Milei frena la caída, pero un dato enciende alarmas en la Casa Rosada
Entre marzo y mayo la desaprobación a la gestión de Javier Milei subió de forma sostenida, del 53,3% al 61,2%. En junio, el MOP muestra que esa suba se frenó y retrocedió al 56,6%, la primera caída en cuatro meses.
La aprobación, en cambio, no logró acompañar ese movimiento: se mantuvo prácticamente sin cambios en el 33,2% (32,2% en mayo), lo que sugiere que el freno al deterioro todavía no se tradujo en una recuperación de apoyo, sino en un corrimiento hacia la indiferencia: quienes dejan de desaprobar no necesariamente empiezan a aprobar. El segmento de "ni aprueba ni desaprueba" subió al 10%, el nivel más alto de toda la serie iniciada en septiembre de 2025.
Ese primer signo de estabilización política convive, en pleno Mundial, con una sociedad que no encuentra en el fútbol una fuente de alivio. Sólo el 20,7% de los argentinos cree que un buen desempeño de la Selección podría mejorar el humor social del país, mientras que el 56% lo admite apenas "parcialmente" y el 21,2% lo descarta.
El optimismo futbolero, además, tiene color político: entre los votantes de Milei en 2025, el 31,4% confía en que la Selección puede mejorar el clima social, contra sólo el 13,7% entre los votantes de la oposición –una brecha de 17,7 puntos que muestra que incluso la expectativa sobre un evento deportivo termina filtrada por la grieta–.
La misma lógica política se repite, de forma previsible, en la pregunta inversa: cuando se consulta si el Mundial distrae a la sociedad de sus preocupaciones económicas, son los votantes opositores los que más lo creen (28,1% contra 15,9% entre los oficialistas), en línea con el argumento crítico habitual de que "el Gobierno usa el Mundial para tapar la economía".
Pese a la coincidencia de calendario, los datos no muestran un envión futbolero detrás de la mejora política: con menos de uno de cada cuatro argentinos esperando que la Selección cambie el humor social, el freno en la desaprobación de Milei parece responder a una dinámica propia, no a un efecto Mundial.
Es la economía, como siempre
El contexto de fondo que explica por qué la estabilización política no alcanza todavía para hablar de un cambio de humor social es, una vez más, económico. El 64% de los argentinos considera mala o muy mala la situación económica del país, y el 41,7% extiende ese diagnóstico negativo a su propia economía personal –una brecha de más de 22 puntos entre lo que cada uno vive en su bolsillo y lo que percibe a nivel nacional, que sugiere que el malestar se lee como diagnóstico colectivo, no sólo individual–. Esa misma fragilidad aparece en la autopercepción de clase social: el 50,2% se ubica en los estratos bajo o medio-bajo, y apenas el 10,5% se reconoce en la clase alta.
La presión sobre el bolsillo también se refleja en la capacidad de sostener el mes: el 61% de los encuestados llega, como máximo, hasta el día 20 con sus ingresos, y un 24,3% llega justo a fin de mes sin margen para ahorrar. Apenas el 13% asegura llegar a fin de mes y poder ahorrar. El corte por voto profundiza la diferencia: entre votantes oficialistas, el 45,3% acumula sus dificultades hasta el día 20, mientras que entre los votantes de la oposición esa cifra escala al 71,3% –otra confirmación de que la experiencia económica, aunque compartida en su existencia, golpea con mucho más fuerza a quienes ya desconfiaban del rumbo–.
Indec
La distancia entre el dato oficial y la percepción cotidiana de los precios sigue siendo amplia. El 68,8% de los consultados considera que el índice de inflación publicado por el Indec no refleja la variación de precios que percibe en su vida diaria, una desconfianza que retrocedió levemente respecto del pico de mayo (70,6%), pero que se mantiene en niveles altos desde marzo.
La pérdida de poder adquisitivo es todavía más marcada: el 86,1% afirma que su salario no le está ganando a la inflación, un nivel apenas por debajo del máximo de la serie (86,6% en abril) que confirma que, desde marzo, ese indicador se mantiene estable en una franja alta, sin señales claras de mejora. El corte por voto 2025 muestra la dimensión política del dato: incluso entre los votantes oficialistas, el 70,2% reconoce que su salario pierde contra la inflación; entre los votantes de la oposición esa cifra escala al 96,6%.
Principales preocupaciones
Cuando se pregunta, sin opciones cerradas, cuál es en una sola palabra el principal problema de Argentina, corrupción es la respuesta más repetida, y Milei aparece en segundo lugar, por delante de Economía.
