Crónica de una masacre anunciada
Son ocho episodios que relatan un gran fracaso: de estado, de país, de sociedad. Y lo más interesante de Cromañón es la certeza metódica, la calidad del mensaje que se transmite a partir de un relato que era una empresa difícil de llevar adelante.
La producción logra captar el espíritu justo de un hecho doloroso, urticante, ocurrido hace 20 años. Y, a modo de aniversario, de conmemoración, se propuso (y logró) mantener y contribuir, desde el arte, a la memoria colectiva.
El diálogo con los protagonistas divididos en dos generaciones ayuda a acercarse a una propuesta que dista bastante de las producciones locales actuales que se pueden encontrar en plataformas.
Por un lado, los jóvenes actores que recrean a esos jóvenes protagonistas, víctimas directas de lo peor. Y, por el otro, a los actores veteranos, los padres y madres de esa generación y que tuvieron que reformular su vida para seguir adelante con el dolor.
En El Economista dialogamos con Toto Rovito, José Giménez (El Purre) y Olivia Nuss, intérpretes del grupo de jóvenes y con Soledad Villamil, Paola Barrientos, Carlos Machín y Esteban Lamothe como sus padres.