Hallazgo

Detectan atrofia cerebral leve en pacientes con COVID persistente en Argentina

Investigadores argentinos detectaron atrofia leve en áreas cerebrales de pacientes con COVID prolongado. Buscan biomarcadores que permitan diagnóstico precoz.
Cerebro, memoria y COVID: las nuevas pistas sobre el Long COVID y el deterioro cognitivo
18-06-2025
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Hace cinco años, la pandemia de COVID-19 reveló un impacto profundo en el cerebro, incluso en casos leves o moderados. Investigadores del Conicet y la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) han identificado atrofia leve y cambios estructurales en regiones cerebrales vinculadas a funciones ejecutivas y atención en pacientes con síntomas persistentes. Estas alteraciones, más marcadas en personas no vacunadas, afectan a unos 400 millones de individuos globales que experimentan COVID prolongado, caracterizado por fatiga, niebla mental, dolores musculares, falta de aire y problemas de memoria.

En 2023, un estudio liderado por Martín Belzunce, publicado en BMC Neurology, analizó resonancias magnéticas de 137 personas, 109 con síntomas persistentes. Los resultados mostraron reducción del grosor cortical en áreas como el cerebelo y el precúneo, regiones también afectadas en enfermedades como el Alzheimer. Aunque las pruebas cognitivas no revelaron un deterioro significativo, sí se detectó una leve disminución en la velocidad de ejecución. Los investigadores advierten que estas alteraciones no confirman una enfermedad neurodegenerativa, pero sugieren efectos sistémicos que requieren mayor investigación.

El estudio destaca la importancia de las neuroimágenes para detectar cambios cerebrales. Los análisis de materia gris y blanca permitieron estimar el volumen y espesor cortical, revelando signos tempranos de atrofia. Los participantes, reclutados en San Martín a través del Ministerio de Salud de Buenos Aires, mostraron quejas cognitivas más frecuentes entre los no vacunados. A pesar de la ausencia de diferencias marcadas en pruebas neuropsicológicas, las imágenes confirmaron alteraciones estructurales que podrían reflejar un impacto más amplio en la salud cerebral.

La segunda etapa de la investigación, financiada por la Organización Internacional de Investigaciones del Cerebro (IBRO), busca biomarcadores no invasivos en saliva para diagnosticar el COVID prolongado. Liderada por Belzunce y Marcela Brocco, esta fase integra neuroimágenes, pruebas cognitivas y mediciones de biomarcadores de salud mental. El objetivo es desarrollar una herramienta diagnóstica que identifique a personas en riesgo y evalúe tratamientos, abordando la complejidad de un síndrome que afecta la calidad de vida de millones de personas.

A nivel global, estudios como el de la Universidad de Pittsburgh en 2023 han corroborado la presencia de neuroinflamación persistente y alteraciones en la sustancia blanca en pacientes no vacunados con infecciones leves. Estas investigaciones subrayan la magnitud del COVID prolongado, un conjunto de más de 200 síntomas que afecta al 18-36% de los casos con problemas neurocognitivos. La comunidad científica plantea interrogantes sobre las secuelas a largo plazo, incluyendo un posible aumento del riesgo de demencia o deterioro cognitivo, incluso en personas asintomáticas.

Aunque el origen del COVID prolongado sigue sin definirse —con hipótesis que incluyen disfunciones inmunológicas o reacciones autoinmunes—, la necesidad de marcadores objetivos y estrategias terapéuticas es urgente. Los especialistas coinciden en que no es una sola enfermedad, sino un fenómeno complejo con implicaciones neurológicas significativas. A medida que se acumulan evidencias, la investigación argentina y global busca mitigar el impacto de un problema que, cinco años después, continúa desafiando a la ciencia médica. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar

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