Tensión

El modelo de crecimiento con y sin dinero

La economía crece por Vaca Muerta y el agro, pero la industria, el comercio y la construcción se desploman. La recaudación de IVA lleva ocho meses en caída.
Victor M. Paredes 08-04-2026
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Entrado el 2026, el modelo económico muestra números contradictorios. En el IV trimestre del 2025, el PBI se expandió 2,1% i.a. y en el mismo período la desocupación creció 1,1%. 

Una economía que se expande debería demandar más empleo, no menos. ¿Será un error estadístico o habrá otra explicación? Si observamos en detalle, veremos que es el resultado esperado del modelo.

Entre las lluvias y la energía, la Argentina del 2026 recibirá unos US$ 30.000 millones más que la del 2023. A pesar de este gigantesco impulso, el resto de los sectores no acusa recibo.

La recaudación de IVA, termómetro directo del consumo y la actividad, acumula ocho meses de caída. A esto podemos agregar que en los dos años de gestión de Javier Milei desaparecieron 22.000 empresas empleadoras privadas (netas). El 99,6% de esas empresas que ya no existen, eran pymes. El tejido productivo argentino no se está transformando, se está destruyendo.

Las consecuencias sociales son tan graves que la mortalidad infantil aumentó por primera vez desde el 2002. Mientras en el Mundo se alcanzó el valor más bajo histórico, en nuestro país, en el 2024 murieron 6,5% más niños que en 2023.

Lo llamativo del flojo andar de la economía, es el contexto en el que ocurre. Nuestro país atraviesa hoy lo que podría ser la mejor coyuntura en décadas. Argentina, de forma repentina, resolvió la que históricamente fue su principal limitante: la restricción externa. El cuello de botella estructural que frustró todos los planes de crecimiento desde mediados del Siglo XX se disipó. Por Vaca Muerta tenemos superávit energético, el agro atraviesa un excelente momento y en 2026 tendremos récord de exportaciones. El punto es que nada de esto tiene que ver con el actual modelo, sino que es resultado de factores exógenos que se alinearon como nunca.

Lo que funciona es exógeno al modelo: Oil & Gas, minería y agro

El sector que más aporta al crecimiento es Oil & Gas. El desarrollo de Vaca Muerta es el resultado de un proceso que comenzó a escala industrial durante la gestión de CFK, con la re-estatización de YPF en 2012. Política que, con sus matices, continuaron tanto los gobiernos de Macri como de Fernández, este último con el aporte extra de la construcción del gasoducto que amplió la capacidad de transporte.

El éxito del Oil & Gas es la prueba de que, cuando hay políticas de Estado que trascienden gobiernos, la inversión de largo plazo aparece y Argentina se desarrolla.

En cuanto a la minería, la realidad es bastante más modesta. El crecimiento está enfocado principalmente en litio, donde los montos de inversión son más bajos, la estructura productiva permite modular e ir creciendo de a poco. Además, la ventana de oportunidad es corta y el ciclo financiero no tan extenso. Los proyectos verdaderamente relevantes son los de cobre y aún con el RIGI no hay ninguna mina de cobre activa ni tampoco en etapa de inversión final, productiva.

El agro argentino tuvo un desempeño muy bueno, luego del desastre de la sequía 2022-2023 que recortó fuertemente la cosecha. La recuperación fue real, aunque se trata de un rebote atribuible al régimen de lluvias, ya que no hubo inversiones relevantes en tecnología, infraestructura, ni mejoras de la productividad que permita expandir la producción de forma sostenible en el largo plazo. Dato de color: sólo el 8% de los tractores de Argentina tienen menos de 10 años de antigüedad.

Lo que falla es endógeno al modelo: industria, comercio y construcción

La conjunción de tipo de cambio bajo, altas tasas y ajuste fiscal, golpean donde más duele: industria, comercio y construcción. Estos tres sectores, que explican más del 40% del empleo privado, cayeron y permanecen muy lejos de los niveles de 2023.

La inversión privada en sectores no extractivos no cubre la reposición por desgaste, con lo cual la producción futura también caerá. La construcción perdió más de 100 mil empleos y todos los días cierran comercios de los más diversos rubros.

No hay un sólo driver endógeno que permita proyectar una mejora en el 2026. El consumo no se recupera porque los ingresos no alcanzan. La inversión no llega porque no hay proyecto productivo y el crédito no puede ser impulsado cuando los niveles de morosidad son récord. Las exportaciones se expanden solamente en aquellos rubros donde el viento acompaña. 

El ministro nos pide que saquemos los dólares del colchón, pero sus políticas no ofrecen alternativas de inversión productiva. Tal es así que la inversión extranjera directa del período es negativa...

Hipotecar el futuro: infraestructura, educación y ciencia

El ajuste genera beneficios de corto plazo, pero implica costos enormes en el largo. El colapso de la inversión en los tres pilares que definen la productividad futura nos condiciona: infraestructura, educación y ciencia y tecnología. Eliminar la inversión limita las posibilidades de crecimiento inter temporal. ¿Acaso alguien imagina una empresa que pueda crecer cancelando todas sus inversiones?

La obra pública cayó más de 70% en términos reales en 2024. Rutas, redes de agua y saneamiento, infraestructura energética: todo cancelado. El deterioro del capital físico tiene un costo económico: una economía que no invierte se vuelve progresivamente menos competitiva. Ese deterioro no pasa inadvertido para el mercado; se refleja en un riesgo país que continúa en niveles incompatibles con el acceso al crédito internacional.

Los mercados contemplan dos escenarios posibles, ninguno virtuoso. El primero: que el modelo continúe y profundice la erosión del tejido productivo, caída del consumo, fuga de capital humano y subdesarrollo estructural, con una Argentina cada vez más pobre y sin capacidades. El segundo: que el desgaste político acumule suficiente presión como para provocar un cambio de régimen en 2027, y desande todo lo realizado por este gobierno, volviendo al clásico péndulo argentino.

Crecimiento vs. Desarrollo

La asistencia financiera combinada del Fondo y del Tesoro de EE.UU. representan, en simultáneo, un éxito para el Gobierno y un fracaso para el Estado. Sirve para sortear el paso, pero un país no puede proyectarse en base a salvatajes de último momento.

El desarrollo no va a ser resultado de un nuevo blanqueo, requiere de otro vuelo: un Estado que defina un proyecto productivo y que construya consensos políticos en torno a éste, que fortalezca las instituciones (incluido el BCRA), que invierta en infraestructura y capital humano, porque el presente también se construye de expectativas.

La restricción externa se disipó y por primera vez en décadas, el problema no es la falta de dólares sino qué hacemos con ellos. Si logramos construir un consenso en torno a un modelo orientado a la producción, con incentivos alineados a la inversión, entonces sí podremos imaginar un destino colectivo de Nación. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar