Libertadores

A Gago se lo vio furioso como pocas veces, Román no debe estar feliz y el año de Boca empieza a pender de un hilo

Con el 0-1 baratísimo que se llevó contra Alianza, el equipo de Fernando Gago dejó una imagen más que preocupante de cara a la revancha de la semana que viene.
La imagen de Boca fue pobrísima. Sólo dos veces pateo al arco en todo el partido. Real. CABJ
Nicolás Piñon 19-02-2025
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Y el año de Boca empieza a pender de un hilo. Perdió la ida del repechaje a la Libertadores en Lima sin atenuantes y se salvó de irse goleado. Con el 0-1 baratísimo que se llevó contra Alianza, el equipo de Fernando Gago dejó una imagen más que preocupante de cara a la revancha de la semana que viene.

Acechado por una malaria de lesiones sin fin que llevaron a Boca a cambiar de formación hasta minutos antes de del partido, teniendo que darle minutos a juveniles verdes de roce internacional, la imagen de Boca fue igualmente pobrísima. Sólo dos veces pateo al arco en todo el partido. Real.

Hay situaciones que pueden entenderse y sirven para explicar un resultado como pueden serlo las ausencias de figuras de peso en una formación. En ese sentido, Gago no ligó una en los últimos días. Al punto que podría alistarse como una víctima más de los cargadísimos fixtures que tanto la AFA como la Conmebol armaron y dejan secuelas en todos los equipos sin compasión todos los fines de semana. Pero quedarse en ese análisis sería demasiado simplista para explicar el papelón que Boca ofreció en Lima, donde gracias a Marchesín, su mejor refuerzo hasta el momento, zafó de una paliza.

Lo de Boca empezó mal desde el vamos en la húmeda capital peruana, casi desde el vestuario: a los cuatro minutos el local gritó el 1-0 tras un lateral-centro que Ceppelini transformó en gol. Y después llegó todo lo que no se espera de un equipo que anhela pelear en todos los frentes (Boca): desdoblado en los duelos físicos, sin generar volumen de juego, pateando dos veces al arco en todo el partido, con horrores defensivos difíciles de explicar, en fin. Román no debe estar feliz. 

Porque hay maneras y maneras de ganar o perder. Sensaciones que deja un equipo en la cancha y que provocan en el hincha algo, que contagian y permiten ilusionarse, darse cuenta que las cosas a veces no salen pero que hay intenciones, acciones bien hechas, señales de esperanza básicamente. Pero al hincha de Boca, tras este papelón, no hay manera de ilusionarlo. 

O sí. Porque Marchesín se disfrazó de héroe, se convirtió en ese arquero estelar de Selección que Riquelme fue a buscar y puede estar seguro que el día en que Boca esté en aprietos tiene quien esté listo para salvarles las papas. 

Lo del 1 fue gigante y si Boca llega a clasificar la semana que viene será en gran parte gracias a él. 

Porque del resto de los jugadores, sólo Rodrigo Battaglia cumplió un papel apenas aceptable, tanto de central como de volante en el segundo tiempo. 

Lo del resto fue de discreto para el aplazo. 

Alarcón y Palacios apenas a cuentagotas intentaron manejar la pelota, encontrar espacios, pero tanto Merentiel como Velasco estuvieron en otra sintonía, sin confianza ni rebeldía para torcer la historia. Apenas dos tiros al arco tuvo Boca en todo el partido, algo inadmisible para un equipo que, aún en formación, se armó para ganar la Séptima. Es llamativo el caso de Velasco, refuerzo estrella y de indisimulable talento, que parece atado jugando tan cerca de la raya de cal y aún no logra ofrecer una versión convincente. Y también lo que se observó de mitad de cancha para atrás, lo peorcito de Boca desde que Gago asumió la dirección técnica el año pasado: regalos de todo tipo para el equipo de Gorosito que si no terminaron en gol fue por un acto de generosidad sin fronteras y por la figura de Marchesín. Lo único positivo para Boca: no sumó más lesionados, peeeeeero...

A Gago se lo vio furioso como pocas veces. Preocupado por el mal juego y diez lesionados por recuperar, al menos contará con la probable vuelta de varios titulares de peso para la revancha del martes que viene. 

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