El lado B de la Selección Argentina: los errores "imperdonables" que debe corregir para defender la corona de campeón
La Selección Argentina cumplió con el primer objetivo en el Mundial 2026 y terminó primera en el Grupo J con puntaje ideal, tres triunfos, ocho goles a favor y apenas uno en contra. En cualquier contexto ese balance sería motivo de celebración, pero mucho más si se tiene en cuenta que Lionel Scaloni llegó al torneo con varias dudas físicas, modificaciones de último momento y la necesidad de administrar cargas pensando en el largo recorrido de la Copa del Mundo.
El entrenador volvió a demostrar una de las principales virtudes de su ciclo: la capacidad para adaptarse a cada contexto sin perder la identidad del equipo. Rotó futbolistas, cambió esquemas, improvisó variantes en puestos específicos y volvió a encontrar respuestas competitivas. Sin embargo, el verdadero Mundial recién comienza. En los cruces de eliminación directa el margen de error desaparece y cualquier detalle puede marcar la diferencia entre seguir en carrera o volver a casa.
Lejos del dramatismo, Argentina no necesita reinventarse. Sigue siendo uno de los grandes candidatos al título por funcionamiento, jerarquía individual y experiencia competitiva. Pero sí aparecen algunos aspectos del juego que conviene ajustar antes de enfrentar rivales de mayor exigencia.
El mediocampo, el principal foco de atención
Uno de los puntos que más atención requiere es el equilibrio del mediocampo en las transiciones defensivas. La presión alta continúa siendo una de las marcas registradas del ciclo Scaloni, aunque cuando esa primera presión es superada el equipo suele quedar demasiado largo. Enzo Fernández, Rodrigo De Paul y Alexis Mac Allister tienen una enorme capacidad para recuperar y jugar, pero ninguno es un volante central clásico de contención. Cuando los interiores saltan a presionar, el "5" queda muchas veces aislado y obligado a cubrir demasiado terreno.
La preocupación no responde únicamente a una sensación. Frente a Argelia, Austria y Jordania hubo pasajes en los que los rivales lograron asociarse con facilidad en tres cuartos de cancha y encontraron espacios por las bandas. El descuento jordano fue el ejemplo más claro: una jugada elaborada de seis pases consecutivos, cambio de orientación y un centro atrás que atravesó toda la defensa argentina. No fue una alarma grave, pero sí un recordatorio de que en un Mundial esas concesiones pueden pagarse muy caro.
La solución no pasa necesariamente por incorporar otro mediocampista defensivo, sino por coordinar mejor las vigilancias defensivas, como hizo muy bien este mediocampo en Qatar 2022. Si un lateral se proyecta, el volante del sector opuesto debe cerrar hacia el eje para formar momentáneamente un doble 5 y proteger el carril central. Son mecanismos que Argentina ya ejecutó con éxito en otros momentos del ciclo y que pueden volver a convertirse en un factor decisivo frente a rivales con transiciones rápidas, como Francia, que cuenta con Kylian Mbappé, Ousmane Dembélé, Michael Olise, Bradley Barcola y Désiré Doué como amenazas.
Cuando la posesión deja de ser de Argentina
Existe un síntoma inédito en este inicio del Mundial 2026 que también encendió las alarmas: la Selección Argentina atravesó momentos del partido en los que perdió el control absoluto de la pelota. Durante la era Scaloni, el ADN del equipo se construyó a partir de posesiones largas, pases cortos y la capacidad de manejar el ritmo del partido a su manera.
Sin embargo, en la fase de grupos se observó un fenómeno poco habitual. Por momentos, el equipo se replegó y dividió la tenencia, permitiendo que rivales de menor jerarquía le manejaran los tiempos del partido. No se trató de una estrategia deliberada para contragolpear, sino de una preocupante falta de precisión en la circulación que impidió adormecer los partidos cuando el resultado era favorable.
En los cruces de eliminación directa, este bache en el funcionamiento puede costar caro. Entregarle la iniciativa y la pelota a potencias europeas o selecciones con extremos indomables durante 15 o 20 minutos es una concesión que roza lo "imperdonable". Recuperar la fluidez en el traslado y, sobre todo, la autoridad para monopolizar la pelota bajo presión será indispensable para que la Selección Argentina no sufra más de la cuenta en los momentos de alta tensión.
La trampa de la posesión horizontal
El déficit en la circulación se traduce en otro síntoma preocupante: un traslado monótono de lado a lado que no sorprende. Históricamente, la Selección Argentina movía la pelota con paciencia para desgastar físicamente al oponente y, en el momento justo, meter la estocada final. En los últimos partidos, sin embargo, ese juego asociado se volvió previsible. El equipo mueve la pelota de izquierda a derecha de forma excesivamente lateral, pero carece de esos chispazos necesarios para romper líneas por el carril central y desarticular las estructuras defensivas rivales.
Scaloni buscó soluciones inyectando piernas frescas y vértigo en los extremos. Las apariciones de Nicolás González y Giuliano Simeone le devolvieron al equipo la velocidad perdida por las bandas y una intensidad valiosa para abrir la cancha. Así llegaron varios goles en este torneo. Sin embargo, la aceleración exterior no es suficiente si el circuito se diluye al llegar al último cuarto de cancha.
Contra equipos que defienden muy cerca de su área deberá romper los bloques bajos con mayor velocidad de circulación. Frente a rivales muy estructurados, como ocurrió por momentos ante Austria, Argentina cayó en una posesión excesivamente lateral que permitió acomodar las marcas rivales. Allí resultará clave acelerar el ritmo, utilizar más pases filtrados, permitir que los centrales conduzcan para romper líneas y animarse con mayor frecuencia al remate de media distancia.
La Messidependencia
Otro aspecto que todavía genera debate es la dependencia ofensiva de Lionel Messi. Es natural que el capitán sea el eje del juego argentino, pero en varios pasajes los compañeros fuerzan la devolución hacia el "10" incluso cuando existen mejores opciones de pase. Esa tendencia vuelve al ataque más previsible para defensas cerradas que ya preparan marcas escalonadas sobre el rosarino.
Es difícil no dársela al mejor de todos los tiempos. Pero paradójicamente, la mejor manera de potenciar a Messi muchas veces consiste en no buscarlo. Cuando el capitán atrae dos o tres rivales, libera espacios que deberían aprovechar con mayor agresividad los interiores, los extremos o los laterales. Si Argentina consigue que las rupturas al espacio sean una constante, el propio Messi encontrará luego más libertad para recibir.
Hasta el momento, esa dependencia también quedó reflejada en los números. Messi convirtió seis de los ocho goles argentinos en la fase de grupos y fue el único futbolista que logró marcar de jugada. Los otros dos tantos llegaron mediante un tiro libre de Giovani Lo Celso y un penal de Lautaro Martínez frente a Jordania.
Que el capitán atraviese un nivel extraordinario es una gran noticia, pero para sostener la candidatura al título Argentina necesitará que aparezcan más variantes ofensivas cuando los rivales logren limitar su influencia.
La eficacia que define los Mundiales
En ataque también aparece un desafío vinculado a la efectividad de los centrodelanteros. Tanto Lautaro como Julián realizan un enorme desgaste físico, presionan, generan espacios y participan del funcionamiento colectivo. Sin embargo, la fase de grupos dejó un dato llamativo: ninguno logró convertir de jugada. El "Toro" tuvo varias situaciones claras, pero entre la falta de precisión y las intervenciones de los arqueros rivales solo pudo festejar desde el punto penal frente a Jordania. La "Araña", por su parte, todavía no consiguió trasladar al Mundial el nivel que mostró en Qatar 2022 y dejó actuaciones discretas en los minutos que le tocó disputar. Parte se debe a que llega entre algodones.
En un Mundial los partidos suelen definirse por detalles y las oportunidades disminuyen a medida que avanzan los cruces. Por eso, recuperar la contundencia en los últimos metros puede convertirse en una de las claves para los encuentros frente a las grandes potencias.
Las variantes que ilusionan a Scaloni
Las bandas constituyen otro sector a seguir de cerca. Las lesiones, las cargas físicas y la falta de continuidad de algunos laterales obligaron a Scaloni a buscar soluciones alternativas. La aparición de Exequiel Palacios como lateral derecho frente a Jordania respondió justamente a esa necesidad de ampliar el abanico de variantes.
