El peso de los números desplazará a la batalla cultural
Más allá de los discursos disruptivos, las medidas contra la que define como "casta política" y la decisión de librar la batalla cultural, el Gobierno apuesta su suerte electoral en 2025 a una baja consistente de la tasa de inflación. Todas las medidas económicas que adopte en los próximos meses estarán destinadas a sostener lo que considera su principal activo electoral.
Ese objetivo tendrá un capítulo clave en la política cambiaria y por ese motivo el Gobierno apunta a reducir de 2% a 1% la tasa de devaluación mensual. Y muchos analistas consideran que el levantamiento completo del cepo deberá esperar hasta después de las elecciones legislativas. También deberá esperar la revisión integral de las tarifas.
El oficialismo apunta contraponer la aceleración inflacionaria del segundo semestre de 2023 que llevó la inflación anual a 211%, con un incremento muy inferior en 2025 que para el FMI sería de 45%.
Una moderación en la suba de los precios permitiría una recuperación de los salarios en particular en el sector privado registrado. Para los empleados en el sector público, recomponer lo perdido en los últimos años llevará más tiempo. Además, ahora se debe destinar una mayor proporción de los ingresos al pago de servicio públicos cuyos precios se incrementaron y postergar otros consumos. Pero una tasa de inflación con tendencia bajista que mejora la situación de los sectores de ingresos bajos y un dólar atrasado que entusiasma a los sectores medios aparece como una combinación convincente para las pretensiones electorales del oficialismo.
Por otra parte, hay coincidencia en entre los economistas de que el nivel de actividad registrará un buen nivel de crecimiento luego de la fuerte caída de este año. En ese caso, la situación del mercado de trabajo se mantendrá estable.
Ese el contexto económico en el que el Gobierno proyecta estar al momento de las elecciones el año que viene. Y supone, que de concretarse ese escenario, predominaría la intención de reconocer la tarea de Milei por sobre la de aplicarle un voto castigo. La evaluación de los dos primeros años de la nueva gestión es la que determina el comportamiento en este tipo de elecciones legislativas inmediatamente siguientes a las presidenciales.
Si el Gobierno ingresa al ciclo electoral con una buena imagen intentará hacerla valer en los acuerdos que concrete con otros sectores para integrar las listas de candidatos a legisladores. El PRO sería la primera víctima de la avanzada oficialista, pero también los gobiernos provinciales de distinto signo podrían enfrentar el dilema de acordar y ceder lugares en las listas o arriesgarse a una derrota en sus distritos frente a la listas de LLA.
Y para resolver esa disyuntiva no falta mucho por que las alianzas electorales deben oficializarse el 15 de mayo. De todas maneras, hay que tener en cuenta que no habrá una elección, sino 24 porque cada distrito tendrá sus particularidades. Pero como siempre, la provincia de Buenos Aires la que se concentrará la atención y allí el oficialismo deberá redoblar esfuerzos porque el conurbano bonaerense, en donde el ajuste pegó más fuerte, no es su territorio más favorable. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar