Republicanismo bullrichista: un mensaje claro a su electorado (y el Gobierno) rumbo a 2027
El nuevo desmarque de Patricia Bullrich intensificó esta semana las tensiones dentro del Gobierno. Sin embargo, la senadora negó que se trate de una interna y sostuvo que su compromiso con el oficialismo “es total”. Su mesa chica explica que se diferencia porque “cuida a su electorado”, aunque su rol en 2027 aún es incierto y promete sorpresas. La foto del miércoles con Karina Milei pareció sellar la paz —de momento— y desde el entorno de la secretaria general de la Presidencia lo confirman: es un “tema saldado”.
La exministra de Seguridad expresó su rechazo al retiro del pliego de la candidata a jueza María Verónica Michelli, decisión que ordenaron Javier y Karina Milei al advertir que es cuñada de Hugo Alconada Mon, periodista que investigó el caso $Libra y el patrimonio de Manuel Adorni. “Los valores republicanos también son parte del cambio”, disparó en sus redes. El revuelo llegó al punto de que Bullrich reveló, durante su visita a Mendoza, que puso a disposición su renuncia a la jefatura del bloque libertario en el Senado, aunque Milei “no le dio importancia a esa aseveración” y rechazó la propuesta.
La foto del miércoles con Karina Milei fue la señal más clara de que, por ahora, los paños fríos prevalecen: “Trabajando siempre juntas por las transformaciones que lidera el presidente Milei”, escribió Bullrich. En esta línea, una fuente de Diputados de La Libertad Avanza —cámara presidida por Martín Menem, alfil de Karina Milei— sostuvo que es un “tema saldado” que “no afecta el rumbo de la gestión”.
Por su parte, una persona de la mesa chica de Bullrich destacó, en diálogo con El Economista, que estas diferenciaciones —la del pliego de Michelli, pero también los cuestionamientos a Adorni— responden a que “cuida a su electorado 100%”: son “guiños” a los republicanos, a los votantes clásicos del antiperonismo. A los “ñoños republicanos”, resumiría Milei, despectivamente. Por lo bajo, quienes la frecuentan aseguran que suele decir, palabras más, palabras menos: “Yo represento estos valores. Hay una parte del electorado a la que esto le gusta y eso no lo voy a traicionar nunca”.
A la vez, el dirigente anticipó que “Patricia va a seguir siendo Patricia, no es que ella cambia (de parecer)”. Léase: seguirá diferenciándose “si el Gobierno hace cosas que ella considera que van en contra de lo que piensa y cree”. La propia Bullrich lo planteó esta semana: “Una diferencia en un tema puntual no debilita el rumbo: lo fortalece”.
¿No importan las represalias que puede tomar Karina Milei, encargada de la conducción política y líder del armado de cara a 2027? Las voces del entorno de Bullrich se dividen: mientras una fuente dice que “ella contempla todo, no es una improvisada”, otra asegura que “no le importa la reacción, sino estaría siempre condicionada”. Esta última reconoce, de todos modos, que esas represalias existen: la jornada del Tedeum, donde apareció por momentos apartada de la primera plana del Gobierno, fue un ejemplo. “No sabés qué preocupada que estaba…”, ironizó. En cuanto a las posibles consecuencias electorales, el castigo que barajan es que continúe en el Senado —algo que tampoco sería tan grave a sus ojos—. Pero “Patricia no está de acuerdo con el verticalismo puro” que representa Karina.
Al margen de la mirada de los hermanos Milei, lo que descartan de plano en el círculo bullrichista es que la senadora actúe en función de los estudios de opinión pública. Y eso pese a encabezar prácticamente todos: es la figura mejor evaluada del elenco oficialista y, en varias mediciones, de toda la dirigencia. “Las encuestas tienen cero impacto en ella”, sintetizó una persona de su equipo.
El director de Isonomía, Rodrigo Martínez, advirtió en El Economista TV que el votante típico del PRO, institucionalista, “tiene bastantes matices de diferencia” con el Gobierno. Llámese los escándalos de presunta corrupción, las formas del Presidente —que Bullrich definió como “una emocionalidad importante”—, o cuestiones institucionales como el retiro del pliego de Michelli, situación ante la que expresaron rechazo también dirigentes radicales y macristas. Martínez agregó que el caso Adorni le ofrece a la senadora una “oportunidad de diferenciación” que le permite “aumentar el precio que puede tener en una futura discusión nacional” y “construir una plataforma pensando en la ciudad de Buenos Aires”, bastión antiperonista.
Al respecto, su equipo desliza que “la Ciudad le entusiasma poco” porque “no le gusta mucho lo local, la vereda, la plaza”. Lo suyo es lo nacional. No busca la presidencia —trabaja, dicen, por la reelección de Milei— y ahora “le agarró el gustito” al Senado, que al principio miraba con recelo. Si será candidata a vicepresidenta, “será una decisión que tendrán que tomar ellos”. Y si no, se quedará en la Cámara alta. Aunque lanzan una advertencia que lo dice todo: “Demora dos minutos en volver a entusiasmarse…podemos esperar cualquier cosa para el año que viene”.
En la mesa chica de Bullrich no hay consenso total. Apenas días atrás, otro miembro de su equipo sostuvo que ella trabaja para conquistar Uspallata —la sede del gobierno porteño—. Coincide en que “nunca fue muy entusiasta de la Ciudad”, pero afirma que “prefiere ir de jefa de Gobierno” antes que quedarse de senadora. Sin embargo, La Libertad Avanza no da por sentada su postulación: “No hay ninguna definición de candidatos en la Ciudad”. Bullrich es solo “una opción”.
Más que un hecho aislado
“Empezó a marcar diferencias ahora porque ocurren ahora. Antes no habían mandado al Senado una jueza que no quieren votar por ser pariente de un periodista. Cuando fue ministra de Seguridad, no había diferencias. Las controversias salen del Gobierno, no de ella”, planteó una persona de confianza de Bullrich.
Sin embargo, sería un error presentar el caso Michelli como el primer desmarque de la serie.
Hace apenas un mes, la senadora le reclamó públicamente a Adorni que presentara su declaración jurada “de inmediato”. Lejos de detenerse en la queja, entregó sus propios documentos con días de sobra antes del vencimiento del 31 de julio, mientras Adorni aún no lo hizo. Esta semana, la exministra matizó: “Es tema terminado. Con que uno diga las cosas una vez, alcanza. Ahora es su responsabilidad como funcionario presentarla”.
Este episodio abrió una nueva era de Bullrich con diferencias muy marcadas respecto del oficialismo, que se profundizó con el caso Michelli. Además, la jefa política de Adorni es Karina: la senadora se le plantó a la hermana del Presidente. Una relación que, por lo demás, acumulaba fricciones desde antes.
En verano, Bullrich comenzó a publicar una serie de videos que llegan hasta hoy, con música viral y mostrándola en contacto con la gente. El primero fue el que difundió tras la media sanción de la reforma laboral, que la mostró —acertadamente— como la artífice de la hazaña. El otro que hizo ruido fue en el Lollapalooza de marzo, en medio del peor momento del caso Adorni, cuando aún no había dado su apoyo al jefe de Gabinete, que finalmente fue tibio y terminó por echarse para atrás.
Una construcción de perfil que, a juzgar por lo que deslizan a su alrededor, promete nuevos desmarques y movimientos inesperados rumbo a 2027.
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