El mediocampista del Bayer Leverkusen cumplió con una actuación convincente en una posición desconocida. En el primer tiempo priorizó el orden defensivo y casi no pasó al ataque; después ganó confianza, se proyectó con mayor frecuencia y se integró al circuito ofensivo. Su rendimiento dejó una conclusión importante: Argentina suma otra variante confiable para una zona del campo que todavía genera interrogantes físicos alrededor de Nahuel Molina y Gonzalo Montiel.
No significa necesariamente que Palacios pase a ser el primer reemplazante natural, pero sí confirma una característica muy valorada por Scaloni de contar con futbolistas capaces de interpretar distintas funciones según lo demande cada partido.
El propio Palacios resumió esa idea al finalizar el encuentro: "Me encontré con algo nuevo, pero no es excusa. Uno está acá para ayudar desde el lugar en el que toque." Ese tipo de predisposición explica buena parte de la fortaleza colectiva que construyó esta Selección Argentina durante los últimos años.
En esa búsqueda de equilibrio, Mac Allister aparece como una pieza cada vez más importante. Aunque se siente más cómodo unos metros más adelante, su inteligencia táctica le permite ordenar la salida, administrar los tiempos del partido y ofrecer el primer pase limpio bajo presión. Su capacidad para interpretar espacios puede resultar determinante en los cruces de eliminación directa.
También empiezan a ganar protagonismo otras alternativas. Lo Celso volvió con un debut soñado, marcó un gol y aportó claridad entre líneas. Leandro Paredes firmó otro dato histórico al completar 154 pases frente a Jordania, la cifra más alta para un argentino en un Mundial desde que existen registros detallados (Inglaterra 1966) y la sexta mejor marca de la historia del torneo. Simeone ofreció intensidad, presión y profundidad por la banda. Nicolás Paz continúa dejando destellos de un talento diferente cada vez que ingresa. Y Valentín Barco puede aportar amplitud y frescura para abrir defensas cerradas o reforzar el retroceso por las bandas.
El desafío mental del campeón defensor
Existe además un componente imposible de medir con estadísticas: el desgaste psicológico del campeón defensor. La historia demuestra que retener una Copa del Mundo es una tarea extraordinariamente compleja. De hecho, solo dos seleccionados lograron ser bicampeones. La presión externa, la fatiga acumulada y la pérdida inconsciente del hambre competitivo suelen jugar un papel determinante. Mantener la tensión competitiva será tan importante como cualquier ajuste táctico.
El diagnóstico también fue compartido por los propios protagonistas. Nicolás Otamendi admitió tras el partido con Jordania que el descuento rival funcionó como "un llamado de atención" para un equipo que prácticamente no había sufrido en la fase de grupos. "Es importante saber que no nos podemos relajar. El rival siempre genera y durante la semana hay que evaluar las cosas que se hicieron bien y no tan bien", resumió el "General". Un mensaje que coincide con el desarrollo de la nota.
Pero si hay algo que invita al optimismo es precisamente el entrenador. Scaloni nunca se enamoró de los nombres ni de un único sistema táctico. A lo largo de 99 partidos modificó esquemas, encontró soluciones inesperadas, recuperó futbolistas que parecían relegados y acertó con cambios decisivos en momentos clave.
Ahora llegará Cabo Verde en los 16avos de final. En los papeles, la Scaloneta parte como favorita, aunque el propio Mundial ya demostró que las diferencias entre equipos son cada vez menores. El conjunto africano seguramente apostará por un bloque bajo, intentará cerrarle los espacios a Argentina y buscará lastimar mediante transiciones rápidas.
Argentina sigue siendo una de las grandes candidatas al título. No necesita cambiar su esencia ni revolucionar su idea futbolística. Solo debe ajustar algunas piezas de una maquinaria que ya demostró que sabe competir bajo máxima presión. Si logra corregir esos pequeños detalles que tanto preocupan a su entrenador, el sueño de defender la corona volverá a depender, principalmente, de ella misma.