¿Es Milei peronista?
"Milei es peronista". Me gusta lanzar la frase en medio de reuniones con radicales, peronistas, macristas y demás. De la nada surgen burlas, insultos y gritos de indignación al unísono. Como reacción automática. Pero la discusión política actual, creo yo, se merece reflexionar, más allá de una frase provocadora, cómo Javier Milei pertenece a una línea de método político que podemos resumir en Yrigoyen-Perón-Milei (para no ir más atrás en el tiempo). Una línea que cualquiera de sus partidarios negaría vehementemente.
Hay una estética superficial que no hace a la cuestión de fondo, pero sí a lo simpático de la comparación, que sirve de introducción a un análisis que para una columna como esta se queda demasiado corto. La dicotomía discursiva entre dos polos opuestos de la sociedad es una constante. Oligarquía y casta tuvieron el mismo uso en términos prácticos, solo que con ochenta años de diferencia. El apelar a lo trascendental con las Fuerzas del Cielo, la religión laica y los correligionarios también comparte un elemento en común. Estamos hablando de fuerzas políticas con pretensiones de movimiento, algo que va más allá de ser un simple partido político. Un movimiento político persigue el poder abarcar un todo nacional, y el mestizaje del partido con el pueblo en un único elemento. Siempre con el líder a la cabeza.
Hay un verticalismo claro a nivel nacional en La Libertad Avanza, característico de estos movimientos. Parece algo simple, pero hoy en día es el único partido que lo puede demostrar. Quedó explícito en las elecciones del último domingo. Los libertarios fueron los únicos que pudieron imponer, desde la conducción nacional, un orden partidario relativamente exitoso. Desde el peronismo, los PJ provinciales con interventores designados por Cristina Kirchner, no dieron mucho de qué hablar. Más bien, dieron de callar. Un partido donde Cristina misma ve disputado su liderazgo por quien fuera su delfín en el Ministerio de Economía, Axel Kicillof. Mauricio Macri, desde el PRO, se limitó a saludar y felicitar a dirigentes provinciales como Poggi, pero poco puede interceder en los armados territoriales hoy en día, como solía soñar. Las elecciones del domingo fueron el triunfo de la conducción provincialista, de la territorialidad y el caudillo local. Y esto desmiembra a los partidos nacionales, salvo a uno. El nuevo pretendiente a convertirse en movimiento.
No hay que viajar al interior para darse cuenta de la estricta conducción "desde arriba", por parte de un líder cuasi omnímodo. La Ciudad de Buenos Aires está inundada de afiches que rezan "Adorni es Milei". Y recuerden, "Cámpora al gobierno, Perón al poder". Me arriesgo a decir que, si Leandro Santoro gana este domingo en el bastión más antiperonista del país, terminaría de confirmar que "lo peronista", en la Ciudad de Buenos Aires, quedó en gran parte reducido a un fetiche de Palermo y Recoleta por "lo popular". Llama la atención que, quienes se asumen como herederos de ese movimiento, cierren su campaña en una universidad (algo más asociado al radicalismo actual si se quiere) mientras que Adorni lo hace en una plaza.
Milei supo iniciar una tendencia política en el país leyendo correctamente la coyuntura social, antes de constituir oficialmente el partido. Algo que no pasaba desde el mismísimo Juan Domingo Perón, que también supo ser de los pocos que leyó la coyuntura social (una diferente, claro) con una precisión tal que permitió su acceso disruptivo (sí, también fue disruptivo en su época) a las esferas del poder. Y esta construcción de poder también comparte rasgos. La flexibilidad de alianzas e incorporaciones a un movimiento que se muestra inflexible pueden estar a la orden día, sin ser incompatibles. Milei acuerda con Zdero en Chaco. Milei discute hasta al hartazgo con Macri, pero sigue las negociaciones con el PRO en la Provincia de Buenos Aires. Milei suma a Daniel Scioli al Gobierno. Si fuera un partido de centro "dialoguista", vaya y pase. Pero, en el fondo, dialoguistas somos todos.
¿Acaso Perón tuvo problemas para "copar" el sello del Partido Laborista? ¿O para incorporar a la UCR Junta Renovadora a su fórmula presidencial? No. Tampoco había muchos pruritos en sumar y tomar ideas de la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina (FORJA). O en perfeccionar experiencias proto peronistas, como lo fue la de Fresco en la Provincia de Buenos Aires.
La conexión se extiende a cómo se piensa el contraste con el predecesor. Lejos del republicanismo de Macri o de partidos socialdemócratas, siempre está presente en el discurso el quiebre temporal, y definitivo, que implica la llegada al poder. Yrigoyen, en su primer discurso luego de asumir, declaraba la resurrección argentina: "Justo es, entonces, que esta resurrección, que pareciera imposible, llene de intenso regocijo el espíritu nacional que asumiera todas las contingencias de tan cruenta jornada, como si un dictado superior hubiera dispuesto que se fundiese en la más indestructible solidaridad". De forma menos intrincada, Perón nos venía a hablar de la "Nueva Argentina". Siguiendo esta lógica, el pasado se nos muestra oscuro y sin matices. Mientras que el peronismo construyó el concepto de "Década Infame", Milei va más allá y directamente nos habla de los cien años de monótona decadencia que transcurrieron en el país.
El andamiaje burocrático del Estado es pensado similarmente en este eje que se plantea. Hace un tiempo el Gordo Dan hablaba de la necesidad de poner a los propios en el Estado, los que a veces terminan siendo un amigo o un conocido. "Tiene que haber idoneidad, pero también selección ideológica". Es algo que hacen todos los gobiernos, claro. Pero el anunciarlo sin pudor es digno de movimiento. El "ejecutado" que titulaba la foto de Marra en X, cuando fue echado del partido, es muestra cabal de ello, y del alineamiento ideológico vertical que se requiere. La Libertad avanza está en momentos de organización y depuración. Perón afirmaba en Conducción Política: "El tiempo, que nos dijo que para ganar elecciones no se necesita organización, nos dijo, después, que para gobernar es imposible hacerlo sin tener una organización, porque el gobierno es un acto cualitativo. Ahí se necesita seleccionar a los hombres. Y hemos pagado caro, en el peronismo el no haber estado organizados y no haber seleccionado a los hombres con que hemos actuado".
Volviendo a las comparaciones superficiales, no quería evitar el simpático gorilas y mandriles. Coincidencias homínidas de las que solo la Argentina se puede dar el gusto. Y se me hace difícil no recordar algunas palabras de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, autor de El Gatopardo: "Nosotros fuimos los Gatopardos, los Leones. Quienes nos sustituyan serán chacalitos y hienas, y todos, gatopardos, chacales y ovejas, continuaremos creyéndonos la sal de la tierra".
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