Series, películas y un homenaje: qué ver este finde en HBO Max, Flow, Netflix y YouTube
Una selección especial con las mejores series y películas, que incluye también estrenos en salas de cine.
Estas son las series y películas para ver en el fin de semana en Netflix , HBO Max, Flow y YouTube.
1. Película para ver en HBO Max: Aprendiz del asesino serial
Este documental de HBO Max no se limita al relato cronológico de los crímenes de Dean Corll y sus cómplices, sino que se adentra con crudeza en la mente de uno de sus protagonistas: Elmer Wayne Henley Jr., el adolescente que pasó de ser víctima potencial a reclutador y asesino, y que finalmente mató al propio Corll para poner fin a la pesadilla. Con la guía de la doctora Katherine Ramsland, experta en criminología y psicología forense, el film articula una entrevista que es, al mismo tiempo, confesión y autopsia emocional. No se eluden detalles escabrosos: habla de cuerpos enterrados en cal, de tablones manchados de sangre, de víctimas maniatadas con cuerdas y esposas improvisadas, y de cómo cada escena del crimen, reconstruida a partir de la investigación policial, es un testimonio del poder de manipulación y violencia que ejerció Corll.
Los detalles del caso, diseminados entre el testimonio y los archivos, le dan al film un peso histórico. Se recuerdan los 28 cuerpos hallados en fosas clandestinas, las edades de las víctimas —muchos de ellos apenas adolescentes— y la ciudad de Houston convertida en un escenario de horror silencioso entre 1970 y 1973. Henley, que tenía solo 17 años cuando comenzó su colaboración, narra con claridad la logística: conducir la furgoneta, atraer a chicos, atar muñecas con cordones eléctricos, y, a veces, presenciar violaciones y torturas sin intervenir. No hay romanticismo ni indulgencia en su relato; el documental muestra que el horror puede ser sistemático y que el silencio cómplice es tan devastador como la violencia misma.
El argumento se despliega como un estudio clínico que encuentra en el relato de Henley una combinación desconcertante de frialdad y arrepentimiento. La doctora Ramsland -que recuerda por su apariencia a Barbra Streisand en El príncipe de las mareas-, con paciencia quirúrgica, lo lleva a revivir episodios que hielan la sangre: las promesas de dinero o marihuana a los jóvenes que él mismo llevaba a la casa de Corll, los momentos en que escuchaba gritos apagados mientras miraba hacia otro lado, y las noches en que el asesino lo hacía participar en la inmovilización de amigos que luego serían torturados. La cámara, sobria pero implacable, no muestra lo escabroso, pero las palabras bastan para construir imágenes mentales intensas: víctimas desnudas en tablas de tortura, bolsas de cal cubriendo restos, la tensión en una habitación que olía a sudor, metal y miedo.
La doctora Ramsland no se limita a entrevistar; disecciona. Su rol es el de psiquiatra y detective moral, analizando las fisuras de un joven que, atrapado en un juego de control psicológico, aprendió a convivir con la violencia hasta que una noche, enfrentado a su propia muerte, disparó seis veces contra el hombre que lo había convertido en cómplice. La película dedica tiempo a las tácticas de grooming y coacción de Corll: la creación de una red de mentiras sobre supuestas mafias sexuales, el uso del miedo como herramienta, y la promesa de un falso sentido de pertenencia. Ramsland acuña un concepto preciso para Henley: "acompañante complaciente", alguien que no nació criminal, pero que permitió que la manipulación lo arrastrara, con un grado de voluntad que hace imposible borrar la culpa.
El resultado es un relato que, más allá del morbo, invita a pensar en la delgada línea entre víctima y victimario, y en cómo la manipulación puede convertir el miedo en obediencia y el trauma en acción. Ramsland logra que el espectador escuche a Henley con repulsión y compasión a la vez, entendiendo que la mente humana puede ser moldeada por el terror y la necesidad de pertenecer. Al cierre, queda claro que la justicia ha sido implacable: Henley sigue cumpliendo seis condenas consecutivas de 99 años, y su rostro envejecido es un recordatorio de que algunas decisiones se pagan de por vida.
Muy recomendada.
2. Serie para ver en Flow: Bookish
Bookish, la reciente producción inglesa creada y protagonizada por Mark Gatiss, es un drama policial que combina el encanto del misterio clásico con una sensibilidad contemporánea, plagada de chanzas cultas y placeres cinéfilos. Ambientada en el Londres de 1946, en un país aún marcado por las heridas de la guerra, la serie sigue a Gabriel Book, un hombre de razonamientos e intuiciones extraordinarias que ahora regenta una librería de antigüedades y que, gracias a su erudición y pasado secreto, colabora con la policía para resolver crímenes complejos. La trama se estructura en tres historias principales, cada una dividida en dos episodios, y ofrece un equilibrio entre intriga, emoción y una mirada nostálgica al pasado. Hay un componente afectivo profundo, ya que el drama de la posguerra, con su niebla, escasez de alimentos y tensiones sociales, se filtra en cada caso, dotando a la serie de una textura emocional que trasciende al género.
El corazón de la serie reside en sus personajes. Book es un hombre de conducta excéntrica que oculta muchas cosas tras un matrimonio de conveniencia con Trottie, interpretada por Polly Walker, cuya presencia aporta calidez y complicidad a la trama. Esta relación, más allá de la fachada, muestra una amistad inquebrantable y un pacto de cuidado mutuo en tiempos hostiles para la diversidad sexual. A su alrededor giran figuras que aportan matices y conflicto: Jack, un joven ex convicto que encuentra en la librería un refugio y una nueva brújula moral; el inspector Bliss, que aporta el rigor del procedimiento policial; y Nora, una joven impredecible que introduce frescura y desorden. La serie también brilla por su galería de actores invitados, como Daniel Mays, Joely Richardson (la hija sobreviviente de Vanessa Redgrave) y Paul McGann, que enriquecen cada caso con interpretaciones sólidas.
En cuanto a producción, Bookish se destaca por su rigor estético y cuidado en la reconstrucción histórica. El Londres de posguerra se recrea con detalle: desde los escaparates de librerías llenos de primeras ediciones hasta las calles húmedas con neblina, los alimentos racionados y la vestimenta que refleja austeridad y elegancia. La fotografía mezcla los claroscuros del film noir (con numerosos planos inclinados para exteriorizar los picos emocionales de los personajes) con una gama de colores cálidos y vibrantes, una mixtura que Gatiss y la directora Carolina Giammetta utilizan para evocar una época de sombras y resiliencia. A diferencia de mucho drama británico con puestas en escena estólidas, aquí la cámara no deja de moverse con tino, y la música y el diseño sonoro acompañan el tono entre melancólico y vivaz, creando un mundo que se siente verosímil pese a su articiosidad.
Para aquellos que gocen de los productos sofisticados, Bookish ofrece un banquete no exento de ironía y sutilezas.
Imperdible.
3. Serie para ver en Netflix: Rehén
Rehén es la clase de serie que promete un thriller político de alto voltaje y termina siendo más un elegante entretenimiento pasajero. La historia arranca fuerte: la Primera Ministra británica ve cómo su familia se convierte en moneda de cambio en medio de una crisis nacional. Entre protestas, conspiraciones y chantajes, todo parece encaminado a una bomba narrativa... hasta que uno se da cuenta de que el GPS de la trama no siempre sabe adónde va.
El elenco es su mayor carta. Suranne Jones aporta presencia y tensión, mientras Julie Delpy agrega ese aire sofisticado de rivalidad diplomática que podría convertirse en amistad si no fuera por el drama internacional de fondo. El resto de los actores acompaña con solidez, aunque claramente la serie está construida para el lucimiento de sus dos protagonistas, que cargan con el peso de cada giro, por más rebuscado que parezca.
A nivel de guion, hay momentos que brillan y otros que se pierden en vueltas innecesarias. Lo que podría ser una intriga densa y ambiciosa se convierte por momentos en un laberinto más interesado en el suspenso inmediato que en el trasfondo político que promete. Eso sí, se las arregla para mantener el interés gracias a la brevedad de sus episodios, que no dejan tiempo para aburrirse.
La producción es un tanto escasa de medios. Escenarios pulidos, un uso efectivo de la música y escenas de acción que no buscan reinventar el género, pero cumplen con lo que se espera. Hay incluso momentos de espectacularidad que parecen diseñados para que el espectador sienta que está viendo algo más grande de lo que realmente es.
En definitiva, Rehén es un thriller político que entretiene, pero rara vez sorprende. Funciona como un pasatiempo elegante, sus cuatro episodios son ideales para maratonear en una tarde, pero no deja demasiada huella. Tiene actuaciones sólidas y momentos de tensión, pero la falta de profundidad y la tendencia a simplificar lo complejo la alejan de la contundencia que parecía prometer.
Recomendada... hasta ahí.
4. Especial para ver en YouTube: Sandra Mihanovich celebró 400 emisiones de su programa Soy Nacional con un homenaje a María Elena Walsh
Sandra Mihanovich celebró los 400 programas de Soy Nacional -espacio que conduce habitualmente por Radio Nacional- con un homenaje coral a María Elena Walsh, donde la cantante subrayó la importancia de la artista como "pilar fundamental de nuestra cultura". El evento, transmitido simultáneamente el sábado 23 de agosto por AM 870, Nacional Rock y La Folklórica, reunió a músicos de distintas generaciones que resignificaron el repertorio de Walsh y consolidaron su vigencia. Más que un festejo, el encuentro se presentó como un acto de memoria cultural: uniendo público, intérpretes y obra, se puso de relieve la fuerza de la música y la literatura de Walsh, tanto para el público infantil como para adultos, destacando su compromiso con la reflexión social y el feminismo.
El primer bloque del homenaje -siempre con el acompañamiento pianístico de Lito Vitale- estuvo marcado por la voz de Jairo, que abrió la jornada con El valle y el volcán, mostrando su conexión personal con el legado de Walsh, con quien trabara relación en 1972. A continuación, Hilda Lizarazu interpretó Los ejecutivos, aportando su característico desparpajo, mientras Juan Carlos Baglietto hizo brotar más de una lágrima con Serenata para la tierra de uno. Mía Folino, hija de Lizarazu, expresó con inigualable dulzura Canción para bañar la luna, y la legendaria Marilina Ross se encargó de Chacarera de los gatos, tras rememorar su encuentro con la autora durante las emisiones del programa de Pepe Biondi en 1968, en donde les puso cuerpo y voz a varios de sus temas infantiles. Sandra Mihanovich cerró esta primera sección con Para los demás, y el primer broche grupal llegó con El twist del Mono Liso, interpretado por todo el elenco, consolidando el espíritu comunitario y festivo del encuentro, que tenía en su modesta y simple puesta en escena las desprolijidades y ocurrencias de una reunión entre amigos.
El segundo tramo del homenaje se abrió con Diego Topa cantando El brujito de Gulubú, seguido por Micaela Vita en Canción del jardinero, donde su interpretación delicada y afable destacó los matices poéticos de Walsh. Lula Bertoldi ofreció su versión de Réquiem de madre, imprimiendo un tono intenso y conmovedor que produjo una hondonada emocional. La anfitriona, Sandra, retomó el escenario con Sin señal de adiós, zamba que la autora compuso para su compañera en la vida, la reconocida fotógrafa Sara Facio. La diversidad interpretativa y generacional permitió que cada canción adquiriera una nueva dimensión, mostrando la riqueza del cancionero de la autora y la generosidad de nuestros intérpretes al presentarse tras un llamado telefónico de la dueña de casa.
El cierre del homenaje incluyó intervenciones de Emme, quien cantó Duermo en el aljibe, y Julia Zenko con Como la cigarra, mostrando cómo Walsh pudo conectar con distintas sensibilidades y estilos musicales. Finalmente, el grupo aunó sus voces nuevamente para interpretar Manuelita, canción emblemática de nuestro acervo, que sintetizó el espíritu de la celebración y la idea de comunidad artística que Mihanovich quiso enfatizar. Cada intervención mostró respeto y admiración por la obra, al tiempo que permitió que cada artista imprimiera su sello personal, reafirmando la vigencia de Walsh como referente cultural.
Imperdible.
