Adiós a Francisco

El arte como motor transformador del mundo: cuál era el vínculo del Papa Francisco con la cultura

Desde su etapa como docente hasta su trayectoria como sumo pontífice, Jorge Bergoglio siempre creyó que el arte era una de las máximas herramientas que tiene el ser humano para transformar la realidad que le rodea.
En varias ocasiones el Papa expresó su enorme vínculo con el arte, al que consideraba fundamental para la vida del ser humano. .
Julieta Andrade 28-04-2025
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Ante la consulta de qué rol cumple el arte en la búsqueda del sentido en el Encuentro Internacional del Sentido, el papa Francisco respondió que "abre horizontes, te hace comprensivo y te aligera el corazón". "Sólo una cosa no hay. Es el olvido. Dios, que salva el metal, salva la escoria y cifra en Su profética memoria las lunas que serán y las que han sido", concluyó su respuesta recitando el texto Everness de Jorge Luis Borges.

El papa que llegó del fin del mundo trajo consigo un bagaje cultural y espiritual que le fue propio de la educación pública de nuestro país. "Me educó el pueblo argentino, con sus riquezas y sus contradicciones. Heredé todo. Toda mi educación se la debo a Argentina, a la escuela pública argentina, a la sociedad argentina", declaró una vez en una entrevista con Jorge Fontevecchia. 

Con formación en tecnicatura química de alimentos, pero también diplomado en Humanidades y Filosofía y Teología, durante casi toda su vida Bergoglio se encargó de profesar. Ya a los 28 años de edad daba clases de Literatura en el colegio jesuita de Santa Fe, y es de aquella época en la que nace la anécdota con Jorge Luis Borges, a quien invitó para que brinde una charla frente a sus alumnos. 

Jorge Bergoglio junto a Jorge Luis Borges. 

El escritor de Ficciones El Aleph se mostró interesado desde el primer momento. Así lo relata Bergoglio en Esperanza, su libro autobiográfico: "Admiré y estimé mucho a Borges, me impresionaban la seriedad y la dignidad con las que vivía la existencia. Era un hombre muy sabio y muy profundo. Cuando, con apenas veintisiete años, me convertí en profesor de Literatura y Psicología del colegio de la Inmaculada Concepción de Santa Fe, impartí un curso de escritura creativa para los alumnos y decidí mandarle, por mediación de su secretaria, que había sido mi profesora de piano, dos cuentos escritos por los chicos. Yo parecía aún más joven de lo que era en realidad, tanto que los estudiantes me habían puesto el apodo de Carucha, y Borges era, en cambio, uno de los autores más reconocidos del siglo XX. No obstante, mandó que se los leyeran —ya estaba prácticamente ciego— y además le gustaron mucho. Lo invité incluso a dar algunas clases sobre el tema de los gauchos en la literatura y él aceptó; podía hablar de cualquier cosa, y nunca se daba aires. Con sesenta y seis años, se subió a un autobús e hizo un viaje de ocho horas, de Buenos Aires a Santa Fe. En una de aquellas ocasiones llegamos tarde porque, cuando fui a buscarlo al hotel, me pidió que lo ayudara a afeitarse. Era un agnóstico que cada noche rezaba un padrenuestro porque se lo había prometido a su madre, y antes de morir recibió los sacramentos. Solo un hombre de espiritualidad podía escribir palabras como estas".

Abel y Caín, texto de Jorge Luis Borges.

Además manifestó su admiración por otros autores como Marcel Proust, T.S. Eliot, Dante Alighieri y Fiódor Dostoievski, sobre todo de obras comoLa divina comediayLos hermanos Karamazov. Su interés por la literatura se ve reflejado en la carta que escribió en 2024 en la que habla sobre el papel de la literatura en la maduración personal. En esta explica que "encontrar un buen libro de lectura llega a ser como un oasis que nos aleja de otras actividades que no nos hacen bien" por lo que la literatura tiene que ver, de un modo u otro, "con lo que cada uno de nosotros busca en la vida, ya que entra en íntima relación con nuestra existencia concreta, con sus tensiones esenciales, su deseos y significados". 

En ella, además, se refiere a las lecturas que suelen considerarse 'obligatorias' o que son autoimpuestas por su influencia en la literatura. Allí cita a Borges cuando le dijo a sus estudiantes que aunque lean libros que no entiendan mucho al principio, al menos habrían escuchado "la voz de alguien". El papa sostiene que no hacerlo supone un peligro porque "caemos rápidamente en el aislamiento, entramos en una especie de sordera 'espiritual', que incide negativamente también en la relación con nosotros mismos y en la relación con Dios, más allá de cuanta teología o psicología hayamos podido estudiar". 

"Esto lo aprendí desde joven, con mis estudiantes. Entre el 1964 y 1965, con 28 años, fui profesor de literatura en Santa Fe, en un colegio jesuita. Enseñaba los dos últimos años de bachillerato y tenía que asegurarme de que mis alumnos estudiaran El Cid. Pero a los chicos no les gustaba. Pedían leer a García Lorca. Así que decidí que estudiarían El Cid en casa, y durante las clases trataría a los autores que más les gustaban a los chicos. Por supuesto, ellos querían leer obras literarias contemporáneas. Pero a medida que leían esas cosas que les atraían en ese momento, fueron teniendo un gusto más general por la literatura, por la poesía, para luego pasar a otros autores. En definitiva, el corazón sigue buscando, y cada uno encuentra su propio camino en la literatura. A mí, por ejemplo, me encantan los artistas trágicos, porque todos podríamos sentir sus obras como propias, como expresión de nuestros propios dramas. Llorando por el destino de los personajes, lloramos en el fondo por nosotros mismos y nuestro propio vacío, nuestras propias carencias, nuestra propia soledad. Por supuesto, no les pido que lean lo mismo que yo he leído. Cada cual encontrará aquellos libros que digan algo a su propia vida y se conviertan en verdaderos compañeros de viaje. No hay nada más contraproducente que leer algo por obligación, haciendo un esfuerzo considerable sólo porque otros han dicho que es imprescindible. No, debemos seleccionar nuestras lecturas con disponibilidad, sorpresa, flexibilidad, dejándonos aconsejar, pero también con sinceridad, tratando de encontrar lo que necesitamos en cada momento de nuestra vida", continúa en la carta.

Esperanza es la primera autobiografía de un pontífice que se publica en la historia.

El cine, "la catequesis de la mirada"

Para Francisco, el séptimo arte era una herramienta asociada a la belleza que servía para "unir a la gente", además de "una pedagogía para los ojos que cambia nuestra mirada miope, acercándola a la mirada de Dios mismo".

En 2019, en un encuentro con representantes de la Asociación Católica de Operados Cinematográficos afirmó que las tres tareas fundamentales a las que debía comprometerse toda persona vinculada al cine son la comunión, la creatividad y la visión. También confesó que le debía la cultura cinematográfica a sus padres, de quienes heredó el amor por el neorrealismo italiano, un movimiento cinematográfico surgido en la Italia de posguerra luego de la Segunda Guerra Mundial. Según él, estas películas presentan la realidad "con toda su crudeza, a través de una mirada que compromete, que conmueve las entrañas, que suscita compasión". Entre sus obras favoritas se encuentran Roma, ciudad abierta (1945) de Roberto Rossellini, Los inútiles (1953) y La Strada (1954) de Federico Fellini, además de La fiesta de Babette (1987) de Gabriel Axel

La Strada (1954) de Federico Fellini, una de las películas favoritas del papa Francisco.

Ya durante su papado su relación con el cine continuó forjándose aún más. A principios de 2024 Martin Scorsese visitó el Vaticano para mostrarle sus avances con la película de Jesús, film del que se inspiró luego de un encuentro previo con el Santo Padre en el que debatieron sobre cine y catolicismo.

A pesar de que en 1988 estrenó La última tentación de Cristo protagonizada por William Dafoe, el director de Taxi DriverBuenos Muchachos ahora busca contar su historia en tiempos contemporáneos para realizar una reinterpretación de su vida. 

"Intenté encontrar con Kundun La última tentación de Cristo, incluso con Pandillas de Nueva York, hasta cierto punto, caminos hacia la redención, la condición humana y cómo lidiamos con lo negativo que llevamos dentro. ¿Somos decentes y luego aprendemos a ser indecentes? ¿Podemos cambiar? ¿Aceptarán los demás ese cambio? Y realmente es, creo, el miedo a una sociedad y una cultura que está corrompida por su falta de fundamento en la moral y la espiritualidad. No la religión. La espiritualidad. Negar eso. Así que para mí se trata de encontrar mi propio camino en un... si quieres usar el término 'religioso' en sentido, pero odio usar ese lenguaje, porque a menudo se malinterpreta. Pero hay creencias fundamentales básicas que tengo, o que intento tener, y estoy usando estas películas para encontrarlas", sostuvo el director.

Jesús es una adaptación del libro A Life of Jesus del escritor Shusaku Endo, quien también escribió Silencio, el cual Scorsese llevó a la pantalla grande en 2016 sobre la historia de dos jesuitas (Adam Driver y Andrew Garfield) que viajan a Japón para salvar a su mentor (Liam Neeson), quien marchó a Asia para evangelizar a la población pero ha perdido la fe. La película, que ya cuenta con el guión pero aún no tiene prevista fecha de rodaje, tendrá una duración aproximada de 80 minutos, siendo este uno de sus largometrajes más cortos ya que busca hacer algo "más accesible" para eliminar "la carga negativa que se ha asociado con la religión organizada". 

William Dafoe en La última tentación de Cristo (1988) dirigida por Martin Scorsese.

"Hay mucho que decir sobre la importancia del Papa Francisco y todo lo que significó para el mundo, para la Iglesia y para el papado. Fue, en todos los sentidos, un ser humano extraordinario. Reconoció sus propios defectos. Irradiaba sabiduría. Irradiaba bondad. Tenía un compromiso férreo con el bien. Sabía en el fondo de su alma que la ignorancia era una terrible plaga para la humanidad. Por eso nunca dejó de aprender. Y nunca dejó de iluminar. Y abrazó, predicó y practicó el perdón. Un perdón universal y constante. La pérdida para mí es profunda; tuve la suerte de conocerlo, y extrañaré su presencia y su calidez. La pérdida para el mundo es inmensa. Pero dejó una luz, y nunca se apagará", declaró Scorsese en un comunicado que difundió IndieWire.

En su última audiencia con el papa Francisco, el director Martin Scorsese le mostró los avances de su próxima película sobre Jesús.

Pero no solo estuvo detrás de la pantalla, sino que también se convirtió en el protagonista de grandes historias. En 2018 trabajó junto a Wim Wenders (Paris, Texas, Días perfectos), quien lo dirigió en El papa Francisco: un hombre de palabraEl objetivo del cineasta alemán no era hacer una película biográfica sobre Francisco, sino una con él. Es por esto que a lo largo del documental el espectador sigue al sumo pontífice en todas sus actividades: sus discursos en las Nacionales Unidas y en el Senado estadounidense, sus viajes a las favelas y centros de detención, y sus reuniones con distintos mandatarios. 

Wim Wenders junto al papa Francisco en el rodaje de El Papa Francisco: un hombre de palabra. El documental fue presentado en el 71° Festival de Cannes.

Además, en 2018 se publicó el libro La sabiduría del tiempo, un proyecto global impulsado por Francisco para promover el diálogo entre jóvenes y ancianos, compartiendo sus experiencias de vida con el fin de que viejas y nuevas generaciones "caminen juntas". En uno de esos encuentros el Santo Padre dejó, entre tantas otras, la siguiente reflexión: 

"Hay un icono que proviene del Monasterio de Bose, que se llama 'La santa comunión', es un joven monje que lleva a un anciano, lleva adelante los sueños de un anciano, y no es fácil, vemos que le cuesta. En esta imagen tan bonita vemos a un joven que ha sido capaz de llevar consigo  los sueños de los ancianos y los ha sacado adelante, para hacerlos fructificar. Esto quizás sirva de inspiración. No puedes llevar contigo a todos los ancianos, pero sí a sus sueños y  éstos llevarlos adelante llévalos, que te hará bien. No te limites a escucharlos, a escribirlos, no: tomarlos y sacarlos adelante. Y esto cambia tu corazón, esto te hace crecer, esto te hace madurar. Es la madurez propia de un anciano. Ellos, en sus sueños, también te dirán lo que hicieron en la vida; te contarán los errores, los fracasos, los éxitos, te lo dirán. Tómalo. Toma toda esta experiencia de vida y sigue adelante. Este es el punto de partida. "¿Qué les diría a los jóvenes que quieren tener confianza en la vida?": Toma sobre ti los sueños de los ancianos y hazlos avanzar. Esto te hará madurar".

En base a este libro, tres años después Netflix estrenó una serie documental de cuatro episodios en los que se narran las historias de vida de personas de más de 70 años, y que tiene de protagonistas al papa Francisco, Martin Scorsese y Estela de Carlotto, entre otros.

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