Más allá de Bessent, la economía real llega con claros signos de deterioro a las elecciones
El salvataje del Tesoro estadounidense evitó el escenario más temido por el gobierno de Javier Milei: un descontrol cambiario previo a las elecciones parlamentarias. Sin embargo, esa condición necesaria para sostener las chances del oficialismo en los comicios del 26 de octubre, podría no ser suficiente. Más allá del auxilio del gobierno de Donald Trump dirigido a ponerle un freno a la suba del dólar y a la caída de los bonos, los principales indicadores de la economía real, aquellos que marcan efectivamente el pulso de la vida cotidiana de la gran mayoría de la población, mantienen, en la mayoría de los casos, una tendencia muy negativa.
Los ingresos reales, el nivel de actividad, el empleo y el endeudamiento de los hogares son algunas de las variables que, con mayor o menor intensidad, llegarán en rojo a las elecciones.
Ingresos y consumo masivo en declive
La recuperación del salario real registrada en el segundo semestre del año pasado en línea con la desaceleración de la inflación ya quedó atrás. En lo que va de este año, los salarios privados registrados vienen perdiendo la carrera contra los precios. Hasta julio -último dato oficial-, registraban un alza acumulada del 16,2%, por debajo del 17,3% de aumento de la inflación en ese período. El freno de la actividad económica, sumado a la decisión del gobierno de no homologar paritarias que excedan por mucho la meta del 1% mensual, viene derivando en una pérdida del poder de compra de los asalariados privados, que se habría acelerado en agosto y septiembre con el repunte de la inflación.
En cuanto a los trabajadores del sector público, el fuerte recorte que habían sufrido los salarios desde fines de 2023 hasta mediados de 2024 se cristalizó este año. Los únicos ingresos que exhiben mejoras en términos reales son los de los trabajadores informales, pero eso se debe en buena parte a una cuestión metodológica dado que en las mediciones hay un rezago de hasta cinco meses en los valores de los salarios que se toman en cuenta para este segmento. Eso, en un contexto de desinflación, termina empujando hacia arriba el promedio de esos ingresos.
Para evitar ese tipo de distorsiones, la consultora Empiria, que dirige el ex ministro de Economía Hernán Lacunza, publica el nivel de ingreso disponible, esto es, cuánto del ingreso queda luego de afrontar los gastos fijos. En julio, antes de la aceleración inflacionaria de los últimos dos meses, el ingreso disponible promedio de un hogar en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) todavía estaba 7% por debajo del registro de noviembre de 2023.
Esa debilidad del poder de compra mantiene frío el consumo. Si bien el canal de venta online no logra ser captado a pleno, todas las mediciones marcan caídas en septiembre. Por ejemplo, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) registró un descenso de las ventas minoristas pymes del 2% en la comparación desestacionalizada con respecto a agosto.
Para Focus Market vía Scanntech, que utiliza un lector de código en 756 puntos de venta de todo el país, el consumo masivo cayó 7,9% en septiembre con respecto al mes anterior. Esa retracción promedio esconde profundas diferencias por zonas geográficas que podrían anticipar comportamientos electorales: mientras en el Área Metropolitana de Buenos Aires el consumo cayó 16,7% en septiembre con respecto a agosto, en el interior del país el descenso fue de solo 2,9%.
- "La caída del consumo masivo refleja el impacto directo de la corrección de precios relativos, especialmente en servicios regulados y privados, que ajustaron más rápido que los ingresos", dijo Damián Di Pace, director de Focus Market. "Este proceso afecta con mayor fuerza a la clase media, que destina una proporción creciente de su presupuesto a gastos fijos".
En todo caso, la caída del consumo masivo corre a contramano de otros rubros más ligados a la evolución del poder adquisitivo de los segmentos de ingresos medios altos y altos. Entre enero y septiembre, las ventas a concesionarias de automóviles ascendieron a 455.220 unidades, un salto del 63,6% con relación al mismo período del año pasado, según la Asociación de Fabricantes de Automotores (ADEFA). En tanto, entre enero y agosto se registraron 13,8 millones de salidas al exterior de turistas, visitantes y excursionistas, un crecimiento del 54,5% frente al mismo lapso de 2024, de acuerdo al Indec.
Actividad planchada con islas de crecimiento
La caída del consumo privado, que representa casi el 60% del PBI, deja poco margen para un repunte vigoroso de la economía. Según los últimos datos oficiales, el Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) se mantuvo estancado entre enero y julio de este año. Con algunos datos sectoriales se puede inferir que tras una nueva caída en agosto, se registró una leve recuperación en septiembre gracias a alzas en la producción automotriz y en los despachos de cemento al mercado interno.
Esa moderada suba también fue reflejada por Pulso PBA, un indicador del Banco Provincia desarrollado con Inteligencia Artificial que muestra la evolución de la actividad económica bonaerense sobre la base de más de 1.200 variables diarias generadas por el banco. Ese índice, que permite adelantarse a los registros oficiales, exhibió un repunte mensual del 1,5% en septiembre, aunque luego de una caída acumulada del 3,7% entre mayo y agosto.
En cualquier caso, todos los indicadores entre enero y septiembre de este año, desde demanda eléctrica hasta la producción de acero pasando por la fabricación de autos y la producción industrial pyme, siguen muy por debajo de los niveles de 2023. De hecho, la industria en el período que va de enero y julio de este año exhibe caídas en promedio del 10% si se compara contra 2023 y 2022, según el último informe de la Unión Industrial Argentina (UIA).
En las economías regionales, en tanto, solo las carnes, peras y manzanas presentan tendencias positivas, de acuerdo al semáforo que elabora Coninagro con datos de agosto pasado. En cambio, las economías que dependen del mercado interno, como yerba mate, arroz, papa, vino y hortalizas, sufren el combo conformado por la caída de precios ante la debilidad del consumo, alza de costos y mayor competencia importadora.
En cambio, las perspectivas son más alentadoras para el sector agropecuario. Apuntalada por muy buenas condiciones climáticas, la cosecha agrícola para la campaña 2025/2026 podría superar las 141 millones de toneladas, lo que implicaría un aumento en torno al 2% respecto del ciclo 2024/2025 y el mayor volumen cosechado de los últimos siete años.
"En el sector agropecuario se espera una buena cosecha, sobre todo en maíz y girasol, aunque tampoco un boom, mientras en ganadería la foto es buena por los altos precios de la hacienda en un contexto de condiciones hídricas favorables y bajo precio del maíz, pero la producción está estancada desde hace unos veinte años", dijo a El Economista Antonella Semadeni, economista de la Fundación Agropecuario para el Desarrollo de Argentina (FADA).
- "Bajo el gobierno de Milei se quitaron limitaciones a las exportaciones, hubo rebajas de retenciones y se unificó el tipo de cambio, pero en contra juega la falta de obras en las rutas y caminos: el sector rechaza en general al kirchnerismo y no quiere volver para atrás, aunque espera más mejoras", agregó.
Empleo: ajuste por calidad más que por cantidad
La severa corrección fiscal y la apertura de la economía con tipo de cambio bajo no fueron inocuas para el mercado laboral. La tasa de desocupación del 7,6% en el segundo trimestre del año exhibe un alza considerable frente al 6,2% registrado en el mismo período de 2023. Sin embargo, el crecimiento del índice no ha sido mayor debido a que parte de los trabajadores expulsados del mercado formal pasaron a contar con empleos más precarios. En esa línea, la informalidad laboral pasó del 41,4% de los ocupados en el cuarto trimestre de 2023 al 43,2% en el segundo trimestre de este año.
A esa tendencia se suma la del pluriempleo. Con el 46,3% de los hogares con ingresos que no alcanzan para cubrir todos los gastos del mes según una encuesta nacional realizada por Management & Fit en agosto pasado, crece la necesidad de sumar un nuevo trabajo. En el segundo trimestre la población ocupada que demandaba otro empleo ascendía a 2,4 millones de personas, unas 204.000 más que las que estaban en la misma condición hace dos años.
Sube la morosidad en familias y empresas
En un contexto de ingresos reales en caída y empeoramiento de la calidad del empleo, ocho de cada diez personas aseguran haber modificado hábitos de consumo, según el sondeo de Management & Fit. Los cambios van desde disminución del consumo de carne y compra de ropa hasta el reemplazo de primeras marcas por opciones más económicas, tanto en alimentos como en productos de limpieza y cuidado personal.
No obstante, ese ajuste parece no ser suficiente. La morosidad en los créditos a las familias alcanzó un récord en julio al llegar al 5,7% del total de la cartera, la cifra más alta desde que el Banco Central (BCRA) comenzó a registrar la serie en enero de 2010. Las líneas crediticias que más impulsaron la morosidad son los préstamos personales y las tarjetas de crédito, con incrementos que, en algunos casos, duplican los valores de diciembre de 2024.
La tendencia incluye a las empresas. El ratio de irregularidad en los adelantos pasó de 1,58% en diciembre del año pasado al 2,69% en julio. En tanto, la cantidad de cheques rechazados se aceleró en los últimos dos meses hasta alcanzar niveles que duplican a los del año pasado.
En definitiva, el gobierno de Milei llega a las elecciones con un activo poderoso: la desaceleración de la inflación con respecto a los altos índices del segundo semestre de 2023. No obstante, en sentido opuesto, indicadores clave de la economía real exhiben un claro empeoramiento con relación a la foto de hace dos años. De la evaluación que haga la sociedad sobre esas dos tendencias cruzadas dependerá buena parte del resultado electoral.
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