Estas son las series y películas para ver en el fin de semana en Netflix, Paramount Plus, Mercado Play y cines
Película para ver en el cine: Emilia Pérez
Jacques Audiard, reconocido por films como Lee mis labios, El latido de mi corazón y Un profeta, dirige este musical que narra la historia de Manitas Del Monte (Karla Sofía Gascón), un capo de cártel mexicano que, tras su fachada intimidante, oculta un profundo secreto: se identifica como mujer y sueña con abandonar el violento mundo del narcotráfico. Para lograrlo, contrata a Rita (Zoe Saldaña), una abogada frustrada que acepta el encargo de localizar a un cirujano que le permita a Manitas realizar su transición de género y comenzar una nueva vida como Emilia Pérez.
Audiard no se limita a contar una historia de redención y reinvención personal. El director convierte el relato en una amalgama de géneros cinematográficos que transita desde el thriller criminal hasta la sátira política, pasando por el melodrama. Todo esto se mezcla con números musicales que oscilan entre lo llamativo y lo surrealista. Un ejemplo notable es una secuencia en una clínica de Bangkok, donde el personal médico canta términos quirúrgicos como "mamoplastia" y "vaginoplastia" mientras realizan un despliegue coreográfico inspirado en Busby Berkeley, célebre director de musicales de la época dorada de Hollywood.
El tono de la película es igualmente cambiante. Mientras los momentos musicales aportan energía, ira, ligereza, romanticismo y humor, la trama aborda temas serios como la violencia del narcotráfico y el olvido de sus víctimas. Sin embargo, estas cuestiones —como es habitual en el género musical— se tratan de manera superficial y con un enfoque de fantasía que trivializa el contexto real. Es evidente que el director no ha considerado excepciones como Cabaret (Bob Fosse, 1972) y Nashville (Robert Altman, 1975), donde no se suavizaban temas como el ascenso del nazismo o el vacío de valores en la democracia estadounidense tras el caso Watergate y la derrota en Vietnam, respectivamente.
Karla Sofía Gascón sobresale como Emilia, dotando al personaje de una elegancia imponente y una vulnerabilidad conmovedora que la convierten en el corazón del filme. Su actuación trasciende las rarezas del guion, aportando una profundidad emocional que a menudo se diluye en el espectáculo. Zoe Saldaña, por su parte, brilla como Rita, destacándose especialmente en los números musicales que combinan ira e intensidad. Selena Gómez, en el papel de Jessi, la esposa abandonada de Manitas, aporta una actuación electrizante que oscila entre lo cómico y lo dramático, robándose cada escena en la que aparece.
A pesar de sus giros inesperados y decisiones narrativas arriesgadas, Emilia Pérez sufre de un ritmo acelerado y un enfoque disperso que dificultan una conexión emocional más profunda con los personajes. Las elipsis narrativas dejan preguntas clave sin respuesta, como la magnitud del pasado violento de Manitas o el impacto real de su transformación en Emilia.
Audiard adorna la película con temas de identidad, género y empoderamiento femenino, aunque su enfoque es más estético que sustancial. La representación de México, filmada mayoritariamente en un estudio francés y sin actores mexicanos en los roles principales, refuerza la percepción de que el país es utilizado como un mero escenario exótico para la fantasía.
A pesar de que no es para todos los gustos, Emilia Pérez ha conseguido llamar la atención: sus actrices recibieron el premio a la mejor interpretación femenina en el Festival de Cannes, ganó 5 Globos de Oro y se perfila como una contendiente destacada en la próxima temporada de premios Oscar.
Recomendada.
Película para ver en el cine: Un dolor real
Dos primos que fueron muy unidos durante su infancia intentan reconectar a través de un viaje a Polonia, donde planean visitar la tierra natal de su abuela, una sobreviviente del Holocausto.
Jesse Eisenberg (La red social, Zombieland), quien también dirige el filme, interpreta a David Kaplan, un neoyorquino que trabaja en la venta de anuncios digitales y encuentra su refugio en la vida familiar junto a su esposa y su hijo en su departamento neoyorquino. Por su parte, Benji (Kieran Culkin) es un joven que nunca logró asentarse en un camino definido y tenía un vínculo muy cercano con la abuela.
