Management Cuando cerrar el debate también es una jugada política
En la alta dirección, algunas frases no solo ordenan una conversación: también pueden impedir que se abra el contraste necesario para decidir mejor.
MBA y Doctor en Dirección de Empresas (UCEMA). Hace más de veinte años se desempeña como sparring estratégico de líderes y fundadores. Fue decano del UISEK Business & Digital School en la Universidad Internacional SEK. Es autor de ocho libros y conferencista internacional en temas de liderazgo, estrategia y desarrollo ejecutivo.
Buenos Aires, Argentina
En la alta dirección, algunas frases no solo ordenan una conversación: también pueden impedir que se abra el contraste necesario para decidir mejor.
Discutir más no siempre significa decidir mejor. Hay un punto en el que la deliberación deja de producir lucidez y empieza a destruir valor.
El problema aparece cuando, sin proponérselo, el CEO construye un sistema donde callar es más inteligente que advertir.
Las organizaciones suelen atribuir las malas decisiones a errores individuales o a información incompleta. Pero en muchos casos el problema no está en las personas, sino en algo mucho menos visible: la arquitectura del proceso decisorio.
La mente colmena no se instala con órdenes, sino con incentivos, lenguaje correcto y consenso que parece madurez. El problema es que esa paz suele comprarse con silencio. Para ti, en la cumbre, el antídoto no es generar más participación: es recuperar contraste, antes de que la organización empiece a alimentarte el ego y a vaciarte de realidad.
Cuando tu equipo no te contradice, no necesariamente estás alineado: puede que estés aislado.
En las salas donde se decide el destino de una empresa casi nunca falta información; lo que falta es ver quién gana con cada camino, especialmente con el equivocado. Hablamos de estrategia, de márgenes y del momento de mercado, pero habitualmente evitamos la pregunta incómoda que separa la lucidez del autoengaño: si tomáramos esta decisión y saliera mal, ¿quién se beneficia del error?
En la cima no falta información; falta fricción. Si tu equipo siempre se alinea rápidamente, puede que no estén pensando sino obedeciendo. Cómo diseñar un sistema que convierte el disenso informado en ventaja competitiva y blinda la calidad de tus decisiones.
La autosuficiencia extrema al tomar decisiones es peligrosa, no admirable. Ninguna mente, por brillante que sea, puede ver todos los ángulos de una decisión compleja sin contraste.
El ecosistema de apoyo ejecutivo se ha diversificado en los últimos años. Entre los actores más comunes aparecen tres perfiles: el coach, el consultor y una figura menos conocida, pero cada vez más influyente: el sparring estratégico.