Estética extrema

El descubrimiento musical del año

Drogas duras, enfermedades venéreas y referencias a delitos. El trío uruguayo Tussiwarriors desafía con una estética que se imprime en la cultura del meme, el canto con Auto-Tune e invita a reflexionar sobre las nuevas oleadas musicales. ¿Humor chabacano o disrupción artística?
Cuando el chiste da miedo.
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Tengo un amigo que es más chico que yo y que suele hacerme escuchar música nueva. Generalmente la operación se realiza bajo los efectos de la marihuana, lo cual activa los sentidos y genera una mayor predisposición a la contemplación. Estar drogado no es una condición necesaria para poder disfrutar de la música, ya que la música es una droga en sí misma, pero ayuda cuando uno está queriendo escuchar algo nuevo. El cerebro generalmente tiene un comportamiento conservador y, por lo tanto, si uno quiere someterlo a una experiencia diferente tiene que obligarlo a hacer un pequeño esfuerzo. Si pasa la prueba, las recompensas terminan siendo más que gratificantes.

Primero, mi amigo tecleó en la computadora y me mostró sets de música electrónica, más específicamente, material de Ktrina, una DJ de psytrance. En el último tiempo escuché a varias personas que suelen sumergirse en ese tipo de música que generalmente —aunque no siempre— está asociado al uso de drogas sintéticas. Elementos que se distribuyen en formato de pastillas o polvo y que le permiten a los bailarines adentrarse en la abstracción que ofrece el trance musical. A la vez que les proporcionan enormes cantidades de energía que les permiten mover sus cuerpos hasta el amanecer, o incluso, hasta el mediodía del día siguiente.

Una persona me contó que recientemente asistió al festival de psytrance O.Z.O.R.A., que se celebra en Hungría. Durante diez días consecutivos, los participantes se sumergen por completo en el universo de la música electrónica acelerada, en un predio enorme con múltiples escenarios y DJs. En ese trance colectivo, los participantes dejan en un segundo plano necesidades básicas tales como el buen descanso, la alimentación adecuada y la higiene personal.

El psytrance es un subgénero de la electrónica que se caracteriza por inducir a las personas en estado alterado de conciencia, a partir de la ejecución de un pulso mucho más rápido que otros subgéneros y que oscila entre los 140 a 150 BPM (beats por minuto).

Para controlar al público en esas condiciones durante tanto tiempo el DJ debe controlar su ritmo cardíaco. Como ilustran los personajes interpretados por Zack Efron y Emily Ratajkowski en la película We Are Your Friends, para que un DJ haga que las personas en una fiesta salgan de sus cabezas y entren en sus cuerpos, el DJ debe usar los botones de la línea inferior de su bandeja para imponer un ritmo y una línea de bajos atractiva.

El reggae tiene 60 BPM. El dubstep 70 BPM. El house tiene 110-130 BPM. Para el personaje interpretado por Zack Efron, 128 BPM es el número mágico para controlar el ritmo cardíaco de los bailarines y guiarlos canción a canción.

Pero la exposición de mi amigo sobre psytrance duró poco, entonces pasamos a otro género que frecuentamos más: el trap. El trap es un subgénero del rap (o del hip-hop, si se quiere ser más preciso) que suele tener un ritmo más lento (60-70 BPM vs 90 BPM), pero que puede sonar en la oreja del lego musical más rápido de acuerdo a cómo se constituyan otros elementos que se le añadan al beat, como pueden ser los hi-hatssnare rolls (redoblantes). Esta base rítmica permite que los cantantes impriman por encima sonidos guturalesrimas, generalmente vinculadas a drogas y a relaciones sexuales.

Pasamos por El Doctor, un cantante argentino contemporáneo conocido por sus canciones "30 Mil Pe$os", una pieza signada por la repetición de una suerte de ladrido que antecede a la frase "Otra vez estoy otra vez tomando falopa / Me encanta maldita falopa", o "NI MAKRI NI KISHNER", una oda a su origen matancero en el cuál lgrieta política no es más que un invento de los "chetos", a los cuáles mira con desconfianza:"Ni Macri ni Kirchner, ah / Ni Che Guevara ni Hitler / Ni Steven Spielberg"

—¿Sabés qué? Tengo algo para mostrarte. Es una boludez, pero está bueno —sentenció mi amigo.

Y puso un video que le recomendó el algoritmo de alguna plataforma en el cual se veía a un trío de cantantes con buzos oversize, encapuchados con pasamontañasantiparras de ski. Su aspecto era diabólico pero atractivo. Se notaba que el videoclip era de bajo presupuesto, pero por alguna razón eso lo hacía muy atractivo. La pieza sabía articular estratégicamente el uso de la edición al compás de los bajos que conducían al ojo del espectador por situaciones que saltaban de un lado al otro.

Se trataba de la canción "Memas en el parking" del grupo uruguayo Tussiwarriors, formado por ChurritoDouble TonkaPenjamin Zaza en 2023. De un modo, si se quiere impune, los cantantes no revelan sus nombres ni su edad.

Tussiwarriors, es decir, los guerreros del Tussi, refiere a una droga que se realiza a partir de la mezcla de restos de cocaínaketaminaMDMA, entre otras sustancias, y se presenta en un simpático polvo rosado.

Representación de Tussiwarriors de la droga que les da su nombre en el videoclip de "Fumo y manejo". 

Pero lo que más me sorprendió de la banda no fue la alusión a las drogas, ni al sexo, ni a la noche o la fiesta, sino a que en sus canciones hacen referencias a relaciones sexuales con menores de edad"A 200 en una zona escolar""A tu wacha le dicen (...) porque es re menor""Tengo el estudio lleno de menores / Me dicen que son de tercero"

Haciendo memoria, creo nunca escuché en alguna canción una referencia tan explícita a la pedofilia y que pase desapercibida; más allá de que se entiende que en la propuesta artística de la banda gravita un cierto halo de ironía.

Todo ese cóctel bizarro me generó una conmoción tal que empecé a escuchar Tussiwarriors más seguido. 

Referencias a la pedofilia en el videoclip de "Memas en el parking" de Tussiwarriors.

—Todo bien si quieren hacer humor, pero eso no es música. No te olvides que soy un baterista de jazz —dijo otro amigo cuando se lo mostré.

A los pocos días me escribió mi amigo para anunciarme que Tussiwarriors venía a la Argentina y que iban a tocar en Groove, en Palermo. En medio de la euforia decidimos ir.

Generalmente cuando asisto a recitales de trap me encuentro con gente más joven que yo. Pero esta vez había personas significativamente más chicas. Escuché a varios hacer comentarios sobre el colegio e, incluso, asistieron al recital un grupo bastante grande de padres que acompañaron a sus hijos y se ubicaron en el fondo.

En el escenario, los integrantes de Tussiwarriors se movieron como una banda de punk, provocando al público que hacía pogo y se sabía casi todas las letras. Con mi amigo nos preguntamos qué podrían llegar a pensar los menores de edad sobre las menciones que las letras hacen a: "Planchas, planchas y planchas", "Porro con base""No me duermo ni kon melatonine""Tu wacha sube fotos desnuda al feed / La mía también, pero a LinkedIn", o los chistes sobre el sífilis que hacían los cantantes durante el show. Por no mencionar qué podrían haber pensado los padres cuando escucharon frases como: "Fumo y manejo / Le robo guita a mi viejos / Desde pendejo"

Semanas más tarde, Tussiwarriors anunció la salida de su nueva canción: "A pelo". Una nueva propuesta en la que encontré un límiteYa no me pareció ni gracioso ni interesante.

La canción busca promover las relaciones sexuales sin protección. En una escena, se los ve a Churrito, Double Tonka y Penjamin Zaza prendiendo fuego a preservativos; seguido de una campaña de marketing para promocionar la canción en la cuál le preguntan a la gente si se cuida a la hora de tener sexo y celebraban a los que no lo hacían.

Capaz Tussiwarriors busca romper los límites y concientizar al público haciendo uso de la sátira. O, tal vez, son unos guarangos. O, simplemente, todavía no estamos preparados para entenderlos. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar

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