Identidad, poder y futuro: el desafío del radicalismo en la Ciudad

Agustín Rombolá: "La ciudad está en su peor momento y el radicalismo está listo para gobernar"

Rombolá no esquiva definiciones: critica el estado actual de la Ciudad, asegura que el radicalismo está listo para gobernar y anticipa qué modelo de país imagina para el futuro.
Agustín Rombolá: "La ciudad está en su peor momento y el radicalismo está listo para gobernar"
Ramiro Gamboa 07-02-2025
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"El radicalismo no puede definirse solo en oposición a otro partido; eso es vacío, carente de contenido y de visión", asegura Agustín Rombolá, dirigente que marca distancia con el establishment de su propio partido. Abogado, magíster en Políticas Públicas y creador de Refundación, habla con El Economista sobre el lugar de la UCR en la Ciudad, el riesgo de que la política se transforme en una disputa de sellos sin ideas y su visión sobre el futuro del capitalismo.

¿Puede el radicalismo romper la lógica de tercios y meterse en la pelea por la Ciudad? ¿Cómo diferenciarse del peronismo si ambos plantean movilidad y justicia social? ¿Por qué define al partido como un "cúmulo de ideas vacías, sin propuestas ni principios"? ¿Y qué pasa con la interna radical, donde algunos buscan transformar y otros solo acomodarse?

—Dijiste en una entrevista de radio que el radicalismo de Cornejo, Cobos y De Loredo está lo suficientemente cerca del poder como para gozar de sus beneficios, pero lo suficientemente lejos como para no hacerse cargo de nada. ¿Cómo se logra una distinción clara entre justicia y poder? ¿Qué tendría que hacer hoy la UCR para dejar de ser un partido de rosca y convertirse en una opción de cambio real?

—Lo primero que hay que hacer es construir una cultura colectiva. Hoy, más allá del sello, lo que no hay es un programa en común, una idea en común, y, sobre todas las cosas, una postura del partido que tenga que ver con acompañar o con ser protagonista de cualquier proceso político. La tensión que vivimos tiene más que ver con una parte del partido que quiere ser protagonista de un proyecto, que quiere tomar la herramienta del poder para transformar la realidad, y otra que se limita a acompañar cualquier proyecto político que le permita mantenerse cómodo al calor de otras fuerzas transformadoras. Esa es hoy la principal grieta que se vive.

—Si el radicalismo históricamente representó a la clase media y hoy, según tu mirada, está lejos de representar a esas siete de cada diez personas que se autoperciben como clase media, ¿qué están haciendo mal? ¿Quién ocupa hoy el espacio que antes ocupaba la UCR?

—Después de 2001, el radicalismo sufrió distintas incursiones en lo que fue su electorado. En la Ciudad de Buenos Aires se vio claramente con el PRO, que tomó un discurso y un electorado que históricamente habían sido del radicalismo. Asimismo, también hubo una parte socialdemócrata y progresista que se fue con el proyecto de Néstor Kirchner y, más tarde, con Cristina, a partir de 2003.

Sin embargo, hoy pasó mucho tiempo, y los partidos políticos se quedan cortos a la hora de expresar a sectores socioeconómicos. Con lo cual, en el presente, ningún partido representa a un sector en particular. Hay esferas de pensamiento que intentan representar a distintos sectores de manera transversal, y ahí es donde el radicalismo está fallando: en justamente tener un discurso que le hable a toda la población. Hoy es simplemente un cúmulo de ideas vacías, sin ninguna propuesta concreta atrás, pero tampoco con un código de principios claro.

—En tus intervenciones solés hablar de dos modelos de país: uno que apuesta a la movilidad social ascendente y a la democratización de la libertad, y otro que restringe el acceso al conocimiento para generar mano de obra barata, pero cuando defendés ese primer modelo, tu discurso se parece mucho al del peronismo. ¿Por qué alguien debería votar a la UCR y no al peronismo, que expresa algo similar? ¿En qué se diferencian realmente?

—Las etiquetas y las procedencias partidarias me importan muy poco, y a la gente le importan muy poco. Daniel Scioli fue vicepresidente de la Nación, dos veces gobernador, candidato a presidente por el peronismo y hoy es secretario de Turismo de La Libertad Avanza, y a nadie le cambia la vida.

Son discusiones de un estrato que no tiene nada que ver con la realidad de la gente. Hoy alguien debería votar a la UCR, debería votar al radicalismo que apueste a la democratización de la libertad, a una igualdad de oportunidades que luego deje abierto el camino al mérito. No existe la libertad ni la meritocracia si las oportunidades no están distribuidas de manera equitativa.

Además, el radicalismo tiene que apostar a un proyecto de desarrollo nacional que defienda la soberanía argentina, la Argentina bicontinental y un modelo de desarrollo productivo que anteponga el interés del país por sobre el de las provincias. Eso tiene que ver con la propuesta histórica del radicalismo yrigoyenista que nosotros reivindicamos. Después, si votar al peronismo o a la UCR, le corresponde decidirlo a la gente.

La gran diferencia es que nosotros creemos en los cambios institucionales. Somos eminentemente institucionalistas, y hoy necesitamos más y mejores reglas. Hemos sido los mejores a la hora de generar y crear instituciones para darle seguridad jurídica y estabilidad a la gente.

Si a eso le sumamos el proyecto yrigoyenista de desarrollo nacional y defensa de la soberanía, no hay dudas de que la UCR es el camino y el proyecto que debemos construir, primero, adentro del partido.

—¿Cuáles son las diferencias entre una opción política encabezada por Martín Lousteau y una encabezada por Leandro Santoro?

—Martín Lousteau ha demostrado durante mucho tiempo que es la persona más preparada para gobernar esta ciudad, más allá de las cuestiones electorales de coyuntura. Si hay algo que nadie puede negar, es que Martín es una persona no solo sobresaliente en términos intelectuales, sino también con un gran potencial de gestión.

En la última elección presentó más de 160 propuestas para gobernar la Ciudad de Buenos Aires. Tiene una lectura y un diagnóstico claro de todas las problemáticas de la ciudad y de todas las áreas de gobierno, y no hay comparación con ningún otro candidato, más allá del respeto que pueda tenerle, en este caso, a Leandro Santoro.

"Si hay algo que nadie puede negar, es que Martín Lousteau es una persona no solo sobresaliente en términos intelectuales, sino también con un gran potencial de gestión", asegura Agustín Rombolá. 

—Defendés la necesidad de "mucha guita, muchos millonarios y mucha riqueza", pero también hablás de la relevancia de la justicia social. ¿Creés en un sistema capitalista? Y si es así, ¿qué tipo de capitalismo proponés? ¿Cómo se equilibra la generación de riqueza con una distribución justa en un país donde la concentración económica históricamente ha derivado en exclusión?

—Defiendo un sistema que, por supuesto, tiene que ser capitalista. Yo lo llamo más bien poscapitalista, porque tiene un montón de aristas distintas. El capitalismo, tal como lo estás mencionando, nos arrastra al siglo XX y ha demostrado que no funciona. En todo el mundo, las diferencias y las desigualdades son cada vez más grandes.

El capitalismo o el sistema capitalista propio del siglo XX ha demostrado ser ineficaz para resolver problemáticas estructurales de pobreza, indigencia y hambre, así como también de productividad, porque alcanzó un límite en el que claramente fue superado por el hemisferio oriental, sin ir más lejos. Naturalmente, tenemos que pensar en un sistema poscapitalista. La generación y distribución de riqueza deben ser repensadas, y es imposible imaginar ese nuevo sistema sin la influencia de las tecnologías de la información y la comunicación, la inteligencia artificial y los nuevos agentes de inteligencia que están surgiendo. También, por supuesto, hay que considerar la industria verde, que representa la oportunidad de dar vuelta la historia y convertir la crisis ambiental en una oportunidad de consumo y en un cambio de hábitos que ya se está viendo en la sociedad.

Las nuevas generaciones creen mucho más en el cuidado del cuerpo, están dejando de lado los productos con obsolescencia programada. Este viraje hacia productos y servicios más sustentables que están haciendo algunas empresas puede derivar en una producción de bienes más duraderos y en una menor contaminación. Hay cuestiones a pensar que tienen que ver con la generación de riqueza a partir de trabajos automatizados, y no deberíamos tener miedo, prejuicios ni pruritos para discutir lo que, eventualmente, va a suceder y que hay que encontrar la forma de hacer estable y duradero. Un ejemplo de esto es la renta básica universal, como ya ocurre en algunos experimentos puntuales en el mundo.

—Mencionaste que hay personas con las que hoy no hay ganas de sentarse a la mesa. ¿A quiénes te referís? ¿Estás pensando en sectores del peronismo o en figuras como Cristina Kirchner? ¿Creés que el radicalismo debe definirse más allá de ser o no ser antikirchnerista?

—Me refiero a la generación de políticos que ya tienen una historia personal en común, que han vivido experiencias, tanto negativas como positivas, y que mantienen relaciones que les impiden pensar la política más allá de ellos mismos. Eso es parte del fin de una generación que nos trajo hasta este momento con sus errores y sus aciertos, y que hoy, en esta época histórica, necesita una renovación urgente.

Por supuesto que ningún partido tiene que definirse únicamente en oposición a otro. Puede construir su identidad desde ciertos valores, como ser antifascista, antirracista, antidiscriminación o antiviolencia. Pero ser simplemente anti otro espacio político es un acto vacío, carente de contenido y de visión. En definitiva, es una postura que la gente termina percibiendo y castigando en las urnas, que es donde más duele.

—¿Creés que el radicalismo puede romper la lógica de tercios y meterse en la disputa por la ciudad? Porque hoy la pelea parece estar concentrada entre La Libertad Avanza, Jorge Macri y Leandro Santoro. ¿Qué tendría que pasar para que la UCR deje de ser un actor secundario en la elección?

—Sí, obvio. No tengo clara la lógica de tercios. Hoy hay candidaturas, pero no creo que exista una lógica de tercios en la Ciudad de Buenos Aires. Martín Lousteau viene de sacar más de medio millón de votos en la ciudad, y no encuentro razones por las cuales un espacio como el de la Unión Cívica Radical de la Ciudad deba aspirar a menos que eso.

Estamos en un gran momento de renovación generacional y de reencuentro con nuestras ideas, con un vínculo muy fuerte en términos territoriales y una gran cercanía con la ciudadanía. Estamos absolutamente listos para ganar estas elecciones y para constituirnos en una alternativa clara, no solo de cara a 2027 en la jefatura de gobierno, sino también en la transformación de la ciudad y en la mejora de sus políticas públicas, que hoy están en su peor momento en muchísimo tiempo.

Hoy la ciudad está más fría, más insegura, tiene muchos lugares cerrados, y los medios de transporte han colapsado, como el Metrobús. Faltan líneas de subte, hace falta extender el horario del subte, la infraestructura urbana se está deteriorando y no hay ningún tipo de control. La gestión de los residuos en la Ciudad de Buenos Aires es catastrófica, y es fundamental revisar los términos de esos acuerdos. También hay problemas graves en el acceso a la vivienda, en la seguridad y en las enormes desigualdades entre el sur y el norte de la ciudad. Todas estas cuestiones, el radicalismo las entiende mejor que nadie y tiene propuestas concretas para abordarlas.

"No creo que exista una lógica de tercios en la Ciudad de Buenos Aires. Martín Lousteau viene de sacar más de medio millón de votos, y no encuentro razones por las cuales la UCR deba aspirar a menos que eso", dice Agustín Rombolá.
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