Transformemos Buenos Aires: un modelo liberal para el futuro
Desde la llegada de Javier Milei a la presidencia, el foco de atención ha estado en las políticas que el liberalismo está aplicando a nivel nacional: superávit fiscal, desmantelamiento gradual del cepo, desregulaciones, privatizaciones, ancla monetaria y de tipo de cambio nominal (crawling peg), baja de impuestos, obra pública privada, entre otras medidas. En definitiva, se plantea una visión de país: abierto al comercio, al capital, a la tecnología, con un Estado pequeño y sólidos derechos de propiedad.
Dado que el liberalismo no gobierna provincias ni municipios relevantes, es poco lo que puede hacer para aplicar estas políticas a nivel local.
Sin embargo, si continúan los buenos resultados económicos, a partir de 2027, La Libertad Avanza (LLA) podría gobernar muchas provincias y cientos de municipios en todo el país, lo que la obligará a implementar estas políticas a nivel local.
Por otro lado, el PRO y parte del radicalismo, que sí cuentan con territorio, y muchos de cuyos integrantes tienen afinidad con las ideas del gobierno, no están llevando a cabo gestiones liberales en sus distritos, desperdiciando una oportunidad política y de gestión.
Mauricio Macri parece estar a la derecha de su partido, el cual está teniendo dificultades con el cambio de paradigma respecto al rol del Estado y está perdiendo una enorme oportunidad de liderar la ola liberal a nivel local y llevar a cabo gestiones transformadoras, como le gusta decir al expresidente.
Hagamos Buenos Aires grande de nuevo
La Ciudad de Buenos Aires, por relevancia, por ingreso per cápita, y por la calidad de sus servicios públicos, es quien debería estar al frente en términos de políticas liberales a nivel territorial. Voy a tomarla como ejemplo para exponer algunas políticas públicas liberales.
Propongo seis medidas concretas para hacer Buenos Aires grande de nuevo, para hacer de Buenos Aires una capital global, como lo fue a principios del siglo pasado cuando era llamada "La París de Sudamérica".
1. Reducción de gastos, baja de impuestos y deuda cero
Como todo plan, hay que empezar por los gastos y el equilibrio fiscal. El gasto en personal es la principal erogación de la ciudad. En el año 2003, la ciudad tenía 111.721 empleados, y hoy tiene un número cercano a los 200.000. Parte de este incremento —25.000 agentes— se debe a la transferencia de la policía a la ciudad en 2016, pero aun así el incremento no tiene relación con el crecimiento demográfico.
En una primera fase, se deberían cerrar ministerios, secretarías, reducir personal en todas las áreas, realizar privatizaciones, mejorar contratos e incorporar más tecnología en la gestión. En una segunda etapa, se debe avanzar con la transferencia gradual de la educación y la salud al sector privado, manteniendo la gratuidad del sistema. El objetivo debería ser reducir un 32% el gasto de funcionamiento de la ciudad, para poder alcanzar un superávit del 42% de sus ingresos, y así poder reducir impuestos y aumentar la inversión en infraestructura bajo un modelo de iniciativa privada.
Estamos hablando de un potencial excedente superior a los US$ 4.000 millones anuales si tomamos como base el presupuesto 2025, de los cuales US$ 2.000 millones anuales se deberían destinar a infraestructura privada y US$ 2.000 millones a reducciones de impuestos. Al mismo tiempo, en un corto plazo, sería posible eliminar el 100% de la deuda de la ciudad.
2. Obra pública privada: US$ 25.000 millones en 8 años
La obra pública hecha por el Estado es ineficiente y ha sido históricamente la principal fuente de corrupción en la política. Por eso, desde el liberalismo, se propone reemplazarla por obras privadas (Private Finance Initiative - PFI).
Bajo este sistema, el privado financia, construye y opera las infraestructuras públicas. La amortización se realiza mediante el pago de una tarifa por disponibilidad, peajes o tasas de uso por un período predefinido o hasta completar el repago de la inversión más una tasa de interés. La ciudad debería tener la posibilidad de amortizar por adelantado en función de los excedentes que disponga. Este modelo es aplicable para la construcción de autopistas, subtes, espacios verdes, colegios, hospitales y todo tipo de infraestructuras.
Debido a que Argentina aún cuenta con un riesgo país elevado, para permitir que los proyectos sean financieramente viables, instituciones financieras tanto locales como internacionales podrían garantizar la deuda emitida por las empresas que participen en estos proyectos, a cambio de lo cual la ciudad pagaría un pequeño fee anual. Esto permitiría que las empresas se financien a una tasa apenas superior a la del Tesoro norteamericano.
Bajo este esquema, las inversiones podrían alcanzar los US$ 25.000 millones en 8 años, lo que permitiría construir 80 kilómetros de subte al mismo tiempo que se automatiza y renueva toda la red, soterrar 50 kilómetros de ferrocarriles, reemplazar metrobuses por tranvías, urbanizar todos los barrios de emergencia de la ciudad, mudar el puerto de contenedores a La Plata, desarrollando un nuevo puerto comercial y reduciendo el tráfico en toda la ciudad, y al mismo tiempo construir algunos edificios icónicos que pongan a Buenos Aires a la altura de grandes capitales europeas.
3. Educación y salud privadas
En términos de educación, se podrían implementar las escuelas charter. Son colegios de gestión privada (con o sin fines de lucro) que reciben financiación por cada estudiante. Estos colegios tienen libertad para contratar profesores, flexibilidad para diseñar sus programas académicos y definir los métodos de enseñanza.
El Estado interviene poco en la educación; lo que exige es que los alumnos aprueben el examen estandarizado que les permite pasar de grado. El nivel de libertad es la gran diferencia que les permite ofrecer una educación de calidad superior. En los países donde se han implementado, han demostrado ser muy exitosas. Se podría comenzar con algunos pocos establecimientos y, de ser exitosos, expandirlo gradualmente a todo el sistema educativo.
Por el lado de la salud, según el censo de 2022, el 81,5% de los porteños tiene obra social o prepaga. Por lo tanto, mantener una extensa red de hospitales públicos carece de sentido. Muchos hospitales podrían ser transferidos al sector privado, y la ciudad pagar por la atención de sus residentes sin cobertura. Es muy importante seguir dotando de recursos al sistema de emergencias SAME y trabajar en su articulación con el sistema privado de salud. Los extranjeros deberían pagar por la atención.
En relación a los pacientes del conurbano y las provincias, se podría instrumentar un cupo de solidaridad y reciprocidad, al mismo tiempo que las urgencias siempre deberían ser atendidas.
4. Contenedores, incineración y energía
La recolección de residuos es una de las mayores partidas en el presupuesto de la ciudad, bajo un sistema que es ineficiente y costoso. Propongo dos iniciativas para reducir significativamente el costo de la recolección. La primera es instalar en toda la ciudad contenedores subterráneos que tienen una capacidad cuatro veces mayor a los actuales. Esto permitiría reducir la frecuencia de la recolección significativamente, y monitorear los contenedores para retirarlos solo cuando se encuentren llenos.
Por otro lado, bajo el régimen de iniciativa privada, se podría construir una o más plantas de incineración de residuos y generación de energía. Estas plantas, que tienen un costo de alrededor de US$ 600 millones, son limpias, y muchas de ellas se encuentran en el centro de grandes ciudades como París. Las más modernas de estas plantas permitirían procesar hasta 450.000 toneladas anuales de residuos (21% del total de la ciudad) y generar energía para 80.000 viviendas.
5. Fuerte aumento de espacios verdes
Hay cuatro líneas de acción para generar un fuerte aumento en la cantidad de espacios verdes, que hoy se encuentran concentrados en la zona norte de la ciudad. La primera es construir corredores verdes y parques sobre los 50 kilómetros de ferrocarriles que podrían ser soterrados en 8 años. La segunda es que todos los estacionamientos de la ciudad, tanto públicos como privados, se construyan bajo tierra y sobre ellos generar espacios verdes. La tercera es reducir en 70% la superficie del cementerio de la Chacarita, para poder generar un gran parque, con laguna y otros atractivos. Por último, terrenos ferroviarios y otros espacios podrían ser reconvertidos en áreas verdes.
6. Privatizaciones
La ciudad está repleta de empresas públicas que podrían ser privatizadas, como el Banco Ciudad, AUSA (autopistas), ObSBA (obra social), que podría ser cerrada o vendida, así como participaciones accionarias en entidades como el Mercado Central. Esto evitaría el uso político de las empresas, eliminaría el déficit que muchas generan, permitiría una mejor gestión con operadores con experiencia, y la mayor competencia beneficiaría a los porteños.
Es importante comenzar a pensar en la agenda que podría llegar después de 2027, cuando será inevitable abordar muchas de estas cuestiones. Hoy, muchos intendentes y gobernadores no quieren pagar el costo político del ajuste que es necesario realizar primero para llevar adelante grandes transformaciones. Las provincias y municipios se han vuelto refugios del empleo público, que aumentó de 2,3 millones de personas en 2003 a alrededor de 4 millones en la actualidad.
Sin embargo, si continúa el cambio de ciclo iniciado en diciembre, la ola liberal también llegará a los distritos, y deberán estar preparados para la nueva dinámica en la prestación de servicios públicos.
Buenos Aires debería estar a la vanguardia de esta transformación y, al mismo tiempo, convertirse en la ciudad de primer mundo acorde a su potencial e historia. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar