Economías regionales: solo las carnes escapan a la caída de los precios
Una clara divisoria está separando a las economías regionales. Aquellas con capacidad de exportación y con una demanda interna que al menos registra una leve recuperación, como las carnes, la leche, peras y manzanas, vienen expandiéndose. En cambio, buena parte de las economías que dependen exclusivamente del mercado interno sufren el combo conformado por la caída de precios ante la debilidad del consumo, alza de costos y mayor competencia importadora.
El último semáforo de economías regionales que publica mensualmente Coninagro exhibe esas dos realidades con la foto de julio. De las 19 actividades evaluadas, apenas cuatro -bovinos, porcinos, ovinos y aves- están en verde, mientras que permanecen en rojo otras seis: yerba mate, arroz, papa, vino y mosto, mandioca y hortalizas. El resto, desde el algodón al maní, pasando por el tabaco, la miel, el maní y los cítricos dulces, entre otros segmentos, se mantiene en un estado intermedio con la luz amarilla.
"Como tuvimos un buen año climático, en general el componente productivo ha sido bueno y eso impulsó buenos niveles de exportación, a lo que se sumó al menos hasta julio una recuperación del consumo interno en algunos sectores", dijo a El Economista David Miazzo, economista y consultor de Coninagro. "En otros segmentos, como el vino, la yerba mate, la papa y las hortalizas, la combinación de una demanda retraída se tradujo en una baja del precio real pagado a los productores", agregó.
El vino es un ejemplo claro de alguna de esas tendencias. La producción en la campaña 2025 ascendió a 19,5 millones de toneladas, un incremento del 2% con relación a la anterior, según Coninagro. Sin embargo, esa leve alza en la oferta, a la que se sumó un salto del 173% anual en las importaciones desde niveles muy bajos, no fue acompañada por un aumento de la demanda. En lo que va de 2025, las ventas rondan los 15 litros por habitante al año, una baja pronunciada frente al promedio de 22 litros del año pasado. Esas líneas cruzadas han ido presionando hacia abajo el precio promedio pagado al productor que en julio pasado fue de $ 281 por litro, una caída real del 23% interanual.
En la yerba mate, el panorama es también desafiante. La decisión tomada por el gobierno de Javier Milei de no designar al presidente del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) viene impidiendo desde inicios del año pasado la fijación de precios mínimos para la hoja verde. Esa desregulación de hecho, sumado a un consumo en retracción, llevó a que la industria esté pagando a los pequeños productores entre $ 180 y $ 280 por kilo, lejos de un precio que garantice alguna mínima rentabilidad. Solo como para establecer un valor de referencia, a fines de agosto el INYM estimó un precio de $ 411,46 por kilo puesto en secadero. A ese monto, sumó un 30% adicional que sería necesario para garantizar la rentabilidad del productor, lo que elevó el precio a $ 534,9 por kilo.
En la papa, el escenario es similar. La retracción de la demanda llevó a que el kilo pagado al productor fuera en julio de $ 379, una caída real del 30% frente al mismo mes de 2024. En el arroz, en tanto, si bien cerca del 40% de la producción se exporta a Brasil, la debilidad del mercado interno mantiene los precios deprimidos para buena parte de los productores. En julio, la tonelada se pagó al productor $ 200.000, una caída real del 48% en comparación con el mismo mes de 2024. Por último, los precios de las hortalizas acumulan una caída interanual del 56%.
"Dado que gran parte de las actividades dependen del mercado interno donde el consumo no repunta, los precios pagados a los productores vienen ajustándose muy por debajo de la inflación", dijo a El Economista Antonella Semadeni, economista de la Fundación Agropecuario para el Desarrollo de Argentina (FADA). "Es un problema porque los costos sí se vienen actualizándose en línea con la inflación y eso lleva a que gran parte de las economías estén bastante complicadas", añadió.
La carne es fuerte
A contramano de los sectores que se enfrenan a una demanda retraída, los precios de las carnes vienen en franca recuperación. Luego de que el consumo de carne vacuna por habitante cayera el año pasado a los niveles más bajos de la serie iniciada en 1914, las ventas iniciaron un lento rebote. A eso se sumaron mayores exportaciones: a julio las ventas externas acumuladas en los doce meses anteriores ascendían a U$S 4.278 millones, un 36% más que en el mismo período previo. Esos factores llevaron a que en julio el kilo promedio de hacienda bovina se pagara $ 3.142, un incremento interanual 61%, por encima tanto de la inflación (36,6%) como de los costos (40%), según Coninagro.
Industria La crisis interminable
En la misma línea, los precios pagados a los productores de pollo y carne porcina también saltaron más del 60% con respecto al año pasado. En otros segmentos como la leche, si bien se registra una recuperación de las ventas desde el piso del año pasado y las exportaciones saltaron 78% interanual, los precios pagados a los tamberos siguen atrasados: en el último año apenas subieron 15%, menos de la mitad de lo que aumentaron los costos.
¿Y ahora?
A partir del desprolijo desarme de las LEFIs, sumado a las turbulencias típicas de los procesos electorales, más aún en un contexto de severa escasez de reservas en el Banco Central, en los últimos tres meses se registraron en paralelo un ajuste del 15% en el tipo de cambio y un alza abrupta de las tasas de interés. Ese escenario no es inocuo para las economías regionales. "En el primer semestre veíamos un mercado interno en recuperación aunque aún sin llegar a traccionar a los precios", dijo Miazzo. "Si ahora el consumo se debilita, la presión a la baja sobre los precios, en un contexto de aumento de costos, podría llevar a que la situación se complique más para algunas actividades".
Al freno de la demanda se suma el alza de las importaciones, que, si bien crecen desde niveles muy bajos, en algunos segmentos empiezan a desplazar a parte de la producción local. Un ejemplo es la carne vacuna.
Según la consultora AZ Group, en el primer semestre las importaciones desde Brasil alcanzaron las 1.033 toneladas promedio por mes, un salto con respecto a las 24 toneladas mensuales en el mismo período del año pasado. Si bien todavía se trata de un volumen bajo con respecto a la faena local, la tendencia empieza a generar efectos. "Aunque las importaciones a un precio de unos $ 15.000 el kilo de asado no son competitivas para la región centro del país, sí lo son para la Patagonia, en donde el kilo ronda los $ 18.000", señaló Semadeni. "Está muy bien la apertura, pero si a los productores no les sacan el pie de encima bajándoles impuestos y mejorando la infraestructura, no hay forma de que puedan competir".
En la carrera por mejorar su competitividad, las economías sufren la carga pesada que representan los déficits crecientes de la infraestructura vial. Al tratarse en muchos casos de alimentos perecederos, el pésimo estado de los caminos rurales las afecta incluso más que a la producción de granos. A eso se suma que el nuevo escenario de tasas altísimas amenaza con golpear a la ganadería, un segmento que viene escapando de la crisis.
Todos esos factores representan una amenaza para las economías regionales, un sector clave que aporta empleo y divisas. Las exportaciones de esas actividades, sumadas las pecuarias (carnes y leche), ascienden a casi U$S 10.000 millones al año. Además, estas actividades productivas generan puestos de trabajo a lo largo y ancho del país. Con datos de 2023, FADA estimó que el segmento de carne bovina origina 513.000 empleos; "frutas, verduras, hortalizas y legumbres", 458.000; el lácteo, 206.000; el vitivinícola, 146.000; el aviar, 131.000 y el forestal, 130.000, por mencionar solo algunos.
Al igual que lo que sucede en otros sectores, el abrupto giro en el rumbo económico viene dejando ganadores y perdedores también dentro de las economías regionales. "Para el próximo semáforo con los datos de agosto estamos viendo cierta estabilidad en los colores, aunque hay algunos segmentos, como los granos, que quedarán al borde de pasar al verde dado que el ajuste del tipo de cambio les mejora su posición relativa", dijo Miazzo.
"En cambio, la suba de costos les puede generar complicación a algunos sectores que están en amarillo y que venían relativamente bien, como cítricos dulces, leche, peras y manzanas, mientras que las actividades que están en rojo seguirán con problemas", concluyó.
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