Sector energético: pilar para el crecimiento sano de la Argentina
El sector gas y petróleo está consolidando su proceso de crecimiento y cambio morfológico. Las inversiones en perforación y fractura están siendo acompañadas por desembolsos concretos de corto y mediano plazo en el midstream y, aunque de manera más difusa, de planes de expansión de largo plazo enfocados en la industrialización y exportación de los hidrocarburos.
Se espera que el 2024 terminé rondando la producción record de los últimos 20 años. Es muy relevante es el cambio estructural que se verifica en el entramado productivo, con una mutación sustantiva en la metodología de extracción, que al ser mucho más compleja requiere de una adaptación notable de los distintos jugadores y de la constante incorporación de tecnología.
El complejo energético juega un rol neurálgico en la macroeconomía argentina de hoy (colaborando con su estabilización) y de los próximos años (generando las bases para un desarrollo robusto y sostenido).
La economía requiere ineludiblemente afianzar su estabilización y normalización para iniciar con fuerza un sendero de expansión sostenible que le permita dejar atrás largos años estancamiento.
El tamaño de la economía en 2024 será similar al del año 2010, aunque con una población 15% superior. La precariedad, la pobreza y la decadencia son resultados esperables. Un rasgo característico de la economía argentina a lo largo de su historia fue que, cada vez que iniciaba una etapa recuperación y crecimiento económico, lo hacía con bases endebles.
Se denomina ciclos "stop and go" a los procesos en los que se verifica una mejora del nivel de actividad, pero acompañada de un deterioro considerable en la balanza comercial producto del engrosamiento fuerte en las importaciones.
La expansión económica en general encuentra un limitante inmediato y concreto: la restricción externa, la escasez de divisas. Cuando la producción comienza a demandar con mayor intensidad bienes intermedios y se verifican mejoras en el consumo de las familias, inmediatamente resurge la demanda de bienes importados.
Si las exportaciones son insuficientes para compensar esa mayor necesidad, puede haber:
- Escasez de importaciones instalándole un cepo a la recuperación.
- Presión devaluatoria con los consecuentes efectos inflacionarios.
- Necesidad de recurrir a mayor endeudamiento.
Cualquiera de las tres alternativas entra en conflicto con un proceso de estabilización y de crecimiento sano y perdurable.
Si en 2025 la economía local prevé un crecimiento del 3,5% y luego mantener esa expansión de manera estable y acumulativa, será esencial contar con empresas de energía que promuevan el ahorro y generen divisas. La economía argentina aspira a recuperar un sendero de crecimiento a partir de los últimos meses de este año. Enfrentar esta etapa con sanidad y solidez implica garantizar las divisas necesarias para afrontar importaciones crecientes.
En ese sentido el rubro energético está cumpliendo un rol importante. Durante los primeros ocho meses del año 2024, el sector generó un superávit comercial de US$ 3.200 millones y se espera que se acerque a los US$ 4.200 - US$ 5.000 millones para el año completo. Después de un largo período en el que la energía fue un problema, ahora puede convertirse en parte de la solución. Sostener este resultado comercial en un escenario de recuperación económica será un desafío para los próximos años.
La abundancia de recursos energéticos, la mayor competencia interna y la posibilidad de evitar las importaciones en gran escala también colaborarán en mejorar las cuentas fiscales. La reducción real del orden del 40% de los subsidios a la energía en lo que va del 2024 se debe, en gran medida, al esfuerzo del consumidor (pagando un precio mayor o consumiendo menos), pero también parcialmente a la mayor y más competitiva producción local que reemplaza importaciones.
El sostenimiento de una canasta energética afrontable para los consumidores finales y de energía a precios razonables para sostener la competitividad de las empresas industriales sin condicionar las cuentas fiscales, dependerá de aquí en delante de la capacidad de expansión que demuestre el agregado energético.
Por otro lado, el aumento de la producción hidrocarburífera local le permitirá a la Argentina eludir y amortiguar la volatilidad externa en términos de precio y disponibilidad que surge de los conflictos geopolíticos.
Esto le otorgaría a la Argentina una mayor autonomía energética, al no depender de las importaciones de gas y petróleo de terceros países, lo que sería especialmente ventajoso en situaciones en las cuales las tensiones internacionales limitan la disponibilidad de estos recursos en el mercado global. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar