One in a Million

Una advertencia que resonaba en el tiempo

Las democracias enfrentan tensiones, exacerbadas por el auge de agendas progresistas, la polarización cultural y el surgimiento de nuevas derechas que canalizan este descontento.
El presidente Javier Milei en el foro de la derecha global. .
Lara Goyburu 05-12-2024
Compartir

En 1988, Guns N' Roses lanzó el álbum GN'R Lies que contenía como canción final la canción One in a Million, una canción que generó en aquel momento miles de controversias por su tono incendiario y sus referencias explícitas a temas como la inmigración, la religión y las tensiones raciales.

Más allá del escándalo que generó en su momento, la pieza de Axl Rose puede leerse, décadas después, como un presagio de las fracturas sociales que el mundo enfrentaría en el siglo XXI.

El resentimiento de un joven, blanco, cis de los suburbios, expresado en esa letra no es (ni era) un fenómeno aislado: hoy representa un eco de la desafección de sectores sociales que se sienten ignorados o desplazados por un cambio cultural que avanza demasiado rápido para algunos, mientras otros quedan rezagados y afuera del progreso económico y social.  

Hoy, las democracias enfrentan tensiones similares, exacerbadas al parecer por el auge de agendas progresistas, la polarización cultural y el surgimiento de nuevas derechas que canalizan este descontento. Estos fenómenos han convergido, particularmente en América Latina, en la Argentina, bajo la presidencia de Javier Milei, como un microcosmos de dinámicas globales.

Entre agendas progresistas y resistencias populares

Desde los años '90, las agendas progresistas han transformado para bien sociedades en todo el mundo. Derechos fundamentales como el matrimonio igualitario, la legalización del aborto y la visibilización de grupos históricamente marginados se consolidaron como pilares de un nuevo paradigma cultural. Sin embargo, este avance no ha sido homogéneo ni exento de tensiones.

La agenda woke, que busca profundizar estas transformaciones a través de un enfoque quizás más radical, ha encontrado tanto admiradores como detractores. En contextos donde la desigualdad económica domina el debate público, muchos sectores han percibido estas agendas como desconectadas de sus preocupaciones diarias y de auto sustento más urgentes.

Este "choque cultural" no es menor: en países como la Argentina, las tensiones entre el progresismo urbano y los sectores populares y del "interior", han avivado discursos que priorizan la restauración de "valores tradicionales", dejando salir a la luz expresiones anti derechos que antes estaban penalizadas socialmente. 

Es aquí donde las nuevas derechas, como la que representa Javier Milei y el movimiento de La Libertad Avanza, han encontrado un terreno fértil. Con una retórica que critica tanto a la "casta" política como a las élites progresistas, estas fuerzas canalizan (en nuestro país y en el mundo) el hartazgo de amplios sectores sociales que se sienten olvidados por el progreso.

Con un estilo incendiario, sus lideres más relevantes como Milei y Trump, ha calificado las agendas progresistas de "inútiles" o "destructivas", una narrativa que encuentra eco en una población cansada de la pobreza estructural y el estancamiento económico.

La polarización como herramienta y amenaza

El ascenso de figuras como Milei y Trump no puede entenderse sin la polarización que caracteriza a las democracias contemporáneas. En lugar de buscar consensos, las nuevas derechas prosperan en el conflicto. Este fenómeno no es exclusivo de Argentina o de los Estados Unidos: en todo el mundo y a lo largo de la historia, movimientos populistas han utilizado la división como una estrategia política.

En el caso argentino, las tensiones se manifiestan en clivajes de género, clase y territorio. Numerosas encuestas recientes, disponibles al alcance de un clic, muestran que el apoyo a Milei es mayor entre hombres cis genero (especialmente jóvenes) que entre mujeres u otras identidades, y más fuerte en el "interior" del país que en los grandes centros urbanos.

Adicionalmente, las clases medias-altas tienden a respaldar su discurso de austeridad económica, mientras que los sectores más vulnerables, afectados por la situación económica a nivel micro, muestran signos de resistencia que resultan novedosos, no solo para analistas económicos y políticos, sino también para una política tradicional que no encuentra el rumbo de la representación.

Argentina como reflejo de dinámicas globales

El primer año de la administración de Javier Milei puede verse como un laboratorio local para que el mundo estudie y entienda (si es posible) las tensiones entre democracia, progresismo y nuevas derechas. Su política de ajuste fiscal, combinada con un discurso de confrontación cultural, ha generado tanto adhesiones fervorosas como un rechazo encarnizado.

Por un lado, Milei ha logrado avances significativos en materia macroeconómica, como la reducción de la inflación mensual a niveles históricamente bajos para el país.

 

Por otro, a encarado batallas que día a día muestran un nuevo conflicto: su veto a la Ley de Financiamiento Universitario, que generó marchas multitudinarias en todas las zonas urbanas del país, los recortes y medidas de actualización tarifaria que han profundizado la pobreza afectando hoy según cifras oficiales a un 53% de la población, la confrontación con los representantes de la cultura, con el periodismo, las declaraciones incendiarias muestran día a día una estrategia de confrontación con las agendas progresistas que distrae de los efectos micro de las reformas macro.

Estas medidas han generado protestas masivas, especialmente entre jóvenes y mujeres, sectores más identificados con las agendas progresistas, pero no terminan de cuajar en una fuerza política que represente los numerosos descontentos, que siguen atomizados con una oposición que no define un liderazgo.

Por su parte, el pragmatismo de Milei en el ámbito internacional, evidenciado recientemente con su acercamiento a China, refleja una contradicción inherente a su discurso previo, que no hace ruido entre sus más fervientes seguidores. Si bien se presenta como un enemigo del "globalismo", su administración no ha dudado en buscar alianzas estratégicas para garantizar la estabilidad económica. Este enfoque híbrido evidencia que las nuevas derechas, a pesar de su retórica radical, deben y saben adaptarse a las realidades globales.

Entre advertencias y aprendizajes

One in a Million no fue solo una canción que genero polémica y censura, fue una advertencia en el tiempo. Sus palabras, tan polémicas como provocadoras, canalizaban un resentimiento que no desapareció; más bien, se intensificó y se convirtió en el motor de movimientos que hoy desafían los cimientos de las democracias liberales.

Nuestro país hoy refleja un microcosmos de estas tensiones globales. Nuestro desafío hoy no radica únicamente en equilibrar agendas progresistas con demandas populares de estabilidad económica y posibilidad de proyectar un futuro de progreso social, sino en restaurar una democracia que pueda mediar entre estas fuerzas sin sucumbir a la polarización. 

Tal vez la lección más importante que nos haya dejado Axl Rose con aquella letra tan polémica sea asumir que las fracturas sociales no pueden ignorarse: deben abordarse con responsabilidad y vocación publica, con sensibilidad y creatividad por parte de todos los sectores, o corremos el riesgo de que se conviertan en grietas irreparables. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar