos genéricos cayeron 10%. Esos descensos prolongaron un derrumbe que viene desde hace décadas en Argentina. Lejos de los 91,8 litros anuales por habitante que llegó a registrarse en 1970 y, más cercano en el tiempo, de los 20,8 litros en 2020, el año pasado el consumo per cápita cerró en 16 litros.   

El problema para la industria vitivinícola es que ya no cuenta con el salvavidas de los mercados internacionales. 

"En los años 90 hubo una modernización del sector con foco en las exportaciones y en la primera década de los 2000, con un tipo de cambio favorable, hubo un boom de ventas al exterior", dijo Day. "Sin embargo, ahora las exportaciones están cayendo a la par del mercado interno", añadió. 

Las ventas externas de vino, incluyendo el fraccionado y a granel, sumaron el año pasado 1,9 millones de hectolitros, una caída del 6,8% con respecto a 2024. Esas cifras representan las exportaciones más bajas en volumen desde 2004 y en valor desde 2009. 

Una de las razones es la caída del consumo global, que el año pasado llegó al nivel más bajo desde 1961, según el último informe de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV). Solo en Europa el consumo de vino ha descendido 25% desde el 2000. A esa tendencia global se agregan las cargas locales. El encarecimiento en dólares de los costos productivos y logísticos, en medio de un tipo de cambio intervenido por el gobierno, redujo el margen de maniobra de las bodegas para competir en los mercados internacionales, especialmente en los segmentos más sensibles al precio. "Al no tener muchos convenios de comercialización, en la mayoría de los países pagamos aranceles para poder ingresar que van del 15% al 35% del valor que se factura", dijo Ruggeri. 

"Además, ante la desaparición de los ferrocarriles, tenemos una logística casi 50% más cara que nuestro competidor directo que es Chile, a lo que se agrega que la financiación sigue siendo cara y que la carga impositiva supera largamente a la de los países vecinos", agregó. 

Problemas en toda la cadena

La caída de la demanda -y de los precios- viene impactando sobre todos los eslabones de la cadena vitivinícola. Esas etapas comienzan con la producción de la uva, pasan por la elaboración del vino en las bodegas, y culminan con el fraccionamiento y la comercialización. 

Si bien la crisis alcanza a todo el sector, el impacto más fuerte se refleja en los productores de la materia prima. Luego de un mal año climático en 2023, la cosecha de uvas se recuperó con un salto interanual del 36,7% en 2024. La recuperación se sostuvo con un crecimiento del 3,7% el año pasado. 

Esa mayor oferta de materia prima, apuntalada también por un fuerte incremento de las importaciones de vino a granel proveniente mayoritariamente de Chile en 2024, provocó una elevada acumulación de stocks. Según un informe de IERAL, medidos en meses de consumo total, los inventarios pasaron de un promedio cercano a cuatro meses en el período previo al año 2010, a casi siete en los últimos años. Ese nivel siguió trepando en el último año. 

"Actualmente, los stocks ya equivalen a unos nueve meses de demanda: las bodegas anticipan que este año no van a comprar mucha materia prima porque están repletas de uvas, lo que seguirá presionando hacia abajo los precios", dijo Day. 

Con eso, el panorama asoma sombrío para quienes cultivan la vid. "El productor de uva está en una situación crítica: sus costos (electricidad, combustible, insumos, mano de obra) se han incrementado mucho en los últimos dos años, mientras que su producto tiene el mismo precio", señaló Ruggeri. "En otras ocasiones las crisis se producían por excesos de stocks derivados de súper producciones, con lo que en el plazo de un par de años esos stocks se consumían y la crisis pasaba, pero ahora, la crisis es más delicada porque los stocks se producen por una baja del consumo", añadió.

La consecuencia más directa de precios que no alcanzan a cubrir los costos es que muchos productores están abandonando parte o la totalidad de sus fincas, sobre todo aquellas de menor productividad. Ya en 2024, la cantidad de viñedos cayó 4,3% con respecto al año anterior, y la superficie de vid descendió 2,4%, según el INV. "Los productores están abandonando viñedos más rápido de lo que aparece en los datos oficiales y algunas bodegas grandes están comprando esas superficies, con lo que se está dando un proceso de concentración, algo normal cuando los sectores se achican", dijo Day. "Muchos productores de uva van a perder el trabajo y, a diferencia de lo que sucede con otras actividades agropecuarias, en el sector viñatero es muy difícil cambiar de cultivo", añadió. 

La crisis también escaló al segmento de las bodegas. La caída de las ventas, las altas tasas de interés y la suba de costos aceleraron en los últimos meses procesos que se venían arrastrando desde hace años. En diciembre, la Justicia abrió el concurso preventivo de Bodegas Norton, una de las empresas más tradicionales del sector que carga con una deuda superior a los U$S 40 millones y atrasos generalizados con proveedores. En tanto, la semana pasada Bodegas Bianchi, que acumula más de $1.000 millones en cheques rechazados, anunció que negocia con sus acreedores para regularizar la situación. El temor es que la crisis de las bodegas se generalice y provoque un efecto dominó con la ruptura de la cadena de pagos en el sector. Solo Bodegas Norton trabaja con más de 140 productores asociados y una larga red de contratistas. 

Hundido en una profunda crisis, el sector vitivinícola se asoma a un año que no promete grandes mejoras. Con mucho vino acumulado en las bodegas, un consumo interno sin perspectivas de recuperación y exportaciones en caída, el mercado se alista para acelerar un doloroso ajuste. "Si bien no habrá un derrumbe como en 2023, la cosecha de uva tendría este año una caída del 8%, lo que equivale a casi un mes de demanda", dijo Day. "Una menor producción podría ayudar a reducir algo los stocks, aunque no significativamente". 

Sin salida a la vista, el sector vitivinícola se resigna a atravesar otro año difícil, aunque también pone algunas fichas a que el gobierno de Javier Milei finalmente se interese por los problemas que atraviesa una economía regional clave y aporte alguna solución. "Hay que trabajar mucho en mejorar las condiciones para exportar vino a granel, que es el que mueve los stocks, y en eso el gobierno tiene que hacer su parte", dijo Ruggeri. "Llevamos dos años con muchas promesas, pero todavía no se visualizan acciones concretas", concluyó.

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