Atento

"Lo encontré, es mío": el mito legal por el que una persona común puede terminar detenida

El caso de la mochila con $90 millones en La Pampa muestra la distancia entre lo que la gente cree que dice la ley y lo que la ley realmente establece
Nicolás Mendive 14-07-2026
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La semana pasada, un empresario mendocino de 45 años quedó detenido en La Pampa. No asaltó a nadie, no forzó una cerradura, no amenazó a nadie. Encontró una mochila al costado de la ruta, la abrió, vio casi $90 millones en efectivo y se la llevó.

Si le contás este caso a diez personas, probablemente nueve te digan lo mismo: "¿Pero qué hizo de malo? La encontró tirada". Es una reacción lógica, porque todos crecimos con la idea de que "el que encuentra se lo queda". Hay una enorme distancia entre lo que la gente cree que dice la ley y lo que la ley efectivamente establece. Y en esa distancia es donde una persona sin antecedentes, con su vida ordenada, puede terminar imputada en horas.

Acá aparece una distinción que casi nadie fuera del mundo penal conoce, y que en este caso lo cambia todo.

Para el derecho, una cosa está perdida cuando el dueño no tiene idea de dónde quedó: el billete que se te voló del bolsillo en la calle. En cambio, una cosa está olvidada cuando el dueño sabe exactamente dónde la dejó y piensa volver a buscarla.

En La Pampa pasó lo segundo: un productor rural tuvo un desperfecto mecánico, cambió de vehículo apurado, dejó la mochila en el piso y volvió al rato a buscarla. Para el derecho penal, esa mochila nunca dejó de estar bajo la esfera de custodia de su dueño. Y por eso la fiscalía no investiga una simple "apropiación de cosa perdida" (que existe como delito, artículo 175 del Código Penal, pero se pena con multa) sino algo mucho más serio: un delito contra la propiedad que puede encuadrarse como hurto, con pena de prisión.

Es decir: la diferencia entre pagar una multa e ir preso puede depender de un dato que el que levanta la mochila ni siquiera puede conocer con certeza en ese momento (si el dueño sabía o no dónde la había dejado). Así de contraintuitivo es el sistema, y así de importante es entenderlo.

El Código Civil y Comercial establece que quien encuentra una cosa perdida no se convierte en su dueño: el circuito previsto es la restitución o la entrega a la policía o al juez. Y prevé algo que muy poca gente conoce: quien entrega lo que encontró tiene derecho a una recompensa y al reembolso de sus gastos.
La ley contempló la situación de encontrar algo valioso, le puso un procedimiento y hasta un incentivo económico. El problema es que ese diseño vive en los códigos, no en la cultura. En la cultura vive el mito. Y la gente actúa según la cultura, no según los códigos.

Hay otro elemento de este caso que es una constante en las causas penales: muchas veces pesa tanto lo que hiciste como lo que hiciste después.

Según la investigación, el hombre se llevó la mochila, la descartó en la vía pública cerca del hotel donde se alojó, y siguió viaje antes de que llegara la policía. Para un fiscal, esa secuencia construye el dolo: sugiere que sabía que ese dinero tenía un dueño que lo estaba buscando. Una misma acción inicial (levantar una mochila) puede leerse de maneras muy distintas según lo que viene después. Es algo que la gente desconoce por completo, y que en un expediente lo es todo.

La otra constante que este caso confirma: hoy es prácticamente imposible pasar desapercibido. Cámaras de seguridad que registraron la maniobra, lectores de patentes que reconstruyeron el recorrido por las rutas de la provincia, un celular secuestrado que será peritado. Lo ubicaron en menos de 48 horas. El anonimato que la gente imagina cuando "nadie vio nada" ya no existe.

¿Por qué interviene la justicia si "no le robó a nadie"? Porque hay un damnificado concreto que denunció, y porque los delitos contra la propiedad son de acción pública: al Estado no le hace falta que la víctima insista para investigar. El sistema protege la propiedad incluso cuando el dueño la pierde de vista por un rato (si no fuera así, cualquier distracción alcanzaría para que las cosas cambien de dueño).

Ahora este hombre transita un proceso penal, con derecho a defensa, donde se va a discutir qué sabía, qué pudo saber, cómo se califica su conducta. Ahí es donde se juega su situación, y ahí es donde la distinción entre perdido y olvidado, que parece un tecnicismo, vale años.

El derecho penal está lleno de esas líneas invisibles, y "lo encontré, es mío" es una de las más traicioneras. El sistema tiene reglas. Conocerlas, antes de que un fiscal las explique, marca la diferencia. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar