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50 años de Hello Kitty, el personaje japonés que conquistó el mundo

Un fenómeno mundial que cumple 50 años, Hello Kitty logró superar la barrera cultural e idiomática para convertirse en un ícono en todo el mundo. Las claves para entender cómo un dibujito puede cambiar el destino de una empresa.
50 años de Hello Kitty, el personaje japonés que conquistó el mundo
Pablo Planovsky 11-11-2024
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No es fácil mantener la relevancia con el correr de los años. Menos, con el paso de las décadas. Menos, cuando se trata de un cincuentenario. 

¿Cuántas personalidades de la cultura mundial se pueden jactar de mirar con la frente el alto todavía al escenario? 

Godzilla, el monstruo grande que todavía pisa fuerte, cumplió 70 años: recién este año ganó su primer Oscar gracias a Godzilla Minus One, una gran película que prueba que todavía tiene combustible. Bond, James Bond se reinventa tratando de no perder su esencia durante más de 60 años. Mickey Mouse se acerca al siglo gobernando el Magic Castle, monopolizando el cine, y evitando caer en el dominio público. Pero hay otro personaje animado que creció como ninguno en estos 50 años: Hello Kitty.

Cuando a la joven Yuko Shimizu le encargaron ilustrar un personaje kawaii jamás imaginó que su diseño, inspirado en una gatita que le había regalado su padre, le iba a generar ganancias por más de US$ 80.000 millones a ella y a Sanrio, la empresa para la que trabajaba. 

El encargo tenía su razón de ser: la empresa había comprobado que la economía japonesa estaba creciendo. Los consumidores, según un estudio de mercado, preferían aquellos productos que iban acompañados por una mascota. 

La lógica empresarial detrás de las mascotas sobrevive hasta el día de hoy y se nota también en la industria de los videojuegos (todo el mundo asocia a Mario con Nintendo, por ejemplo). Pero es una cuestión que excede al país nipón: para la industria de los alimentos es un tema de debate.

  • ¿Es pernicioso que personajes simpáticos y adorables acompañen el empaquetado de productos que no son del todo saludables? 
  • ¿Hay que eliminar esas creaciones icónicas que los consumidores asociaban con la identidad de las marcas para proteger sus hábitos alimenticios?

Kitty White es una chica, no una gatita blanca. La biografía, ficticia por supuesto, indica que creció en los suburbios de Londres. Tiene una razón de ser: la cultura del sol naciente estaba fascinada con el Imperio Británico. Kitty, que no mide más que 5 manzanitas, también representa ese intercambio cultural. Es una chica a la que le gusta cocinar, tocar el piano, escribir y disfrutar del arte. El diseño empezó a crecer más allá de Japón: en Asia se convirtió en un suceso gigante

En China, Kitty es tan popular como Barbie. Kitty es kawaii: tierna, adorable, como un osito de peluche inagotable. O eso parecía.

Como Godzilla, 007, Barbie, o tantos otros íconos de la cultura popular, Hello Kitty tuvo que reinventarse si quería mantenerse a flote en un mundo que ya no era el mismo. Las chicas japonesas que usaban los productos de Hello Kitty en 1970 ya habían crecido en la década de 1980. Los más chicos crecían con otros intereses. 

Ni hablar en el siglo XXI: con la llegada de la globalización y las redes sociales, los límites para la cultura son cada vez más difusos. Sin embargo, es la globalización la que parece estar salvando el legado de Kitty.

Una intervención artística controvertida

Cuando el polémico artista Tom Sachs diseñó una muestra en Nueva York, muchos espectadores repudiaron su arte. En 1994, diseñó un nuevo pesebre reemplazando a las figuras religiosas, como la Virgen María y los Reyes Magos, por figuras de la cultura popular. Madonna, Bart Simpson, McDonald's y, en el lugar del niño Cristo, Hello Kitty. 

Según el artista, no intentó encolerizar a los cristianos: "Puedo entender por qué la gente se ofendió, pero no intenté hacer algo profano o blasfemo. Quería hacer algo que se burlara del merchandising, de la comercialización de la Navidad, no lo hice para reírme de la Iglesia". 

Más allá de las intenciones y la controversia, la obra sí parece haber representado con efectividad el espíritu de nuestra época: ¿estamos viviendo un tiempo que prefiere ídolos creados por el marketing? La respuesta dependerá de cada uno, pero Sanrio no respondió ante la muestra como lo acostumbran a hacer otras empresas.

Disney, por ejemplo, es una empresa que protege todas sus propiedades intelectuales con mucho énfasis. Lo mismo sucede con Nintendo, que persigue hasta a los que crean emuladores de sus viejas consolas. A Mattel le preocupa mucho con qué figuras y actividades se asocia a su muñeca de plástico. En cambio, Sanrio tiene otra filosofía: la no-intervención. 

Curiosamente, esa actitud permitió que la popularidad de Kitty creciera en todo el mundo mientras el interés empezaba a disminuir en Japón. Tom Sachs nunca tuvo permiso para usar a Kitty, ni lo necesitó. "Cuando sos icónica, como Marilyn Monroe, Michael Jackson o Andy Warhol, suceden esas cosas", dijo un representante de Sanrio ante las críticas. 

La globalización, aliada de Kitty

¿Cómo logra un producto con un diseño tan sencillo convertirse en un fenómeno mundial a través de distintas generaciones? Que Kitty no tenga boca es una decisión consciente de diseño: cada uno puede proyectar sus propias emociones en Kitty. ¿Está feliz, está triste, está asombrada? Será lo que cada uno decida en el momento que decida la emoción de Kitty. 

La simplicidad del diseño de Kitty tuvo críticas y desventajas. Es muy fácil crear copias truchas, aunque sean muñecos, de Kitty. 

¿Cuánto perdió Sanrio contra el mercado pirata? Difícil saberlo, pero tiene un aspecto positivo: el mercado ilegal, como sucedió con Playstation 2 de Sony en América Latina, también permite abrir puertas en mercados emergentes. 

El diseño inofensivo de Kitty también provocó una oleada de gente ofendida: algunos grupos feministas dijeron que la falta de boca representaba la sumisión de la mujer en la cultura japonesa. Kitty no habla: cocina, escribe, lee y se perfecciona en las artes.

Quizás por eso rankea como uno de los personajes más icónicos de Japón, después de Pikachu, el protagonista de Pokémon. Como la criatura eléctrica amarilla, Kitty creció hasta acompañar a gobernantes y actos oficiales de Japón. Fue embajadora de UNICEF, tuvo una canción de Avril Lavigne y colaboró en campañas de Adidas y Balenciaga.

Sanrio admite que la popularidad de Kitty ya no es la misma. Está en el quinto puesto de los personajes más populares para la empresa que alguna vez se dedicó a fabricar alpargatas para los japoneses. Personajes como Cinnamoroll o Kuromi, con expresiones más distintivas (y bocas) superan a Kitty en popularidad. ¿Es algo momentáneo o empieza a desvanecerse el encanto por Kitty? Más allá del ranking, ninguno de las otras criaturas de Sanrio tiene el reconocimiento internacional que ostenta la chica gata.

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