El contraste en los estilos interpretativos de Eisenberg y Culkin es clave para la película. Ambos dan vida a personajes atrapados en una lucha interna, aunque con expresiones muy distintas. David se muestra frío, reservado y calculador, mientras que Benji es impulsivo, volátil y dado a explosiones emocionales. Culkin aporta su característico desenfreno, evocando matices de su actuación como Roman Roy en la serie Succession, pero aquí con una humanidad más palpable. Su Benji, aunque irritante en ocasiones, posee una habilidad innata para conectar con quienes lo rodean, una cualidad que contrasta con la torpeza social de David.
Entre los compañeros de viaje, interpretados por un elenco que incluye a Jennifer Grey (Dirty Dancing), Will Sharpe y Kurt Egyiawan, Benji sobresale como el generador de caos y disfrute a partes iguales.
La película, filmada en locaciones reales de Polonia, como el campo de concentración de Majdanek, captura de manera realista un país marcado por su traumática historia. Las imágenes de Varsovia, Lublin y el paisaje rural, lejos de romantizarse, reflejan una crudeza visual que enriquece la carga emocional del relato. La dirección de fotografía, a cargo de Michal Dymek, acentúa la sensación de claustrofobia emocional que Eisenberg busca transmitir, aprovechando el contraste entre los vastos escenarios abiertos y los conflictos internos de los personajes.
Aunque Un dolor real ofrece momentos de profunda introspección y un humor discreto, en ocasiones recurre a patrones predecibles que la acercan al estilo de las comedias de Neil Simon, como Extraña pareja (1968) o Forasteros en Nueva York (1970). En ellas, personajes neuróticos se enfrentan a situaciones que los desbordan emocionalmente en entornos desconocidos.
Con todo, la película logra, a su manera, explorar el significado de heredar un legado de sufrimiento, enfrentarlo y encontrar algo auténtico en medio de las complejidades de la vida. Y los personajes consiguen conectar emocionalmente con el espectador, lo que no es poca cosa.
Muy recomendada.
Serie para ver en Netflix: Desorden publico
Una grata sorpresa provoca esta serie italiana que sigue a la Unidad Antidisturbios Roma 3 que, tras sofocar una protesta violenta, se encuentra bajo escrutinio después de que un manifestante es brutalmente golpeado y el líder del escuadrón resulta herido. Su nuevo líder, Nobili (Adriano Giannini), es un "sabelotodo" conocido por haber delatado a sus propios colegas. Nobili lucha por ganarse el respeto del equipo mientras enfrenta problemas en su vida personal, con una hija que ha vivido una experiencia traumática.
Mientras tanto, el sargento Mazinga (Marco Giallini) mantiene un control férreo sobre la unidad, y su subordinada Marta (Valentina Bellè) comienza a tener dudas cuando se inicia una investigación para arrestar al agresor del manifestante. El brazo derecho de Mazinga, el oficial Salvatore (Pierluigi Gigante), utiliza amenazas para mantener a la unidad en línea, aunque la presión comienza a quebrar al equipo.
Los 6 episodios ponen a los policías antidisturbios como protagonistas, mostrando los pros y contras del trabajo policial en situaciones de conflicto. Y los guiones, al enfocarse en personajes que enfrentan sus propios dramas personales, entrelazados con el conflicto principal, muestran una solidez poco frecuente en este tipo de producciones.
Aunque los personajes no son del todo "agradables" en el sentido convencional, las actuaciones logran captar la atención. El veterano actor italiano Marco Giallini (Rocco Schiavone) lidera el reparto como el vengativo Mazinga, un hombre que comienza a cuestionar el sistema al replantearse su rol. Giallini exhibe un rostro surcado por un arado de experiencias y, de a ratos, recuerda a nuestro Federico Luppi en su etapa madura, de a ratos al John Huston de Barrio Chino.
Como Nobili, Giannini dota a sus poderosos rasgos faciales -enmarcados por un entretejido que ha atravesado varias capas geológicas- de una sequedad impresionante, mientras que su mirada al ver sufrir a su hija se humedece de un brillo ardiente.
Otro intérprete destacable es Pierluigi Gigante, quien aporta un aire de peligrosidad con la intensidad de Salvatore. Aunque inicialmente encarna el arquetipo del "bruto", algunos momentos de la serie nos revelan que es capaz de tiernos sentimientos.
Por su parte, Belle como Marta, hace que su falta de expresividad se vea como un resultado de los vapuleos que sufrió en el pasado. Pese a la firmeza que imprime a sus acciones, la actriz logra que la vulnerabilidad del personaje aflore con las señas de quien ha sufrido un profundo ataque de hígado.
Las escenas de acción están muy bien realizadas, acumulando una tensión que uno nunca imagina por dónde va a estallar. Las escenas dramáticas tienen un componente de autenticidad muy bien logrado. Lo único objetable es el uso de la musicalización, que repercute en los tímpanos del espectador de manera constante, ya sea para exteriorizar los sentimientos de un personaje o para ambientar algunas situaciones.
Si bien no alcanza las alturas de Antidisturbios, la poderosa miniserie de Rodrigo Sorogoyen que se puede ver en Prime Video, más focalizada en la corrupción que anida en las altas esferas del poder, Desorden público ofrece un entretenimiento formidable.
Muy recomendada.
Serie para ver en Paramount Plus: Landman
Taylor Sheridan, el creador de Yellowstone, ha generado una nueva serie que tiene como protagonista a Billy Bob Thornton y está ambientada en la Texas contemporánea, dando espacio entre los personajes a los defensores de la explotación y el uso del petróleo.
Sheridan, conocido por explorar las tensiones entre la tradición y la modernidad, va más allá de sus temas habituales en esta producción. Con un guion profundo y una dirección meticulosa, Landman ofrece un retrato fascinante de un mundo desconocido para muchos, que actualmente atraviesa transformaciones drásticas.
La trama sigue a Tommy Norris, un negociador y responsable de la explotación de pozos de petróleo para una pequeña compañía en el oeste de Texas. Su día a día lo lleva a interactuar con granjeros, obreros y miembros de unos Estados Unidos fracturados por la crisis energética, además de un cartel mexicano que busca utilizar el territorio de la compañía para sus actividades ilícitas. La serie construye un relato humano y realista.
El guion de Sheridan sorprende al trascender clichés. Tommy no es ni un cínico sin escrúpulos ni un moralista incorruptible. Es un hombre del sistema, consciente de los daños ambientales que contribuye a perpetuar, de los riesgos extremos de su trabajo (la serie incluye escenas impactantes de accidentes), pero también de las realidades económicas que sustentan a las comunidades locales. En lugar de juzgar, Sheridan explora las contradicciones de sus personajes con una lucidez poco común.
En cuanto al petróleo, Landman invita a una reflexión más amplia. Argumentos a favor de su explotación, como la dependencia energética de millones de estadounidenses y la generación de empleos en zonas marginadas, se exponen con franqueza, sin ridiculizarlos. A la vez, no se evitan las consecuencias desastrosas: contaminación de acuíferos, paisajes devastados y una economía que atrapa a las comunidades en un ciclo insostenible. Además, la serie aborda alianzas "antinaturales", como los acuerdos con los carteles mexicanos, equiparando simbólicamente el petróleo y la cocaína como adicciones sociales.
Visualmente, Landman causa una profunda impresión, al recurrir a un lenguaje clásico con visos épicos. Las vastas llanuras texanas y las estructuras industriales, con su belleza tóxica, se muestran en planos largos que ofrecen pausas reflexivas casi documentales en medio del ritmo frenético de la ficción.
La belleza del paisaje se complementa con las hermosas rubias que rodean a Tommy. Con un ojo puesto en la platea masculina, la cámara se demora en los cuerpos casi desnudos de Angela (la volcánica Ali Larter), que no puede olvidar el atractivo sexual de su ex marido, y de Ainsley (la ondulante Michelle Randolph), su hija, una adolescente que pulula por la casa en las bikinis más diminutas que puedan imaginar. ¡Hasta la rubia que atiende la cafetería al paso parece salida de las páginas de esos calendarios que llevaban un poco de luz y calor al interior de tantas gomerías porteñas!
Las señoras tienen para disfrutar de la inteligencia del desvencijado Thornton y de la apostura de Jon Hamm (Mad Men) que, como el dueño de la compañía petrolera, suele aparecer muy sucintamente a lo largo de la historia, al igual que su esposa, la renacida y siempre llamativa Demi Moore.
En definitiva, hay una celebración de los valores estadounidenses tradicionales en Landman, pero también se advierten las señales de su decadencia. La serie ofrece un magno espectáculo, con olor a sudor, tabaco y alcohol. Y por encima de todo, es un gran pasatiempo.
Imperdible.
Serie para ver en Mercado Play: Twin Peaks
La plataforma de Mercado Libre ofrece las dos primeras temporadas de la serie que lleva el sello distintivo del maestro David Lynch y que transformó el panorama televisivo a principios de los años 90.
