Tasa de suicidios en alta

Camus sigue explicando por qué vale la pena vivir

Volver a la filosofía del franco-argelino Albert Camus permite encontrar la rebeldía de vivir más allá del absurdo al que la rutina nos enfrenta. En un contexto local y global de aumento de la tasa de suicidios, la lectura de "El mito de Sísifo" se vuelve imprescindible.
En sus talleres, el profesor Martín Buceta profundiza en los vínculos entre la filosofía y la literatura (Instagram: @proustmartinb).
Ramiro Gamboa 10-03-2026
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En 2024, Argentina registró 4249 suicidios según datos oficiales. Esta cifra representa el número más alto de la última década. Aunque el pico histórico del país se produjo en 2003, como consecuencia de la grave crisis socioeconómica de aquella época, la curva de casos bajó después de forma escalonada y se mantuvo estable durante varios años. La tendencia volvió a subir a partir de 2020, en el contexto de la pandemia, y llegó a su máximo en 2024. Este incremento sostenido, del que por ahora no se conocen las cifras de 2025, enciende las alarmas. 

El suicidio es una problemática silenciosa que supera aún a las muertes por accidentes de tránsito en un año (4027 víctimas fatales en 2024 según la Agencia Nacional de Seguridad Vial) y desafía a la sociedad a buscar respuestas. Ante el dolor sin límites y la aparente falta de sentido, surge una pregunta fundamental: ¿por qué vale la pena vivir?

Albert Camus, escritor y filósofo franco-argelino del siglo XX, decidió encarar en 1942 este dilema de frente. Sus palabras siguen teniendo inusitada vigencia. En su ensayo "El mito de Sísifo", el autor plantea que sólo existe un problema filosófico definitivamente serio: el suicidio. Para él, decidir si la vida merece ser vivida es la pregunta clave de la existencia. Todo lo demás viene después. Camus no aborda el tema desde la moral ni la religión, sino desde una constatación brutal, porque el mundo carece de un propósito evidente.

Si cada persona busca una finalidad de vida, choca contra el silencio irrazonable del universo. A ese divorcio entre la exigencia de respuestas y una realidad indiferente que no ofrece ninguna explicación, Camus lo llama "el absurdo". 

El entorno carece de un plan diseñado para nosotros. La rutina adormece. Nos levantamos, tomamos el transporte, trabajamos, comemos y dormimos. Todo eso, ¿para qué? Un día cualquiera ese absurdo puede manifestarse y surgir la duda de la motivación de todo ese esfuerzo. En ese instante, el mundo conocido se derrumba y la persona se siente como un extranjero en su propia vida.

Camus llega a este atolladero lógico para demostrar justamente su tesis: quitarse la vida nunca debería ser una opción porque es un modo de anular la tensión de la absurdidad. Rechaza esta opción categóricamente. También critica lo que denomina el "suicidio filosófico". Pensadores como el filósofo danés Søren Kierkegaard o el novelista ruso Fiódor Dostoievski, aunque reconocen el absurdo, escapan de él mediante saltos de fe o cobijos religiosos. Para Camus, la vida carece de un sentido predeterminado, pero eso no significa que carezca de valor. Al revés: la falta de certezas nos exige existir de otra forma.

Sostener la absurdidad de la vida constituye, en sí mismo, un acto de rebelión. Mantener la lucidez frente a la falta de sentido existencial y elegir la vida con todo lo que trae es el mayor desafío. Implica un enfrentamiento perpetuo contra la propia nimiedad. 

La mente humana reclama un sentido claro para todo, aunque el universo se niega a darlo. Aprender a vivir con esa falta de respuestas es una prueba de resistencia. En "El hombre rebelde", Camus escribe: "La conclusión última del razonamiento absurdo, en efecto, el rechazo del suicidio y el mantenimiento de esa confrontación desesperada entre la interrogación humana y el silencio del mundo admite la vida como el único bien necesario". 

Por el contrario, quien decide quitarse la vida o busca un refugio en dogmas religiosos destruye el absurdo. Al suicidarse o al inventar mitologías para encontrar consuelo, la persona elimina la fricción entre su mente y la realidad. En lugar de soportar la tensión, huye. 

Martín Buceta, profesor dedicado al estudio de la filosofía y la literatura, señala que quien corta con el absurdo de esa manera actúa con cobardía en la visión de Camus. El suicidio representa la antítesis del espíritu rebelde.

Para argumentar su postura, Camus recurre a la mitología griega. En tiempos de la antigüedad grecolatina, Sísifo recibe un castigo terrible por desafiar a los dioses. Debe empujar una roca inmensa hasta la cima de una montaña. Al llegar a la cumbre, la piedra vuelve a caer por su propio peso, y Sísifo debe reiniciar el proceso por toda la eternidad. Las deidades creían, no sin razón, que no existe condena más espantosa que la labor inútil y sin esperanza.

Cualquiera vería a este personaje como la máxima figura de la derrota. Camus, a la inversa, lo transforma en un héroe. Camus se corre de los lugares comunes y propone que allí donde en apariencia no habría ningún sentido, puede alojarse el mayor acto de resistencia. 

El profesor Martín Buceta explica que la victoria de Sísifo reside justamente en asumir esa verdad contundente. Sísifo es consciente de su límite. En el trayecto de bajada, sin la roca, le cae la ficha. Ese reconocimiento de su destino es lo que lo libera. Ya no necesita deidades que otorguen un sentido prefabricado a su existencia; su roca es su casa y su camino le pertenece por completo.

Reconocer que la muerte es el final definitivo, según Camus, despierta tres consecuencias vitales: la rebelión, la libertad y la pasión. Como ya no existe un mañana garantizado ni una vida eterna, la persona experimenta una liberación absoluta. El objetivo deja de ser subsistir para pasar a transitar la mayor cantidad de vivencias. La conciencia de la finitud revela plenitud. Hay que exprimir el tiempo disponible.

Esta aceptación de la finitud y del absurdo conforma un humanismo militante. Lejos de caer en el cinismo, Camus amaba a la humanidad y se desvivía por ella. Al comprender que no hay un sentido superior dictado desde afuera, cada quien se vuelve el único dueño y responsable del mundo y del sentido que le otorga. 

La próxima vez que el peso de la rutina o la falta de sentido amenacen con aplastarnos, podemos recordar al héroe griego. El esfuerzo mismo por llegar a la cima basta para llenar un corazón humano. Como concluye la obra maestra de Camus: "Hay que imaginarse a Sísifo dichoso". Elegir la vida, abrazar la propia piedra y avanzar es el acto de rebelión más decisivo al que nos podemos dedicar. 

En este contexto local y mundial en que la crisis de la salud mental crece como una nueva pandemia silenciosa, el pedido de Camus al mundo cobra más fuerza que nunca. Puede haber muchas dificultades, puede haber mucho sinsentido, pero la rebeldía de vivir siempre hay que seguir conquistándola. En Argentina y en el último rincón del mundo Camus sigue vivo cuando nos seguimos preguntando por qué vale la pena vivir.  

En Argentina y en el último rincón del mundo Camus sigue vivo cuando nos seguimos preguntando por qué vale la pena vivir.  

Línea de prevención del suicidio: En Argentina, el Centro de Asistencia al Suicida (CAS) brinda atención telefónica gratuita y confidencial. Teléfono: 135 (desde Capital Federal y Gran Buenos Aires) o (011) 5275-1135 (desde todo el país).

Dato útil: Para profundizar en la obra del autor, en abril se dictará el curso virtual "Albert Camus, una literatura filosófica". Consta de cuatro encuentros sincrónicos los miércoles 8, 15, 22 y 29 de abril, de 18:30 a 20:00 (hora de Argentina). Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar