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5 series y películas imperdibles para ver en streaming: de un caso real escalofriante a un homenaje al mejor cine argentino

Cinco series y películas para ver en Netflix, HBO y más: documental sobre un crimen real, western contemplativo, sátira sobre periodismo y un homenaje a Bielinsky.
Desde Bielinsky a Ellen Greenberg: 5 historias poderosas para ver online ahora mismo
Oscar Mainieri 04-12-2025
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Una selección especial con las mejores series y películas, que incluye también estrenos en salas de cine.

Estas son las series y películas para ver en el fin de semana en Netflix, HBO Max, y Disney Plus.

1. Película para ver en HBO: Nueve auras

Fabián Bielinsky (1959-2006) fue uno de los cineastas más singulares y determinantes del cine argentino contemporáneo. Tras iniciarse en publicidad y formarse luego en dirección cinematográfica, pasó años como asistente de dirección hasta que, a los 40 años, irrumpió con Nueve reinas, renovando el cine comercial local gracias a una combinación única de precisión narrativa, refinamiento formal y sensibilidad popular. Su segundo largometraje, El aura, confirmó un talento en plena expansión: una mirada más oscura, introspectiva y de un tempo casi hipnótico. Su muerte repentina en 2006 truncó una trayectoria breve pero importante, dejando dos películas que modificaron de manera irreparable el panorama cinematográfico nacional.

En este marco, Nueve auras, el documental de Mariano Frigerio, opera como un homenaje profundo y una recuperación necesaria de la figura de Bielinsky. Más que trazar una sucesión de logros, la película reconstruye cómo su obra y su método de trabajo dejaron una marca indeleble en actores, técnicos, colegas y en el ecosistema audiovisual entero. A través de testimonios de Ricardo Darín, Gastón Pauls, Leticia Brédice, familiares y numerosos colaboradores, el film no solo revisita la gestación de sus dos largometrajes, sino también el carácter meticuloso, obsesivo y profundamente humano que definía su manera de dirigir.

El apartado dedicado a Nueve reinas es el más vibrante: Leticia Brédice, con su desparpajo característico, rememora momentos en el hotel Hilton mientras se recrean las coreografías de cámara que Bielinsky diseñaba con precisión quirúrgica; Gastón Pauls recorre los distintos rincones de Buenos Aires que dieron vida a esta trama tan porteña de estafadores; y Darín aporta anécdotas del rodaje con su habitual calidez. Más allá de su éxito artístico, Nueve reinas fue un hito industrial: probó que el cine argentino podía ser sofisticado, popular, exportable y exitoso sin sacrificar rigor formal. Gracias a ella, la industria volvió a apostar por películas pensadas para el gran público, pero con ambición estética.

El segmento sobre El aura profundiza aún más en la faceta artística de Bielinsky, subrayando su giro hacia un thriller psicológico más denso, atmosférico y existencial. El documental evidencia su versatilidad y su búsqueda estética, mostrando cómo expandió las posibilidades del film noir en el cine local. Darín rememora el rodaje junto a Dolores Fonzi, Alejandro Awada y Nahuel Pérez Biscayart, alternando anécdotas hilarantes —como la célebre historia con los ciervos— con recuerdos más conmovedores, sobre todo al evocar el nivel de obsesión de Bielinsky y el desgaste físico y emocional que implicó un rodaje complejo, abundante en recursos y desafíos, filmado en buena parte en Bariloche.

Nueve auras, a través de material de archivo, entrevistas y fragmentos de las películas, se erige así en un homenaje conmovedor a un director cuya muerte prematura dejó trunco un camino creativo que aún prometía mucho más.

Muy recomendada.

2. Serie para ver en Netflix: Envidiosa

La tercera temporada de Envidiosa marca un claro desplazamiento hacia una narrativa más adulta y compleja, retomando a Vicky Mori (Griselda Siciliani) en un momento de aparente estabilidad emocional y profesional. Lejos de la ligereza romántica de sus inicios, la serie se adentra en tensiones más espesas: miedo al compromiso, celos, mandatos sociales y dudas sobre el propio deseo. La trama ya no se sostiene en los enredos sentimentales, sino en la construcción —y constante fragilidad— de una identidad adulta puesta a prueba en cada decisión cotidiana.

Siciliani ofrece una interpretación más madura, moviéndose entre la vulnerabilidad y una ironía cargada de amargura. Su personaje deja de ser únicamente el motor cómico para revelarse como una mujer enfrentada a sus límites, contradictoria y profundamente humana. Esteban Lamothe acompaña con un Matías más introspectivo, cuya supuesta estabilidad también se fisura por tensiones internas y externas. La química entre ambos sostiene el núcleo dramático, convirtiendo sus conflictos en un espejo de inseguridades contemporáneas.

Entre las decisiones más audaces de esta temporada se destaca la incorporación de Nicki Nicole en su debut actoral como Virtudes, un personaje que aporta frescura y amplía el registro generacional de la serie. También se suman el cameo de "Rada" Aristarian y un curioso psicólogo lacaniano interpretado por Sebastián Wainraich.

El tono más dramático y realista se impone con naturalidad, logrando un equilibrio efectivo entre comedia y conflicto emocional. Los temas vinculados a las expectativas de pareja, la maternidad y la vida adulta encuentran un anclaje sólido. Aun así, algunas reiteraciones —especialmente alrededor de los celos y la inseguridad— pueden transmitir una leve sensación de estancamiento. Además, ciertos personajes secundarios no alcanzan un desarrollo pleno y quedan atrapados entre la caricatura y la función narrativa, aunque las actuaciones de Pilar Gamboa, Lorena Vega y Susana Pampín sostienen siempre un nivel alto.

En suma, esta tercera temporada funciona como un punto de inflexión: más introspectiva, más ambiciosa y dispuesta a explorar las contradicciones de su protagonista. Colorida, afinada y siempre entretenida, confirma el ingenio de sus hacedores. 

Muy recomendada.

3. Serie para ver en HBO: The Paper

The Toledo Truth Teller fue alguna vez un gran periódico local, pero hoy es apenas un apéndice dentro de un megaconglomerado que gana más dinero fabricando papel higiénico que informando. Desde una oficina mínima y con un equipo que apenas podría llenar una mesa de redacción, el diario funciona sin reporteros ni investigación propia: Mare (Chelsea Frei) arma la edición impresa copiando y pegando cables de agencias, mientras Esmerelda (Sabrina Impacciatore, de gran lucimiento en The White Lotus 2) llena la versión digital con un torrente de notas-anzuelo plagadas de anuncios y sin el menor rastro de noticia. La serie deja claro que este ecosistema mediático degradado es el punto de partida de una sátira sobre la crisis del periodismo en tiempos de corporativización y algoritmos.

Creada por Greg Daniels y Michael Koman, The Paper -en 10 episodios de 30 minutos- adopta el mismo estilo de falso documental que popularizó The Office, con entrevistas que contradicen de forma jocosa lo que acabamos de ver. Incluso Oscar Núñez regresa interpretando nuevamente a Oscar, ahora contador del diario, decidido —sin éxito— a mantenerse fuera de cualquier "locura documental". Deudora de Parks and RecreationAbbott Elementary, la serie usa la gramática del falso documental para exponer la tensión entre la ilusión de profesionalismo y el caos cotidiano.

En el episodio inicial Ned (Domhnall Gleeson), flamante editor en jefe, llega a la redacción y se dirige de inmediato a cámara para un discurso de grandilocuencia ingenua sobre Clark Kent como héroe periodístico. A esto se suma el duelo con su antagonista laboral Ken (Tim Key), pero Ned se revela como un profesional competente, creyente sincero del periodismo local, y la narrativa gira hacia un tono más cálido, donde la sátira convive con una defensa melancólica del oficio.

Ese equilibrio se sostiene en la dinámica interna del elenco: mientras Ned y Mare desarrollan un contrapunto cómico natural, Esmerelda aparece como detonadora constante de caos, con sus planes descabellados y un subrayado acento italiano. La serie pivotea con soltura entre humor de personajes, observación costumbrista y estallidos de absurdo que recuerdan tanto al humor seco británico como a la desmesura de la comedia norteamericana contemporánea. Las mejores líneas surgen muchas veces de comentarios al pasar, incluso de personajes fuera de campo, como en el segundo episodio, cuando el ingenuo Adam celebra con literalidad infantil un antiguo titular que anuncia la cura de la polio.

La elección de Gleeson resulta decisiva: aporta humanidad y aspereza a un personaje que intenta sostener ideales mientras la industria se desmorona a su alrededor, convirtiéndolo en un héroe pequeño pero conmovedor. A medida que avanza la temporada, The Paper recurre —con plena conciencia— a tropos clásicos de la comedia de situaciones de oficina: romances latentes, intrigas corporativas, incluso el empleado que vive en el trabajo. Aunque algunos conflictos se alarguen de forma algo artificiosa, la réplica audaz, los desvíos delirantes y la mirada afectuosa hacia un oficio en extinción logran que la serie funcione tanto como sátira mediática como homenaje a la comedia que transcurre en un ámbito laboral.

Muy recomendada.

4. Película para ver en Netflix: Sueño de trenes

A comienzos del siglo XX, en los bosques del noroeste norteamericano, Robert Grainier crece como huérfano y de adulto (interpretado por Joel Edgerton) trabaja como leñador y obrero del ferrocarril. Conoce a Gladys (Felicity Jones), una inmigrante galesa con quien se casa y construye un hogar aislado junto a un lago, lejos de toda civilización. La felicidad familiar, sin embargo, depende de los ciclos del trabajo itinerante que obliga a Robert a ausentarse durante semanas. Cuando regresa de uno de esos encargos, unas columnas de humo elevándose sobre los árboles lo hacen temer que un incendio forestal haya arrasado su casa y todo lo que ama.

La película, basada en la novela corta de Denis Johnson, comienza con una serie de imágenes idílicas capturadas por la cámara de Adolpho Veloso: secuoyas gigantes, extensiones infinitas, flora y fauna que parecen intactas. Pero esa naturaleza majestuosa también está marcada por la irrupción de los colonos europeos; un par de botas incrustadas en la corteza de un árbol funciona como metáfora de esa huella. La narración contrapone así el avance industrial del país —madera convertida en puentes y vías férreas para una nación en expansión— con el apego de Robert por un modo de vida rural y autosuficiente. Su figura encarna el conflicto central de la identidad estadounidense: el impulso de progreso frente al deseo de armonía con la naturaleza.

Desde esa perspectiva, podría leerse el film de Clint Bentley como un western esencial, donde un hombre pretende domesticar el "territorio salvaje" pero termina confrontado con sus límites. Sin embargo, Bentley evita los clichés del género y opta por una mirada contemplativa, marcada por episodios breves y contundentes: un obrero muerto por la caída de una rama, un cowboy afroamericano que llega para hacer justicia, un inmigrante chino atacado por racistas. Esa colección de violencias dispersas revela un mundo en transformación, sin romanticismo ni épica. En contraste, las escenas de la vida familiar en la cabaña son un naturalismo seco: cocinar, cortar verduras, pescar con canastas tejidas. Felicity Jones, con su interpretación, ilumina la pantalla.

En su segunda mitad, la película se concentra casi por completo en Robert, y allí Joel Edgerton ofrece una actuación silenciosa y poderosa, apoyada en miradas, gestos, fatiga corporal y heridas del alma que van aflorando con el paso del tiempo. 

Hacia el final, el film adopta un tono que recuerda a las parábolas meditativas de Terrence Malick, con sus cámaras rasantes flotando a ras del piso, con seres humanos errantes, una naturaleza imponente con sus propias leyes, preguntas sin respuesta, con atmósferas de levedad luminosa. El resultado es una obra visualmente deslumbrante, interpretada con intensidad, que despliega una gama emocional que puede conmover a más de uno.

Muy recomendada.

5. Serie para ver en Disney Plus: Muerte en el 603. El caso de Ellen Greenberg

Este documental en 3 episodios se interna en uno de los casos más perturbadores y desconcertantes: la muerte de Ellen Greenberg, maestra de escuela hallada con veinte heridas de arma blanca en su departamento de Filadelfia en 2011. Lo que podría haber sido un relato lineal sobre una investigación fallida se transforma aquí en un examen incisivo del poder institucional, las zonas grises de la medicina forense y la fragilidad del sistema judicial. Desde el comienzo, la serie deja claro que no busca el sensacionalismo, sino la reconstrucción rigurosa de una verdad que fue distorsionada, primero catalogada como homicidio y luego, inexplicablemente, como suicidio.

La estructura narrativa, avanza con un ritmo preciso que combina documentos oficiales, entrevistas y un uso inteligente del montaje para exponer contradicciones evidentes en la investigación original. La serie evita los artificios propios del género —recreaciones exageradas, música ominosa constante— y se concentra en los hechos: informes forenses que no cierran, inconsistencias en la escena del crimen, y un procedimiento policial que parece más interesado en cerrar el caso que en comprenderlo. Este enfoque sobrio le otorga un peso dramático más contundente que cualquier efecto visual: la sensación de que algo profundamente incorrecto ocurrió y aún permanece sin corregirse.

Uno de los puntales de la serie radica en la figura de los padres de Ellen, Sandee y Josh Greenberg, cuya lucha de más de una década para reabrir el caso aporta la columna emocional del relato. Su presencia no está explotada desde el morbo, sino tratada con respeto y una sensibilidad que los convierte en protagonistas involuntarios de una tragedia burocrática. La serie muestra cómo la tenacidad de la familia no solo cuestiona la versión oficial, sino que expone las fallas sistémicas de instituciones que deberían haber hecho justicia y, en cambio, se protegen a sí mismas. En lugar de victimizar, la narración los presenta como agentes activos, movidos por la necesidad moral de impedir que la memoria de su hija quede atrapada en una mentira.

En términos formales, la dirección se distingue por el uso de un tono contenido, casi forense, que acompaña el proceso de desmontar las irregularidades del caso. La fotografía se mantiene sobria, con predominio de entrevistas iluminadas de forma limpia y archivos cuidadosamente contextualizados. Es un estilo que potencia la credibilidad del material y subraya la gravedad del asunto. Cuando la serie introduce la dimensión política —las tensiones entre el departamento forense, la policía y la fiscalía— lo hace sin grandilocuencia, dejando que la acumulación de evidencias genere por sí misma un impacto devastador. El resultado es una obra que confía en la inteligencia del espectador y lo invita a ocupar el rol de un evaluador crítico.

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