Aunque figuras como Steven Spielberg (Amazing Stories, 1985-1987) y Michael Mann (Miami Vice, 1984-1990) habían incursionado en la televisión antes que él, ninguno dejó una huella duradera. Lynch, en colaboración con Mark Frost —guionista de la señera Hill Street Blues—, llevó su visión única a la pantalla chica, revolucionándola. El impacto de Twin Peaks pavimentó el camino para series como The X-Files, The Sopranos, Six Feet Under, Lost, Mad Men, Breaking Bad y True Detective. Incluso en Argentina resonaron sus ecos, en la miniserie Bajamar, la costa del silencio (1995) de Fernando Spiner.
Con sus dos temporadas y 30 episodios, Twin Peaks logró una singular mezcla entre la telenovela tradicional (a la que parodiaba con segmentos como "Invitación al amor") y el expresionismo característico de Lynch. Este estilo permitió explorar los atormentados mundos interiores de los personajes, donde los enfrentamientos con la propia sombra y los miedos a la disolución de la identidad eran temas centrales.
En una época en la que "abstracto" y "comercial" eran términos antagónicos en la televisión, Lynch rompió esquemas. La narrativa gótica, combinada con una capa de recursos visuales y narrativos únicos, atrajo a la audiencia hasta que, presionado por ABC, el director tuvo que revelar el misterio de quién mató a Laura Palmer. Este giro marcó un punto de inflexión en la serie, pues, aunque los episodios restantes mantuvieron destellos de genialidad, se vieron atrapados en convenciones televisivas más tradicionales.
Inspirada en La caldera del diablo (Peyton Place), la primera telenovela seriada de los años 60 que exploraba las pasiones ocultas en un pequeño pueblo, Twin Peaks rescató actores y referencias del pasado de Hollywood, algo que Lynch ya había hecho con Dennis Hooper, Dean Stockwell y Hope Lange en Terciopelo azul. Para la ocasión, Richard Beymer, Russ Tamblyn, Piper Laurie y otros íconos de épocas anteriores fueron resucitados por el maestro, sumando un aire retro que complementaba el ambiente enrarecido de la serie.
Lynch convirtió lo cotidiano en siniestro: una dona cubierta de sangre, un ventilador que presagiaba lo indescriptible, o una grabación de video que revelaba secretos perturbadores. La investigación del agente Dale Cooper, interpretado por Kyle MacLachlan, sobre quién mató a la adolescente Laura Palmer, mezclaba la lógica deductiva de Sherlock Holmes con la filosofía oriental y lo onírico, marcando un contraste fascinante con la oscuridad circundante.
Los temas góticos también se reflejaron en las dobles vidas de los personajes, el incesto, y las transgresiones constantes. Escenas como las de Leland Palmer, poseído por un espíritu, asesinando a su sobrina, o las agresiones de Leo hacia su esposa, sobrepasaron los estándares de violencia permitidos en la televisión de la época.
A medida que avanzaba la trama, el caos desatado por el asesinato de Laura Palmer transformaba a los habitantes del pueblo. Personajes inicialmente modélicos, como Laura o Cooper, se veían envueltos en sombras, mientras otros menos simpáticos, como Ben Horne o el doctor Jacoby, mostraban facetas más humanas. Lynch develaba así que el horror habitaba en el núcleo mismo de la familia, donde las apariencias ocultaban fuerzas oscuras capaces de destruirlo todo.
El desenlace de la segunda temporada, con Cooper poseído por Bob —el espíritu responsable de las tragedias principales—, fue una devastadora revelación. Frente al espejo, Cooper veía reflejado el rostro del monstruo, un destino compartido con Leland Palmer y otros personajes atrapados por la negatividad. Lynch dejaba entrever que la corrupción podía estar presente desde el principio, sugiriendo que el detective Cooper quizás ya había sido responsable de otras tragedias antes de llegar al pueblo.
Con Twin Peaks, Lynch creó un mundo donde las provocaciones surrealistas, el horror y el melodrama convivían en perfecta simbiosis. La serie cruzó fronteras, no solo en lo narrativo, sino también en lo visual y temático, marcando un antes y un después en la televisión. Su regreso con Twin Peaks: the Return en 2017, reafirma que la obra de Lynch -maestro de lo siniestro- sigue siendo un hito esencial para comprender el potencial transformador de la narrativa audiovisual.
Imperdible.
Nota: para acceder a Mercado Play sólo basta tener una cuenta en Mercado Libre. Hay un amplio reservorio de films y series estadounidenses que pueden ser vistos gratuitamente. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar