Opinión

El mercado de carbono en Argentina

Es un mercado global por naturaleza y poco importa dónde se llevan a cabo las acciones de reducción o captación de carbono, y solo requiere un criterio de "credibilidad" y "calidad" para convertirse en un bien de valor internacional.
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El autor es CEO de Lockton Argentina y presidente de la BACX, la primera bolsa digital de carbono de las Américas

Existe una discusión muy importante a nivel mundial sobre los mercados de sustentabilidad y cambio climático, que pueden dividirse en dos grupos principales: la académica y la social. 

La académica se realiza en foros especializados entre expertos en meteorología, geología, ingeniería ambiental, ecología, energía, conservacionismo y otros profesionales que presentan sus argumentos científicos y teorías para sostener una posición definida. 

La social es mucho más extendida y recoge argumentos de la anterior, pero están cargadas de interpretaciones personales, ideologías, tendencias populares y posiciones en las que las personas se parapetan para luchar unos contra otros para hacer prevalecer una idea.

En ambos casos hay controversias y seguramente errores, pero en el segundo también hay intencionalidades más mundanas y brechas de pensamiento, educación, políticas y cuestiones de interés personales. Y también muchísima desinformación. 

La única realidad es que a partir de estas discusiones y los consensos globales sobre el Cambio Climático -como el Protocolo de Kioto y el Acuerdo de París-, se ha creado un enorme mercado mundial que difícilmente desaparezca en un futuro cercano. 

En los próximos cinco años se espera que haya inversiones por varios trillones de dólares dedicados a este relativamente nuevo mercado que se ha creado y las opiniones ya no tienen mayor sentido. La única decisión que queda es participar o no de esas inversiones y, en algún punto, esa decisión ni siquiera es una alternativa: habrá que forzosamente participar. 

Ya existen claras señales que si uno quiere ampliar el intercambio multilateral de bienes, productos y servicios con otras naciones, no podrá ignorar a este nuevo mercado o se verá aislado en mundo moderno. 

Los países más avanzados empiezan a imponer condicionamientos importantes a quienes quieren comercializar con ellos respecto de su huella de carbono, sus programas de sustentabilidad, de ESG (Environmental, Sustainability & Governance) y demandarán pruebas y acciones antes de comercializar productos extranjeros o siquiera admitirlos en sus territorios.

El Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM por sus siglas en inglés) es una barrera arancelaria sobre un pequeño grupo definido de productos que ya existe en la Unión Europea y ya se están gestionando otros como el pasaporte de sustentabilidad y otras listas de requisitos que deberán cumplir los productos para su comercialización global. 

Más allá de las creencias individuales de cada persona o las opiniones privadas o públicas de una sociedad, la alternativa será acoplarse a las nuevas tendencias.

La Argentina en particular, como Latinoamérica en general, tienen una oportunidad única en este nuevo mercado si dejamos de lado posiciones personales. Nuestro territorio tiene enormes recursos naturales y grandes extensiones fértiles mientras que es un país de reducidas emisiones y de una naturaleza aun relativamente preservada. 

La capacidad de generación de proyectos climáticos es gigantesca y sensiblemente menos costosa que en la gran mayoría de los países altamente desarrollados. Hasta las técnicas actuales para la producción de productos de exportación son más eficientes y menos dañinas en lo que respecta a la agenda climática y en muchos casos solo requieren ser certificadas y publicadas. 

Los créditos de carbono son el instrumento elegido por el mundo para lograr la compensación necesaria y revertir los efectos adversos de la actividad humana sobre la emisión de gases de efecto invernadero (GEI) y en nuestro país están creciendo los proyectos para generar esas herramientas ante una demanda que crece y un mercado que se va consolidando. 

Es un mercado global por naturaleza y poco importa dónde se llevan a cabo las acciones de reducción o captación de carbono, y solo requiere un criterio de "credibilidad" y "calidad" para convertirse en un bien de valor internacional. 

La discusión y la agenda local ya existen. Incluso, proyectos importantes que apuntan a su desarrollo y el cumplimiento de las obligaciones que nuestro país ha asumido por tratados internacionales firmados, pero algunos apuntan a regulaciones y obligatoriedades que solo ralentizan el desarrollo de un mercado interno y proponen una acción e inversión pública que difícilmente hoy pueda concretarse y en consecuencia terminará posponiendo una acción inteligente y privada. 

El Mercado Voluntario de Carbono (VCM por sus siglas en inglés) ha crecido por la convicción de las sociedades y de las empresas ante sus consumidores, que la acción es individual y no estatal. Apuntar a un mercado obligatorio (compliance market) en general conlleva mucho tiempo y tiene un efecto disuasorio en el desarrollo de nuevas industrias e inversiones tradicionales. 

La oportunidad de la Argentina es ahora. Todos debemos tomarla sin importar qué opinamos individualmente porque el mundo ya lo ha decidido por nosotros. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar

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