El diagnóstico social ya no se conforma sólo con una categoría abstracta: se personaliza, tanto en una causa estructural histórica como en una figura de gobierno concreta. La lectura se confirma en la pregunta cerrada de preocupaciones: corrupción encabeza el ranking con el 51,3%, apenas por delante de ingresos/salarios (48,2%) y de incertidumbre económica (37,1%). Más atrás aparecen el desempleo (27,8%), las tarifas de servicios públicos (25,4%) y la inseguridad (24%).
Esa misma desconfianza se proyecta hacia adelante: el 55,1% de los encuestados cree que "lo peor está por venir" en materia económica, contra sólo el 24% que considera que "lo peor ya pasó". Es, otra vez, la brecha más amplia de todo el informe entre electorados: el 55,4% de los votantes de Milei en 2025 cree que lo peor ya quedó atrás, mientras que entre los votantes de la oposición esa expectativa cae apenas al 3,4%, con un 83,6% que considera que lo peor todavía está por venir.
Imágenes políticas
En junio, la imagen de Javier Milei también muestra un primer signo de estabilización, en línea con el freno registrado en la aprobación de su gestión. Su imagen negativa retrocede al 56,1%, mientras que la positiva se mantiene casi sin cambios en el 33,8% –el mismo patrón que la aprobación: cae el rechazo, pero no crece el respaldo–.
Pese a esa leve mejora, sigue siendo la figura con el diferencial más adverso de las cuatro medidas (-22,4 puntos). La segmentación muestra un patrón etario marcado: entre los menores de 40 años su imagen positiva llega al 43,2%, mientras que la negativa baja al 46,6% –prácticamente un empate, su mejor desempeño relativo de todo el informe–.
Entre los mayores de 60 años la negativa sube al 59,7%. También rinde mejor entre los hombres (35,8% positiva) que entre las mujeres, donde la negativa alcanza al 62,5%, su peor número en cualquier corte. Asimismo, es mejor en el interior del país (37,3% positiva) que en Buenos Aires y CABA (60,7% negativa). El perfil de mejor imagen para Milei es, con claridad, el de varones menores de 40 años del interior del país. El segmento de peor imagen es el de mujeres mayores de 40 del área metropolitana de Buenos Aires.
Por su parte, Axel Kicillof muestra una imagen negativa del 44% frente al 38,1% de imagen positiva, con un diferencial de -13,8 puntos –el segundo más adverso después de Milei–.
Su segmentación muestra un patrón casi inverso al del presidente: la imagen positiva crece con la edad (25,7% entre los menores de 40 años y 44,7% entre los mayores de 60 años) y es claramente mejor entre mujeres (47%, su mejor número en cualquier corte) que entre varones (29,5%, con un 59,1% de negativa). Geográficamente, su área de mejor desempeño es la metropolitana (42,5% positiva), coherente con su rol de gobernador. El perfil que mejor lo ve es el de mujeres mayores de 60 años del área metropolitana, mientras que el que peor lo ve es el de varones menores de 40 del interior del país –un mapa casi calcado al de Milei, pero invertido–.
A su vez, Patricia Bullrich muestra una imagen negativa del 52% frente al 38,6% de positiva (diferencial de -13,3 puntos), prácticamente empatada con Kicillof en el nivel de rechazo, aunque con una estructura de apoyo distinta: a diferencia de los dos dirigentes anteriores, su imagen no tiene gradiente generacional –se mantiene estable en torno al 38% de positiva en los tres tramos de edad–, lo que sugiere una base de opinión más consolidada y menos sensible al recambio etario.
Donde sí aparecen diferencias es en el género y en la geografía: entre varones, su imagen está casi empatada (43,1% positiva versus 44,3% negativa), mientras que entre mujeres la negativa sube al 59,7%. En el interior del país mejora notablemente (45,2% positiva versus 46,8% negativa) frente a Buenos Aires y CABA, donde la negativa llega al 57,5%. El perfil de mejor imagen para Bullrich es el de varones del interior; el de peor imagen es el de mujeres del área metropolitana de Buenos Aires.
Por último, Myriam Bregman es, por tercer mes consecutivo, la única dirigente con diferencial de imagen favorable: 44,1% positiva frente al 40,3% negativa (+3,8 puntos). Su mejor número aparece entre mujeres: 54,2% de imagen positiva y sólo el 32,6% de negativa –la cifra de imagen positiva más alta en cualquier segmento de todo el informe–. Entre varones, en cambio, la negativa sube al 48%. Geográficamente, también rinde mejor en el área metropolitana (47% positiva) que en el interior (43,7% negativa). Su curva por edad es prácticamente plana –incluso levemente mejor entre los mayores de 60 años (45,2% positiva) que entre los más jóvenes–, lo que indica que su crecimiento no está impulsado especialmente por el electorado joven. El perfil de mejor imagen para Bregman es el de mujeres del área metropolitana de Buenos Aires. El de peor imagen es el de varones del interior del país –el extremo que a Bullrich resulta favorable–. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar