El día que Bruselas se animó: cayó el lobby "farmer" (el más temido de Europa) y el Mercosur entra al juego
Durante más de seis décadas, los farmers europeos fueron uno de los grupos de presión más eficaces de Bruselas. Cada vez que una política central amenazaba sus intereses, los tractores aparecían en las calles y el bloque retrocedía. Pasó en los '60, en los '80, y volvió a pasar en diciembre del año pasado, cuando productores belgas dispararon papas y volcaron estiércol frente a las instituciones europeas para frenar el acuerdo con el Mercosur.
Esta vez, sin embargo, la historia fue distinta. Los Estados miembro aprobaron el pacto por estrecho margen y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, usó sus facultades para sortear los planteos legales y garantizar la entrada en vigor provisional del acuerdo. Para el Financial Times, el episodio marca un punto de inflexión: el histórico poder del campo europeo empieza a mostrar grietas.
Qué establece el acuerdo UE-Mercosur
El acuerdo crea una zona de libre comercio que reúne a una economía de 25 billones de euros entre los dos bloques. Según estimaciones citadas por el FT y atribuidas al economista Thijs Geijer del banco holandés ING:
- Las exportaciones de la UE crecerían unos 50.000 millones de euros anuales hacia 2040.
- De ese total, apenas 1.000 millones corresponderían al rubro agroalimentario.
- Los grandes ganadores europeos serían el vino, las bebidas espirituosas y los productos con denominación de origen como el jamón de Parma.
- Los grandes perdedores: carne vacuna, aves y azúcar, sectores donde Brasil y Argentina tienen ventajas competitivas claras.
Por qué los farmers europeos están en estado de alerta
El argumento del lobby agrícola tiene dos patas. La primera es económica: los costos de insumos están por las nubes. El precio de los fertilizantes saltó hasta 80% después de los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán a fines de febrero. A eso se suman aumentos en gasoil, acero y cemento.
La segunda pata es geopolítica. Los gremios sostienen que la guerra en Ucrania, el conflicto en Medio Oriente y la competencia con productores subsidiados en otras regiones convierten a la producción de alimentos en una cuestión de seguridad estratégica. Elli Tsiforou, secretaria general de la unión de cooperativas Copa-Cogeca, advirtió en declaraciones recogidas por el FT que algunos sectores podrían directamente desaparecer.
Helen O'Sullivan, productora ganadera del condado de Cork (Irlanda), graficó la situación con una frase que sintetiza el malestar: "Nos estamos convirtiendo en una especie en peligro de extinción".
La PAC, el corazón del modelo agrícola europeo
El debate de fondo no es solamente comercial. En los próximos meses, Bruselas tiene que definir la nueva versión de la Política Agrícola Común (PAC), el sistema de subsidios que se lleva alrededor de un tercio del presupuesto común de la UE.
La PAC fue creada en 1962 para garantizar el autoabastecimiento alimentario europeo después de la Segunda Guerra. Logró ese objetivo con creces —tanto que en los 80 generó las famosas "montañas de manteca" y "lagos de vino" por sobreproducción— y fue reformada varias veces. Hoy combina pagos por hectárea, condicionalidades ambientales y apoyos focalizados.
El sector defiende el sistema con un argumento cultural: las pequeñas explotaciones familiares no son solamente unidades productivas, sino que sostienen paisajes, tradiciones y productos con identidad geográfica que el mercado, por sí solo, no remunera. Los críticos responden con datos: un estudio del Joint Research Centre de la UE estima que, si se eliminara la PAC, la producción agrícola caería apenas algo más del 5%.
Alan Matthews, profesor de política agrícola europea en el Trinity College de Dublín, sostiene en el FT que la tierra fértil no quedaría ociosa sin subsidios y que Europa necesita explotaciones más grandes para ganar competitividad.
El cambio estructural: del minifundio familiar al fondo de inversión
Más allá del debate político, los números muestran que el modelo del campo europeo ya está cambiando solo:
- En 2005 había 14,4 millones de explotaciones agrícolas en la UE.
- En 2023 quedaban 8,8 millones, una caída de casi el 40%.
- Casi el 90% de las que desaparecieron tenían menos de cinco hectáreas.
- La superficie cultivada total se mantuvo prácticamente estable: las chacras chicas fueron absorbidas por unidades más grandes.
En paralelo, los inversores institucionales empezaron a desembarcar fuerte. Según datos de la consultora inmobiliaria CBRE citados por el FT, entre 2022 y 2024 se invirtieron más de 4.200 millones de euros en agronegocios en España y Portugal, con fondos institucionales explicando aproximadamente la mitad de ese total. El foco son cultivos permanentes como olivos, almendros y cítricos.
Javier Uribarren, socio de Trifolium Farms, explicó al diario británico que el campo se volvió atractivo como cobertura contra la inflación y como activo descorrelacionado del resto de las carteras tradicionales.
Qué implica el acuerdo UE-Mercosur para Argentina
Aunque el FT no lo desarrolla en profundidad, las cifras del informe permiten inferir el escenario para los exportadores argentinos:
- Carne vacuna y aves: el acuerdo abre cupos preferenciales que mejoran la posición competitiva de los frigoríficos argentinos frente a la barrera arancelaria que rige hasta hoy. Es uno de los rubros más sensibles para los productores europeos, justamente por la ventaja de costos del Mercosur.
- Azúcar y etanol: ingresan a un mercado que históricamente protegió a sus productores con cuotas restrictivas.
- Vinos y productos con denominación de origen: acá Argentina pierde terreno relativo. Los espirituosos europeos y los productos protegidos como el Parma o el Reggiano van a entrar con menos barreras al Mercosur, presionando sobre productores locales que compiten en segmentos premium.
- Bienes industriales: el sector automotor argentino y otros bienes manufacturados enfrentan una mayor competencia europea, un costado que las cámaras industriales locales ya marcaron como punto sensible.
El telón de fondo geopolítico
El FT remarca un dato que conviene no perder de vista: la agricultura europea es el "vientre blando" (una metáfora militar que se usa para describir el punto más vulnerable de un adversario) del bloque en su pulseada con Estados Unidos y, sobre todo, con China. Cuando Bruselas impuso aranceles a los autos eléctricos chinos, Beijing respondió apuntando contra el cerdo, los lácteos y el coñac europeos. John Clarke, ex jefe negociador agrícola de la UE, lo planteó así: muchos líderes europeos dependen del voto rural o le tienen miedo, y eso le da palanca a China en el corto plazo.
El acuerdo con el Mercosur, en ese marco, también funciona como una jugada de diversificación estratégica para Europa: reduce su dependencia comercial de Asia abriendo un mercado de proveedores alternativos en Sudamérica.
Conclusión: un giro silencioso en la economía política europea
El 1° de mayo no fue solamente la fecha de entrada en vigor de un tratado. Fue, según la lectura del FT, la primera vez en mucho tiempo que el lobby agrícola europeo perdió una batalla central. La combinación de presión geopolítica, costos en alza, achicamiento del minifundio y desembarco de inversores institucionales está reconfigurando el mapa del campo europeo a una velocidad inédita.
Para Argentina y el resto del Mercosur, se abre una ventana de oportunidad concreta en algunos rubros agroexportadores —especialmente carne, aves y azúcar—, junto con desafíos competitivos en industria y en productos con denominación de origen. El partido recién empieza a jugarse y la implementación efectiva, con sus salvaguardas y cláusulas de revisión, va a definir cuánto del potencial declarado se traduce en exportaciones reales. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar