Cambio de paradigma: Hollywood pierde terreno frente al cine japonés y al chino
Los productores de Marvel y DC tienen razones para estar preocupados. Atrás quedaron las épocas en las que hasta el superhéroe menos conocido llenaba las salas. En 2025, los héroes icónicos de los comics, Superman y Los 4 Fantásticos, decepcionaron en la taquilla. Pero lo más llamativo es que a esos tanques de Hollywood les ganó, a nivel mundial, un animé.
El título es Demon Slayer - Kimetsu no yaiba: Castillo infinito. Es el epílogo de la serie animada que adapta uno de los mangas más populares de Japón. La trama no es impenetrable para quienes no están familiarizados con esta historia: basta saber que se trata de un grupo de cazadores de demonios que se adentra en un castillo, en apariencia infinito, para derrotar a unas criaturas poderosísimas.
No es la primera vez que una película de Demon Slayer logra el batacazo en taquilla. En 2020, cuando todos suponían que Tenet iba a salvar al cine después de la pandemia, apareció la primera película animada de Kimetsu... y llevó más gente a las salas que la película de Christopher Nolan.
Demon Slayer: El Tren Infinito fue presentada como una película que funcionaba como puente entre la primera y la segunda temporada. Pero con el tiempo se develó como un compilado, abreviado, de los primeros capítulos de la segunda temporada. Nadie sabe si ese fue el plan original de Ufotable, el estudio de animación, o si fue una decisión de último momento cuando vieron que tenían un éxito cinematográfico en manos.
De cualquier manera, la jugada sirvió en el corto plazo: El tren infinito fue un éxito y la segunda temporada se mantuvo arriba de la ola. El servicio de streaming, Crunchyroll, encontró razones para festejar por partida doble. En el mediano plazo, la jugada no fue tan fructífera.
Ninguna de las otras películas de Demon Slayer estuvo cerca de llegar a la impresionante recaudación de El Tren Infinito: US$506 millones. La discrepancia de números con las siguientes películas tiene una explicación sencilla: "¿Para qué voy a ir a ver al cine algo que, en unos meses, puedo ver desde casa como si fuera una serie?" podría haber sido la lógica que atravesó la mente de los seguidores del animé.
Castillo Infinito lleva, por ahora, más de US$ 606 millones recaudados en todo el mundo. Es un éxito impresionante para una película que dura 2 h 35 m y es un animé.
En Argentina, hasta las funciones en idioma original se llenaron de adolescentes, adultos y hasta niños, aunque la película tenga niveles de violencia inusitados para el cine animado de, supongamos, Disney.
¿El animé encontró su techo?
El CEO de Crunchyroll, analizó este éxito y dedujo que el animé ya no es un nicho. Es cierto que, desde Robotech y Mazinger, pasando por Pokemon y Dragon Ball Z, el género se expande y cautiva a generación tras generaciones. Cada vez son más los jóvenes que a través de las series, películas, videojuegos, o incluso por sus padres, llegan a disfrutar del animé como género.
Habría que ser bastante ingenuo para creer que la lucha entre Tanjiro y Azaka va a permanecer exclusivamente como una película. Antes del estreno de Castillo Infinito, desde Crunchyroll anunciaron que el cierre de Demon Slayer iba a consistir en una trilogía de películas. Es muy probable que esa saga aparezca más temprano que tarde extendida y convertida en una nueva y última temporada de la serie para TV.
Aunque no es para nada despreciable, el éxito de Demon Slayer en cines parece encontrar su techo con bastante rapidez. La película recauda muchísimo en su primera semana, pero luego tiene una caída abrupta, de más del 60%, en la segunda semana.
¿Cómo se explica esto? Porque los fanáticos del animé copan las butacas, pero la franquicia no logra convencer al espectador más casual. Al ser una película que continúa la serie, y es la primera parte de otras películas, autolimita su potencial. No es como las películas de Dragon Ball Z que, más allá de ser o no canon, se sostienen por sí solas.
La película más taquillera del año llega a cines argentinos
Hollywood tiene más razones para preocuparse. Demon Slayer: Castillo infinito ocupa la séptima posición en el ranking mundial de la taquilla. Fuera de Estados Unidos, Demon Slayer genera muchísimo más interés que la nueva versión de Superman, el último Captián América, Los 4 fantásticos, Tom Cruise en Misión Imposible: La Sentencia Final, o Brad Pitt en F1: La Película.
Algo está fallando en Hollywood para que sus mayores tanques, algunas de las producciones más caras de la historia, no generen entusiasmo en el público general. ¿La audiencia está cansada de remakes, superhéroes, franquicias y secuelas?
El contrargumento es sencillo: una secuela y dos remakes están entre las más taquilleras del año. Jurassic World Renace, Lilo & Stitch y Cómo Entrenar a tu Dragón fueron exitosas. También lo fue Una Película de Minecraft. Aunque ninguna de esas cuatro estuvo cerca de los números que logró la más taquillera del año: una película animada de China.
Hollywood vs China: ninguno gana la pulseada
Ne Zha 2 es una secuela basada en personajes populares de la mitología china. Es una historia de aventuras, demonios y batallas fantásticas. Es la producción animada más cara del país asiático: costó US$ 80 millones, o su equivalente en yuanes. Con esa inversión, lleva recaudados más de US$ 2.216 millones en todo el mundo.
Para poner en contexto la magnitud de este éxito: son números comparables con los de Avatar o las películas de Avengers. De hecho, solo Avatar: Fuego y Ceniza tiene la posibilidad de destronar a esta película como la más taquillera de 2025. ¿Esto significa que Hollywood ya puede dar la batalla por perdida frente a China? No, porque China enfrenta sus propios obstáculos.
El 96% de la recaudación de Ne Zha 2 fue en su país de origen. Como sucedió con varios títulos chinos, hiper taquilleros, durante los últimos años, prácticamente pasan desapercibidos fuera de su territorio. ¿Falta publicidad? ¿Desinterés del público? ¿Grandes diferencias culturales?
En China, Ne Zha 2: El Rnacer del Alma, se estrenó el 29 de enero. En Estados Unidos, el 22 de agosto, distribuida por A24 y con un elenco de doblaje que incluyó a Michelle Yeoh. Pero ni siquiera eso fue suficiente como para atraer la atención de los curiosos.
Lo que muestran Demon Slayer y Ne Zha 2 es que, más allá de los presupuestos récord o los efectos especiales, lo que arrastra multitudes hoy es la conexión con un público fiel, que se siente parte de una historia.
Para China y Japón no todo es motivo de celebración. Al primer país le cuesta muchísimo convencer al resto del mundo para ir a ver su cine. No tiene el alcance ni el poder de penetración cultural de Hollywood o incluso el cine de Europa.
Con Japón, el desafío es otro: mantener el crecimiento más allá de los fanáticos. Convencer al público general de que sus producciones no son solo para otakus.
Para Hollywood, la lección es incómoda: no alcanza con la nostalgia ni con reciclar superhéroes. El público parece estar agotado de cierto modo contemporáneo de narrar historias. Esa, quizás, sea la diferencia fundamental con las producciones orientales. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar