La "glaciación productiva": advierten que la industria argentina perdió más de 100.000 empleos en dos años
Hay una palabra poco habitual en el debate económico argentino que empieza a aparecer cada vez más en algunos informes técnicos: glaciación productiva.
Con ese concepto, los economistas Martín Pollera y Mariano Macchioli, del Grupo Atenas, describen un proceso que consideran profundo: el debilitamiento sostenido del entramado industrial argentino.
El diagnóstico surge de un trabajo que analiza la evolución del empleo formal y la estructura productiva entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025, y que llega a una conclusión contundente: la industria manufacturera es hoy el sector que más empleo está destruyendo en la economía.
Según el informe, en ese período se perdieron más de 290.000 puestos de trabajo formales en el país. Dentro de ese total, la industria explica una parte central de la caída: 73.000 empleos industriales directos desaparecieron, a los que se suman otros 31.000 puestos indirectos vinculados a las cadenas productivas.
En otras palabras, el retroceso del sector manufacturero ya implica más de 104.000 empleos destruidos directa o indirectamente.
El fenómeno, señalan los autores, no es solo estadístico. Tiene una traducción concreta en el tejido productivo: unas 32 empresas cierran por día en promedio, reflejando el deterioro de la actividad en el sector.
Una industria que pierde peso en la economía
El informe también muestra que el problema no se limita al empleo. La industria argentina está perdiendo participación dentro del conjunto de la economía.
De acuerdo con datos citados de un estudio del CEHEAL de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, el peso del sector manufacturero en el PBI pasó de 16,5% en 2023 a 13,7% en 2025.
La caída puede parecer pequeña en términos porcentuales, pero en la práctica implica una reducción significativa del rol industrial dentro de la estructura económica del país.
Para Pollera y Macchioli, este movimiento no responde únicamente al ciclo económico. Se trata de una tendencia más profunda vinculada con el actual esquema macroeconómico.
El esquema macro que presiona a la producción
El informe sostiene que la política económica priorizó la estabilización inflacionaria en el corto plazo a través de una combinación de medidas contractivas.
Entre ellas, el documento menciona el ajuste fiscal, las tasas de interés reales elevadas y una apertura comercial que convive con un tipo de cambio apreciado, utilizado como ancla para los precios.
El resultado de esa combinación, según los autores, es una presión simultánea sobre el sector productivo.
Por un lado, la caída del ingreso disponible de los hogares reduce el consumo. Por otro, el crédito productivo se vuelve más caro. Y al mismo tiempo, la competencia de productos importados aumenta en un contexto donde el tipo de cambio no favorece a la producción local.
A eso se suma un factor adicional: el aumento de los costos energéticos, que deteriora aún más la competitividad industrial.
El efecto dominó del empleo industrial
Uno de los puntos centrales del informe es que el empleo manufacturero tiene un impacto mucho mayor que el que reflejan las estadísticas directas.
La industria funciona como un nodo (multiplicador en la jerga) que conecta múltiples actividades: desde proveedores agrícolas y energéticos hasta transporte, comercio, servicios profesionales y construcción.
Por eso, cuando se pierde un puesto de trabajo en una fábrica, el impacto se extiende a lo largo de toda la cadena productiva.
En ese sentido, los autores advierten que medir solo el empleo directo industrial subestima el verdadero alcance del problema.
Los sectores más golpeados
El deterioro no afecta por igual a todas las ramas industriales.
Las pérdidas de empleo se concentran especialmente en textiles, confecciones y calzado, seguidos por metales y productos de metal, madera, papel y la industria automotriz y autopartista.
En contraste, el único subsector que muestra una leve expansión es el de alimentos, bebidas y tabaco, aunque su crecimiento resulta insuficiente para compensar las caídas del resto del sector manufacturero.
El mapa del impacto
El informe también analiza el fenómeno desde una perspectiva territorial.
Los datos muestran que la provincia de Buenos Aires concentra el mayor impacto, con el conurbano bonaerense como epicentro de la destrucción del empleo industrial.
No se trata de un dato menor: históricamente esa región concentra buena parte de la actividad manufacturera argentina, lo que amplifica los efectos económicos y sociales del proceso.
Buena parte del empleo perdido se reasigna en el sector informal, generando presión a la baja en los salarios no formales.
El debate sobre el nuevo modelo productivo
Uno de los argumentos que circula en el debate económico es que la pérdida de empleo industrial podría ser compensada por el crecimiento de sectores ligados a los recursos naturales, como el agro, la minería o la energía.
Sin embargo, el informe sostiene que esa recomposición todavía no aparece en los datos.
Mientras la industria perdió más de 104.000 puestos de trabajo, el sector agropecuario generó apenas unos 10.000 nuevos empleos y el sector de minería y energía incluso registró una leve caída en el empleo.
Para los autores, esto sugiere que el desplazamiento hacia un modelo económico más extractivo no está logrando absorber la mano de obra que abandona la industria.
Un proceso difícil de revertir
El informe cierra con una advertencia que va más allá del presente inmediato.
Cuando una fábrica cierra, sostienen Pollera y Macchioli, el daño rara vez es transitorio. Con el tiempo, las instalaciones quedan obsoletas, el capital humano técnico se deteriora y las cadenas productivas se desarman.
En ese contexto, reconstruir la capacidad industrial perdida puede resultar mucho más difícil que mantenerla.
De ahí la metáfora que da título al trabajo: una "glaciación productiva", un proceso lento pero persistente que enfría el corazón industrial de la economía argentina. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar