El explosivo libro de Santiago Caputo, "El Monje"
El viernes 26 de enero de 2024, el Gobierno oficializó la contratación de Santiago Caputo como 'asesor presidencial'. El joven gurú se había acercado a Javier Milei y en muy poco tiempo había ganado su confianza y la de su hermana Karina, el Jefe.
Caputo vio en el personaje extravagante de Milei, en su auténtica incorrección política, el potencial emergente para encarnar el cambio que la sociedad estaba reclamando.
Al ultraliberal, le agregó el condimento 'anticasta' y así convirtió al libertario en un antisistema.
El consultor se mantuvo en las sombras, como un fantasma, hasta que Milei lo entronizó como el 'arquitecto' de su triunfo electoral
- ¿Quién es este experto en comunicación política que en muy poco tiempo pasó a formar parte del 'triángulo de hierro' junto con los hermanos Milei y se convirtió en la cara más buscada en internet?
- ¿Cómo llegó a amasar tanto poder?
- ¿Por qué Milei le entregó los lugares más sensibles del gobierno?
- ¿Cómo es que, pese a que tiene un despacho en la Casa Rosada y que realiza infinitas audiencias en la sede gubernamental, no firma expedientes ni está sujeto a la ley de ética pública?
Maia Jastreblansky y Manuel Jove investigaron, preguntaron y siguieron las pistas para develar al audaz jefe de los espías, desde su infancia en Belgrano y Martindale y sus inicios con Jaime Durán Barba y Rodrigo Lugones en la consultora Move Group hasta el flamante 'Salón Parravicini'.
El monje es también un viaje al lado B de la política argentina y una radiografía de una era en la que el reino destemplado de las redes sociales moldea la agenda a una velocidad arrasadora.
El título completo del libro es "El Monje. La verdadera historia de Santiago Caputo, el guionista de Milei".
El trabajo de investigación, para el cual los autores entrevistaron a más de 50 personas cercanas al misterioso estratega del Gobierno, repasa el recorrido completo de un joven que pasó de aprender en la escuelita de Jaime Durán Barba, gurú electoral del macrismo, a buscar y construir políticamente al outsider que rompería con el teatro de la política local.
Se repasan los lazos familiares del apellido Caputo, siempre ligado al poder, y se desarrollan los pormenores de la exitosa sociedad que Santiago gestó con sus colegas Rodrigo Lugones, hijo del actual ministro de Salud de Milei, y Guillermo Garat, hoy Vicepresidente de YPF.
"El monje" cuenta el sueño de un adolescente que quería ser espía y que se sentó en un bar de mala muerte con un agente de la SIDE para conocer los vaivenes de la profesión.
Cuenta la propuesta que Caputo le hizo a Macri a mediados de 2020 para empezar a planear su vuelta a la primera plana de la política.
Una propuesta que, para el fundador del Pro, no resultó lo suficientemente atractiva.
El libro revela además la lista de bienes que al asesor no le corresponde declarar oficialmente, por ser un simple monotributista contratado como externo y no ocupar un cargo formal en el Gobierno de Milei, a pesar de su prolongada influencia. Y se mete en las particularidades que lo diferencian de quienes ocuparon el rol de "monje negro" en Gobiernos anteriores: la fascinación por el imperio romano, las cuentas anónimas en redes sociales, la atracción por el misticismo y hasta su aventura por la masonería argentina. Santiago Caputo, obviamente, es masón.
En las más de 300 páginas, los autores transitan por todos los vínculos del joven Caputo con lo que en el mundo libertario se definió como "la casta" y enumeran sus trabajos de campaña para casi todos los espacios políticos antes de conocer a Milei.
Cuentan el primer cruce ocasional entre ellos y la primera vez que se sentaron frente a frente. El derrotero de una relación que empezó como profesional y trascendió las barreras de lo personal. La construcción de la confianza extrema y el paso a paso de una amistad, en medio de una contienda electoral (la de 2023) que estuvo marcada por el nacimiento de su hijo y la muerte de su padre.
Por último, se hace hincapié en el proyecto de poder que el propio Caputo encarna. El trabajo diario del consultor que diseña las estrategias oficiales desde un despacho rebautizado como "Salón Parravicini", en el primer piso de la Casa Rosada. "El Monje" revive anécdotas y secretos de la mesa chica: desde el casting para el armado de un Gobierno desde cero hasta los verdaderos y oscuros motivos que determinaron la salida del ex jefe de Gabinete, Nicolás Posse, que incluyen chats y carpetas de inteligencia.
Así conoció Caputo a Jaime Durán Barba. Fragmento del libro pblicado por La Nación:
En 2010, Santiago Caputo se decidió. Garabateó un currículum vitae escuálido en el que volcó su paso como cadete de la escribanía familiar y sus experiencias en el Instituto Lebensohn, el think tank radical. Después, hizo un rastreo en Internet con alguna sofisticación y dio con una dirección: Libertad 1240. Cuando llegó al lugar, se encontró con una coqueta callejuela escondida, de color terracota y poblada con locales de arte y diseño. Era el Pasaje Libertad, una galería que remite a la Toscana ubicada exactamente enfrente de la Escuela Nacional de Inteligencia (ENI). Adentro, en el corazón de esa manzana en Recoleta, identificó la chapita de la fortuna en el local 33 del primer piso: Durán Barba & Asociados.
Tomás Vidal entreabrió la puerta y sacó medio cuerpo afuera de mala gana. Poco acostumbrado a los visitantes, recibió la carpetita de Caputo con el CV y cerró con cara de pocos amigos. Santiago comprendió enseguida que jamás iba a conmover a la cofradía de su admirado Jaime Durán Barba con romanticismo y sin mover contactos.
La forma de llegar era obvia, pero el padre de Santiago, Claudio, detestaba pedir favores. Sobre todo a los Caputo más ricos y poderosos del clan. Santiago se había cansado de escuchar a su progenitor decir que "al abuelo Vicente lo mandaron a trabajar a los 12 años pero a los otros Caputo los mandaron al Cardenal Newman".
Su frustración, sin embargo, llegó rapidísimo —como todos los radiopasillos familiares— a los oídos de su tía Inés. Y ella, que siempre había sido más fresca y descarada que su hermano Claudio, levantó el teléfono para hacer conexión con la otra punta del árbol genealógico.
—Nicky, ¿cómo estás querido? ¿Cómo está la familia? El hijo de Claudio está estudiando Ciencias Políticas, ¿sabés? Vos que tenés contactos ahí, ¿podrás conseguir que lo reciba Jaime Durán Barba? Que lo conozca aunque sea, sin compromiso, eh.
Nicolás Caputo, el mejor amigo de Mauricio Macri, trataba a Claudio únicamente por asuntos laborales. El padre de Santiago era el escribano de la constructora de Nicky y conocía todos los secretos legales del holding que se había fundado en la década del treinta. Pero ellos no compartían las mesas familiares de Año Nuevo ni sus asuntos personales. Ante el pedido de la tía Inés, Nicky se comprometió enseguida a hacer los llamados telefónicos pertinentes para que su sobrino lejano tuviera una chance con el consultor estrella del Pro. Pocos días después volvió con una fecha y un lugar. Y Santiago tuvo su one-shot con Durán Barba en el departamento del gurú ecuatoriano sobre la Avenida Alvear.
Santiago y Jaime se sentaron frente a frente en la punta de una mesa larga y mantuvieron una charla corta. Caputo intentó exhibir aptitud y actitud, pero Durán Barba le pinchó el globo enseguida. "No te hagas ilusiones, yo no tengo interés en montar oficinas en Argentina. Ahora me voy de viaje, cuando vuelva hablamos". Santiago recordó la chapita de la galería terracota. ¿Qué era eso sino una franquicia duranbarbeana en Buenos Aires? Era cierto que el gurú de Macri, un fantasma para el fisco, no tenía una sociedad anónima propia en la Argentina. Lo que había era un puñado de firmas sueltas dedicadas a los sondeos de opinión, la segmentación, el tagging y las bases de datos. Pero ninguna de las firmas tenía al ecuatoriano como socio. Eran, en cambio, sus discípulos locales los que figuraban ante la Inspección General de Justicia (IGJ).
Mientras Santiago mantenía su entrevista exprés con el gurú ecuatoriano, un miembro de la escudería duranbarbeana entró en la sala sin saludar y se sentó en el otro extremo de la mesa con la vista enchufada a dos celulares. A Caputo lo hechizó de inmediato la imagen del joven con doble vida telefónica. Enseguida fantaseó: una línea para los silvestres y un teléfono rojo para los asuntos sensibles. Jaime lo introdujo: "Te presento a Rodrigo Lugones, uno de mis socios".
Rodrigo "Rolo" Lugones había conocido a Durán Barba en 2003, en un seminario de la Universidad Torcuato Di Tella, y dos años después fue incorporado como colaborador junior en la campaña de la Alianza Propuesta Republicana que depositó a Macri en la Cámara de Diputados, la única (y detestada) experiencia legislativa del expresidente de Boca.
"Te presento a Rodrigo, el primer latino graduado de la escuela de formación política de la George Washington University", repetía Jaime ante sus clientes, orgulloso de los pergaminos académicos de su aprendiz. El socio de Durán Barba, Santiago Nieto Montoya, también estaba fascinado por las aptitudes del joven que contaba con una maestría en la escuela de management político de la prestigiosa casa de estudios de la capital norteamericana.
Lugones estudió en detalle las campañas de los ochenta que llevaron como candidato al republicano Ronald Reagan y se obsesionó con algunas de sus características, como la aplicación de la comunicación directa, la segmentación del electorado y la utilización de bases de datos. En 2004 participó del comité de campaña presidencial del demócrata John Kerry, derrotado por George W. Bush. Su rol, por supuesto, fue absolutamente marginal. No era, de todos modos, ni un demócrata ni un republicano confeso. «A mí no me interesa la ideología», planteaba al momento de seleccionar con quién trabajar, como un eslogan.
Entre 2005 y 2007, Lugones montó un call center en Buenos Aires con Guillermo Garat, un economista de la UCA y relacionista público que trabajó en medios y que luego dio un volantazo hacia los servicios de la consultoría y las encuestas. Garat había traído a la Argentina la tecnología Interactive Voice Response (IVR), un sistema automatizado de encuestas telefónicas que permite elegir las respuestas ante un menú de opciones. El call center implicaba sumarle sofisticación y "fierros" al servicio de consultoría de Durán Barba: no solo permitía hacer encuestas propias (y no tercerizarlas), sino también llegar con comunicación directa al electorado. Llamarlos por teléfono para decirles al oído el mensaje que el político necesitaba transmitir.
En la Argentina, Garat y Lugones crearon Opinión Confidencial SRL, una firma "tributo" a Informe Confidencial, la empresa madre del proyecto duranbarbeano, fundada por Jaime y Nieto en 1998, en Ecuador. Guillermo "Guillo" Garat además era dueño formal de otras sociedades vinculadas al servicio de call center: Tag Continental SRL y Connectic SRL. Esos nombres serían la clave para entender todo lo que vino después.
En 2008, los jaimitos porteños sumaron un tercer compañero de equipo. Tomás Vidal era un periodista de la revista El Guardián, propiedad del empresario y exbanquero Raúl Moneta, y del sitio especializado Edición I, dirigido por el periodista Edgar Mainhard. El joven empezó a contactarse con insistencia con los discípulos argentinos de Durán Barba para conseguir una entrevista con el ecuatoriano, que ya era un mito viviente. La cuestión terminó al revés. Lugones convenció al reportero para que dejara el oficio periodístico (al que ya consideraba antiguo) y trabajara en la consultora atrayendo a nuevos clientes gracias a sus roces con la política.
La campaña consagratoria de Rolo Lugones llegó en 2009. De Narváez, en alianza con Macri, enfrentaba al Frente Para la Victoria en la provincia de Buenos Aires. El gobierno de Cristina Kirchner había puesto a todos sus pesos pesados en una boleta de candidaturas testimoniales. En esa lista estaban, primero, el expresidente Néstor Kirchner, y debajo el gobernador bonaerense Daniel Scioli, la artista Nacha Guevara y el jefe de Gabinete, Sergio Massa, una joven promesa del firmamento kirchnerista.
El imaginario popular recuerda aquella contienda como la derrota de un Néstor Kirchner que parecía imbatible. También como el triunfo de un empresario y outsider que arrancó con bajos niveles de conocimiento y se abrió paso gracias a sus apariciones en Gran Cuñado, el show de imitaciones de Marcelo Tinelli, que por esa época alcanzaba los 40 puntos de rating (equivalente a 4 millones de personas solo en el Área Metropolitana de Buenos Aires). Aunque la caricatura de De Narváez (un humorista con máscara que decía: "Alica, Alicate") fue un boom, aquel no fue el único secreto del triunfo.
Lugones había puesto en marcha un laboratorio de campaña premium que incluía un plan estratégico, encuestas telefónicas, grupos focales y la creación de una valiosísima base de datos que llegó a identificar la composición de más de tres millones y medio de hogares bonaerenses.
Después de la reunión en lo de Durán Barba, Santiago Caputo buscó a Lugones en LinkedIn. Durante meses se mostró perseverante, a riesgo de que su densidad se volviera contraproducente. No le fue mal: Rodrigo comenzó a responderle esporádicamente y entablaron un vínculo virtual a través de la red social que conecta a empleadores y empleados.
En el verano de 2011, Lugones invitó a Caputo a desayunar a Pani de Palermo Soho. El aspirante estaba resignado, pero fue a la cita igual y vio a su ídolo deglutir un desayuno energético con tostadas, paltas, yogur y granola. En ese restaurante canchero y rococó, el mejor alumno de Durán Barba le propuso a Caputo que comenzara a trabajar con él. Le dijo que arrancaría como junior, pero que si traía clientes podía ascender.
—Pensé que me querías levantar —le respondió en broma el aspirante a consultor.
Obviamente aceptó el trabajo.
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