La nueva usina del cine de terror

Cuando YouTube reemplaza a la escuela de cine

Las películas Backrooms y Obsession, dos éxitos de taquilla dirigidos por youtubers veinteañeros, reconfiguraron el mapa de Hollywood en un solo fin de semana. ¿Tendencia o humo?
Chiwetel Ejiofor en Backrooms A24
Sebastián Tabany 08-06-2026
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El fin de semana del 29 de mayo de 2026 fue, en términos históricos, uno de los más extraños que vivió la industria del cine en décadas. Mientras Disney veía cómo su esperadísima The Mandalorian & Grogu sufría una caída del 70 por ciento en su segunda semana, dos películas de terror de bajo presupuesto, ambas dirigidas por directores que construyeron sus carreras en YouTube, sin pasar jamás por una escuela de cine, aplastaban la franquicia de Star Wars en los cines. Backrooms, de la productora A24 y debut de Kane Parsons, de 20 años, recaudó US$ 81 millones de dólares en Estados Unidos en su primer fin de semana. Obsession, de Curry Barker, de 26 años, trepaba a los US$ 104 millones acumulados en tres semanas, con el rarísimo fenómeno de crecer un 39 por ciento en la segunda respecto de la primera. Hollywood, que lleva años predicando que el publico más joven ya no va al cine, tuvo que repasar sus propios axiomas.

La pregunta que circula entre ejecutivos, críticos y directores de la industria no es menor: ¿es esto una tendencia real o un golpe de suerte que se repite cada cierta cantidad de años, imposible de replicar?

Backrooms: el chico que paralizó los pasillos infinitos

Kane Parsons tenía 14 años cuando descubrió en 4chan la imagen original de The Backrooms: un pasillo de oficina infinita, de alfombra amarilla y luz fluorescente, que en la mitología de internet representa una dimensión donde uno puede ir si traspasa los límites del mundo real. Dos años después, en enero de 2022, subió a YouTube su cortometraje The Backrooms (Found Footage). Nueve minutos de found footage con efectos visuales que él mismo creó en su habitación. El video llegó a 79 millones de vistas. Para cuando terminó el secundario, Parsons ya tenía en la mesa ofertas de A24, Atomic Monster, Chernin Entertainment y 21 Laps. En aquel momento, Deadline publicó que comenzaría el rodaje "durante sus vacaciones de verano". Era un chiste, pero era verdad.

El film que resultó de ese proceso, con Chiwetel Ejiofor, Renate Reinsve y Mark Duplass en el elenco, no es un cortometraje escalado. Es un largometraje con mitología propia, fotografía perturbadora y una lógica de terror que hace cosas que género comercial lleva décadas sin intentar. Con solo US$ 10 millones de presupuesto, se convirtió en el mayor estreno en la historia de A24, triplicando el récord anterior que ostentaba Civil War (US$ 25,5 millones), de Alex Garland. Parsons se convirtió en el director más joven en encabezar la taquilla norteamericana con un proyecto original.

La reacción de las redes no fue solo de entusiasmo. También hubo escepticismo: múltiples usuarios de X insinuaron que Parsons había sido "ghost-directed", que alguien con más experiencia como el productor Osgood Perkins, hijo de Anthony Perkins, o James Wan, el padre de la saga de El Conjuro que había dirigido en la sombra. El actor Mark Duplass salió al cruce con una publicación directa: "Kane estaba 100% en control, más que muchos directores del triple de su edad." El propio Parsons, con ironía que raya en la indiferencia, se burló de las teorías. El patrón de dudar del talento joven e independiente cuando produce algo bueno es, en sí mismo, un síntoma de la época.

Inde Navarrete en Obsesión - Paramount

Obsession: el sketch cómico que se volvió pesadilla

La historia de Curry Barker tiene una textura diferente, pero igual de improbable. Barker construyó su audiencia en YouTube como comediante de sketches: su canal acumuló 1,2 millones de suscriptores con videos de humor absurdo y situaciones incómodas filmadas con recursos mínimos. En 2024 subió Milk & Serial, un cortometraje de terror en found footage sobre dos youtubers de bromas que se topan con un asesino serial. El presupuesto total fue de 800 dólares. La crítica especializada lo notó.

Obsession, su ópera prima de largo aliento, fue filmada en apenas 20 días con menos de un millón de dólares. La trama gira en torno a Bear, un empleado tímido de una tienda de música que, en un acto de desesperación romántica, quiebra una ramita de deseo mágico (un objeto kitsch de los años '60) para que su mejor amiga y compañera Nikki se enamore de él. El deseo se cumple. El horror comienza. La premisa, como reconoció el propio Barker, llegó después de ver un episodio de Los Simpsons donde Bart obtiene una pata de mono que le concede deseos con consecuencias caóticas. Es la referencia de la referencia, ya que La Pata de Mono es un cuento de 1902 de W.W. Jacobs que dio origen a centenares de objetos que otorgan deseos que son travestidos en su intención original. 

Cuando Obsession se estrenó en la sección Midnight Madness del Festival de Toronto en septiembre de 2025, hubo ovación de pie y una guerra de ofertas que no se veía desde hacía años. Focus Features ganó los derechos mundiales (excepto Francia, Nueva Zelanda y Rusia) por más de US$ 15 millones, quebrando el récord histórico del festival. La película se estrenó comercialmente en mayo de 2026 y ya supera los US$ 148 millones a nivel global. Jason Blum, productor ejecutivo y arquitecto del horror de bajo presupuesto moderno (Paranormal Activity, Insidious, y su productora Blumhouse), fue directo: lo que está pasando con Obsession y Backrooms es "extraordinariamente raro".

Un árbol genealógico que viene de otro lado

Nada de esto surge de la nada. Hay una genealogía, aunque sus raíces son más digitales que cinematográficas. El antecedente más citado es el de los hermanos Philippou, Danny y Michael, los gemelos australianos detrás del canal RackaRacka en YouTube, donde durante una década produjeron videos de comedia violenta y efectos prácticos exacerbados: batallas de Harry Potter vs. Star Wars o una versión psicótica de Ronald McDonald. Cuando querían hacer una película, nadie los tomaba en serio. "RackaRacka era un punto de conversación en las reuniones, pero no en sentido positivo", admitió Danny Philippou. "Simplemente no creían que pudiéramos hacer una película."

Lo hicieron igual. Talk to Me (2022), un film de horror sobre adolescentes que invocan espíritus mediante una mano embalsamada, se estrenó en Sundance, llegó a A24 y recaudó US$ 92 millones contra un presupuesto de 4,5 millones. Abrió una compuerta. Markiplier (el seudónimo de Mark Edward Fischbach, influecencer del gaming en YouTube (35 millones de suscriptores), autofinanció y distribuyó Iron Lung en 2026: abrió con US$ 21,7 millones, siete veces su presupuesto de 3 millones. Chris Stuckmann, crítico de cine con millones de seguidores en YouTube, debutó como director con Shelby Oaks (NEON, 2025). La lista crece.

El análisis más honesto de este fenómeno lo ofrece la académica citada por NBC News: Adam Lowenstein, director del Horror Studies Center de la Universidad de Pittsburgh. "El terror siempre ha creado una conexión especial entre creadores y el público", dijo. "La generación de YouTube entiende ese lenguaje." No es una metáfora vaga. Es una descripción técnica de algo concreto: estos directores aprendieron a sostener atención, a construir tensión y a manipular ritmo narrativo en un ecosistema donde el espectador puede cerrar la ventana en cualquier momento. Esa habilidad, trasladada a una sala a oscuras, produce algo diferente.

La historia del terror independiente como escuela tiene sus precedentes ilustres. Francis Ford Coppola dirigió Dementia 13 en 1963 con un presupuesto de US$ 22 mil producido por Roger Corman. George A. Romero filmó Night of the Living Dead en 1968 por US$ 114 mil. Blair Witch Project (1999) costó US$ 60 mil y recaudó US$ 248 millones en todo el mundo, además de transformar para siempre el marketing cinematográfico mediante internet. Paranormal Activity (2007) repitió el truco con US$ 15 mil de producción. Cada diez o quince años, el cine de terror produce una ruptura que parece imposible de anticipar y mucho más difícil de repetir. La pregunta es si lo que ocurre en mayo de 2026 es otra de esas rupturas o algo de diferente naturaleza.

YouTube es el nuevo Sundance

La distinción importa porque cambia la conclusión. Si esto es un "lightning in a bottle", esa frase inglesa que describe un fenómeno irrepetible de un rayo atrapado en una botella, entonces el análisis termina en admiración y algo de envidia. Si es una tendencia estructural, las consecuencias se vuelven más profundas y más incómodas para el sistema establecido.

Hay argumentos para ambas posturas. A favor de la tesis del fenómeno aislado: el talento genuino no escala. Parsons y Barker no son simplemente "youtubers que hicieron una película". Son, por distintas razones, artistas con visiones específicas que sus comunidades de millones de espectadores reconocieron primero. El mercado de YouTube está lleno de creadores con audiencias enormes y sin ninguna de las cualidades que hacen que Obsession funcione como film. La mera presencia digital no es garantía de nada.

A favor de la tesis estructural: el sistema de validación cambió. Como señala la revista Variety, "YouTube es el nuevo Sundance, el nuevo MTV, el nuevo lo que sea". Den of Geek lo formuló de manera más dramática, trayendo a colación el momento de 1970 en que Dennis Hopper,del éxito de Easy Rider en esa época, se acercó al veterano director George Cukor en una cena y le dijo, borracho y con el dedo en el pecho: "Los vamos a enterrar." Hopper representaba el Nuevo Hollywood. Lo que había cambiado no era solo el talento individual: era el sistema de producción, distribución y legitimación del cine como arte industrial. Algo similar, argumenta Den of Geek, está ocurriendo ahora.

La diferencia técnica es sustantiva. Los directores del Nuevo Hollywood venían del rechazo al sistema pero necesitaban al sistema para llegar a las salas. Los directores de YouTube construyeron audiencias masivas, y fidelidades profundas, antes de tocar una sala de cine. Parsons tenía 3 millones de suscriptores en YouTube cuando A24 lo convocó. Barker tenía 1,2 millones. Eso no es solo una plataforma de lanzamiento: es una base de datos de espectadores precalificados que saben exactamente qué esperar y van al cine a ver si el creador puede llevar esa promesa a una escala más grande.

Steven Zeitchik, en un análisis publicado por The Hollywood Reporter bajo el título elocuente de "The Movie Business Is About to Get VidCon-ized", va más lejos: argumenta que estos directores no solo no necesitan el sistema, sino que podrían eventualmente reemplazarlo. "Estas personas no necesitan el sistema, en realidad. Necesitan un sistema nuevo: el sistema de financiamiento propio y distribución compartida de YouTube, con solo un componente de estreno en salas adicional." El razonamiento es que si el valor central de los estudios como el financiamiento, el marketing y la distribución, puede ser reemplazado por un público fiel construido en plataformas gratuitas, el rol del estudio como gatekeeper se erosiona significativamente.

El dilema de los US$ 10 millones

Ahí es donde aparece la tensión más interesante. Porque Hollywood, fiel a su historia, ya está respondiendo de la única manera que sabe: con cheques. Según The Hollywood Reporter, un estudio ya le ofreció a Curry Barker US$ 10 millones por su próximo proyecto, sin saber de qué se trata, sin que Barker haya presentado ni un borrador de idea. La cifra es, en el contexto del cine independiente, obscena: Obsession costó US$ 750 mil. El estudio está pagando más de 13 veces el presupuesto de la película que hizo famoso al director para asegurarse los derechos sobre lo que venga después.

El patrón es conocido. Ya en 2025, los hermanos Philippou firmaron para la secuela de Talk to Me con A24, pero también fueron arrastrados hacia la adaptación de Street Fighter para Sony, un proyecto que finalmente se hizo con otro director. Danny Philippou lo expresó con claridad en una entrevista con Variety: "RackaRacka fue un punto de conversación en reuniones, pero no en sentido positivo. No creían que pudiéramos hacer una película de verdad." Ahora que demostraron que sí podían, el sistema los quiere adentro. Y adentro, históricamente, las cosas cambian.

La pregunta que nadie puede responder todavía es si Barker y Parsons seguirán siendo los directores que son dentro de cinco años, cuando tengan presupuestos de US$ 50 o 100 millones, notas de estudio, comités de marketing y franquicias para proteger. IndieWire lo plantea con crudeza: "No sería sorpresa si Hollywood extrae todas las lecciones equivocadas de estos directores, como lo ha hecho numerosas veces antes. Probablemente veremos más películas de terror basadas en IP de internet, más chances tomadas con youtubers que quizás no tienen el talento que Parsons ha demostrado, y más secuelas."

La industria tiene un historial poco glorioso en este sentido. David F. Sandberg, el director sueco que empezó subiendo cortometrajes de terror a YouTube filmados en su propio departamento con su esposa y una lámpara de Ikea, fue convocado por James Wan para dirigir Lights Out (2016), un éxito. Luego vino Annabelle: Creation (2017), Shazam! (2019) y su continuacion en 2023. Las películas de superhéroes tenían un presupuesto de US$ 100 millones. No es que las Shazam! sean malas, pero tampoco son la lámpara de Ikea. El proceso de institucionalización tiende a erosionar las aristas que hacían interesante al artista en primer lugar.

Qué dice la Generación Z

Lo que quizás los análisis de Hollywood más convencionales no terminan de procesar es que el éxito de Obsession y Backrooms no es solo un éxito de taquilla. Es un éxito generacional. Según los datos de apertura de Backrooms, el 86 por ciento de la audiencia tiene menos de 35 años y más de la mitad tiene menos de 25. Esa demografía es la que los grandes estudios llevan años intentando seducir con remakes, reboots y universos expandidos sin demasiado éxito. Las franquicias de Star Wars, Marvel y DC la persiguen con presupuestos de US$ 200 millones por entrega. Parsons la encontró con 10 millones y una serie de YouTube.

La explicación no es solo económica. Es epistemológica. La Generación Z creció consumiendo contenido creado por personas como ellos, en plataformas donde la distancia entre el creador y el espectador es mínima. La relación con Kane Pixels o con Curry Barker es diferente a la relación con Christopher Nolan o con Steven Spielberg: hay una sensación de cercanía, de conocimiento mutuo, de comunidad previa al producto. Cuando esos creadores dan el salto al cine, llevan consigo esa comunidad. El marketing de Backrooms no se vio por televisión o afiches en la calle: ocurrió en TikTok, Discord, Fortnite y los propios canales de YouTube de Parsons.

El cine de terror, en particular, tiene una larga historia de funcionar como laboratorio de nuevas estéticas y nuevos modelos de negocio. Fue así con el exploitation de los años '70, con el slasher de los '80, con el found footage de fines de los '90 y con el horror elevado de los 2010. Lo que ocurre ahora tiene componentes de cada uno de esos momentos: la economía del found footage, la valentía estética del horror elevado, el marketing viral que Blair Witch inventó, y la fidelidad de audiencia que solo YouTube puede generar.

Curry Barker, Kane Parsons y Mark Edward "Markiplier" Fischbach - .

¿Tendencia o rayo?

La respuesta honesta es: probablemente ambas cosas, y en ese orden. En el corto plazo, Obsession y Backrooms son fenómenos difícilmente replicables en sus condiciones exactas: necesitan el talento específico de Barker y Parsons, el momento histórico preciso (como ocurre con cada éxito), la plataforma de lanzamiento construida durante años, y una cierta química entre el producto y su audiencia que ningún algoritmo predice bien. En ese sentido, son "lightning in a bottle".

Pero en el mediano plazo, algo ya cambió de manera irreversible. Como resume The Hollywood Reporter: los ejecutivos de los estudios están viendo lo que ocurre con Obsession y Backrooms "como un momento bisagra generacional sobre de dónde pueden venir los próximos cineastas de la industria". YouTube ya no es una curiosidad periférica ni una plataforma de lanzamiento amateur: es un sistema de formación, validación y distribución de talento que funciona en paralelo al sistema tradicional y que, en ciertos casos, lo supera.

Si la historia sirve de guía, Hollywood absorberá lo que pueda absorber; ya empezó, con los cheques en blanco y perderá lo que no entienda. La lámpara de Ikea se convertirá en una producción de US$ 150 millones. Algunos de estos directores mantendrán su voz; otros, no. Pero la próxima generación de cineastas ya sabe que no necesita esperar que Sundance los descubra, que un agente los llame o que un estudio decida apostar por ellos. Necesita una cámara, una idea y un canal. El resto, como demostró un adolescente de California con una foto de 4chan y mucho tiempo libre, puede seguir solo. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar

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