Victoria De Masi: "Karina Milei está empecinada en arrebatarle la Ciudad de Buenos Aires al macrismo"
En esta entrevista con El Economista, Victoria De Masi —periodista que trabajó en Clarín y actualmente redactora en elDiarioAR, donde cubrió la campaña presidencial de La Libertad Avanza en 2023— habla sobre su nuevo libro Karina. La Hermana. El Jefe. La Soberana.
Durante la conversación, De Masi detalla que Santiago Caputo "es el que mejor lleva la máscara del misterio" y, sobre Lilia Lemoine, explica que "no la quiere nadie en La Libertad Avanza". ¿Por qué Karina Milei está obsesionada con liquidar al PRO y ponerle el último clavo al ataúd del macrismo? ¿Por qué cree que La Libertad Avanza no va a perder el apoyo de las clases bajas en las elecciones legislativas de este año? ¿Puede un streamer como el Gordo Dan ser candidato y ganar una banca en el Congreso?
De Masi escribió un libro que no subestima a su objeto de estudio. Al contrario: lo aborda con paciencia, inmersión y la escucha de quien no entiende la política desde el prejuicio. A través de archivo, entrevistas, fuentes en off y trabajo de campo, responde a la pregunta que atraviesa el texto: ¿quién tiene más poder, Karina o Javier Milei? Como en History's People, donde la historiadora canadiense Margaret MacMillan analiza cómo ciertos rasgos de personalidad pueden moldear la historia, en Karina la autora muestra cómo el carácter de la secretaria general de la Presidencia cincela el presente y el futuro político de Argentina.
"Ese domingo de noviembre, un economista que se hizo conocido por sus apariciones en televisión fue elegido presidente de la Argentina con el 55,6% de los votos. Unos días después, Milei nombrará a Karina como secretaria general de la Presidencia. Será la primera mujer de la política argentina y la primera persona sin biografía política en ocupar ese cargo. Cuando le tome juramento, el presidente romperá en llanto. Desde entonces, Karina Milei, relacionista pública y emprendedora, no será su sombra. Será su doble. Pero antes: antes hubo un principio", escribe Victoria De Masi al principio de Karina. La Hermana. El Jefe. La Soberana.
El texto recorre en 219 páginas y tres capítulos, como lo indica su título, las distintas formas en que Karina Milei fue ocupando un lugar central en el proyecto político de su hermano: "La Hermana. El Jefe. La Soberana". Aunque en el libro, el tercer capítulo no se llama "La Soberana" sino "La secretaria", la palabra "soberana" resulta precisa. Reina callada, inexpresiva en público, distante. Como si se hubiese replegado, con disciplina casi monástica, en la forma estricta de su rol. Y desde ahí, manda.
—En el libro escribís que "Karina no habla" y te preguntás: "¿Qué descubriríamos si hablara?". Su silencio es casi absoluto, apenas le conocemos la voz. ¿Creés que en algún momento se verá obligada a romperlo? —le pregunta El Economista a De Masi.
—Esta semana las noticias dan cuenta de que la están invitando a la Cámara de Diputados a que dé explicaciones sobre el caso Libra y Martín Menem bloqueó esa posibilidad. La oposición, que está dispersa, se pone de acuerdo y quiere que Karina vaya a dar explicaciones al Congreso, y aun así sigue siendo la mujer más blindada de este gobierno.
No habla en público porque tiene muchas dificultades para la oratoria. Pero, por otro lado, su poder es enorme. Se ve en la foto que publicó el Gobierno sobre el posible acuerdo con el PRO en la provincia de Buenos Aires. Karina Milei está en el centro de la foto.
Este es un gobierno cosplay. Es un "como si" permanente. Su estrategia es la confusión.
Y ahí la vemos a Karina Milei en la cabecera de la mesa. Su hermano está al lado de Sebastián Pareja, que es el armador bonaerense. Y eso da cuenta de cómo es la estructura de gobierno, de que ella tiene voz de mando —sostiene De Masi.
—¿Qué se interpreta de ese tipo de imágenes que el gobierno publicita?
—Karina sigue siendo esa mujer de la que hace tres años no se sabía nada y hoy está en el centro de la escena. Y no habla porque, si lo hiciera, nos daríamos cuenta de que es alguien cuyo desempeño no estamos acostumbrados a ver en un funcionario público.
No puede responder preguntas elementales, con lo cual exponerla a una situación así sería una ruptura para esta gestión de gobierno. De repente es la secretaria general de la Presidencia, y nunca antes se había hablado tanto de ese puesto. No quiero decir que sea un cargo menor, pero es un lugar más ligado a la gestión institucional, a elaborar discursos, preparar informes.
Y lo que está haciendo Karina Milei es prepararse para las elecciones intermedias. No habla porque, si lo hiciera, se caería su máscara, la imagen que también desde el periodismo ayudamos a construir: esta mujer bravísima, que es un ogro, una bruja, la mala de la película. Si hablara, todo ese cosplay, esa máscara, se derrumbaría.
Por otro lado, Javier Milei no es una persona consciente del cargo que ocupa. Se le ha otorgado un poder, que es el de gestionar, porque los ciudadanos tenemos que gestionar nuestra propia vida. Cuando se vota, se entrega una responsabilidad a Javier Milei.
Su hermana sí es consciente, pero no en los términos en los que estamos acostumbrados. Karina era una mujer que trabajaba vendiendo tortas y que se propuso acompañar a su hermano en una misión de igual a igual.
Ellos piensan que vienen a hacer la revolución y siempre necesitan construir enemigos. Esto que dice Karina Milei, y que también está en las palabras de su hermano —"no vienen por mí, vienen por ustedes"— es la construcción de un enemigo fantasmagórico.
Karina tiene mucho que ver con la construcción pública de su hermano, con esa búsqueda de que sea hipermasculino, parecido a un héroe, un mesías. Todo ese entramado misticista, religioso, espiritual y esotérico es orquestado por Karina —responde De Masi a El Economista.
Algo que se entiende al leer el libro es que el carácter de Karina Milei parece anterior a los tiempos modernos. Como si no hubiera absorbido los mandatos del individualismo contemporáneo. De Masi sugiere que Karina responde a una lógica del deber, casi religiosa. Como en las sociedades premodernas, donde se nacía para cumplir un rol, sin cuestionarlo. Madre, sacerdote, artesano. A ella le tocó ser hermana. Y lo asumió con la obediencia de quien no contradice su destino.
Hija de Beto Milei, "un hombre duro en la intimidad del hogar y extremadamente amable afuera", que empezó como chofer de colectivos en la línea 111 y llegó a tener una empresa de transporte, y de Alicia, "una mujer que fue asistente de un consultorio odontológico hasta que se dedicó a ser esposa, a la crianza, a las tareas domésticas", Karina nació en Saénz Peña, una localidad del partido de Tres de Febrero, al noroeste del conurbano; después se mudaron a Villa Raffo y luego a "una casa oscura con muebles laqueados en Villa Devoto". El libro plantea preguntas sobre el origen del patrimonio familiar: "¿Los hermanos se beneficiaron de los subsidios del Estado, Estado que desprecian y pretenden aniquilar?", se pregunta la autora, al detallar que la empresa de Beto recibió US$ 33 millones en subsidios, y así fue como pasó de no tener ningún colectivo a "ostentar 115 unidades".
En el año, justamente, en que Beto recibió los subsidios estatales para su empresa de colectivos, Karina Milei, luego de trabajar 16 años como secretaria en diferentes empresas, abrió una gomería, "Neumáticos Acassuso". Hay una sutileza en la forma de ordenar los datos que abre interrogantes inevitables. Además, en esa gomería narra un evento central en la vida de Karina: "Un grupo de asaltantes habría entrado a la gomería en momentos en los que Karina estaba sola", pero luego escribe: "Saltearé ese hecho" para preservar la intimidad de Karina.
—¿Supiste qué pasó realmente en la gomería y decidiste no contarlo, o quedó como un vacío en su historia?
—No, no, yo sé exactamente lo que pasó en la gomería, pero antes: Karina pega el salto en 2007, que es justo el momento en el que Beto Milei empieza a cobrar los subsidios que otorgaba el kirchnerismo a empresas de transporte. Y Karina Milei no abre un local de pastelería, abre una gomería.
¿Qué pasó en esa gomería? ¿Por qué no termino de contarlo? Porque otra cosa que me pasó con la producción de este libro es que hay algo que tiene que ver con la intimidad y que funciona como el concepto de propiedad privada. Los hermanos Milei no son capaces de entender que cuando se pusieron en el centro de la escena política ya no tienen vida privada.
Y el principal obstáculo que tuve para contar a Karina Milei es que me costó muchísimo que me contaran incluso cosas lindas sobre ella. Y eso tiene que ver con el resguardo de la intimidad; el problema es que los hermanos Milei no registran el lugar que ocupan. No pueden evitar que hablen de ellos. Es imposible que no se hable de lo que se hace. No se puede tener control sobre las fotos que se sacan. Hay, por ejemplo, una pugna entre el trabajo del reportero gráfico, que le toma fotos a Milei en un acto de campaña, y las fotos que difunde el gobierno de ese mismo acto. Son fotos supereditadas, con un Milei que no existe. Yo lo vi a Javier Milei en campaña y no es la persona que ponen al lado de Trump con esa cara photoshopeada.
Los hermanos tienen una tensión permanente entre la realidad y cómo ellos se ven. Por eso, cuando dos fuentes distintas me explican este episodio cuento que fue una situación violenta la que se vivió en la gomería. Y cuando laburaba en Clarín, sobre todo cubriendo muchos femicidios y casos de violencia de género, aprendí que no se puede sacar a la víctima del clóset sin que ella quiera salir. No puedo ser yo quien cuente un episodio violento si esa persona, en este caso mujer, no quiere contarlo —detalla De Masi.
En el primer capítulo, "La Hermana", la autora narra los años de infancia de los Milei. Karina acompaña a Javier desde los partidos de Yupanqui y Chacarita hasta el colegio Copello . "Era, al mismo tiempo, el otro cuerpo donde impactaba la violencia", escribe la autora sobre el modo en que Karina defendía a su hermano en las peleas con su padre, Beto. El rol de hermana se extiende más allá de la infancia: cuando Milei canta en su banda Everest, Karina recoge del escenario la ropa que Javier se va quitando en medio de un show. Si no llegaba a tiempo, "las tironeaba de las manos de las chicas que veían en aquel joven al mismísimo Jagger. Karina jamás les regaló nada".
—En su infancia, Beto era la figura que lo castigaba y Karina parecía absorber parte de ese golpe. Hoy, ¿de qué lo defiende Karina? ¿Quién es hoy "Beto", el que busca golpearlo políticamente? —le pregunta El Economista a De Masi.
—Yo creo que somos todos, me incluyo, los que no adherimos a este proyecto de gobierno. Lo que parece muy sofisticado es más sencillo en La Libertad Avanzada. Para Karina Milei cualquier persona que se atreva a correrse del camino que ellos diseñaron para este país es motivo suficiente para ser expulsado.
Hoy Beto Milei, esa figura violenta, paterna, es todo aquel que atente contra el proyecto de país que ellos diseñaron —explica la autora.
Ayuda a entender el personaje la reconstrucción de su historia laboral: fue secretaria, organizó eventos, tuvo un emprendimiento de pastelería. De Masi revela el currículum vitae de Karina y reconstruye el lazo entre los hermanos en sus trayectos educativos en la Universidad de Belgrano y en la UADE. Karina colecciona piedras, se comunica con entidades, "energías que pueden ser altas o bajas" y, dicen, se comunica con el más allá. De Masi narra una crónica de su propia consulta con Celia Melamed, la mujer que conectó a Karina Milei con el alma del perro muerto de su hermano, Conan, en un departamento de Almagro.
—Sobre su CV, detallás que Karina Milei es licenciada en Publicidad y Comunicación Social por la Universidad de Belgrano. Agregás que en 1994 se anotó en Relaciones Públicas en la UADE y que "terminó la carrera en 2001". A pesar de su formación y de ser una de las figuras más importantes del gobierno, muchas veces se la ridiculiza con frases como que "hacía tortas" o que fue a lo de Guido Kaczka. ¿Por qué creés que persiste esa imagen de Karina como alguien menor o secundaria en la política?
—Algo que me interesó contar en el libro es cómo una mujer común, una ciudadana, construyó poder en tan poco tiempo. En algún punto me tengo que poner medio feminista y decir: "Che, paren, es una mujer que se puso un objetivo y va a hacer lo que sea para cumplirlo".
A veces los periodistas somos muy atacados por esta gestión; subestimar a Karina desde el periodismo tiene que ver con el ataque permanente a nuestro trabajo. Algunos piensan que la atacan al tildarla con que "hacía tortas" o que "lee el tarot". Aunque tendría un poco más de cuidado, porque para muchos receptores de esa información, la historia de vida de Karina tiene mucho que ver con la suya. No conozco una amiga que no se haya tirado las cartas —asegura De Masi.
En el segundo capítulo, "El Jefe", aparece como la mente detrás de la construcción de la imagen pública de su hermano. "El rockstar de chomba y campera de cuero para los actos públicos, y el economista de traje para las conferencias privadas". Ella define el vestuario, el tono, la agenda. Para alguien con tan poco tiempo en política, resulta llamativa la cantidad de enemigos que ya cosechó: Maslatón, Marra, Villarruel. Pero primero fue paciente. "La hermana aceptaba en silencio que la subestimaran hasta cobrarse, implacable, cada desautorización".
Además, De Masi saca a la luz líneas e impresiones de la única entrevista que Karina Milei dio a un medio tradicional: fue con Clarín, en julio de 2022, a Guido Braslavsky. El periodista acreditado en el Congreso le envió a la autora el audio completo de dos horas.
—En su única entrevista, publicada en Clarín en 2022, ella dijo: "Leo más cosas de psicología, de comportamientos, cómo estudiar el comportamiento de las personas, trato de entender por qué esa persona decide eso". ¿Pensás que su interés en la psicología es un intento de volverse una mejor estratega política?
—Sí, tiene cierta tendencia a eso. En la línea de vida de Karina Milei, lo que observé es que es una persona que se obsesiona con el tiempo que le toca vivir. Por eso, cuando su hermano duela la muerte de ese perro, del Conan original, que habría sido en 2017, Karina, para acompañar el duelo de Javier Milei, empieza a inclinarse por ciertas tendencias espirituales. Y hace un curso de dos días de comunicación vivencial con animales para ayudar a su hermano.
Cuando empieza a meterse en política, tiene que recurrir a ciertas lecturas. No es una estudiosa, pero tiene cierta curiosidad por lo que en su presente le toca enfrentar y busca cosas que le ayuden a pararse. Y respecto a estas lecturas, hay un psicoanalista canadiense que circula mucho en la cúpula de este gobierno, que es Jordan Peterson. Es un psicoanalista canadiense bastante ligado a lo que acá en Argentina, de boca de Milei, se conoce como "la batalla cultural". Por ejemplo, pone en cuestión la identidad y la orientación sexual de las personas, y estudia el comportamiento humano. Karina Milei, cuando escuchó el nombre de Jordan Peterson, fue a buscar de qué se trataba.
—¿Cómo juega esta obsesión por el presente en la forma en que Karina Milei toma decisiones?
—Hay algo que caracteriza a La Libertad Avanza y es que captó una época. Cuando digo cosplay no me refiero solo a la mascarada y el disfraz. Digo que la primera presentación disfrazado de Javier Milei fue como General ANCAP. Cuando presenta al general ANCAP (por anarcocapitalista) y se disfraza de este superhéroe tipo Taxi Driver, negro y amarillo, está yendo a hacer una exposición política a un lugar donde la gente elige ser otra cosa. Ese tipo de convenciones de animé son muy populares.
El tipo fue a hablar ahí al mismo tiempo que daba charlas académicas en universidades y a empresarios. Por eso, pongo en valor esto de La Libertad Avanza: haber captado algo que está pasando en la sociedad. En cuanto a Karina Milei, lo que pude averiguar es sobre sus tendencias adivinatorias que también ofrecen las redes sociales. Cuando se abre Instagram, aparecen desde rituales del útero hasta conexión con los ancestros. Y por supuesto que tarot.
Otra cosa que es muy del tiempo en el que vivimos: la idea de crear tu propia realidad. Hoy, si alguien entra a una librería, los estantes de libros de autoayuda compiten con la ficción, que hasta hace unos años era lo más vendido.
Y lo que tiene Karina es una capacidad de trabajo y de adaptación que también es muy de esta época. Es la sobreproducción, la no procrastinación, el ponerse un objetivo y avanzar. Avanzar hasta el punto de atropellar a quien se interponga en el camino de la meta.
Parte de lo que ganó en las elecciones fue eso: el discurso de una narrativa que nos obliga, en la era tecnológica, a sobreproducir y a cumplir el sueño. Y ese sueño puede ser convertirse en secretaria general de la Presidencia, como en el caso de Karina Milei, o salir de una relación de dependencia y triunfar con un propio emprendimiento —dice De Masi.
La lógica silenciosa y controladora también se proyecta sobre el dinero. El libro muestra a Karina Milei como una mujer que busca generarlo y que cuida que no se le escurra de las manos como polvo de hada. Cuando su hermano empezó a aparecer con más frecuencia en televisión, hacia 2018, era ella quien "ponía condiciones y precio a su presencia y cerraba los tratos y contratos" con empresas y conferencias. Nito Artaza, productor y director de El consultorio de Milei, una obra de teatro en la que Javier actuó, le dijo a De Masi: "Al día siguiente de la función me caía el mismo mensaje: ¿los números, Nito? Ella te peleaba el centavo. Insistía".
—Hace unos días, Elisa Carrió acusó a Karina Milei de ser "la cajera" del presidente. En el libro confirmás que, efectivamente, ella siempre se ocupó de los números. ¿Coincidís con lo que dijo Carrió?
—Lo que pasa es que, puesto ahora, si yo dijera "Carrió tiene razón", lo vamos a entender en otro contexto. Cuando salió publicado Karina, que fue el 1 de diciembre de 2024, el escándalo de la Libra no existía.
Karina siempre se ocupó de gestionar, controlar y administrar a su hermano. Pero incluso cuando organizaba las cenas con empresarios o cuando estrenaron la película Pandenomics, que hubo un meet and greet post función y ese plato lo cobraba, es una mina que está buscando el mango todo el tiempo. Vos podés decir "es una cajera, le encanta la guita", y yo elijo decir "es una busca".
Hay dos investigaciones en curso: una acá y otra en Estados Unidos, que determinarán si efectivamente Karina Milei, además de ser el nexo con estos lúmpenes de la tecnología, fue la cajera de esos encuentros. Yo no lo sé, no estoy investigando el caso, lo sigo como una lectora de medios de comunicación. Pero sí te puedo decir que, en el tiempo que investigué, sobre todo en la campaña a diputado y en la campaña presidencial, Karina cuidó cada moneda y buscó guita en un sistema muy opaco de recaudación para campañas. El sistema tampoco está hecho para que sea transparente. Ella se encargó de buscar la moneda donde fuera, y me parece que eso habla bien de ella —sostiene De Masi.
Sobre el apodo "El Jefe", la autora infiere: "She's the boss es el primer álbum solista de Mick Jagger, del que Javier es fanático. 'Ella es el jefe'. Si la última encarnación del peronismo erigió a Cristina Fernández de Kirchner como 'la jefa', La Libertad Avanza debía tener un antagonista. ¿Por qué no El Jefe, en masculino? Era, de paso, una respuesta a los progresismos que en los últimos años pugnó por imponer la 'e' para que el lenguaje inclusivo no excluyera a nadie. En La Libertad Avanza lo resolvieron rápido: Karina, El Jefe".
En el último capítulo, "La secretaria", De Masi describe el ingreso de Karina a la función pública. El día de la asunción, el presidente llora al tomarle juramento. Karina se convierte en "una relacionista pública con pasado cuentapropista que hoy encabeza reuniones de Gabinete". Y controla la escena como si fuera un set. Diseña el decorado, distribuye las posiciones. Y evita cualquier posibilidad de complot. "Karina empezará a mostrarse como lo que es: el perímetro del poder. Ella es escudo, frontera y protección", escribe De Masi.
—"El mayor porcentaje lo sacó en los barrios más ricos, los del norte: Recoleta, Puerto Madero, Palermo y Belgrano, y en los más postergados del sur porteño: Villa Soldati, Villa Lugano, Villa Riachuelo", explicás. Con los efectos del ajuste en marcha, ¿creés que podría darse una reconfiguración del voto? ¿Podría perder apoyo en los barrios populares y consolidarse más en sectores de clase media que antes votaban al PRO?
—En 2021 y en 2023, el voto de La Libertad Avanza fue transversal: todas las clases sociales, todos los grupos etarios, y con una mayoría de varones; ahí sí había una diferencia. A Juntos por el Cambio lo votaron más las clases altas, y a Unión por la Patria, las clases bajas. Lo que propone La Libertad Avanza es un bien de cambio: le dicen a la gente "hagan un sacrificio que yo les voy a devolver porvenir y prosperidad". En las clases bajas, este lema es tomado con mucha convicción, porque se sacrifican hace tantos años que el hecho de que venga alguien nuevo a decirles "hay que sacrificarse un poco más" no implica necesariamente que no le den su voto de confianza.
"No creo que pierdan el apoyo de las clases bajas", dice De Masi, sobre LLA
No creo que pierdan el apoyo de las clases bajas. Por otro lado, hay un núcleo duro que sigue siendo ese 30%, el mismo 30% que acompañó a La Libertad Avanza en las tres instancias electorales de 2023. Milei todavía conserva ese núcleo duro.
Y después está otra cuestión, que ellos llaman "batalla cultural" y que es una batalla comunicacional. Tienen un dominio total de la conversación. Por eso no pierden poder en las clases bajas. Lo veo en el colectivo, soy una gran usuaria de transporte público. La gente no lee elDiarioAR, la gente mira TikTok. La gente no entra a Infobae para ver qué pasa con el dólar, la gente entra a Mercado Pago a ver si le transfirieron, si hizo dos mangos más con el crédito de Mercado Pago, se endeuda con Mercado Pago. Lo veo en el colectivo, cuando chusmeo los celulares: la gente está en Instagram.
En este contexto, en estas legislativas, no creo que pierdan votos. Además, hoy tiene más chances de ser candidato y ganar una banca, un streamer que el presidente de un centro de estudiantes —asevera De Masi.
La consolidación de Santiago Caputo como pieza clave de la estrategia digital formalizó lo que el presidente empezó a llamar "el triángulo de hierro": una mesa de decisiones compuesta por él, su hermana y Caputo. En su libro, Victoria De Masi explora esa arquitectura de poder silenciosa, muchas veces teatralizada, que rodea al presidente.
—En el libro escribís que "Santiago Caputo pasó por ingeniería informática en la Universidad de la Defensa Nacional, que ofrece carreras de disciplinas militares para personal de las fuerzas armadas y para civiles". ¿Creés que esa dimensión bélica influye en su forma de moverse en la política? ¿Es un estratega con una lógica más de guerra?
—Santiago Caputo es un picante. Me pasa lo mismo con Santiago que con muchos referentes de La Libertad Avanza: hay, de vuelta, el cosplay. Hay algunos trolls que conocí personalmente y son un pan de Dios cuando estoy con ellos mano a mano. Pero después, cuando me voy del café, me subo al colectivo, abro Twitter y están puteando a alguien. "Pero yo te acabo de ver hace cinco minutos y eras una persona amable, educada e interesante para hablar, y ahora te veo pidiendo balas para todos".
Santiago Caputo es el que mejor lleva la máscara del misterio. Hay mucho de teatralización. Y cuando me acerco y los tengo en frente, pienso: "Yo no puedo creer que le tengo miedo a alguien como el Gordo Dan".
Son efectivos para la comunicación en redes sociales, son provocadores. Y a la gente le encanta la violencia. A mí no me llama la atención que muchas personas crean que está bien gasear viejos. A la gente le encantan las botas, les gusta que apaleen a las personas. El problema no es de La Libertad Avanza, el problema es la sociedad en la que vivimos, que hizo ganar a esta gestión de gobierno.
—¿Creés que algunos streamers van a ser candidatos? ¿Por ejemplo, al Gordo Dan lo ves como candidato?
—Teniendo en cuenta que el Gordo Dan es de Santiago del Estero y que en Santiago del Estero no hay muchos candidatos competitivos, ¿por qué no? Según cómo se diseñe internamente La Libertad Avanza, el Gordo Dan podría ser candidato.
En paralelo, que el Gordo Dan sea un maleducado en redes sociales y un pan de Dios en la vida real no significa que, en el derrame, haya gente que sea igual. Sino que también hay gente que es violenta en sus redes sociales y violenta en la calle. Naturalmente, como tiene mucho rebote y hay muchas personas que se identifican con este tipo de narrativas, tranquilamente el Gordo Dan podría ser candidato.
—En 2023, Milei y Massa lograron acorralar a Bullrich, quien no pudo explicar su plan económico. ¿Es posible que la estrategia que Milei y Massa emplearon contra Bullrich en 2023 se esté replicando ahora contra Jorge Macri en la Ciudad?
—Hay algo en Karina Milei que a mí me asombra todo el tiempo, y es su insistencia en liquidar al PRO. Karina Milei le va a poner el último clavo al ataúd del macrismo porque no tolera que Macri le dé a su hermano la amistad que a ella le niega. Por otro lado, Mauricio Macri la describió como "la pastelera", "la tarotista", y eso a Karina le cayó pésimo.
—¿Creés que hay clasismo en esa actitud de Macri?
—Esa foto de Macri bajando el vidrio y tirando un billete de $2 lo muestra tal cual es. ¿Viste que cada dos meses se repostea esa foto? ¿Cuál es la percepción que tienen del macrismo quienes no lo votan? Eso: la cuestión de clase. El hijo de, el que nunca tuvo que laburar, el que tiene empleados, el eterno jefe que nunca fue dueño de nada, porque todo lo que tiene es herencia del padre o de la familia. Todo en Mauricio Macri es una cuestión clasista.
Por otro lado, La Libertad Avanza nace en Capital Federal como un fenómeno barrial. Karina Milei está empecinada en arrebatarle la Ciudad de Buenos Aires al macrismo, y va a ser ella quien le ponga el último clavo a ese ataúd.
—En el libro subrayás que Lilia Lemoine tuvo una relación con Milei en 2020. Aunque fue breve, ella misma contó que quedó en buenos términos con él y con Karina. A partir de ahí, su lugar en La Libertad Avanza creció. ¿Creés que esa cercanía personal con Milei fue clave en su ascenso político? ¿Cómo es hoy la relación entre Lilia Lemoine y Karina Milei?
—Claramente, para Lilia Lemoine, haber tenido esa relación de cercanía —incluso física— con quien hoy es presidente la colocó en un lugar de relativa importancia. A Lilia no la quiere nadie en La Libertad Avanza. Lilia Lemoine es un tiro en el pie para el espacio. Me refiero a funcionarios de primera línea: Se la bancan por la cercanía que tiene con los hermanos Milei. Como son obsecuentes, no se meten con la persona que es más cercana a ellos.
¿Cuál es la utilidad de Lilia Lemoine para los hermanos Milei? Sobre todo para Karina, Lilia oficia de vocera. Es la persona que ahora tiene ese cosplay de saco y corbata. Es efectiva para la narrativa de La Libertad Avanza. Dice una cantidad de cosas que después se convierten en cortes que se viralizan en redes sociales. Eso le sirve a Javier y a Karina.
—¿Creés que Karina podría convertirse en la heredera del mileísmo si en algún momento Javier decide correrse de la política?
—Siempre los veo a los hermanos juntos. Por eso, cuando en diciembre se habló de la posibilidad de que Karina Milei fuera candidata a ocupar una banca, lo puse en duda, porque eso implicaría una distancia física entre los hermanos. Por un lado, en el Congreso, Karina tendría que hablar. Y tiene una imposibilidad total de comunicarse, al menos en público.
Por otro lado, Karina Milei es el mileísmo. Ella encarna, incluso en su silencio y en su misterio, todas las características de este movimiento. Incluso más que su hermano. No me llamaría la atención que en 2027 exista una fórmula Milei-Milei. A ese punto de conexión llega esta sociedad de hermanos. Una posible candidatura presidencial.
Karina Milei es un personaje en desarrollo. No habla y está en el centro del presente. Y no creo que pueda ocupar una función pública que la aleje de su hermano. Por eso, me parece más posible una boleta Milei-Milei en 2027 que verla ocupando algún otro cargo en el gobierno —concluye la autora en diálogo con El Economista.
El libro de Victoria De Masi se acerca al enigma de Karina Milei. Le da forma. Le pone textura. Y devela qué se esconde detrás de la máscara. Sin Karina Milei, el poder se desarma. Sin ella, el diluvio.
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