5. Película para ver en YouTube: Martín (H)
Hay films nacionales que todavía reverberan, realizados con materiales nobles que les permiten resonancias insospechadas. Martín (H) es uno de ellos. Dirigido por Adolfo Aristarain en 1997, durante la segunda presidencia de Carlos Menem, es una de esas películas que no solo cuenta una historia, sino que también funciona como manifiesto generacional y reflexión sobre el cine mismo. El argumento se construye como una cebolla, en varias capas: la relación conflictiva entre Martín, un director de cine argentino que vive en España, y su hijo adolescente, que decide reencontrarse con él tras años de distancia. A través de ese vínculo roto, la película despliega un diálogo sobre la identidad, la paternidad, la pertenencia y la imposibilidad de escapar de los orígenes. Entre conversaciones íntimas, choques ideológicos y paseos por Madrid y Buenos Aires, Aristarain logra convertir un drama familiar en un mapa afectivo y cultural.
El director venía de una filmografía muy particular: después de explorar el policial (La parte del león, Tiempo de revancha, Últimos días de la víctima) y el melodrama intimista (Un lugar en el mundo), aquí se decanta por una estructura más libre, casi de ensayo personal. El estilo es sobrio, con una cámara que privilegia el diálogo y los gestos por sobre la acción, y que confía en la palabra como vehículo emocional. Se nota su gusto por el cine clásico (el personaje de Isak Borg en Cuando huye el día de Ingmar Bergman es una referencia ineludible en la construcción de Martín), pero también su necesidad de dialogar con un contexto argentino atravesado por la diáspora, la desilusión política y la búsqueda de sentido. La película parece hablarle tanto a un público cinéfilo como a quienes cargan con el desarraigo.
El elenco es uno de sus mayores aciertos. Federico Luppi, actor fetiche de Aristarain, encarna al padre con la mezcla justa de rigidez y desorientación, un hombre cuya inteligencia no lo salva de sus torpezas emocionales, digno representante de un modelo de masculinidad de otras épocas. Juan Diego Botto aporta frescura y vulnerabilidad como el hijo que intenta comprender a alguien que siempre estuvo ausente. Cecilia Roth ofrece una de sus mejores interpretaciones: su Alicia es una de esas mujeres que aman demasiado, desaforada de a ratos, melancólica tras toparse ante la muda indiferencia de su pareja, y, además, funciona como mediadora afectiva y como testigo silenciosa de las tensiones entre padre e hijo. Su presencia suaviza y humaniza el relato, y cada una de sus escenas aporta un brillo incandescente. Eusebio Poncela, por su parte, compone a Dante, el amigo gay y cómplice intelectual de Martín, con una ironía elegante y una intensidad serena, aportando humor, lucidez y cinismo en partes iguales; su personaje -un practicante de todos los excesos con límites- funciona como una voz que contrapesa y complementa el universo emocional de la historia.
Martín (H) no excluye numerosas bajadas de línea con las que uno puede acordar, pelearse o discrepar, pero es un film narrado sólidamente y con una temática por demás madura. Aristarain, como el viejo John Ford, dota a su Martín de un viejo manual sobre cómo debe ser un hombre y permite, a través de portentosos diálogos y diatribas, que los asedios de un hijo que buscar un lugar en que afirmarse, de una mujer que intenta torpedear esa coraza indestructible, y de un amigo que conoce los falsos zurcidos de la costura de esa armadura lo pongan en duda. Aquí les dejo una de esas parrafadas inolvidables, proferida por un Luppi en estado de gracia, hacia el personaje de un hijo que elegirá apostar por su país:
"Cuando se tiene la chanza de irse a Argentina es algo que hay que aprovechar. Es un país donde no se puede ni se debe vivir. Te hace mierda. Si te lo tomás en serio, si pensás que puedes hacer algo para cambiarlo, te hace mierda (...) La Argentina es otra cosa. No es un país, es una trampa. Alguien inventó algo como la zanahoria del burro. Lo que vos dijiste, puede cambiar. La trampa es que te hacen creer que puede cambiar. Lo sentís cerca, ves que es posible, que no es una utopía, es ya, mañana. Y siempre te cagan. Vienen los milicos y matan 30.000 tipos. Hoy viene la democracia y las cuentas no cierran y otra vez a aguantar y a cagarse de hambre (...) y encima te dicen que todos somos culpables. Son muy hábiles los fachos. Son unos hijos de puta, pero hay que reconocer que son inteligentes. Saben trabajar a largo plazo".
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