Alerta

Falsas denuncias: perseguir la mentira también protege a las víctimas reales

Denunciar una falsa denuncia no ataca a las víctimas reales, las protege de los que usan su dolor como coartada para mentir.
Nicolás Mendive 01-05-2026
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Mientras en el Senado vuelve a discutirse el proyecto de Carolina Losada para endurecer las penas por denuncias falsas, hay un detalle de la discusión que se prefiere ignorar: cuando una denuncia se inventa, no sólo se ataca al denunciado, también quita la credibilidad de quienes dicen la verdad, de quienes realmente sufrieron un hecho delictivo.

Digamos todo, usar una causa de abuso para vengarse o extorsionar en una pelea de pareja o disciplinar en una disputa familiar es una perversión del sistema penal. No es "una exageración". Es meter a la Justicia en una operación sucia. Y cuando eso pasa, el daño no termina en el expediente: arrasa nombres, familias, vínculos con hijos, trabajos y la dignidad. Después, aunque aparezca una absolución, la mugre ya quedó pegada. 

Lo más brutal es que esa maniobra también le pega a las verdaderas víctimas. Les roba credibilidad, les ensucia el terreno y les complica la escucha. Porque cada falsa denuncia comprobada le regala argumentos al que quiere sembrar sospecha sobre todas. Y así terminamos en el peor de los mundos: inocentes destruidos, víctimas reales mirando cómo la sociedad empieza a desconfiar de todo, y una Justicia gastando tiempo donde hubo manipulación en vez de llegar rápido donde sí había peligro.

Mucha gente cree que una denuncia se puede "retirar" y listo, pero no funciona así. En causas tan sensibles como abuso, una vez que la denuncia entra en la Justicia, el fiscal no puede mirar para otro lado, tiene que investigar qué pasó. Aunque la persona que denunció después se arrepienta o quiera dar marcha atrás, eso no borra automáticamente la causa. Puede ser un dato importante, sí, pero no alcanza por sí solo para apagar todo.

Por eso perseguir las falsas denuncias no es ir contra las víctimas, es defenderlas del uso más cínico de su causa. Porque cuando la mentira no tiene costo, el sistema se pudre. Y cuando el sistema se pudre, gana el extorsionador, gana el manipulador, gana el que usa una acusación gravísima como arma de negociación. Los demás pierden todos.

La discusión de fondo no es si hay que creerle a alguien por reflejo o descreer por deporte, la discusión de fondo es si vamos a seguir tolerando que una denuncia penal sea usada como método de destrucción personal. Si la respuesta es sí, entonces dejemos de hablar de Justicia y empecemos a llamarlo por su nombre: un mecanismo de apriete con sello estatal.

Denunciar una falsa denuncia no ataca a las víctimas reales, las protege de los que usan su dolor como coartada para mentir.

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