Argentina crece...pero el bolsillo no: qué está pasando de verdad
El PIB creció 4,4% el año pasado. Sin embargo, tanto las encuestas como los estudios cualitativos del mes de marzo muestran una creciente incomodidad e incluso malestar en buena parte de la población.
Así arranca la última columna de Guillermo Oliveto en La Nación.
Oliveto es autor de varios libros, uno de los principales expertos en consumo del país y tiene una mirada multidisciplinaria que le permte enlazar números de la macro, con aspiraciones sociales y con tendencias estructurales de largo aliento.
¿Cómo se explica lo que en apariencia emerge como una disonancia cognitiva? ¿De qué están hechas estas ideas en conflicto? "De una triple dualidad que se consolida y que afecta tanto a la macroeconomía como al humor social y al consumo. Eso condiciona la gestión de las empresas y sus marcas, así como las perspectivas de la política de cara a la crucial elección presidencial de 2027", dice Oliveto. Su útimo libro se llama "Clase Media. Mito, Realidad o Nostalgia".
"La primera de esas dualidades, a esta altura, ya está muy clara: una macroeconomía con algunos motores encendidos muy fuertes como petróleo y gas, minería y el agro. Se suma el sector financiero, a pesar de que los dos últimos trimestres fueron complejos por la violenta suba de la mora en los créditos otorgados a las familias y a las personas, sobre todo prendarios y tarjetas de crédito, ambos arriba del 11% de impago en término en enero 2026", dice Oliveto.
Agrega: "Y otros sectores con débil performance: construcción, industria y comercio. Se suma turismo receptivo. Los cuatro fuertes generadores de mano de obra intensiva".
La explicación de por qué crece el PBI pero cae el empleo (200.000 puestos de trabajo menos en el sector privado formal entre noviembre de 2023 y diciembre de 2025), argumenta, está ahí. Lo mismo para la suba del desempleo hasta el 7,5% en el cuarto trimestre de 2025. El sector informal comienza a mostrar signos de agotamiento para absorber lo que sale de la formalidad.
Esta dualidad, escribe Oliveto, correlaciona con las clases sociales. "Aquellos que tienen un trabajo formal o son autónomos con una buena situación se concentran en la clase alta; la media alta y la porción superior de la media baja (30% de las familias) tienen una mejor situación. Sus ingresos le empataron a la inflación o casi, y más que duplicaron en dólares. En el resto de la pirámide social, la situación es más compleja. Allí hay mucha más informalidad".
Hay un patrón estructural que se agudiza en los últimos meses, aunque con algunas novedades: la clase media baja, dice Oliveto, comienza a aceptar con cierta resignación su nuevo estándar de vida uno o dos escalones más abajo. "Sabe que no se va a recuperar pronto. Solo desea no caer más. Por el contrario, la incomodidad comienza a llegar a la clase media alta", sentencia.
Es lógico que el consumo sea un reflejo de ambas dualidades, transformándose así en la tercera que encadena una configuración, hasta aquí, coagulada. "Los sectores que crecen, y mucho, son aquellos a los cuales les alcanza con llegar a los estratos más altos de la población: venta de autos, viajes al exterior y venta de inmuebles ya construidos. Se agregan motos, como una expresión más de la fragmentación del mercado: es un medio de transporte más económico. Los que dependen de la transversalidad, de abarcar al grueso de los ciudadanos, se encuentran con las restricciones de poder adquisitivo y las necesidades de recortar gastos", dice Oliveto.
Si bien es cierto que en 2023 se consumía "fingiendo demencia", dice el experto, por una inflación desmadrada del 211% anual, "es una vara que tampoco puede soslayarse porque las estructuras productivas y comerciales estaban diseñadas para esos volúmenes de venta".
¿Es este el peor momento del consumo? Allí Oliveto es categórico: "No. De ninguna manera. Eso ocurrió en 2024". El consumo masivo cayó 14% interanual y la construcción 28%. Lo que sucede es que en aquel momento se daba por descontada la caída asumiendo una corta duración.
"Hoy, viendo los resultados del periodo de dos años acumulado y que este arranque del año confirma dichas tendencias, todo luce más preocupante. Lo que empeoraron fueron las expectativas. A eso se suma el efecto de erosión de más de dos años. Las percepciones no necesariamente se alinean tempranamente con los hechos objetivos, pero sí se conectan", señala Oliveto.
¿Y las empresas?
Para las empresas, la etapa diagnóstica terminó. El modelo es este y fue convalidado por la sociedad en las urnas en octubre pasado. El mercado es este: no se les puede pedir más de lo que es capaz de dar. "Es lo que hay", resume. Ahora están tomando decisiones asumiendo que así son las cosas. Para bien y para mal de cada caso. Si el año está signado por las 4T (Transformación, Transición, Tensión y Tiempo), dice el hombre de la Consultora W, el marco de acción se está enmarcando alrededor de 5P (Precisión, Priorización, Producto, Portafolio y Proacción).
Para la política y los ciudadanos la gran pregunta se abre de cara al futuro. "Sabiendo que el país tiene una oportunidad histórica por delante —traccionada por el petróleo, el gas, la minería y el agro— que tiene el potencial de reconfigurarlo todo: ¿en qué consistirá, finalmente, ese futuro? ¿Vale la pena mantener el esfuerzo hasta llegar allí? ¿Para cruzar ese puente de cinco años, hay que hacer nuevas concesiones? ¿Es eso posible o en el tránsito hacia allí las cosas mejorarán progresivamente?", dice Oliveto.
Pero, dice Oliveto, no hay un futuro. "Solo hay futuros posibles. Mejores y peores", dice y aventura que, "dadas las circunstancias, el 'modelo de país' será un debate creciente en la agenda pública".
En 2027, el gran pueblo argentino laudará, con su voto, ese debate. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar