Cine

El adiós a David Lynch: un artista singular que marcó a fuego, con un corazón salvaje, el camino de los sueños.

A los 78 años, por un enfisema pulmonar, falleció el mítico director de cine y televisión David Lynch. Su obra, que oscila entre la oscuridad de los sueños y la luz en las pesadillas, deja un legado que influyó a cientos de artistas y conmovió a una generación de cinéfilos.
David Lynch
Pablo Planovsky 18-01-2025
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Las palabras son de Pedro Calderón de la Barca, el dramaturgo barroco que, en apariencia (por tiempo, historia de vida y distancia) nada tuvo que ver con David Lynch

Lynch nació en el Estado de Montana. Desde temprana edad le interesó el mundo del arte, especialmente la pintura. Pero el destino (si es que existe algo como destino en este mundo cada vez incomprensible) hizo que su pincel, su lienzo, fueran la cámara y la pantalla del cine. 

David Lynch fue uno de los grandes artistas del siglo XX, ¿por qué?

Es difícil escribir sobre un cineasta como Lynch. Él mismo eludía hablar sobre el significado de sus películas, y lo hacía con mucho estilo, mucha gracia y humor. "Es incómodo explicar el significado de las cosas porque apenas las nombramos pierden su misterio y su potencial de experiencia infinita", dijo alguna vez. Quizás por eso en algunas de las películas más románticas (Casablanca, La La Land y hasta podríamos citar la mítica respuesta de Han Solo en El imperio contraataca) no escuchamos nunca un "te amo": porque excede al orden simbólico del lenguaje, que nos limita, y pierde algo del misterio.

Es difícil saber si el legado de Lynch crecerá o no. A los que nos gustaba su cine, queremos creer que sí. El mundo parece avanzar en otra dirección: el avance de la inteligencia artificial es lo de menos. El arte, o mejor dicho: algunos medios audiovisuales como el cine y la televisión, se han transformado en productos diseñados para ser consumidos y descartados. (No solo) los servicios de streaming avanzan con la necesidad de explicar todo: Netflix quiere que sus futuros proyectos tengan más líneas de diálogos donde los personajes expliquen qué está sucediendo en pantalla. Apple no quiere que sus productos sean usados por personajes "malvados". Ya no se trata de confiar o no en el espectador: se trata de rechazar que "el cine, como la vida, es complicada". 

Si David Lynch fue una rareza el siglo pasado, lo es más aún hoy.

Una filmografía con muchos clásicos no aptos para todo público

Lynch también rechazaba hacer extensos análisis sobre sus películas. Con el mítico de cine Roger Ebert tuvo una relación tensa. A Ebert, como a muchos de sus contemporáneos, no le gustó Terciopelo Azul. Varios años más tarde, se encontraron en la alfombra roja del Oscar cuando el director fue nominado por El Camino de los Sueños.

El crítico de Chicago le dijo: "Ahora te tengo donde quiero. En Cannes, me dijiste que la película hablaba por sí misma. Pero Naomi Watts me dijo que interpretó a 3 o 6 personajes diferentes". Lynch sonrió y respondió: "¿Cómo estás Roger?". Ebert, como esos críticos que aman desmenuzar y analizar cualquier película como si fueran rompecabezas de un mundo caótico y más complejo, no se rindió: "La semana que viene voy a llevar la película a la Universidad de Colorado, donde vamos a dedicarle decenas de horas a lo largo de toda la semana, analizarla cuadro por cuadro. Al final, voy a poder entenderla". De nuevo, con una sonrisa, Lynch respondió: "Seguro que sí. Ya la entendiste. Pero, llevá un buen café y algo de buena comida". Finalmente, Ebert concluyó: "La entiendo emocionalmente, y eso es lo importante". "Exacto. Y quiero darte las gracias por toda la ayuda que le diste a la película, Roger". Finalmente, el director y el crítico, con modos de ver tan distintos el cine, se habían entendido.

"¡Estás completamente loco!", le dijo, entusiasmado, Mel Brooks cuando terminó de ver Cabeza Borradora. Una película sórdida, oscura, retorcida, sobre un hombre que tiene un hijo mutante. Brooks de inmediato le ofreció dirigir otro proyecto, uno sobre otro monstruo rodeado de oscuridad y tormento. La historia de El Hombre Elefante, un hombre deforme que sirve como espectáculo circense y motivo de burlas y humillaciones. No importa que sea amable, inteligente o sofisticado. 

"Me gustan las condiciones humanas que están distorsionadas, porque hacen que lo no distorsionado se destaque más. Era la historia sobre un monstruo que no era un monstruo, que era". El Hombre Elefante, hasta el día de su muerte, fue su película más taquillera y la que más nominaciones al Oscar recibió: 8. Protagonizada por Anthony Hopkins, John Hurt y Anne Bancroft, su segundo largometraje en poco tiempo se convirtió en clásico.

No todas las películas de Lynch fueron éxitos de taquilla o aclamadas por la crítica. No quiso dirigir El Retorno del Jedi, aún cuando George Lucas lo llevó a pasear en su Ferrari para explicarle de qué se trataba la culminación de La Guerra de las Galaxias. "George me hablaba de Ewoks y naves espaciales mientras él manejaba su Ferrari por las calles de Los Angeles y yo no entendía nada. Me hacía dolor la cabeza pensar en todo eso. Así que le dije que no podía hacerlo". 

Lynch no dirigió ninguna película de La Guerra de las Galaxias pero sí se animó con Duna. La primera adaptación cinematográfica sobre el auge del líder mesiánico, el Lisan Al-Gaib, fue un desastre. Lynch, que no tuvo decisión sobre el corte final, no quiso saber nada con el proyecto y pidió que removieran su nombre de los créditos. Hasta el último de sus días, fue una película de las que rehusó a hablar y no consideraba propia.

Las películas de Lynch son tan particulares que la industria, tan acostumbrada a ciertos cánones para decidir qué es lo que merece ser nominado y premiado, nunca supo muy bien como reconocer su talento. Es muy difícil que una película tenga una sola nominación si esa nominación es la de mejor dirección: en general, se espera que esa categoría esté acompañada por otras. 

Más allá de las múltiples nominaciones para El Hombre Elefante, a Lynch solo lo nominaron como director por Terciopelo Azul y El Camino de los Cueños. Las únicas nominaciones que recibieron esas películas.

El Camino de los Sueños es un título irónico: es una de las grandes películas, junto a El Ocaso de una Vida y Babylon, que se atreve a mostrar que Hollywood no es un sueño sino una pesadilla. La atormentada Naomi Watts protagoniza una historia donde el arte queda relegado por un montón de decisiones que poco o nada tienen que ver con mentes creativas. Los hilos del poder los manejan oscuros productores que usan sicarios y deciden quiénes hacen o no carrera. Todo, envuelto como un enigma que contiene un misterio. 

Como sucedió con grandes cineastas de la historia del cine, desde Griffith hasta Godard o tantos otros nombres, sus películas no son del agrado de todos. Corazón Salvaje, un viaje pasional y frenético entre Nicolas Cage y Laura Dern con referencias fantásticas a El Mago de Oz; o las tenebrosas imágenes de Carretera Perdida, con Bill Pullman y Patricia Arquette, prueban que en los sueños conviven las pesadillas. "Solo soñamos con lo que tenemos dentro nuestro".

Twin Peaks, la serie que marcó su carrera

Quizás su amor por el verdadero misterio, en el sentido más religioso de esa cautivadora palabra, se traduzca en Twin Peaks. No fue una película sino una serie de televisión la que conquistó a toda una generación de cinéfilos. "Amo el misterio. Caer en el misterio y en el peligro, todo se vuelve más intenso. Quiero que se resuelvan las cosas, pero hasta cierto punto para que el sueño pueda perdurar. Es como el final de Barrio Chino, cuando dicen "Olvídalo Jake, es el Barrio Chino". Entendés, pero no lo entendés. El misterio vive. Es la cosa mas bella".

¿Quién mató a Laura Palmer? No importa tanto la respuesta, como probó la segunda temporada de Twin Peaks, la película subtitulada Fuego Camina Conmigo o Twin Peaks: El Retorno. Es uno de esos casos donde, más que el destino, importa el viaje. Los sonidos, las actuaciones, la iconografía y las interpretaciones de los personajes. El talento de Lynch se hace más evidente en aquellos episodios que él mismo dirigió: por el ritmo, por los encuadres, o lo que sea... ¿a quién realmente le importa? Se sienten, y por extensión se experimentan, distintos al resto.

Lo que conviven con lo que vimos Twin Peaks son sus personajes: el agente Dale Cooper, comiendo fanático del café y de las donas (Lynch decía que no había que enfocarse en el centro, el vacío, sino en la masa que las rodea), interpretado por Kyle MacLachlan, en las bellísimas camareras que Audrey Horne y Sherilyn Johnson (Sherilyn Fenn y Mädchen Amick) y tantos otros secundarios iguales de peculiares que frecuentaban el Double R. Diner.

David Lynch no fue un maestro solo de las historias intrincadas. El título de su mayor rareza dentro de su filmografía es Una Historia Sencilla. El relato, basado en una historia real, de un hombre que viaja en un pequeño tractor desde el Estado de Iowa a Wisconsin. Como decía René Lavand: una historia sencilla puede parecer simple, pero bajo la aparente capa de sencillez cobija la complejidad de las más grandes obras. En una de las pocas entrevistas en las que David Lynch aceptó conversar sobre una de sus películas, admitió una conexión entre Una Historia Sencilla y la belleza natural del mundo, como compartir una noche llena de estrellas junto a otra persona. "Las estrellas están para que lo pequeño y lo infinito vayan de la mano. Y están para todos, para que podamos soñar". 

Lynch se rehusaba no solo a hablar de las películas: tampoco le gustaba que los DVD divideran las películas en capítulos y era un ferviente opositor de ver películas por streaming o, peor aún, en teléfonos celulares: "Nunca, ni en un millón de años, van a experimentar una película en un puto celular. Maduren".

El estilo que marcó series, películas y videojuegos

La influencia de Lynch, imitado pero jamás igualado, se hizo evidente hasta en artistas de otros campos que no necesariamente tienen que ver con el cine o la televisión. Sam Lake, con el videojuego Alan Wake 2, rindió un excelente tributo a Twin Peaks. Con amantes del café, detectives, camareras hermosas y seres terroríficos que acechan un pueblo atormentado. No fue la única vez que Lynch ejerció su marca en los videojuegos: Sony le encargó la publicidad de la Playstation 2 en el año 2000. El comercial, dirigió por Lynch, es indescriptible pero más memorable que cualquier otro de la época.

Tambien tuvo referencias en Los Simpson, South Park e incontables parodias, todas hechas con más humor y admiración que burla, en distintas series y películas de televisión, como si todos reconocieran su inigualable y singular estilo.

Sus gustos cinéfilos y opiniones políticas

Quizás una de las cosas más sorprendentes de Lynch era conocerlo a través de las cándidas entrevistas que ofrecía, siempre con su caballera tan icónica, y una amabilidad típica de quien puede sumergirse en el corazón de las tinieblas para salir airoso y apreciar lo más hermoso de la vida. Esa actitud era consecuente con su predilección para elegir sus películas favoritas: lloraba después de ver ¡Qué bello es vivir! Y no duda en destacar que las palabras que pronunciaba James Stewart en esa extraordinaria película salían del alma. Amaba Piso de Soltero, la comedia romántica con Shirley MacLaine y Jack Lemmon sobre dos almas solitarias en las peores fechas: las fiestas de fin de año. Pero también le gustaban las películas de fantasía como El Mago de Oz, relatos oníricos como 8½ o las comedias de Jacques Tati.

Lynch tampoco tuvo miedo en expresar sus opiniones políticas. En 2018 aseguró que Trump "puede convertirse en uno de los mejores presidentes de la historia porque es el único que perturbó tanto las cosas. Nadie puede vencerlo de una manera inteligente". Cuando Trump empezó a elogiar a Lynch, el director puso paños fríos a los halagos: "Pero si continuás causando división no vas a terminar como un gran presidente. No es tarde para dar un giro de timón. Vos podés unir a este país. Bajo la grandeza de un liderazgo amoroso, nadie pierde. Espero que esto te llegue al corazón".

El amor turbulento con Isabella Rossellini, que la dejó en terapia

De su romance con Isabella Rossellini, la protagonista de TerciopeloAzul, ella dijo en 2024: "Creo que Martin Scorsese y David Lynch todavía me aman. Yo todavía los amo. Hay una parte tuya que nunca deja de estar enamorada de ciertas personas". Con Rosellini Lynch tuvo una relación turbulenta. "Fue el amor de mi vida y creí que me amaba de la misma manera, pero me engañó con otra. Tuve que hacer terapia, hasta que comprendí que solo el pasa de los años curan el dolor. Me dolió darme cuenta que no podía confiar en mi intuición, hasta que pasaron varios años".

Al final, Lynch recibió uno de los más grandes homenajes que un artista de su talla podía tener. No se trató de premios ni de fríos resultados de taquilla o reconocimientos póstumos de parte de la industria, aunque tantos saludos de diferentes artistas atestiguen que fue una persona muy querida. La despedida de Lynch del cine fue con Los Fabelmans, la fábula (mentirosa, por supuesto, con el guiño cómplice de quienes entienden que el cine es una máquina de mentiras que puede iluminar algunas verdades) dirigida por Steven Spielberg.

Los extremos siempre son interesantes

Un joven cineasta está a punto de conocer a su mayor ídolo: John Ford. El hombre cascarrabias, austero y serio que dirigía westerns, películas de vaqueros como La Diligencia, Un Disparo en la Noche, o dramas como El Hombre Quieto y Viñas de Ira. Nervioso, con la inexperiencia propia de un adolescente a punto de conocer a su héroe, entra a la oficina de John Ford.

Con un parche tapando uno de sus ojos y con el otro concentrado en el habano que está tratando de encender, Ford le pregunta: "Me contaron que querés hacer películas, ¿por qué? Este negocio te va a destrozar". Antes de que el joven pueda responder tartamudeando, John Ford le pregunta que sabe sobre arte. No sobre películas, sobre arte. Y le indica que mire algunos cuadros sobre vaqueros. Que lo describa.

Sammy Fabelman empieza a describir los vaqueros, los caballos, e imagina hacia dónde pueden estar cabalgando hasta que Ford, entre molesto y cansado, le dice: "No, ¡no!, ¿dónde está el horizonte?". "¿El horizonte? En la parte de abajo de la imagen". Ford le pide repetir el ejercicio con otro cuadro y lo vuelve a regañar ante la descripción de la situación que retrata el cuadro: "¡No, no, no! ¿Dónde está el maldito horizonte!". Asustado, Sammy Fabelman le dice: arriba de todo en el cuadro.

"Ahora recordá esto. Cuando el horizonte está abajo, es interesante. Cuando el horizonte está arriba de todo, es interesante. Cuando el horizonte está en el medio, es aburrido como la mierda. Ahora, que tengas buena suerte y salía de mi puta oficina".

Sammy prácticamente sale corriendo hasta que vuelve y, emocionado, le agradece el consejo. Por primera vez, John Ford, interpretado por David Lynch, sonríe: "Un placer".

Spielberg cuenta que eligió a Lynch, uno de sus héroes, para interpretar a otro de sus héroes. ¿Fue de verdad que John Ford le dio ese consejo al joven Steven Spielberg? No importa. En Los Fabelman, una película sobre el dolor de personas que se aman hasta que el amor parece un recuerdo, una historia que comienza con una cámara que no se decide entre un padre que ve todo desde la ciencia y una madre que piensa el mundo desde las emociones, el cierre es perfecto. Y, como dijo el propio David Lynch cuando aceptó hacer el papel: "Además el consejo es muy bueno".

¿Cómo termina el monólogo de Calderón de la Barca?

«y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son»

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